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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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ALZHEIMER
Diagnóstico
Un diagnóstico precoz y certero de la demencia es esencial para
permitir asesorar al paciente y a sus familiares sobre el curso y pronóstico de la
enfermedad y para proveer al paciente de la oportunidad de participar en la planificación
financiera y legal mientras que su capacidad de decisión se encuentre todavía
preservada. Además, a medida que comiencen a aparecer tratamientos más efectivos de este
proceso, la detección lo más precozmente posible de la demencia será todavía más
necesaria, por las evidencias que existen a favor de que los tratamientos solo son
efectivos antes de que se hayan establecido los déficits cognitivos.
Diferencia entre la normalidad y el
declinar cognitivo asociado a la edad
Kral en 1958, al estudiar las alteraciones de
memoria del anciano, diferencia tres categorías: individuos normales; "olvidos
benignos" caracterizados por quejas de dificultad para recordar nombres, fechas y
situaciones de la vida diaria, previamente accesibles, pero sin evolucionar hacia el
deterioro de la Enfermedad de Alzheimer, y una tercera categoría o pérdida de memoria
secundaria a Enfermedad de Alzheimer. El trabajo pionero de Kral ha sido objeto de
numerosas críticas fundamentadas en dos hechos: la falta de criterios diagnósticos entre
las tres categorías y la posible existencia de un continuo entre ellas, más que de tres
zonas estancas.
En 1986, el grupo de trabajo sobre Envejecimiento y Memoria del
Instituto de la Salud Mental de los Estados Unidos (NMHI) estableció los criterios de
trabajo de la Alteración de Memoria Asociada a la Edad (AAMI, Age Associated Memory
Impairment). Estos criterios han sido también objeto de crítica y considerados
incompletos, en base a su excesiva ambigüedad y la exigencia de que las quejas de memoria
se objetiven, lo que excluye algunos pacientes con quejas de memoria persistentes pero no
objetivadas. En la actualidad no se ha dilucidado completamente si existe un continuo
entre estos tres procesos y cuales son los límites de estos.
Como las alteraciones de la memoria son una de las principales
preocupaciones de los mayores, es crucial distinguir entre los cambios en la memoria
asociados con la edad y los signos precoces de la demencia. Esta diferenciación es
difícil por cuanto influye la inteligencia previa, nivel educacional y nivel de exigencia
cognitiva al que está sometido. Una dificultad añadida es que las personas mayores
tienen una alta incidencia de enfermedades coexistentes que pueden influenciar
negativamente las funciones cognitivas. Con todas estas limitaciones, todo el mundo está
de acuerdo con la existencia de un cambio en la capacidad cognitiva con la edad. El
principal cambio es una disminución en la velocidad de los procesos implicados en la
codificación y recuperación de la información. El resultado es una alteración en la
memoria de trabajo, que es la capacidad de procesar información durante la realización
de otras tareas. Esta alteración se manifiesta habitualmente por quejas en la capacidad
de recordar nombres y de tener en la cabeza varias cosas a la vez. Este déficit de
codificación y recuperación puede revertirse mediante el uso de determinadas ayudas
(agendas, listas..), estando la memoria primaria y la memoria remota preservada. La base
neurobiológica de este proceso parece estar en la degeneración de las neuronas del
hipocampo, cortex entorinal y otras regiones del lóbulo temporal medial. En personas
mayores sanas estos cambios no son suficientemente severos para interferir de forma
importante en las actividades diarias y no son progresivos.
Alteración de la
memoria asociada a la edad
En relación con lo anterior, cuando los
cambios amnésicos relacionados con la edad se hacen más severos pero no llegan a tener
repercusión clínica suficiente para ser considerados Enfermedad de Alzheimer, se acuñó
el término "alteración de memoria asociada a la edad" u "olvidos
benignos", referidos a la existencia de una alteración de memoria mayor que la
esperable para el envejecimiento normal.
Los criterios de diagnóstico normalizado de la alteración de la
memoria asociada a la edad exigen para su diagnóstico la presencia de:
1. Edad de más de 50 años.
2. Quejas de déficit de memoria presente diariamente.
3. Test de memoria alterados al menos 1 desviación típica sobre
los normales.
4. Evidencia de función intelectual normal.
5. Ausencia de demencia, con puntuación mayor de 24 en el MMSE.
Además se considear criterios de exclusión: la existencia de
alteración de conciencia, el antecedente de traumatismo craneal, alcoholismo o
drogodependencia o de otra alteración neurológica, psiquiátrica o médica capaz de
producir déficit de memoria.
