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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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ALZHEIMER
Etiopatogenia
Por el momento no se conoce la causa de la Enfermedad de Alzheimer,
por lo que la aproximación a la etiopatogenia de esta enfermedad proviene de los
hallazgos de los estudios epidemiológicos y de los estudios de casos y controles.
A partir de estudios epidemiológicos, los factores de riesgo
asociados de forma positiva o negativa con la Enfermedad de Alzheimer son: 1) la
existencia de antecedentes familiares de esta enfermedad (+) y 2) el antecedente de
traumatismo craneal (+). Otros factores se han asociado de forma inconsistente o
contradictoria como: tabaquismo (+/-), nivel educacional (-), hipertensión arterial (+) e
ingesta de antiinflamatorios (-) o antioxidantes (-) o terapia sustitutiva con estrógenos
en la menopausia (-).
La edad es un factor de riesgo para desarrollar Enfermedad de
Alzheimer, pero lo es también para desarrollar otras demencias degenerativas, la demencia
multiinfarto o procesos neurodegenerativos sin demencia como la enfermedad de Parkinson.
Genética de la Enfermedad de Alzheimer7
Tres son los factores que hacen que la
genética tenga una importancia principal en la Enfermedad de Alzheimer. De una parte
está el interés creciente de la población por conocer de una manera lo más exacta
posible el riesgo de padecer Enfermedad de Alzheimer en función de la existencia de
antecedentes familiares de esta enfermedad. En segundo lugar, los avances de la biología
molecular y de la genética han permitido, mediante el estudio genético de familias con
Enfermedad de Alzheimer, el conocimiento de genes codificadores de proteínas implicadas
en la génesis de la Enfermedad de Alzheimer. Finalmente, la construcción de ratones
transgénicos ha permitido disponer de modelos animales en los que buscar mecanismos
patogénicos o ensayar nuevos tratamientos.
Desde los estudios epidemiológicos realizados en los años 80, se
conoce que la Enfermedad de Alzheimer tiene un importante componente genético. En estos
estudios sobre factores de riesgo de Enfermedad de Alzheimer se ha evidenciado que el
factor de riesgo más importante es la existencia de un familiar en primer grado con esta
enfermedad. Según el estudio EURODEM8, el riesgo relativo en este caso es de 3,5 (i.c. 95
por ciento: 2,6-4,6). En individuos con dos o más parientes en primer grado afectados
este riesgo se incrementa hasta 7,5 (3,3-8,7).
Desde el punto de vista genético, se habla de Enfermedad de
Alzheimer esporádica, cuando no existen familiares con la misma enfermedad y Enfermedad
de Alzheimer familiar cuando existen otros familiares. Dentro de las formas familiares,
los antecedentes pueden ser vagos (1 hermano, padre o primo) o puede tratarse de una forma
hereditaria autosomal dominante, con varios miembros afectados en la familia (Enfermedad
de Alzheimer hereditaria). La primera, Enfermedad de Alzheimer familiar, aparece hasta en
un 50 por ciento de los casos. La segunda, Enfermedad de Alzheimer hereditaria aparece en
un 2,5-5 por ciento de las series. La genética molecular ha permitido explicar en parte
la influencia de la herencia. El avance en las técnicas de biología molecular ocurrido
en los últimos años ha hecho que la Enfermedad de Alzheimer hereditaria haya sido objeto
de una fortísima investigación. Al no existir diferencias entre la Enfermedad de
Alzheimer esporádica y las formas familiares, los descubrimientos genéticos de las
formas familiares pueden aplicarse a las formas esporádicas, mucho más frecuentes. Esto
ha hecho que se investigen las formas hereditarias y que mediante técnicas de análisis
de ligamiento, se haya podido localizar y después aislar genes implicados en la
Enfermedad de Alzheimer.
