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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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MIGRAÑA
Tratamiento
Introducción
Ya hemos expuesto cómo la migraña es un
padecimiento crónico, frecuente, caracterizado, por episodios recurrentes de cefalea
moderada o severa, acompañados de síntomas neurológicos (aura) o sistémicos (nauseas,
etc.), que por su reiteración y la incapacidad temporal que producen, tiene un gran
impacto sobre el paciente, su familia, relaciones sociales y obligaciones profesionales.
La mayoría de los que sufren migraña precisan medicación para mejorar los síntomas
durante el episodio agudo y, aproximadamente, un 20 por ciento requieren además
tratamiento profiláctico diario, en función de la asiduidad e intensidad de sus ataques.
Después de un examen completo y de haber realizado las
investigaciones apropiadas, debe intentarse explicar de forma sencilla al paciente la
naturaleza de la migraña, asegurándole que su dolor se debe a una condición benigna,
que la mayoría de las ocasiones, puede ser controlada o aliviada, aunque tiene un
carácter crónico. Es importante responder a aquellas inquietudes que se hayan generado
en el paciente durante sus padecimientos, ya que muchos están más interesados en saber
que no tienen un tumor u otra condición potencialmente letal, que en las
"docencia" que intentamos impartirles. En la primera consulta, junto a las
palabras del médico, una TAC o RM cerebral normales, a menudo les ofrece una garantía
suficiente.
Los tres pilares fundamentales en los que asienta el tratamiento de
la migraña son sucesivamente:
-Evitar factores desencadenantes.
-Tratamiento farmacológico: a- preventivo y b- sintomático.
-Otros procedimientos menos usuales.
Medidas generales y control de los
factores desencadenantes
Es conveniente informar al paciente que evitar
estrés y favorecer la relajación son actitudes importantes a fin de reducir el número
de crisis migrañosas. También debe indicarse que procure reducir el consumo de cafeína,
abandonar el tabaco y disminuir la ingesta de alcohol, en el caso de que practique estos
hábitos. La medicación que esté tomando en ese momento debería ser revisada. El uso de
algunas medicaciones, tales como la reserpina, indometacina, nifedipino, derivados de
teofilinas, vasodilatadores, etc., como ya hemos consignado preferentemente, pueden
favorecer el desencadenamiento del episodio doloroso, debiendo valorarse la posibilidad de
ser sustituidos por otros agentes. El uso de estrógenos y de anticonceptivos orales
deberá ser suspendido si hay sospecha de que contribuyen a desencadenar las cefaleas.
También pueden contribuir al éxito del tratamiento la organización de programas de
ejercicio, la corrección de excesos dietarios, evitar períodos prolongados de ayuno y
modificar hábitos irregulares de sueño.
Respecto a la dieta, modificaciones o prohibiciones radicales,
raramente están justificadas, aunque hay algunas excepciones. Deben ser evitados los
alimentos que contengan nitritos, tales como los "perritos calientes" y algunos
alimentos congelados; así como alimentos que contengan glutamato monosódico, aunque esto
último puede ser difícil de observar en la práctica, ya que constituye un elemento
extensamente utilizado, como saborizante, en alimentos preparados y en las salsas de
algunos restaurantes especializado. Los quesos curados, alimentos fermentados, el vino
tinto, el chocolate, el hígado de pollo o cerdo y muchos otros alimentos, también han
sido incluidos en la lista de sospechosos de precipitar cefaleas por contener tyramina,
phenylethylamina u octamina. No obstante, la experiencia pone de manifiesto que en muy
pocas ocasiones hay una relación específica causa-efecto entre la migraña y su
precipitación dietaria, por lo que sólo en aquellos casos en los que se evidencie una
relación directa entre un alimento concreto y el desencadenamiento de la crisis, debe
indicarse su abstención. Hay migrañosos que observan que algunos de sus ataques se
precipitan por olores fuertes, especialmente perfumes u otros aromas, en cuyo caso deben
evitarse jabones, lociones, cremas o perfusiones puedan tener una influencia deletérea.
Todas las personas se encuentran durante períodos de su existencia viviendo bajo cierto
grado de estrés. La población migrañosa no está sometida a grados mayores que
cualquier otro grupo de población, pero su respuesta al estrés puede diferir en
relación con su personalidad, afectividad o mecanismos de defensa. Muchas personas
reaccionan al estrés aumentando la presión arterial, la producción de ácido gástrico
o incrementando la motilidad intestinal; otros desarrollan distintas condiciones
dermatológicas. El paciente con migraña reacciona generando alteraciones en la
circulación craneal y cerebral, mediante mecanismos que ya hemos analizado previamente.
Ayudar a los pacientes a evitar el estrés es una tarea difícil. Pueden indicarse de
tranquilizantes menores o sedantes, con carácter temporal, durante períodos de especial
acentuación del estrés; para el tratamiento del estrés a largo plazo, es precisa la
ayuda de psicólogos y otros profesionales apropiadamente entrenados. Se utilizan muchas
técnicas, incluyendo la relajación, hipnosis y biofeed-back. La evidencia de que estas
técnicas son eficaces es difícil de evaluar a falta de estudios controlados apropiados,
dependiendo más los resultados del entusiasmo del terapeuta y del convencimiento del
paciente que del tratamiento en sí. Los programas para la "gestión" del dolor
han ido ganando popularidad en los últimos años, pero solamente ayudan a un grupo
pequeño de pacientes.
Prevención farmacológica de la
migraña
La mayor parte de los recientes
descubrimientos en el tratamiento de la migraña han sido dirigidos hacia agentes para el
tratamiento del ataque agudo. Sin embargo, los avances en la prevención de la migraña
todavía son escasos, permaneciendo la profilaxis farmacológica de la migraña en niveles
subóptimos. Para una utilización racional del arsenal terapéutico disponible es
necesario analizar tres puntos consecutivos: bases biológicas, selección de los
pacientes y elección de la droga a utilizar.