Debido a la ausencia de estudios epidemiológicos que utilicen
criterios diagnósticos normalizados, no se conoce bien la prevalencia de este transtorno
en mayores de 65 años oscilando entre el 7,1 por ciento (Coria, 1993) en un estudio
realizado en la zona noreste de Segovia, al 40 por ciento según un estudio finlandés
(Koivisto, 1995).
Deterioro cognitivo leve18
El concepto de deterioro cognitivo leve se
refiere a individuos con deterioro cognitivo que no lo suficientemente intenso como para
realizar el diagnóstico de Enfermedad de Alzheimer. De acuerdo con Petersen, los
criterios para considerar la existencia de deterioro cognitivo leve son:
1. Quejas de memoria corroborada por un informador.
2. Función cognitiva general normal.
3. Actividad de la vida diaria normal.
4. Alteración de memoria para la edad y educación .
5. Ausencia de demencia.
En estos casos el escenario habitual, bastante frecuente en la
práctica clínica, es la presencia en un individuo de fallos de memoria aislados o
asociados a otros déficits cognitivos sin llegar a cumplir los criterios necesarios para
que se considere una Enfermedad de Alzheimer.
El deterioro cognitivo leve no es igual a alteración de memoria
asociada a la edad. El primero indica lesión cerebral y riesgo de progresión a
Enfermedad de Alzheimer, mientras que lo segundo es el extremo de la pérdida de memoria
que aparece con la edad.
La importancia del deterioro cognitivo leve es que una parte
importante de estos pacientes van a desarrollar Enfermedad de Alzheimer al cabo de 2 ó 3
años. Aún cuando este punto es objeto de una fuerte investigación no se conoce aún con
certeza que factores predisponen a desarrollar Enfermedad de Alzheimer en estos sujetos.
Se consideran factores de riesgo para ello, la presencia de un genotipo APOE e4, la
existencia de atrofia en hipocampo medida mediante resonancia magnética, la progresión
rápida de la atrofia hipocampal en resonancias seriadas y la existencia de una mayor
activación del hipocampo al realizar tareas cognitivas en la resonancia magnetica
funcional.
Diagnóstico de la Enfermedad de
Alzheimer
El diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer
reside fundamentalmente en el examen clínico. Las variaciones en este diagnóstico
existentes años atrás llevó a la normalización de este diagnóstico mediante el uso de
criterios estandarizados. La corriente actual es que la Enfermedad de Alzheimer no es un
diagnóstico de exclusión, sino que existe una capacidad para realizar este diagnóstico
con seguridad en base a criterios de inclusión y exclusión. Los criterios NINCDS-ADRDA
(siglas correspondientes a la comisión creada para generar los criterios de diagnóstico
formada por el National Institute of Neurological, Communicative Disorders and Stroke y la
Alzheimer's Disease and Related Disorders Association) (ver Apéndice al final de la
segunda parte), que provee tres niveles de seguridad diagnóstica: Enfermedad de Alzheimer
definida, cuando existe un cuadro clínico apropiado de demencia y confirmación
autópsica o mediante biopsia, al que recientemente se ha añadido que la existencia de
una mutación en el gen de la APP o las presenilinas; Enfermedad de Alzheimer probable,
que es el diagnóstico que se realiza habitualmente cuando hay una historia clínica
característica y se excluyen otros procesos con la exploración y los datos de
laboratorio y Enfermedad de Alzheimer posible cuando la demencia presenta datos de
atipicidad para la Enfermedad de Alzheimer, como puede ser la alteración precoz en el
habla o si existe otro proceso demenciante, aunque se piense que la Enfermedad de
Alzheimer es la causa principal de la demencia. La precisión diagnóstica ( por ciento de
sujetos diagnosticados clínicamente en los que luego se confirma mediante autopsia la
Enfermedad de Alzheimer) de los criterios NINCDS/ADRDA de Enfermedad de Alzheimer
probable, es del 85-90 por ciento. Curiosamente, estos criterios no incluyen ningún
marcador biológico de la enfermedad. En la práctica clínica diaria estos criterios
únicamente se utilizan como referencia, siendo su uso más habitual en el curso de
investigación, en el cual se necesita una estandarización del diagnóstico. Su principal
limitación es la menor sensibilidad que presentan para el diagnóstico en los estadios
más precoces de la enfermedad.
Dado que la demencia representa un declinar desde un nivel cognitivo
previo más alto, es esencial preguntar sobre la capacidad cognitiva previa del sujeto y
como ha cambiado, lo que generalmente se realiza a través de un informador, generalmente
el cónyuge o el hijo del afectado. Como muchos pacientes con Enfermedad de Alzheimer en
estadios leves presentan una incapacidad de darse cuenta de sus déficits, pero mantienen
intactas sus capacidades sociales, la entrevista con el sujeto a solas puede no permitir
descubrir estadios precoces de la demencia. Más aún, las quejas de falta de memoria se
correlacionan más con depresión o angustia que con un déficit cognitivo. Además hay
que tener en cuenta que puede existir un solapamiento entre los valores de los test
psicométricos de los sujetos con Enfermedad de Alzheimer en fases iniciales y sujetos
normales, que además están muy influenciados por el nivel de educación, ocupación
laboral y grado de uso de funciones superiores.