El primer gen responsable de esta enfermedad aislado fue el de la
APP localizado en el cromosoma 21. Al descubrimiento de este gen se llegó por dos vías:
de un lado la sospecha de un gen involucrado en la Enfermedad de Alzheimer localizado en
el cromosoma 21 dado la frecuente y precoz aparición de esta enfermedad en sujetos con
trisomia del cromosoma 21 y, por otra parte, al encontrarse que el Ab, la proteína
contenida en las placas seniles, proviene de una proteína precursora, la APP (amyloid
precursor protein). Rapidamente, se vió que existían familias en las que este gen no era
responsable de la enfermedad. Mediante técnicas de análisis de ligamiento, se vió que
estas familias presentaban Enfermedad de Alzheimer por un gen localizado en el cromosoma
14 en unos casos y en el cromosoma 1 en otros, existiendo otras familias en las que no
existía ligamiento a estos loci, que además presentaban la particularidad de que en
ellas la enfermedad aparecía de forma más tardía. En estas familias se ha visto que el
gen responsable es el de la apolipoproteina E (APOE). Con el aislamiento de los genes
responsables en estas familias, se ha visto que existen 2 formas hereditarias de
Enfermedad de Alzheimer. De una parte unas formas de inicio precoz (30-50 años)
producidas por mutaciones en genes de los cromosomas 21,14 y 1 (APP, presenilina 1 y
presenilina 2) y las formas de inicio tardío, asociadas al gen de la APOE. Todas estas
formas cubren aproximadamente el 50 por ciento de los casos familiares, por lo que
todavía quedan genes por conocer. La Tabla II muestra la frecuencia aproximada de los
casos esporádicos y familiares. En el caso de la Enfermedad de Alzheimer esporádica de
inicio antes de los 60 años, en algunas ocasiones se ha encontrado que se deben a
mutaciones en las presenilinas.
Las mutaciones en la APP y presenilinas son determinísticas, esto
es, siempre que el sujeto es portador de la mutación va a padecer la enfermedad al llegar
a la edad de inicio de la misma. En cambio, los polimorfismos de la APOE se comportan como
probabilísticos, lo que quiere decir que aumentan la probabilidad de padecer la
enfermedad, pero hay sujetos portadores de un genotipo de riesgo (APOE e4) que viven más
de 90 años sin haber desarrollado la enfermedad. La edad de aparición de la enfermedad
va a ser diferente según la mutación presente. Como ya se ha señalado, las mutaciones
en el gen de la APP y presenilinas generan Enfermedad de Alzheimer antes de los 60 años
(Enfermedad de Alzheimer precoz).
Mutaciones en el gen de la APP. Las mutaciones en el gen de
la APP son raras, dentro de las formas autosomal dominantes. Han sido descritas
únicamente en varias familias en Gran Bretaña, Finlandia, Suecia, Italia, Japón y los
EEUU. Están localizadas en los exones 16 y 17, que son los que codifican el segmento que
genera el péptido Ab, generalmente en los extremos o en la parte central del péptido,
donde actuan las secretasas o enzimas que cortan la APP. Las mutaciones descritas en este
gen generalmente producen Enfermedad de Alzheimer de edad de aparición entre 40 y 55. La
más frecuente es la mutación APP717. En alguna familia con esta mutación se han
encontrado cuerpos de Lewy corticales, asociados a placas seniles, lo que pone en
evidencia que ambos procesos están relacionados. En el caso de las mutaciones APPGlu697 y
698, la clínica es de hemorragias cerebrales corticales múltiples secundarias a
depósito de material amiloide en los vasos de pequeño calibre de leptomeninges y corteza
(angiopatía amiloide familiar), con hematomas cerebrales espontáneos, corticales (los
hematomas cerebrales más comunes son secundarios a hipertensión, y generalmente tienen
una localización subcortical o cerebelosa), en sujetos de edades entre 40 y 50 años. En
el caso de la mutación 677, la clínica es de demencia senil tipo Enfermedad de
Alzheimer, asociada a hematomas cerebrales múltiples.
Tabla II.