Los mecanismos básicos de acción de las drogas profilácticas
antimigrañosas son en una gran parte especulativos, ya que en su mayoría de las
sustancias no han sido inicialmente descubiertos, desarrollados ni utilizados para este
fin. Posteriormente, tras observar su beneficio clínico adicional, se han formulado
hipótesis que pudieran adaptarse a sus propiedades antimigrañosas. Idealmente, una
medicación para prevenir la migraña debería alcanzar los siguientes objetivos:
disminuir la frecuencia de los ataques, minimizar la necesidad de tratamiento abortivo,
ser bien tolerada y reducir la incapacidad que la jaqueca provoca en el paciente mejorando
su calidad de vida.
La elección de una droga para prevenir la migraña debe ser guiada,
como en otras intervenciones terapéuticas, según los deseos y expectaciones del
paciente, la evidencia existente sobre la eficacia de la misma, el perfil de los efectos
secundarios, su potencial interacción con otras drogas, las contraindicaciones, el costo
y su disponibilidad en el mercado.
Las estrategias en la prevención de la migraña incluyen la terapia
preventiva a corto plazo (uso diario de una droga particular sólo durante un período
específico predecible de desencadenamiento, ej.: perimenstrual); profilaxis diarias
convencionales a largo plazo con un solo agente o con polifarmacia racional; y finalmente
tratamiento no farmacológico dirigido a evitar los factores desencadenantes, ya
comentados previamente.
Las indicaciones para la profilaxis de la migraña incluyen: 1)
episodios de cefalea que causen incapacidad severa; 2) terapia abortiva ineficaz, mal
tolerada, contraindicada o abuso de analgésicos; 3) elevada frecuencia de los ataques,
uno semanal o más; y 4) circunstancias especiales, tales como migraña con aura
anormalmente prolongada o complicada con infarto migrañoso.
En la prevención de la migraña se utilizan muchas drogas, de
clases farmacológicas muy diversas incluyendo antidepresivos (amitriptylina),
antiepilépticos (ácido valproico), agentes antiserotoninérgicos (methysergida,
pizotifeno), bloqueantes beta-adrenérgicos (propranolol, timolol, metoprolol, atenolol),
bloqueantes de canales de calcio (flunarizina, verapamilo) y anti-inflamatorios no
esteroideos. La mayoría de estos compuestos tienen unas indicaciones primarias distintas,
que la de la prevención de la jaqueca.
En la elección de una droga preventiva contra la migraña, deberá
procurarse un equilibrio entre la evidencia de eficacia, tolerabilidad y seguridad y la
presencia de otros procesos coexistentes. Es importante mantenerla durante un período de
tiempo suficiente y a dosis óptima.
Recomendaciones específicas
en la prevención de la migraña
Los agentes beta-bloqueantes son una de las
primeras elecciones en pacientes con hipertensión arterial, excepto en casos de personas
habituadas a ejercicio físico intenso, en los que es preferible el empleo de verapamilo.
Los beta-bloqueantes son particularmente útiles en pacientes en los que la migraña
coexiste con ansiedad o ataques de pánico, y el propranolol es ideal para los jaquecosos
con temblor esencial. La dosis eficaz de betabloqueantes es variable pudiendo alcanzarse
hasta 240 mg de propranolol/día, 200 mg para metoprolol, o 30 mg para el timolol. Los
betabloqueantes no deben ser usados en pacientes con asma, fallo cardíaco congestivo o
enfermedad de Raynaud. También deben ser evitados en pacientes diabéticos o depresivos.
El ácido valproico es una excelente elección para los pacientes
con migraña en los que concurren enfermedad afectiva bipolar, trastornos de
comportamiento o epilepsia. No debe de ser usado en casos de enfermedad hepática. Su uso
puede estar limitado por la aparición de temblor, ganancia de peso o caída del cabello.
Se administra en dosis gradualmente crecientes hasta alcanzar 500-1.500 mg/dia.
La aminotriptylina es particularmente útil en pacientes con
migraña y depresión y en aquellos en que concurren migraña y cefalea de tensión. A
veces se prefiere utilizar en idénticas condiciones nortripthilyna (aunque no ha sido
testada) por su mejor tolerancia. La dosis eficaz de la aminotriptylina en los ensayos
clínicos oscila en un rango de 30-150 mg/día. Con el uso de este medicamento, no son un
incomunes, la ganancia de peso, adormecimiento, efectos anticolinérgicos (estreñimiento,
sequedad de boca). Debe ser utilizada con precaución en pacientes con riesgo de arritmias
cardíacas y con potencial riesgo de crisis epilépticas. No hay estudios en la literatura
que apoye el uso de los inhibidores de recaptación de serotonina para la prevención de
la migraña, excepto la S-fluoxetina.
Los antagonistas de canales de calcio, aparte de ser una alternativa
a los betabloqueantes en atletas, son también recomendables para pacientes con infartos
migrañosos. La dosis diaria utilizada para el verapamilo es 240 mg. Los pacientes con
auras migrañosas frecuentes sin cefalea pueden ser tratados con verapamilo o ácido
valproico. El verapamilo no debe de ser utilizado en pacientes con bloqueos cardíacos.
Colectivamente, los anti-inflamatorios no esteroideos (AINES) son
una buena elección para los pacientes con migraña y artritis; los efectos secundarios
gastrointestinales son el efecto indeseable más común a este grupo farmacológico.
Según se deduce de los ensayos clínicos, algunos anti-inflamatorios no esteroideos, como
el flurbiprofen (100mg/dia ) y el fenoprofeno, tiene mayor eficacia profiláctica que la
aspirina (300-900mg/dia), ketoprofeno y naproxeno (500-750mg/día).