Al no existir por el momento ninguna prueba complementaria capaz de
realizar por si misma el diagnóstico clínico de la Enfermedad de Alzheimer, en la
práctica clínica este diagnóstico es un diagnóstico de inclusión y exclusión. En
este diagnóstico pueden considerarse 3 fases: una fase clínica en la cual mediante la
anamnesis se constata la presencia de síntomas de demencia que se refirieron en el
apartado de la clínica. Una segunda fase de exploración neurológica en la que se
constatan las alteraciones clínicas referidas, examinandose la memoria, el lenguaje, la
orientación, cálculo, introspección, juicio y capacidades visuoespaciales y se descarta
la presencia de sígnos que excluyen la Enfermedad de Alzheimer y apuntan hacia otras
enfermedades, como paresias, piramidalismo, alteración cerebelosa o transtornos
sensitivos o alteraciones de la atención. Generalmente en esta fase de exploración se
realizará algún test psicométrico que nos ayuda en la exploración neuropsicológica y
permite cuantificar el déficit establecido, siendo el Minimental el más habitualmente
realizado. La tercera fase consiste en la realización de exploraciones complementarias.
En estas, como se ha señalado, no hay datos patognomónicos de la Enfermedad de
Alzheimer, sino que su fin es excluir otros procesos que puedan producir deterioro
cognitivo. Estas exploraciones complementarias son: las determinaciones analíticas
estandarizadas para el diagnóstico de la demencia y las pruebas de imagen. Las primeras
son un hemograma para descartar anemia, macrocitosis o infecciones, determinación de
glucemia, urea, transaminasas, estudio de función tiroidea, para descartar hipotiroidismo
y niveles de vitamina B12 para descartar deficiencia de esta vitamina. En caso de sospecha
clínica puede añadirse a este estudio estandariazado la determinación de serología
luetica o/y a HIV y la determinación de tóxicos en orina. La existencia de alguna
alteración en estas pruebas no excluye por si misma la presencia de Enfermedad de
Alzheimer, ya que dada la alta frecuencia de este proceso con la edad, en muchos casos la
presencia de por ejemplo una deficiencia en vitamina B12 o un hipotiroidismo coexiste con
una Enfermedad de Alzheimer. No obstante, su determinación es necesaria aún en presencia
de una clínica típica de Enfermedad de Alzheimer por cuanto por ser procesos tratables,
cambian el tratamiento a seguir. Las dos situaciones posibles son la mejoria completa o
detención del proceso cognitivo con el tratamiento, lo que indica que la causa del
déficit cognitivo es la alteración sistémica o en cambio, el que el paciente continue
deteriorandose a pesar del tratamiento, lo que indica coexistencia de Enfermedad de
Alzheimer y una alteración sistémica.
Las pruebas de imagen para el diagnóstico de la demencia senil son
la resonancia magnética cerebral, la tomografia axial computarizada y las técnicas de
medicina nuclear. La resonancia magnética craneal, permite excluir causas de deterioro
cognitivo (tumores, alteraciones vasculares, lesiones de sustancia blanca, alteraciones
del sistema ventricular) siendo la prueba de mayor capacidad diagnóstica en este proceso.
En pacientes con Enfermedad de Alzheimer se detecta mediante resonancia magnética la
existencia de atrofia cortical y subcortical en mayor o menor grado, que se manifiesta por
aumento de tamaño de los surcos corticales, espacio subaracnoideo y sistema ventricular.
Esta atrofia puede aparecer incluso antes de la existencia de alteraciones cognitivas
(Figura 3). Dada la variación del grado de atrofia cortical en estos pacientes (desde
valores normales hasta severa atrofia cortical) y sobre todo la frecuente existencia de
atrofia cortical en individuos sin alteraciones cognitivas, la atrofia cortical no puede
se utilizada para el diagnóstico de este proceso. En centros especializados, y en el
contexto de investigaciones sobre la Enfermedad de Alzheimer, se ha utilizado para el
diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer estudios de resonancia magnética más
sofisticados como la detección del grado de atrofia del hipocampo en determinaciones
seriadas a lo largo de meses, o la existencia de alteraciones en la resonancia magnética
funcional, que mide los cambios de flujo cerebral durante la realización de tareas que
implican áreas de corteza cerebral afectadas19.