Frecuencia y tipos de enfermedad de alzheimer, según la edad de inicio |
| |
% |
gen |
| Menores de 60 años: (5-10%) |
|
|
- E. de Alzheimer precoz esporádica
|
2,5% |
PS |
- E. de Alzheimer precoz familiar
|
2,5%
<1% |
PS
APP |
| Mayores de 60 años: (90-95%) |
|
|
- E. de Alzheimer precoz esporádica
|
40%
45% |
APOE
Desconocido |
- E. de Alzheimer precoz familiar
|
5%
2,5% |
APOE
Desconocido |
Mutaciones en la presenilina 1 (Ps-1). La Ps-1 es una
proteína con siete dominios transmembrana, codificada por un gen localizado en el
cromosoma 14. Su función por el momento no se conoce, si bien recientemente se ha
descrito que puede ser la g-secretasa, uno de los enzimas que metabolizan la APP. Otras
posibles funciones serían la actividad como un canal de membrana o/y un papel durante el
desarrollo embrionario similar a la de la proteína Notch-3. Se han descrito más de 50
mutaciones en esta proteína, que producen Enfermedad de Alzheimer familiar autosomal
dominante, de inicio entre los 30 y 50 años, siendo las mutaciones en la Ps-1, la causa
más frecuente de Enfermedad de Alzheimer hereditaria. El caso más joven de Enfermedad de
Alzheimer descrito es secundario a esta mutación, presentando Enfermedad de Alzheimer a
los 27 años. Además de Enfermedad de Alzheimer, se ha descrito una familia con una
delección en la Ps-1, con clínica de paraparesia espástica familiar.
Mutaciones en la Presenilina 2 (Ps-2). La Ps-2 es una
proteína transmembrana con una secuencia similar a la Ps-1, codificada por un gen
localizado en el cromosoma1. No se conoce la función de esta proteína. Se han descrito 5
mutaciones en este gen, que producen Enfermedad de Alzheimer familiar en edades entre los
30 y 65 años (por tanto presentando unos límites de edad más amplios que las anteriores
mutaciones).
Apolipoproteina E. La apolipoproteina E es una
lipoproteína transportadora de colesterol de los quilomicrones al hígado. Su secuencia
de aminoácido presenta diversos polimorfismos (desde el punto de vista genético se habla
de polimorfismo cuando una mutación se presenta en más del 1 por ciento de la
población). Los polimorfismos más frecuentes en la población son el polimorfismo e3
(presente en el 80 por ciento de la población española), y los polimorfismos e2 y e4
(presentes en el 5 y 15 por ciento de la población española). Desde los estudios de Alan
Rose en 1995, se conoce que el polimorfismo e4 es más frecuente en la Enfermedad de
Alzheimer que en la población general (aparece en el 50 por ciento de los pacientes con
Enfermedad de Alzheimer). Esto se debe a que la presencia de este polimorfismo adelanta en
aproximadamente 10 años la aparición de la Enfermedad de Alzheimer. La existencia de
este polimorfismo de un modo homocigoto, esto es siendo los 2 alelos e4, aumenta aún más
el riesgo de tener Enfermedad de Alzheimer. Por el contrario, si bien en esto hay algún
estudio contradictorio, la presencia del polimorfismo e2 parece que disminuye el riesgo de
padecer Enfermedad de Alzheimer. La influencia de estos polimorfismos para padecer
Enfermedad de Alzheimer parece seguir un patrón aditivo, siendo el riesgo mayor en
sujetos e4/4, luego 4/3, 3/3,4/2,3/2 y 2/2 por este orden.
Otros polimorfismos. En los últimos 5 años se han
examinado un gran número de polimorfismos respecto a un posible papel protector o
favorecedor de desarrollar Enfermedad de Alzheimer, con resultados contradictorios. Estos
polimorfismos son variantes genéticas de diferentes genes candidatos (genes con
posibilidad de estar implicados en el desarrollo de la enfermedad). Algunos de estos
candidatos lo son por estar implicados en la degradación de la proteína Ab, como el
polimorfismo en el intrón 9 de la presenilina o en la internalización y degradación del
Ab, como el de la LRP (proteína receptora de la lipoproteína de baja densidad), la
apolipoproteina E, la a1-antichimotripsina o la a2-macroglobulina. La apolipoproteina E y
la a2-macroglobulina se unen al Ab formando un compuesto que se une al receptor de la
lipoproteína, para ser degradado intracelularmente. Otros polimorfismos están implicados
en los mecanismos de inflamación celular como el HLA-A2, o el polimorfismo de la
interleukina 1 y la interleukina 6, o estimulan la acción de las secretasas (Figura 1).