La metisergida, si está disponible, debe ser prescrita por médicos
acostumbrados a su uso. La dosis eficaz oscila de 6 a 8 mg/día. Se recomienda suspender
el tratamiento al menos un mes cada 6, retirándola de forma progresiva para evitar
empeoramiento de la cefalea durante el período de suspensión.
El dicitrato de magnesio no ha mostrado una tasa de respuesta
estadísticamente significativa para la prevención de la jaqueca. Igual comportamiento se
ha observado en otro estudio con aspartato de magnesio.
La vitamina B2 administrada por vía oral (200 mg/12 h) proporciona
una reducción de los episodios migrañosos en un 56 por ciento, comparados con el 19 por
ciento del grupo control.
Recientemente, se han realizado ensayos clínicos para la
prevención de la jaqueca con gabapentina a dosis entre 1.800 y 2.400 mg/día,
observándose una reducción en la frecuencia de las cefaleas, a los 3 meses, superiores a
placebo.
Se han comunicado observaciones anecdóticas sobre la utilidad anti
migrañosa de la toxina botulínica inyectada en las áreas glabelar, frontal y temporal.
Otro estudio reciente muestra también superioridad, para reducir la frecuencia de las
cefaleas, de la dotarazina (50-100 mg/12 horas) frente a placebo. También existen
comunicaciones anecdóticas, en este sentido, en relación con inhibidores de la COX2,
antagonistas de leukotrienos y la venlafaxina (inhibidor de recaptación de serotonina y
menor de noradrenalina).
Tratamiento farmacológico
sintomático del ataque agudo de migraña
El tratamiento sintomático debe ser iniciado
tan pronto como sea posible una vez iniciado el ataque de cefaleas. En general, se
aconseja, que si se reconoce un aura, la medicación debe ser iniciada durante el mismo,
sin esperar a que comience el dolor. Una excepción es el sumatriptán, que es menos
efectivo si se toma antes del inicio de la fase de dolor. Es preciso recordar que si se
espera a que el ataque esté completamente desarrollado, la mayoría de los preparados
orales son menos efectivos, ya que en ese período disminuye la motilidad
gastrointestinal, la absorción es más pobre y pueden presentarse vómitos, en cuyo caso
esta vía de administración sería inapropiada.
Analgésicos simples. Un 40 por ciento de los
pacientes controlan eficazmente sus ataques de migraña con la administración precoz de
un analgésico oral simple, como la aspirina (500-1000mg iniciales, repetir 500mg/ 4-6h,
máximo 4gr/día); paracetamol (500-1000mg iniciales, repetir cada 6h); la aspirina es
más eficaz que el paracetamol, pero tiene un mayor riesgo de hemorragia gastrointestinal.
También son eficaces los AINES, tales como dexketoprofeno (12.5-50mg/4-6h, máximo
75mg/día); meclofenamato (200mg inicio, repetir a la hora); diclofenaco (50-100mg
iniciales, 50mg 1h después, sí es preciso) o ibuprofeno (1.200mg iniciales, 600mg/6h,
máximo 2400mg/día), ketoralaco intramuscular (10-30 mg iniciales, repetir cada
6h,máximo/día 60 mg, en caso de intolerancia oral). La combinación de estos
analgésicos con cafeína es más efectiva que dados aisladamente, ya que la cafeína
favorece la absorción del analgésico, induce vasoconstricción y contribuye a las
descargas de las neuronas serotoninérgicas del tronco cerebral. La adicción de 10 mg de
metoclopramida oral puede ser de ayuda, ya que previene los vómitos y facilita la
absorción de los analgésicos al estimular la motilidad gastrointestinal. En caso de
vómitos pueden administrarse 10 mg im o i.v., o un supositorio de domperidona (60 mg). El
reposo en un sitio oscuro y, a veces, la aplicación de frío en las sienes favorecen el
efecto de los analgésicos y el alivio del dolor. Si el paciente llega a conciliar el
sueño, a menudo, cuando se despierta está libre de la cefalea.
Tabla II.
Resumen del tratamiento de la migraña aguda con compuestos no específicos |
| Tipo de droga |
Dosis inicial |
Máximo 24h |
| Analgésico simple |
|
|
| Acetaminiphen
(paracetamol) |
500-1000mg |
4 mg |
| AINES |
|
|
| Ac. acetilsalicílico
(aspirina) |
500mg |
4 mg |
| Mecoflenamaco |
200mg |
400 mg |
| Diclofenaco |
50-100mg |
200 mg |
| Ibuprofeno |
600-1200mg |
2400 mg |
| Desketoprofeno |
12.5-50mg |
75 mg |
| Ketorolaco (oral,im) |
10-30mg |
60-90 mg |
| Antieméticos y procinéticos |
|
|
| Metoclopramida (oral,
im o i.v.) |
10mg |
30 mg |
| Domperidona oral |
10mg |
30 mg |
|
Supositorios |
60mg |
240 mg |
-Derivados ergotamínicos. Aunque cada vez
son más sustituidos por los nuevos agentes terapéuticos, los preparados de ergotamina
son todavía un arma terapéutica importante en el tratamiento sintomático de la
migraña. La acción de estos compuestos es compleja, ya que tienen tantos efectos
vasoconstrictores como vasodilatadores, dependiendo de la dosis y del tono básico de los
vasos. Se acepta que los vasos de la carótida interna y externa reaccionan de manera
diferente a las dosis terapéuticas de estos agentes. Los vasos de la carótida externa se
contraen por acción de los ergotamínicos; mientras que no hay evidencia convincente de
que se produzca un efecto similar en los de la carótida interna. La ergotamina ejerce su
efecto sobre la migraña actuando como agonista de los receptores 5-HT. El uso de tartrato
de ergotamina en la jaqueca necesita de la colaboración inteligente del paciente y del
médico, a fin de buscar la mayor efectividad y minimizar los efectos secundarios