La realización de resonancia magnética cerebral para el
diagnóstico de Enfermedad de Alzheimer presenta importantes inconvenientes (se trata de
una exploración de alto coste y que exige la colaboración del enfermo lo que es
complicado en caso de pacientes con demencia) que hacen que esta prueba por el momento se
limite al estudio de determinados casos que exijan mayor precisión diagnóstica. Por
ello, la principal prueba de imagen en el estudio de la Enfermedad de Alzheimer es
actualmente la tomografía axial computarizada. Esta prueba permite excluir en la mayoría
de los casos las lesiones descritas anteriormente y tiene un coste menor y un tiempo de
realización más bajo, lo que se adapta mejor al paciente con demencia.
Existen dos pruebas isotópicas con aplicabilidad al estudio de la
Enfermedad de Alzheimer, la tomografia de emisión de fotón único (SPECT) y la
tomografía por emisión de positrones (PET). Estas pruebas detectan la disminución en el
metabolismo de ciertas áreas cerebrales afectadas por la Enfermedad de Alzheimer. En
concreto, se encuentra una disminución en la perfusión y consumo de glucosa de las
áreas parietales y temporales, estando los lóbulos frontales menos afectados,
especialemente en fases iniciales. Los ganglios basales y la corteza visual y motora no
están afectados. En las primeras fases de la enfermedad las alteraciones pueden ser
asimétricas. La PET tiene mayor resolución y sensibilidad diagnóstica. Con ella pueden
detectarse Enfermedad de Alzheimer en las primeras fases, incluso es capaz de detectar
anomalias en sujetos presintomáticos como por ejemplo individuos con genotipo APOE e4 que
tienen menor metabolismo cortical que los controles. Sin embargo, la corta vida media del
isótopo utilizado hace que sea una prueba cara y disponible en pocos sitios. La SPECT
tiene menor sensibilidad, pero es una prueba de menor coste, habitualmente disponible en
los centros hospitalarios de nuestro país.
Además, es preciso considerar en este apartado, la utilidad del EEG
para el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer. En esta enfermedad el EEG es normal o
se encuentra un enlentecimiento del trazado difuso, a medida que progresa la enfermedad.
Sin embargo, existe un amplio solapamiento entre sujetos normales y con Enfermedad de
Alzheimer, lo que invalida su uso como medio de diagnóstico de la Enfermedad de
Alzheimer20 La otra técnica neurofisiológica que se utiliza en la evaluación de los
pacientes con Enfermedad de Alzheimer es la P300. La P300 es el potencial evocado que
aparece después de un estímulo infrecuente. Generalmente se realiza estimulando al
sujeto mediante un ruido común y aleatoriamente se le intercala otro ruido diferente. Con
un electrodo en el cuero cabelludo sobre la región parietal y tomando como referencia
para el otro electrodo la oreja, se puede detectar un potencial evocado alrededor de los
300 milisegundos después de emitir el ruido raro. Este potencial se retrasa y disminuye
de voltaje en sujetos con Enfermedad de Alzheimer, lo que se ha utilizado para su
diagnóstico.
Examen neuropsicológico21
Una vez realizadas las pruebas complementarias analíticas y de
imagen revisadas en la primera parte del Aula Acreditada dedicada a la Enfermedad de
Alzheimer, y que se recogen en la Tabla III, abordaremos el examen neuropsicológico el
cual permite un análisis más profundo de sus capacidades cognitivas, así como sus
alteraciones conductales, transtornos emocionales, etc, requiriéndose en la práctica
clínica para su diagnóstico clínico. En primer lugar, el examen neuropsicológico es
relativamente sensible y específico para el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer
respecto a otras enfermedades neurológicas. En segundo lugar, para la evaluación de los
pacientes con Enfermedad de Alzheimer se utilizan con frecuencia algunos test
psicométricos y ciertas escalas que nos van a facilitar el seguimiento, documentando la
progresión de la enfermedad. En tercer lugar, permite el examen de una manera
sistemática de las alteraciones que presenta el paciente (ej. transtornos de memoria,
orientación, funciones visuoespaciales), lo que permite una aproximación posterior a
estas alteraciones.
El campo de los exámenes neuropsicológicos es tan extenso que se
sale de los límites de esta revisión. Los test y escalas más utilizados en la
evaluación de estos pacientes pueden dividirse en test cognitivos si examinan las
alteraciones en las funciones cognitivas, escalas neuropsiquiátricas que valoran la
presencia de alteraciones no cognitivas, escalas de impresión global y estadiaje, si
examinan el estado global del sujeto y por último escalas funcionales si examinan el
impacto de la enfermedad en las actividades diarias del pacientes. Algunas de estos test y
escalas se describen someramente a continuación.