El que en algunos estudios estos polimorfismos no se encuentren asociados a la Enfermedad
de Alzheimer, puede deberse a que exista un riesgo diferente según factores raciales o
ambientales, o bien a que alguno de los resultados positivos se traten de falsos positivos
secundarios al examen de múltiples hipótesis. En cualquier caso, es preciso considerar
que estos polimorfismos por si solos no llegan a causar Enfermedad de Alzheimer, siendo
necesaria la interacción de varios de ellos o de uno de ellos con algún factor
ambiental. En los próximos años, se aclarará cuales de todos estos polimorfismos están
realmente implicados en la génesis de la Enfermedad de Alzheimer y cuales son meramente
resultado de una sobreexplotación estadística de datos, y sobre todo cual es la
interacción entre los diversos polimorfismos y los factores ambientales.
La genética de la Enfermedad de Alzheimer en la práctica clínica.
Con una frecuencia cada vez mayor, los familiares de los pacientes con Enfermedad de
Alzheimer preguntan sobre los riesgos de que la enfermedad sea hereditaria. Con los
conocimientos actuales no es posible en la mayoría de los casos dar una respuesta
completa a esta pregunta, pero si podemos orientar según lo que se ha expuesto
anteriormente. Lo primero que debemos investigar es si han existido otros casos en la
familia. En el caso de que nos encontremos con una forma hereditaria dominante (varios
miembros en la familia, inicio precoz), se puede orientar al paciente a un centro
especializado en el estudio genético de la Enfermedad de Alzheimer, para investigar
mutaciones en los genes de la APP, Ps-1 y Ps-2. Este tipo de estudios, dada la rareza de
estas familias (aproximadamente el 1-2 por ciento de los casos de Enfermedad de
Alzheimer), únicamente se realizan en pocos centros, habitualmente en el contexto de
proyectos de investigación, más que de asistencia clínica. Si los estudios genéticos
de un familia de este tipo dieran como resultado la existencia de una mutación causal, es
posible entonces con relativa facilidad estudiar otros miembros de la familia ya que su
estudio no sería buscar todas la posibles mutaciones sino aquella que se ha encontrado en
esa familia. Nos encontramos en este caso con una situación similar a la del diagnóstico
genético de otras enfermedades neurológicas, del tipo del corea de Huntington. Hay que
diferenciar si el estudio genético se hace a un paciente con síntomas clínicos, en cuyo
caso es una prueba de diagnóstico más, o si se hace a un familiar sin síntomas
clínicos que quiere conocer su situación futura (diagnóstico presintomático). En este
caso, es preciso un completo consentimiento informado y una evaluación psicológica y
eventual apoyo posterior a la comunicación del resultado.
Pero la situación más frecuente es la información a familiares de
pacientes con Enfermedad de Alzheimer, de aparición senil, con o sin antecedentes
familiares. En el caso de ausencia de antecedentes familiares, aunque el riesgo está
aumentado, este aumento es en el ámbito de poblaciones, y a nivel individual el aumento
de riesgo no es predecible. Si existen antecedentes familiares, pero no un patrón
hereditario, sino otro u otros individuos en la familia con Enfermedad de Alzheimer, si la
edad de aparición es tardía (a partir de los 65 años), hay aumento de riesgo de padecer
Enfermedad de Alzheimer, pero no cuantificable en la actualidad. Para tranquilidad de los
pacientes, cuanto mayor es la edad de aparición de la Enfermedad de Alzheimer, menor es
el riesgo familiar, por cuanto al ser la incidencia de Enfermedad de Alzheimer mayor con
la edad, cuando más longevos son los familiares más probabilidad hay de tener varios
casos esporádicos en la misma familia.