indeseables. Las preparaciones orales son menos efectivas, que las que se administran por
vía rectal o parenteral. Es necesario familiarizarse con la cantidad de ergotamina que
contienen las diversas presentaciones las diversas presentaciones comerciales, las dosis
límite y los signos y síntomas del ergotismo (Tfelt-Hansen y cols. 2000). Para el
tratamiento de un ataque agudo de migraña, pueden administrarse por vía oral, tan
precozmente como el paciente reconozca los primeros síntomas, 2 mg de tartrato de
ergotamina. Esta dosis puede ser combinada con analgésicos orales simples y cafeína,
pudiendo repetirse, ambas medicaciones 1 hora después, si no se ha obtenido alivio
suficiente. Si la tolerancia del paciente lo permite, se obtienen mejores resultados
administrando, al comienzo del aura o inicio del dolor, un supositorio por vía rectal de
1 ó 2 mg de tartrato de ergotamina, junto con una analgésico simple por vía oral. La
experiencia acumulada, en el curso de varios ataques, debe ser usada para determinar la
cantidad de ergotamina necesaria para aliviar el dolor y seleccionar el analgésico simple
mejor tolerado y con mayor respuesta, para abortar los siguientes episodios. En aquellos
pacientes con vómitos incoercibles, pueden administrarse supositorios de clorpromazina
(25-100 mg) o prochlorperazina (25 mg). Deben tomarse precauciones, sobre todo en aquellos
pacientes con episodios frecuentes de migraña común, para no entrar en un ciclo vicioso
de consumo de ergotamina, que pueda inducir una vasoconstricción casi continua; si esto
ocurre unas pocas horas de abstinencia darán lugar a vasodilatación y cefalea por
supresión. Un fenómeno similar puede ocurrir con las personas con excesivo consumo de
cafeína (café, cola, té) diario, que reducen bruscamente su ingesta durante el fin de
semana. La ergotamina debe ser usada con precaución en los pacientes con hipertensión
arterial o insuficiencia vascular periférica y está contraindicada en la cardiopatía
isquémica o durante el embarazo. También debe evitarse su utilización en aquellos
pacientes con aura particularmente prolongada, representada por defectos focales
neurológicos mayores, ya que puede potenciarse la fase de vasoespasmo, con el
consiguiente riesgo de infarto cerebral.
Como una alternativa a la ergotamina, en el tratamiento sintomático
de la migraña, se han utilizado agentes simpaticomiméticos, como el mucato de
isomethepteno (130-325mg/día), solo o en combinación con paracetamol o dicorofenazona,
que es bien tolerado pero puede fracasar en ataques muy severos y debe evitarse en
pacientes hipertensos, cardiopatía isquémica reciente, insuficiencia vascular
periférica, glaucoma, embarazo o tratamientos concomitante con inhibidores de la mono
amino oxidasa (IMAO).
La
dihydroergotamina(DHE).Muestra una bio-disponibilidad oral muy limitada, pero es
útil administrada por vía nasal o parenteral. Esta medicación debe ser considerada
cuando el uso de la vía oral está limitado por náuseas y vómitos o cuando otras
medicaciones no son efectivas. Una restricción para su uso es la indisponibilidad en
algunos países. Aunque el efecto de la dihydroergotamina es más lento que el del
sumatriptan, muestra una eficacia similar pasadas las 2 primeras horas y se asocia con un
menor índice de recurrencias de la cefalea a las 24 horas (Winner 1996). Cuando se usa
por vía intravenosa, es mandatorio el administrar conjuntamente un antiemético, ya que
puede potenciar las náuseas en algunos pacientes.
Triptanes. En la última década se han introducido
una nueva clase de agentes antimigrañosos que muestran una acción selectiva sobre
determinados receptores de serotonina. Estos agentes, denominados globalmente como
triptanes, tienen una fuerte actividad agonista para receptores 5-HT1B, 5HT-1D, 5HT-1F y
en algunos derivados se extienda hasta receptores 5-HT1A. El heraldo de esta nueva clase
de agentes antimigrañosos selectivos fue el sumatriptan (1991), sumándose posteriormente
una segunda generación que incluye el zolmitriptan, naratriptan, rizatriptan y
almotriptan, comercialmente disponibles, a los que se sumaran en breve eletriptan y muy
posiblemente frovatriptan. Para explicar su acción farmacológica han sido invocados tres
mecanismos diferentes.
1) Vasoconstricción de los vasos meníngeos, durales, cerebrales o
piales, mediada a través de la estimulación de los receptores vasculares 5-HT1B. Como
estos receptores están también localizados en vasos no craneales, es inevitable algún
grado de vasoconstricción simultáneo de las arterias coronarias.
2) Inhibición de la "inflamación neurogénica", mediante
la estimulación presináptica de los receptores 5-HT1D y posiblemente 5-HT1F de las
fibras trigeminales tipo c que inhiben la liberación de sustancia P y neurokinina A,
bloqueando la extravasación dural de plasma. Basados en este modelo se ha intentado
diseñar drogas seguras, en las que faltase el efecto vasoconstrictor coronario. Sin
embargo, seis clases diferentes de productos ensayados que cumplían este requisito no
fueron efectivos para abortar los ataques agudos de migraña. Actualmente, están siendo
sometidos a evaluación productos que provocan la estimulación de receptores
presinápticos 5-HT1D de las fibras trigeminales tipo A, que inhiben la liberación de la
proteína relacionada con el gen de la calcitonina y su efecto sobre la vasodilatación
dural.