Tabla III.
Pruebas diagnósticas de la enfermedad de alzheimer |
| 1. Exámenes estandarizados destinados a
confirmar el diagnóstico de demencia y excluir la existencia de demencias secundarias: |
- Hemograma, glucemia, urea, transaminasas, hormonas tiroideas, niveles
de vitamina B12 y serología luética.
TAC
|
| 2.Pruebas no estándar a relizar en casos que
necesitan estudios más prolijos: |
Resonancia magnética
Serología HIV
SPECT, PET
EEG, P300
|
| 3. Test en investigación (marcadores
biológicos de la Enfermedad de Alzheimer) |
En sangre: niveles de Ab42, proteína p97 y genotipo APOE
En LCR: niveles de Ab40 y Ab42, tau, ADC7-NTP
Resonancia magnética espectroscópica
|
Test neuropsicométricos
Parte del diagnóstico de los pacientes con Enfermedad de Alzheimer
u otras demencias es documentar si el paciente tiene una alteración cognitiva. Es muy
importante tener en cuenta que los test psicométricos no van a permitir por si solos el
diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer o cualquier otra demencia, pero los criterios
diagnósticos de la Enfermedad de Alzheimer requieren que el paciente sea evaluado con uno
de estos exámenes.
Mini-mental status exam (MMSE)
El minimental o miniexamen cognoscitivo, fue descrito por Folstein
en 1975, existiendo una versión traducida al castellano por Lobo et al. Se trata de un
test rápido (~5 minutos) de examen en 11 preguntas de las capacidades cognitivas,
orientación, memoria, atención, lenguaje y habilidades visuoespaciales. En su versión
americana puntua de 1 a 30 (1 a 35 en la versión española), siendo la normalidad mayor
de 25 si bien la cifra límite debe ser matizada según la edad y nivel intelectual de
sujeto. Desde el punto de vista estadístico sus variables son semicuantitativas. Por una
parte da igual valor a no conocer el día de la semana que el año en el que se está. Por
ello no puede considerarse que un paciente que tiene un MMSE de 12 presenta el doble de
transtorno cognitivo que el que tiene una puntuación de 24. Por otra parte está muy
influenciado por la edad y sobre todo por el nivel intelectual previo del sujeto lo que
debe tenerse en cuenta a la hora de considerar el resultado. Finalmente tiene un efecto
techo, que impide detectar bien casos leves y sobre todo un efecto suelo, que impide
detectar severidad de afectación a partir de un cierto grado de demencia.
Blessed test de información, memoria y concentración
(BIMC)
Es un test rápido (~10 minutos) de examen de las capacidades
cognitivas, principalmente memoria, orientación y actividades de la vida diaria.
Desarrollado inicialmente en Inglaterra en una escala de 37 puntos, hoy se suele utilizar
más una escala reducida de 27 puntos, con una puntuación que va desde 0 (no alteración)
a 33 (alteración severa). Su principal fuerza proviene de que ha sido validada con
estudios anatomopatológicos y neuroquímicos. Sin embargo, al no cubrir todas las
alteraciones cognitivas presentes en la Enfermedad de Alzheimer es relativamente
insensible en estados iniciales de la enfermedad.
ADAS-Cog (Alzheimer Disease assessment scale-cognitive)
Test dividido en 11 partes, cuya aplicación lleva 30-45 minutos,
permitiendo un examen más completo de las alteraciones cognitivas que el MMSE a expensas
de necesitar más tiempo su realización, siendo la medida primaria más utilizada en los
ensayos clínicos sobre drogas para la Enfermedad de Alzheimer. Examina siete items de
capacidades, además de memoria, lenguaje, praxis y orientación, con una puntuación que
va desde 0 (normal) a 70 (demencia severa). Existe un porción no cognitiva del ADAS que
examina la presencia de psicosis, agitación y depresión. El ADAS-cog es un test que
cubre el estudio de amplias áreas cognitivas, muy utilizado, con preguntas alternativas
que permiten su uso repetido sin que esto lo invalide, pero su administración es larga y
no puede aplicarse a sujetos con demencia severa. Al igual que el MMSE su puntuación
está muy afectada por alteraciones del lenguaje o analfabetismo.
Bateria neuropsicológica del CERAD
El proyecto CERAD fue financiado por el Instituto Nacional del
Envejecimiento de los Estados Unidos con la intención de desarrollar métodos de
diagnóstico clínico, neuropsicológico, neuropatológico y neuroradiológico
standarizados de la Enfermedad de Alzheimer. La bateria neuropsicológica del CERAD consta
de siete test, incluyendo el MMSE, test de fluencia verbal, denominación de imágenes del
test de Boston, y varios subtest del ADAS-cog, llevando 20-30 minutos su realización. Con
ello se dispone de una bateria amplia que permite estudiar desde demencia severa a formas
leves, siendo sensible para la detección de estas últimas. Su principal desventaja es el
mayor tiempo que lleva realizarla y que al ser una bateria de test no se obtiene una
puntuación como resultado.