Animales transgénicos9
Los modelos animales son esenciales para el
progreso de la investigación sobre una enfermedad. Aunque existen modelos animales
naturales de Enfermedad de Alzheimer, como los primates añosos, la construcción de
animales transgénicos supone una enorme ventaja porque permite disponer de modelos
murinos de bajo coste y fácilmente reproducibles para la investigación de la
fisiopatología y los tratamientos experimentales de la Enfermedad de Alzheimer.
Los animales transgénicos son animales, generalmente ratones, ratas
o cobayas, a los que en los primeras fases del embrión se les introduce mediante
inyección intranuclear un gen o parte del de otra especie, junto con un secuencia
promotora de la expresión de este gen. En el caso de la Enfermedad de Alzheimer se han
construido diferentes transgénicos con el gen de la APP humana, normal o con alguna
mutación que produce la Enfermedad de Alzheimer, el gen de la presenilina o el de la
proteína tau. Además mediante cruces entre animales transgénicos puede producirse
animales doblemente transgénicos, por ejemplo con mutaciones para APP y presenilinas. Un
modelo alternativo al transgénico es el knockout, en el cual lo que hay es una
inhibición en la expresión del gen a examinar, lo que permite conocer la función de
esta proteína.
En ratones transgénicos para APP se ha encontrado un aumento de los
niveles cerebrales de Ab42, con depósito de ésta en forma de placas seniles. En algunos
modelos se han encontrado neuritas distróficas, pero hasta la fecha no se encuentran
ovillos neurofibrilares. Además, en estos modelos, se encuentran las mismas lesiones
oxidativas que en el cerebro de humanos con Enfermedad de Alzheimer. Los transgénicos con
presenilina también tienen aumento de los niveles de Ab así como placas seniles. La
combinación de transgénicos con APP y presenilinas produce niveles aún mayores de Ab,
mientras que de la combinación de transgénicos con APP y tau produce ratones en los que
hay lesiones semejante a los ovillos neurofibrilares.
Los ratones knockout permiten evaluar la función de las proteínas
no expresadas. El ratón knockout para presenilinas fallece en los primeros minutos de
vida por malformaciones del desarrollo, lo que indica una función de esta proteína en la
embriogénesis. Por otra parte el ratón transgénico para APP pero knockout para APOE
desarrolla menos depósitos de amiloide, lo que apoya un papel de esta proteína en el
depósito de amiloide.
Alteraciones oxidativas en la Enfermedad de
Alzheimer10
El tejido cerebral es especialmente sensible a
los radicales libres debido a su alto consumo de oxígeno, abundante contenido de lípidos
y relativa escasez de enzimas antioxidantes comparada con otros tejidos. Además, las
neuronas son células postmitóticas, que no van a dividirse, por lo que gradualmente van
a acumular el daño oxidativo con el tiempo.
Hay una amplia y creciente evidencia de que el daño de lípidos,
carbohidratos, proteínas y ADN por radicales libres está implicado en la muerte neuronal
en la Enfermedad de Alzheimer. En cerebros de autopsias de estos pacientes, está
aumentada la peroxidación de los lípidos, disminuidos los ácidos grasos poliinsaturados
y aumentado el 4-hydroxineneno, un aldehido neurotóxico producto de la oxidación de los
ácidos grasos poliinsaturados. Además, se ha encontrado aumento en la oxidación de las
proteínas y una disminución marcada en enzimas sensibles a la oxidación, glutamina
sintetasa y creatinkinasa y en la oxidación del ADN, con aumento especialmente de
8-hidroxi-2-deoxyguanosina. Estos productos de oxidación de lípidos y ADN también se
han encontrado aumentados en el líquido cefalorraquídeo de pacientes con Enfermedad de
Alzheimer.