3) Inhibición central de la transmisión de dolor, por la
atenuación directa de la excitabilidad de las células del núcleo del trigémino, vía
estimulación de receptores 5-HT1B/1D y posiblemente 1F, dentro del tronco cerebral. En
animales de experimentación, la segunda generación de triptanes, que es capaz de
atravesar la barrera hematoencefálica, puede acceder a los núcleos del tronco cerebral e
inhibir la actividad del trigémino.
Sumatriptan. Es el antimigrañoso más extensamente
investigado. Está disponible en tabletas orales de 50mg, inyectable subcutáneo de 6 mg e
intranasal 20mg. Las dosis máximas diarias son 2 veces 6 mg subcutáneos o tres veces 100
mg orales, con un intervalo de al menos 1-2 horas entre administraciones. Para el
tratamiento de ataque debe tomarse una única dosis.
En la migraña con aura el uso del sumatriptan debe de retrasarse
hasta que la cefalea aparezca, ya que no tiene efecto sobre el aura y si se toma durante
la misma puede no tener el efecto deseado sobre el subsiguiente dolor. A las 2 horas
después de la toma oral de 100 mg 58 por ciento de los pacientes mejoran y el 35 por
ciento está completamente libre de dolor. Después de la instilación de 20 mg
intranasales, el 61 por ciento mejora y el 30 por ciento queda libre de dolor. Tras 6 mg
subcutáneos, el 71 por ciento de los pacientes mejoran dentro de la primera hora, el 79
por ciento en las dos siguientes horas y el 43 y 60 por ciento, respectivamente, están
libres de dolor. En conjunto presenta mejor eficacia que la ergotamina oral. En un tercio
de los pacientes se produce recurrencias de la cefalea en las siguientes 24-48 horas,
siendo los pacientes con mayor riesgo las mujeres cuyos ataques duran más de un día. La
administración repetida de la droga es usualmente efectiva en estos casos.
Tras la administración del sumatriptan pueden producirse efectos
adversos, que en general son frecuentes, pero de mediana intensidad, naturaleza
insignificante y corta duración (menos de 15 minutos). Los más habituales incluyen
hormigueos y sensación de calor en cuello y extremidades, junto con sensación opresiva a
nivel del tórax. Estos últimos síntomas han sido descritos en casi el 40 por ciento de
los pacientes y pueden asociarse con ansiedad, palpitaciones y muy raramente con dolor
precordial. Los mecanismos a través de los cuales el sumatriptan induce los síntomas
torácicos son desconocidos, habiéndose invocado vasoconstricción coronaria, pulmonar,
espasmos esofágicos, broncospasmo o contracción de los músculos intercostales. El
sumatriptan constriñe ciertas arterias cerebrales, pero no afecta al flujo cerebral en
pacientes con vasculatura cerebral normal; sin embargo, sí puede comprometer dicho flujo
en pacientes con ictus isquémico, por lo que debe ser evitado en estos enfermos. En
resumen, el sumatriptan proporciona una significativa mejoría a los pacientes con ataques
agudos de migraña, pero sería deseable el desarrollo de nuevas generaciones con una
mayor bio-disponibilidad oral, asociada a una respuesta más inmediata, una duración
mayor, para evitar recurrencias y una mayor selectividad respecto al territorio
carotídeo, para evitar la vasoconstricción coronaria.
Triptanes
de segunda generación. Farmacológicamente se caracterizan por una mejoría, en las
propiedades farmacocinéticas, respecto a su predecesor. Poseen una bio-disponibilidad
oral más elevada (45-75 por ciento), lo que permite alcanzar mayores niveles en plasma en
menor tiempo (30-60 min). Sin embargo, esta ventaja inicial, en algunos, acorta el tiempo
máximo de disponibilidad, desapareciendo durante el ataque de migraña. El rango de vida
media en plasma oscila entre las 25 horas para el frovatriptan hasta las 3-6 horas de
otros triptanes. Después del metabolismo hepático zolmitriptan, rizatriptan y eletriptan
tienen metabolitos activos. Naratriptan, eletriptan y frovatriptan no son metabolizados
por la ruta de la MAO, sino que siguen un metabolismo hepático a través de la vía de
enzimas del citocromo-P450, lo que eleva la posibilidad de interacción con otros
medicamentos (contraceptivos orales, eritromicina, clarithromycina, fluvoxamina,
fluconazol), que compiten con el mismo sistema.
El perfil farmacológico básico no difiere mucho del sumatriptan,
excepto por la mayor potencia marginal sobre los receptores 5-HT1B/1D y su gran lipofilia,
que les permite un fácil acceso cerebral y atenuar la excitabilidad de las células
dentro del propio núcleo del trigémino. Su potencia respecto a la contracción de las
arterias coronarias es similar o menor que la del sumatriptan y mucho menor que la
ejercida por los alcaloides ergóticos. El potencial diferencial para contraer las
arterias cerebrales o coronarias es más pronunciada para eletriptan y menos para
frovatriptan; sin embargo, este último es también una agonista de receptores 5-HT7,
pudiendo producir, como resultado final, una vasodilatación, especialmente a
concentraciones elevadas.