Escala de inteligencia del adulto Wechsler (WAIS)
La escala WAIS, una medida habitual de la inteligencia, examina el
vocabulario, la información general y cinco subtest no verbales. Hasta hace poco este
test se usaba con frecuencia para examinar los déficits de los pacientes con Enfermedad
de Alzheimer. Sin embargo, al no incluir el examen de la mayor parte de las funciones
cognitivas afectadas en la Enfermedad de Alzheimer, especialmente la memoria, no es
aplicable para la mayoría de los casos de Enfermedad de Alzheimer.
Test del reloj
Prueba diseñada inicialmente para valorar funciones
visuoespaciales, posteriormente se ha comenzado a utilizar como test cognitivo útil sobre
todo para screening por su sencillez, rapidez de aplicación (~5 minutos), posibilidad de
aplicarse a colectivos y menor interferencia del nivel educacional.
Consiste en hacer dibujar al paciente un reloj, señalándose que
dibuje un círculo grande y coloque en su interior todos los números de las horas.
Finalmente se le hace poner las agujas del reloj en una cierta hora.
Severe impairment battery (bateria de incapacidad severa)
Dado que el MMSE no es útil para valorar individuos con un déficit
severo (lo que se ha llamado efecto suelo), en estos casos es preciso utilizar otras
escalas diseñadas al efecto como la batería de incapacidad severa. En ella se examinan
nueve áreas (interacción social, lenguaje, atención, praxis, capacidades
visoespaciales, construcción y orientación al nombre), mediante preguntas u órdenes con
una palabra o una única orden, combinada con gestos.
Escalas neuropsiquiátricas
Son escalas diseñadas para examinar la presencia de alteraciones
como depresión, agitación, psicosis, ansiedad y cambios en la personalidad de pacientes
con Enfermedad de Alzheimer.
Neuropsychiatric Inventory (NPI)
Examina 12 transtornos neuropsiquiátricos comunes en la demencia:
delirio, alucinaciones, agitación, disforia, ansiedad, apatía, irritabilidad, euforia,
desinhibición, comportamiento motor aberrante, alteraciones en el comportamiento nocturno
y alteraciones en la ingesta.
Escalas de impresión global y estadiaje
Las escalas de impresión global y estadiaje de la Enfermedad de
Alzheimer, no evaluan las alteraciones cognitivas sino la condición clínical global.
Algunas como el CDR o el GDS (Escala de Deterioro Global) evaluan al paciente de acuerdo
con unos parámetros externos objetivos, mientras que la CGIC (Clincal Globla Impression
of Change) lo evaluan de acuerdo con su nivel previo.
CDR (Clinical Dementia Rating) 16
El CDR examina la capacidad del paciente en 6 items, memoria,
orientación, juicio y resolución de problemas, actividad social, actividad en casa y
cuidado personal. Es una escala de cinco puntos (0=no alteración, 0.5=alteración
cuestionable;1=enfermedad leve; 2=enfermedad moderada; 3= enfermedad severa) (ver
Apéndice II).
Escalas funcionales
Son escalas diseñadas para medir la capacidad del paciente para
realizar las actividades de la vida diaria (ADL). En muchas ocasiones, especialmente en el
curso de ensayos clínicos este parámetro tiene más importancia que las medidas
neuropsicométricas. La mayoría de las escalas están derivadas del trabajo de Katz que
desarrolló una escala que mide seis actividades básicas de la vida diaria (comida, aseo,
vestido, desplazamiento, baño y cuidado personal), añadiendose en otras escalas el uso
del dinero, compras o conducción. Algunas de estas escalas tienen una parte
correspondiente al cuidado y mantenimiento de la persona y otra más elaborada
correspondiente al manejo de intrumentos.
Marcadores biológicos de la
Enfermedad de Alzheimer
El diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer
mediante criterios clínicos, aunque tiene una alta precisión, tiene un cierto grado de
incertidumbre, que ha llevado a la búsqueda de marcadores biológicos (ver Tabla III) que
sean capaces de aumentar esta precisión hasta hacer innecesarios los estudios
neurohistológicos. El diagnóstico mediante estas pruebas es especialmente necesario para
casos en estadios leves en los que el solapamiento con individuos normales de las
exploraciones dificulta el diagnóstico clínico. Aunque en los últimos meses ha
progresado el desarrollo de marcadores diagnóstico de Enfermedad de Alzheimer, no existe
todavía ninguno cuyos resultados hayan llevado a su uso en la práctica clínica
habitual. Los marcadores biológicos actualmente disponibles para el diagnóstico de la
Enfermedad de Alzheimer incluyen los test genéticos, los estudios de proteínas del
plasma y finalmente la determinación de péptidos en el LCR.