Pese a lo anterior, los datos sobre el papel de antioxidantes de la
dieta como protectores de desarrollo de esta patología son escasos, contradictorios o no
han sido validados por equipos independientes. Existen diversos trabajos sobre los niveles
de vitaminas antioxidantes en plasma o líquido cefalorraquídeo en estos pacientes, que
muestran que éstos no difieren de los valores encontrados en la población general. Sin
embargo en el trabajo multicéntrico sobre el papel protector de tratamiento con vitamina
E (a-tocoferol), la ingesta de vitamina E retrasaba la progresión de la enfermedad
respecto a los tratados con placebo, lo que apunta a un posible papel protector de los
antioxidantes como preventivos de desarrollar esta enfermedad.
Inflamación y Enfermedad de Alzheimer11,12
En los estudios epidemiológicos hay diversas
evidencias de la influencia de la inflamación en esta enfermedad, como son la existencia
de menor prevalencia de Enfermedad de Alzheimer entre pacientes con ingesta crónica de
antiinflamatorios, debido a la presencia de enfermedades reumáticas. Además, aunque la
Enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa y en estas enfermedades no hay
inflamación en la anatomía patológica, este concepto se refiere a infiltrados
inflamatorios. Sin embargo existen evidencias más sutiles de inflamación en las placas
seniles como son la presencia de depósitos de complemento en ellas, o de activación de
la microglía. Por último, parece que la interleukina 1 y la interleukina 6 influyen en
la expresión de la proteína precursora de amiloide.
Estrógenos y Enfermedad de Alzheimer13
Los estudios epidemiológicos han encontrado
que mujeres postmenopáusicas en tratamiento con terapia sustitutiva con estrógenos,
tienen un riesgo relativo de padecer la Enfermedad de Alzheimer un tercio menor que
mujeres de la misma edad que no han recibido esta terapia. Dado el papel fundamental que
el acúmulo de Ab tiene en esta enfermedad, parece lógico pensar que el mecanismo de
actuación de los estrógenos sea a través de la inhibición del acúmulo de este
péptido. Uno de los mecanismos que explican esto se revisa más adelante en el apartado
de etiopatogenia, al señalarse que los estrógenos pueden estimular el catabolismo de la
proteína precursora de amiloide a través de la vía no amiloidogénica, por la capacidad
que tienen de aumentar la actividad de la a-secretasa mediada por el aumento de la protein
kinasa C. La capacidad de los estrógenos de modular el metabolismo de Ab en el cerebro in
vivo ha sido examinado en dos modelos animales: en cobayas la ovarectomia se ha asociado
con mayores niveles de depósito de Ab cerebral, siendo posible evitar este aumento si se
trataba al animal preventivamente con 17b-estradiol. De modo parecido, la ovarectomía de
los ratones transgénicos aumenta los depósitos de Ab si se realiza en una edad en la que
los depósitos todavía sean incipientes. Estos dos estudios apoyan que el cese de la
estimulación estrogénica en mujeres postmenopáusicas favorezca el depósito de Ab.
El estradiol también puede modificar otros factores que contribuyen
al depósito de Ab y la formación de material fibrilar, incluyendo el procesamiento de Ab
soluble a una forma agregada, y la asociación de Ab a otras moléculas que intervienen en
la acumulación de Ab y su acción tóxica, como la a1-antichimotripsina, el heparan
sulfato proteoglicano y la apolipoproteina E. Posiblemente, el estradiol pudiera tener
incluso la capacidad de prevenir la Enfermedad de Alzheimer a través de otros mecanismos
independientes de los cambios que induce en el metabolismo de la proteína Ab, a través
de un papel modulador de factores neurotróficos o sus receptores o mediante su acción
antioxidante o de una forma más distante a través de una acción sobre el flujo
cerebral, la entrada de glucosa en el sistema nervioso, los lípidos y la
arteriosclerosis, la coagulación y capacidad fibrinolítica, o por mecanismos
inflamatorios o inmunitarios. Estudios in vitro han encontrado una protección de los
estrógenos frente al estrés oxidativo, los neurotransmisores excitotóxicos y la
isquemia. Además los estrógenos promueven el crecimiento de las prolongaciones
neuronales, la plasticidad sináptica y la potenciación a largo plazo, procesos
implicados en la memoria. Finalmente, se ha visto que tras lesiones del núcleo de
Meynert, los estrógenos pueden incrementar los niveles de marcadores colinérgicos.