En estudios controlados se ha observado una respuesta mejor a las 2
horas para el rizatriptan y eletriptan, respecto al sumatriptan; más baja para el
naratriptan y frovatrioptan y semejante con zolmitriptan y almotriptan. La tasa de
recurrencia de cefaleas tras de zolmitriptan fue del mismo rango que la del sumatriptan;
mientras que fueron menores para naratriptan y frovatrioptan. En ensayos estableciendo
comparaciones directas entre los nuevos triptanes, el rizatriptan (10 mg) fue
significativamente superior al naratriptan en tiempo de alivio de la cefalea y de ausencia
de dolor a las 2 horas; mientras que la tasa de recurrencia fue más baja para segundo que
para el primero. Rizatriptan (10 mg) fue también superior al zolmitriptan (2,5 mg) a las
2 horas tanto para alivio como para ausencia de dolor. Eletriptan (40 y 80 mg) fue
superior a de ergotamina (2 mg) más cafeína (200 mg) en la desaparición del dolor a las
2 horas. Zolmitriptan y Almotriptan no muestran diferencias, respecto a estos parámetros,
con sumatriptan. La incidencia de acontecimientos adversos es más baja para naratriptan y
almotriptan, aunque su naturaleza es semejante. En conclusión, en el momento actual
podríamos resumir las diferentes características de los distintos triptanes, comparados
con sumatriptan, de la siguiente manera: naratriptan (2,5 mg) y frovatriptan (2,5 mg)
tienen un comienzo de acción más lento con menor índice de respuestas en 1-2 horas,
pero muestran menor tasa de recurrencia y son probablemente mejor tolerados. Zolmitriptan
(2,5-5 mg) es bien tolerado, al menos igual de efectivo que sumatriptan y muestra una
mejoría más consistente de cara al paciente; algunos sujetos que no responden a
sumatriptan obtienen mejoría con zolmitriptan. Rizatriptan (5-10 mg) es un triptan de
acción muy rápida, con una alta tasa de eficacia para eliminar el dolor, mientras que su
tolerancia y tasa de recurrencia son equiparables a las del sumatriptan. Almotriptan (12,5
mg) es muy bien tolerado, al menos tan eficaz como el sumatriptan y muestra una tasa de
recurrencias inferior. Junto con el alivio significativo del dolor de cabeza, estos nuevos
agentes han mostrado eficacia en aminorar otros síntomas asociados a los ataques de
migraña, como las náuseas, fotofobia y fonofobia. Todas estas características pueden
proporcionar al médico distintas opciones terapéuticas en función de las
características de inicio, desarrollo y duración de la migraña en cada paciente.
Tabla III.
Resumen de fármacos específicos para el episodio agudo de migraña |
| Droga |
Dosis inicial |
Dosis
máximo/24h |
| Alcaloides ergóticos |
|
|
| Ergotamina oral y rectal |
1-2mg |
4mg |
im, s.c.
|
0.25-0.5mg |
1mg |
Dihydroergotamina s.c.,i.m.
o i.v.
(precedida por 5mg i.v. de proclorperazina) |
1mg |
2mg |
| Dihydroergotamina intranasal |
0.5mg |
2-4 instilaciones |
| Triptanes |
|
|
| Sumatriptan oral |
25-100mg |
300mg |
s.c.
|
6mg |
12mg |
nasal
|
10-20mg (0.5-0.1mL) |
40mg |
| Zolmitriptan |
2.5-5mg |
10mg |
| Naratriptan |
2.5mg |
5mg |
| Rizatriptan |
5-10mg |
30mg |
| Almotriptan |
12.5mg |
No disponible |
| Eletriptan |
40-80mg |
No disponible |
| Frovatriptan |
2.5mg |
No disponible |
Un denominador común para todos los triptanes
es su elevado costo en relación con las medicaciones tradicionales, debiéndose reservar
solamente para aquellos casos en que con estas últimas no se obtiene suficiente
beneficio, son mal toleradas o están contraindicadas.
Situaciones especiales
Migraña y embarazo
La coincidencia de una mayor frecuencia de la
migraña en el género femenino y su preferente superposición con la edad fértil
determinan que con cierta asiduidad se le plantee al médico la delicada situación de
tener que prescribir un tratamiento, para episodios agudos de migraña, en una mujer
embarazada.
El embarazo tiene un efecto variable sobre la migraña. En el 70 por
ciento de mujeres se produce una mejoría o remisión de los síntomas durante embarazo;
no obstante para el resto la clínica permanece sin cambios o incluso empeora. En algunos
casos la migraña puede incluso aparecer por primera vez durante el embarazo. Las
remisiones o mejorías ocurren más frecuentemente en mujeres con migraña menstrual
preexistente, mientras que los empeoramientos acaecen en personas con historia previa de
migraña con aura. En la mayoría de las mujeres que desarrollan migraña durante
embarazo, ésta suele ser precedida de aura. Si durante el embarazo ocurren remisiones
espontáneas, la migraña a menudo vuelve a reaparecer tras el parto, generalmente entre
el tercer y sexto día.
El uso de medicación para tratar la migraña durante el embarazo
debe limitarse lo más posible. Para los ataques medios o moderados, no debe utilizarse
tratamiento farmacológico, pudiendo recurrir a terapias de relajación u otras prácticas
semejantes. El paracetamol y la cafeína pueden ser utilizados en casos de necesidad,
añadiéndose codeína si fuera imprescindible; esta última con precaución, pues puede
presentar algún riesgo para el feto durante el primer y segundo trimestre. En el caso de
ataques muy severos o de status migrañoso con nauseas, vómitos, deshidratación, etc.,
el riesgo para el feto puede ser mayor que el del uso juicioso de un número limitado de
medicamentos. La administración de neurolépticos intravenosos, suplementados con
narcóticos intravenosos o esteroides, puede ser una estrategia efectiva en estas
pacientes. Pueden administrarse "bolus" intravenosos de10 mg de clorpromacina o
procloperazina en 50 mL de suero salino fisiológico, a pasar en 10-15 min; obteniendo no
sólo alivio de la cefalea, sino también de las náuseas y los vómitos habitualmente
asociados. También puede administrarse "bolus" i.v. de metil-prednisolona
(50-250 mg), a fin de abortar un ataque severo agudo o un status de migraña. Debe
evitarse la dexametasona, ya que esta última atraviesa la placenta con mucha mayor
rapidez.
Para la selección de fármacos durante el embarazo o la lactancia,
es aconsejable consultar las guías (Barnhart 1991; Friedman y Polifka 1994) donde se
catalogan los fármacos en función de su riesgo fetal y las de la Academia Americana de
Pediatría (1994) donde se consignan las contraindicaciones de los fármacos durante la
lactancia.