Los test genéticos son los estudios de mutaciones de la APP y Ps,
que restringidos a aquellas familias con Enfermedad de Alzheimer hereditaria, deben
realizarse por su alto valor predictivo y la determinación del genotipo APOE que dado la
mayor presencia del genotipo e4 en las formas de Enfermedad de Alzheimer esporádica puede
usarse para el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer en la población general.
Criterios de consenso de varios grupos (Americen College of Medical Genetics/American
Society of Human Genetics Working Group on ApoE and Alzheimer's disease, 1995; Medical
Scientific Advisory Committee, 1995) no aconsejan el uso rutinario del genotipo APOE para
el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer dado que incrementa muy levemente la
precisión diagnóstica. Como en sujetos con clínica típica de Enfermedad de Alzheimer
su uso sería innecesario, queda reservada para mejorar la sensibilidad de detección de
casos iniciales o atípicos, en los que la presencia de un alelo e4 mejora la
especificidad del 55 al 84 por ciento, reduciendo la tasa de falsos positivos o para
diferenciar la Enfermedad de Alzheimer de otras demencias.
Otros test para el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer
mediante muestra de sangre se encuentra en fase aún más experimental y no se dispone de
ellos de forma comercial como el test de la proteina p97 (Kennard ML, et al. 1996), que
muestra en los escasos estudios publicados hasta ahora, una sensibilidad y especificidad
muy alta.
En sangre se han encontrado unos niveles mayores de Ab42 en sujetos
en riesgo de padecer Enfermedad de Alzheimer, como portadores de mutaciones de presenilina
o familiares de sujetos con Enfermedad de Alzheimer. Esto puede permitir aumentar la
sensibilidad diagnóstica en ciertos casos, pero el valor de esta determinación se
encuentra disminuido porque los niveles plasmáticos de Ab42 disminuyen al aparecer la
enfermedad y a lo largo de ésta y además existe un solapamiento entre sujetos normales y
pacientes.
Los marcadores biológicos de Enfermedad de Alzheimer del LCR se
basan en el estudio de los niveles de proteínas implicadas en el mecanismo de la
enfermedad. Los niveles de Ab42 en LCR son más bajos que los de los controles,
disminuyendo aún más a medida que progresa la enfermedad, lo que se pone en relación
con el depósito progresivo del péptido en el cerebro. Por el contrario, existe un
aumento de los niveles de proteína tau en LCR en pacientes con Enfermedad de Alzheimer.
La sensibilidad de estos marcadores varía entre un 60-90 por ciento y un 70-96 por ciento
respectivamente. El uso combinado de ambos marcadores mejora la sensibilidad del
diagnóstico clínico del 71 al 91 por ciento. Aún cuando se dispone ya de estos test de
forma comercial, su uso no se ha generalizado por una serie de razones que incluyen la
falta de datos sobre su utilidad en fases iniciales, cuando más difícil es hacer el
diagnóstico y por lo tanto más necesarias son o por la existencia de valores alterados
en otras demencias, lo que las invalida para el diagnóstico diferencial.
Otro marcador de esta enfermedad en el líquido cefalorraquídeo es
la AD7C-NTP, una proteína transmembrana con propiedades de receptor cuyo cDNA se ha
clonado recientemente. Su patrón de expresión es predominantemente neuronal y su
expresión está aumentada en la Enfermedad de Alzheimer. Los niveles en líquido
cefalorraquídeo están aumentados respecto a controles de similar edad (x4), enfermedad
de Parkinson (x3) y esclerosis múltiple (x6). Recientemente se ha descrito la detección
de esta proteína en orina, con una similar sensibilidad y especificidad.
Diagnóstico diferencial
de la Enfermedad de Alzheimer
La Tabla IV muestra los principales procesos a
diferenciar en un paciente con Enfermedad de Alzheimer. La principal diferencia será con
otras demencias neurodegenerativas, que se realizará a través de la observación de
diferencias en la clínica (Tabla V) y en las exploraciones complementarias. La demencia
por cuerpos de Lewy corticales o difusos, se origina por la aparición de estas lesiones,
que son inclusiones intracitoplasmáticas de sinucleina. Cursa con deterioro cognitivo con
afectación predominante de memoria y funciones visoespaciales, con frecuencia con
alucinaciones visuales asociadas, fluctuación en la clínica e hipersensibilidad a los
neurolepticos que estos pacientes toleran muy mal, apareciendo en seguida efectos
secundarios o incluso episodios de letargia. La demencia frontal o frontotemporal presenta
un deterioro cognitivo caracterizado por la afectación cortical focal de lóbulos
frontales y temporales, con desinhibición, apatía, alteraciones del lenguaje, hiperfagia
e hipersexualidad. Por el contrario, presentan una preservación de la memoria reciente y
de la orientación.