Todavía no se conoce si esta respuesta se debe a activación de los
receptores a estrógenos cerebrales o está mediada por otros mecanismos independientes de
los receptores de estrógenos. En el sistema nervioso existen neuronas con receptores para
estrógenos, andrógenos o ambos, tanto en la mujer como en el hombre. En el núcleo basal
de Meynert, el centro colinérgico cerebral, hay neuronas con receptores para el estradiol
circulante. Los receptores de estrógenos se colocalizan con receptores para el factor de
crecimiento nervioso (NGF) en las neuronas colinérgicas del núcleo basal. Por todo esto
la disminución de estrógenos postmenopáusica podría empeorar la pérdida neuronal y
reducir el umbral para la aparición de síntomas clínicos en estos casos.
Además de estos resultados experimentales, existen evidencias
epidemiológicas de un papel beneficioso de los estrógenos. En mujeres postmenopáusicas
se han descrito diversos síntomas cognitivos y afectivos, como dificultad de
concentración y memoria, disminución de la atención y tendencia a la irritabilidad y
depresión. Varios estudios han demostrado una capacidad de los estrógenos de revertir la
sintomatología depresiva en mujeres postmenopáusicas. También se ha comprobado en
mujeres con menopausia postcirugía, una mejoría en la memoria, el razonamiento abstracto
y la velocidad de pensamiento, tras el inicio de una terapia sustitutiva, pero en un
segundo estudio esto no se pudo demostrar. Actualmente se está llevando a cabo dos
estudios para aclarar estos aspectos: el estudio WHI (Women's Health Initiative) con 8.500
mujeres de edad superior a 64 años, cognitivamente normales a las que se les está
suministrando terapia hormonal sustitutiva y se les realizará un seguimiento durante
cinco años. El segundo estudio se está realizando en mujeres con mayor riesgo de
Enfermedad de Alzheimer basado en la presencia de un pariente en primer grado con
Enfermedad de Alzheimer.
A pesar de lo anterior, los estudios epidemiológicos acerca de la
relación entre terapias con estrógenos y Enfermedad de Alzheimer han obtenido resultados
contradictorios. En un metaanálisis que incluye 10 estudios sobre el tema, ocho de casos
y controles y dos prospectivos observacionales, se encuentra que el riesgo de Enfermedad
de Alzheimer en mujeres postmenopáusicas que tomaban estrógenos sustitutivos se reducía
un 29 por ciento. Dos estudios de casos y controles realizados posteriormente encontraban
una reducción aún mayor, del 58 por ciento al 72 por ciento. Sin embargo, no se puede
concluir con seguridad un efecto beneficioso de este tratamiento dado que las mujeres con
este tratamiento presentaban un nivel socioeconómico y cultural más alto, lo que podía
confundir los resultados.
Respecto a mujeres con Enfermedad de Alzheimer los resultados de los
estudios llevados a cabo hasta la fecha no son concluyentes. Un estudio doble ciego
randomizado controlado con placebo, llevado a cabo con doce pacientes con Enfermedad de
Alzheimer, ha demostrado un efecto beneficioso del estradiol en parche transdérmico, en
varias medidas de atención y memoria a las ocho semanas de tratamiento. Por el contrario
existen otros tres estudios con resultados negativos. La explicación puede encontrarse en
un diferente efecto según la vía de administración sea oral o transdermal, o que en los
estudios negativos el seguimiento haya sido más largo con posibilidad de regulación
posterior de los receptores de estrógenos. Otra hipótesis es que la intervención con
estrógenos sea eficaz sobre todo en los periodos perimenopáusicos o menopáusicos
precoces. Queda además por dilucidar el papel de la progesterona añadida al tratamiento
y el uso de tratamientos alternativos.