Tratamiento de la
cefalea en las personas ancianas
El tratamiento del dolor en este grupo de
pacientes es más complejo que en las personas jóvenes, debido al cambio en el
metabolismo, distribución y eliminación de las drogas. Esto determina una mayor
sensibilidad intrínseca de esta población a las intoxicaciones y efectos secundarios
indeseables. Por otra parte, la mayor frecuencia de otras enfermedades concomitantes y por
tanto de la concurrencia de otras medicaciones, a menudo, restringe las alternativas
terapéuticas. En los pacientes geriátricos deben cuidarse especialmente estas
circunstancias y en general observar el vetusto aforismo terapéutico de "poco y
despacio".
Tratamiento de la
cefalea de tensión
Este subtipo de cefalea primaria requiere una
particular consideración en base a tres razones, su alta prevalencia entre la población,
ser una de las que causa mayores costes directos e indirectos en la sociedades modernas y
la falta de conocimientos fisiopatológicos disponibles, que permitan tratamientos
selectivos específicos fiables. Esto determina, que en una de las formas más comunes de
cefalea primaria, en los países desarrollados, el tratamiento sea empírico y las
estrategias, a falta de una base científica convincente, ambiguas. El primer paso
racional en estos casos, es asegurar el diagnóstico, sobre todo diferenciándolo de la
migraña, de las cefaleas de causa secundaria y más comúnmente de la cefalea inducida
por drogas. Una vez cumplido este indispensable requisito, el tratamiento debe abordarse
en tres campos distintos: prevención de factores desencadenantes o precipitantes,
tratamiento del episodio agudo y profilaxis farmacológica.
La prevención, como en el caso de la jaqueca, consiste en eliminar
cualquier desencadenante, que puede incluir patología dental, sinusitis, condiciones
laborales incorrectas, desequilibrios en la dieta o sueño inadecuado. En este apartado
resulta de especial interés el valorar y reconducir el estrés, los factores
precipitantes psicológicos, ansiedad y los desórdenes depresivos.
Para el tratamiento del episodio de dolor agudo se utilizan
rutinariamente analgésicos simples, AINES y relajantes musculares, aunque la utilidad de
muchos de estos productos no ha sido debidamente testada. La aspirina y el paracetamol han
demostrado, en ensayos controlados, ser superiores a placebo, no observándose diferencias
entre ellos. Dada la menor tasa de incidencias digestivas del paracetamol, su indicación
aislada o con cafeína, parece una decisión apropiada, limitando su consumo diario para
no generar una cefalea inducida por abuso de analgésicos. El uso de AINES está
escasamente respaldado por ensayos terapéuticos contrastados. El ibuprofeno es superior a
placebo, pero no a la aspirina ni al paracetamol. El ketoprofeno a dosis de 50mg es más
efectivo que placebo. El efecto del ketoralaco es sólo inicial y de nivel muy modesto.
No está probada la eficacia de los relajantes musculares para la
cefalea de tensión, por lo que su recomendación sólo puede sustentarse en convicciones
subjetivas.
El sumatriptan oral a dosis de 100 mg, no ha demostrado diferencias
respecto a placebo (Brennun y cols. 1996); sólo la administración subcutánea, a dosis
de 2-4 mg, ha demostrado alguna eficacia el tratamiento del dolor agudo en la cefalea de
tensión (Brennun y cols. 1992).
Los tratamientos no farmacológicos, mediante terapia física, han
demostrado eficacia en estudios controlados; pero no así las manipulaciones espinales
(Bove y Nielsson 1998).
Respecto a la profilaxis farmacológica, los antidepresivos
tricíclicos, han sido los más extensamente usados, con efecto significativo sobre la
duración y la frecuencia de la cefalea, con independencia de su acción antidepresiva. El
mejor testado es la aminitriptylina, administrada a dosis inferiores a las usadas en los
tratamientos antidepresivos (25-75mg/día). Auque no han sido publicados ensayos
debidamente controlados, en algunos pacientes puede obtenerse el mismo resultado, con
menos efectos secundarios, utilizando nortriptylina. Otros antidepresivos, como los
inhibidores de la recaptación de serotonina, no han mostrado eficacia en la prevención
de la cefalea de tensión.
El ácido valproico tampoco ha mostrado eficacia profiláctica
frente a placebo.
Recientemente, dos estudio controlados comparados con placebo han
confirmado unos ensayos piloto previos sobre el efecto profiláctico beneficioso de la
infiltración de los músculos pericraneales con toxina botulínica. Los mecanismos de
acción de esta toxina en la cefalea de tensión no están claros, pero probablemente
estén relacionados con la interrupción transitoria de la interacción entre la
nocicepción periférica causada por la hiperactividad muscular y el procesamiento central
del dolor.
El tratamiento de este cotidiano tipo de cefalea es actualmente
insatisfactorio, siendo imprescindibles nuevos desarrollos, que proporciones fármacos
más específicos y eficaces.
Tratamiento de la cefalea en
acúmulos, racimos o "cluster"
Este subtipo de cefalea primaria constituye,
junto con las migrañas complicadas y el status migrañoso, el mayor motivo de
frecuentación de los servicios de urgencias, por dolor de cabeza como síntoma principal.
En primer lugar, una vez establecido con claridad el diagnóstico,
en función de los parámetros clínicos descritos previamente y habiéndose eliminado
otras causas que puedan generar diagnóstico diferencial, debemos tranquilizar al paciente
y a sus familiares asegurándoles, que a pesar de la espectacularidad de los síntomas, el
proceso es de carácter benigno y conocemos su existencia.