Tabla
IV.
procesos a diferenciar de la enfermedad de alzheimer |
| Enfermedades neurodegenerativas |
Demencia por cuerpos de Lewy
Demencia frontotemporal
Demencias hereditarias: Enf. de Huntington, heredoataxias, DRPLA
Encefalopatía espongiforme (ej. Enfermedad de Creutzfeld-Jakob)
|
Demencias secundarias
Demencia vascular
Deficiencia nutricional (ej. Deficiencia vitamina B12)
Síndrome de Wernicke/Korsakoff's
Síndrome confusional agudo (delirium)
Metabólico (e.j. tiroides, hepatopatía, hipercalcemia, hipernatremia)
Tóxicos
Alcoholismo
Hidrocefalia
Vasculitis
Tumores
Post-traumático (subdural hematoma)
Infecciones |
Encefalopatía espongiforme
Demencia SIDA y demencia asociada a procesos oportunistas en el SIDA (ej.
Toxoplasmosis, leucoencefalopatía multifocal progresiva)
Neurosífilis
|
| Alteraciones psiquiátricas |
Depresión
Psicosis
Ansiedad severa y compulsiones |
La demencia vascular suele presentar un curso diferente con
empeoramiento a saltos y en la exploración hay datos como paresias, rigidez, alteraciones
de la marcha, etc. El paciente suele tener factores de riesgo vascular como hipertensión
o fibrilación auricular y en las pruebas de imagen y el SPECT puede constatarse la
presencia de lesiones vasculares.
Para la diferenciación entre todos estos procesos se han elaborado
unos criterios de consenso, que posteriormente se han validado con comprobación
anatomopatológica. Estos criterios que se listan en el Apéndice I, están aceptados
universalmente lo que permite una normalización de los diagnósticos de unos centros a
otros.
Las encefalopatías espongiformes cursan con deterioro cognitivo de
evolución rápida, estando el paciente con demencia en el curso de uno o dos meses.
Además estos pacientes van a presentar mioclonias y otras alteraciones en la exploración
como rigidez, alteraciones de la marcha, ataxia, etc. En el EEG se observan descargas
periódicas, en las primeras fases y enlentecimiento difuso en fases más avanzadas. En
las pruebas de imagen existe atrofia cerebral rápidamente progresiva. En la resonancia
magnética se puede encontrar un aumento de densidad de los ganglios basales en T2.
El síndrome confusional agudo (delirium) es uno de los principales
cuadros a diferenciar con la demencia. De hecho, uno de los principales criterios para el
diagnóstico de la demencia es la ausencia de una alteración en la atención secundaria a
un síndrome confusional agudo. Los síntomas que sugieren este diagnóstico son la
presencia de una alteración en el nivel de conciencia, desde fallos para mantener la
atención a somnolencia, la instauración rápida del transtorno, en horas o días y por
último la existencia de alteraciones en la exploración o en las pruebas complementarias
como fiebre, taquicardia, leucocitosis, alteraciones hidroelectrolíticas, elevación de
la urea, etc.
La depresión puede semejar en algunos casos una demencia senil. La
diferenciación entre uno y otro proceso no es sencilla y además en muchos casos ambos
procesos coexisten, lo que dificulta aún más esta diferenciación. La depresión puede
cursar en algunos casos con deterioro cognitivo, pero en estos casos el deterioro no es
estructurado (ej. hay deterioro en la orientación con preservación de la memoria), es
fluctuante, no es progresivo y mejora al estimular al paciente. Ayuda a la diferenciación
la constatación de síntomas de alteración del ánimo, para lo que en ocasiones se
utilizan ciertas escalas y en casos dudosos se debe poner un tratamiento antidepresivo y
valorar la respuesta unas semanas más tarde.
En el resto de las alteraciones listadas en la Tabla IV, como
hidrocefalia, tumores, infecciones, vasculitis, transtornos genéticos, etc., la
diferenciación con la Enfermedad de Alzheimer suele ser sencilla al existir alteraciones
que se ponen fácilmente de manifiesto con las pruebas de imagen o mediante estudios de
líquido cefalorraquídeo, pruebas genéticas, etc.
| Sumario
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