Los datos referentes a los andrógenos son más escasos. Conocer el
papel protector de los andrógenos se complica por la transformación de los andrógenos
en estrógenos por aromatización. Existen algunos datos en animales que también apoyan
un papel beneficioso de estas hormonas en la Enfermedad de Alzheimer, como la existencia
de un mayor volumen del hipocampo en relación con la presencia de andrógenos. La
testosterona, y también los estrógenos, incrementan la expresión de los receptores
5-HT-2A, efecto quizás mediado por la aromatización a estradiol, ya que la
dihidrotestosterona no presenta este efecto. Aunque no hay una relación directa entre la
andropausia y depresión o la aparición de déficits cognitivos, existe la posibilidad de
que en estos casos la administración de andrógenos podría revertir alguno de estos
déficits. Sin embargo, los importantes riesgos que produce esta terapia, desde incremento
del riesgo de cáncer de próstata, alteraciones en la viscosidad sanguínea o incluso
cambios en la conducta, con mayor tendencia a la violencia y aumento de la libido, hacen
que la prudencia aconseje evitar esta terapia.
Otros factores patogénicos
Otros factores implicados en diferentes
estudios son la existencia de antecedentes de traumatismos craneales, la existencia de
factores de riesgo vascular como cardiopatía isquémica e hipertensión, la presencia de
diabetes, un menor grado de educación y los antecedentes de determinadas infecciones
virales. Como factores protectores se han señalado en algunos estudios el antecedente de
tabaquismo.
Los traumatismos craneales se han encontrado que aumentan el riesgo
de padecer Enfermedad de Alzheimer en estudios de casos y controles. Se ha visto que el
antecedente de traumatismo es más frecuente en sujetos con Enfermedad de Alzheimer que en
la población general. Existen dos estudios que apoyan esta hipótesis como son la
existencia de placas amiloides en sujetos que fallecieron tras estar en coma prolongado
después de un traumatismo craneal grave y en segundo lugar la mayor presencia de lesiones
cerebrales y alteraciones cognitivas en sujetos con el genotipo APOE e4 tras padecer un
traumatismo craneal o en boxeadores.
Los factores de riesgo vascular, como la hipertensión o la
presencia de cardiopatía isquémica, y la diabetes se han relacionado en estudios de
cohorte con un mayor riesgo de padecer Enfermedad de Alzheimer. No está claro la causa de
esto, pero parece que en sujetos con igual número de placas seniles, la presencia de
lesiones vasculares se correlaciona con un mayor grado de demencia. Respecto a la
diabetes, la diabetes del adulto se ha relacionado con mayor riesgo de padecer Enfermedad
de Alzheimer, sin que se sepa si esto ocurre por un mecanismo vascular o a través de un
mecanismo propio, bien por una acción trófica de la insulina sobre la neurona, mediada
por el receptor de la insulina, bien porque la insulina y el péptido Ab compitan por el
mismo sistema de degradación o por la posibilidad de un efecto de lesión producido por
hipoglucemia.
Recientemente se ha encontrado que la Enfermedad de Alzheimer es
menos frecuente a medida que aumenta el desarrollo intelectual del sujeto y su grado de
educación. Un estudio realizado en una comunidad de monjas, que compartían factores
ambientales pero diferían en el nivel de estudios, mostró una menor frecuencia de
Enfermedad de Alzheimer a medida que aumentaba el nivel educativo. No se conoce tampoco
cual es la causa de esto, planteándose la posibilidad de que en sujetos con mayor nivel
intelectual exista un mayor desarrollo de sinapsis, lo que conduzca a que aunque la
enfermedad aparezca al mismo tiempo, exista una mayor reserva que haga que los síntomas
se evidencien más tarde.
Finalmente, durante años se ha mantenido la idea de una menor
frecuencia de Enfermedad de Alzheimer entre los fumadores señalándose un papel protector
del tabaco, a través del estímulo nicotínico mantenido. Sin embargo, estudios
epidemiológicos recientes no solo han descartado una protección del tabaco, sino que
parece que el tabaquismo puede estar relacionado con un mayor riesgo de padecer Enfermedad
de Alzheimer.
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