La frecuencia, severidad y brevedad de los ataques individuales de
la cefalea en racimos y su falta de respuesta a muchos tratamientos sintomáticos
determina generalmente la necesidad de emplear un programa profiláctico en muchos
pacientes. La elección de los preparados más adecuados viene determinada por tres
factores: si se trata de una forma de cefalea en acúmulos episódica o crónica; la
presencia o ausencia de otras enfermedades concomitantes, como pueden ser la hipertensión
arterial o la insuficiencia vascular periférica o coronaria; y la experiencia previa con
los distintos fármacos.
Durante el ataque inicial o cuando la historia pasada del paciente
sugiere que el acúmulo tiene una duración bien delimitada, puede obtenerse alivio
administrándole una pauta corta de esteroides. Varios regímenes pueden ser efectivos,
siendo el más usual 60 mg de prednisona en una dosis única diaria durante 3-4 días,
seguida de una reducción de 10 mg cada 3 ó 4 días hasta llegar a la supresión total en
3-4 semanas. Esta pauta puede ser repetida varias veces, salvo que se prevean efectos
secundarios o no se obtenga el beneficio esperado. El tartrato de ergotamina, oral o por
vía rectal, puede ser ensayado en la cena a fin de prevenir los ataques nocturnos de
cefaleas. En algunos casos el beneficio es evidente, pero en otros no se consigue más que
posponer el ataque hasta la mañana siguiente, justo cuando el paciente tiene que
incorporarse al trabajo. Este tipo de medicación debe ser vigilada, ya que su uso
crónico, si se prolonga el período de ataques, puede causar ergotismo.
Los bloqueantes de canales de calcio, como el verapamilo, pueden ser
efectivos para la prevención de la cefalea en acúmulos en el 50 por ciento de los
pacientes con formas crónicas, el rango de dosis oscila entre 80 y 120 mg/8h.
La methysergida, en dosis de 4 a 10 mg/día, es efectiva para
reducir o prevenir la cefalea en racimos, en alrededor del 60 por ciento de los pacientes.
Los efectos secundarios incluyen calambres en las piernas, náuseas o retención de
fluidos, son usualmente menores y la droga es, generalmente, mejor tolerada en estos
pacientes que en los de migraña. Los riesgos tradicionales de fibrosis pulmonar, cardiaca
o retroperitoneal, pueden ser prevenidos mediante la suspensión periódica de la
administración (al menos un mes por cada 6 de tratamiento), junto con la realización de
las investigaciones periódicas pertinentes (TAC o RM abdominal, radiografía de tórax y
determinación de creatinina en suero) para su detección precoz. En conjunto esta droga
necesita pocas semanas para abortar la forma episódica de la cefalea en racimos y sus
riesgos son bajos si se utiliza juiciosamente.
En aquellos pacientes con formas crónicas, que presentan ataques
diarios durante años, y que no han respondido a otras medicaciones, debe ensayarse
carbonato de litio, a dosis de 300 mg tres veces al día, ajustando posteriormente la
dosis, cada 2 semanas, hasta alcanzar unos niveles de 1mEq/l. A estos niveles, los efectos
secundarios de esta medicación incluyen moderado temblor de las extremidades,
alteraciones gastrointestinales y sed. Si se superan estas concentraciones en sangre
pueden aparecer complicaciones más severas como bocio, diabetes insípida o
nefrotoxicidad. La respuesta terapéutica puede retrasarse varias semanas, sin embargo, es
bastante constante, pudiéndose retirar la droga al cabo de unos pocos meses. Mientras se
administra el litio deben evitarse los diuréticos thiazídicos, ya que pueden causar una
rápida elevación de los niveles en sangre del litio y alcanzar rangos tóxicos.
Para el tratamiento del ataque agudo aislado, puede administrarse
tartrato de ergotamina por vía rectal o dihydroergotamina por vía subcutánea,
intravenosa o intranasal. El sumatriptán por inyección subcutánea a dosis de 6 mg,
también ha demostrado ser efectivo para abortar ataques individuales en la cefalea en
acúmulos; con la formulación intranasal (20mg) se obtienen resultados similares.
Otras opciones terapéuticas incluyen la instilación de gotas
nasales de lidocaina al 4-6 por ciento, en la fosa nasal homolateral al dolor,
instruyéndole al paciente, para que lo ejecute en decúbito supino con la cabeza en
extensión de 45º e inclinación lateral de 30º hacia la fosa a instilar. También se
han comunicado algunos casos con buenos resultados tras la infiltración del nervio
occipital mayor homolateral.
La inhalación de oxígeno 100 por cien, mediante una mascarilla, a
una tasa de 8-12 l/minuto, es llamativamente eficaz en algunos casos. En ocasiones
excepcionales, para liberar al paciente de un padecimiento insufrible, con carácter
puntual, es preciso recurrir al uso de narcóticos.
En los casos crónicos, refractarios al tratamiento farmacológico,
se han ensayado tratamientos quirúrgicos, habiéndose utilizado la termo-coagulación del
ganglio de Gasser mediante radiofrecuencia o la radio cirugía estereotásica con rayos
gamma. Aunque se obtienen buenos resultados en, aproximadamente, dos tercios de los
pacientes, es casi obligada la aparición de complicaciones tan serias, como la anestesia
dolorosa o la queratitis.
Síndromes que
responden selectivamente a la indometacina
Como ya hemos consignado al analizar el
diagnóstico diferencial de la migraña, hay un reducido número de síndromes que se
extienden desde las cefaleas de corta duración hasta la cefalea continua unilateral, que
son exquisitamente sensibles a la indometacina a dosis desde 25mg/12h. hasta 75mg/8h.,
obteniéndose habitualmente una buena respuesta dentro de las 72 h. siguientes al inicio
de la administración. Este grupo incluye las siguientes entidades:
Cefaleas sensibles a la indometacina
Tipo de cefalea
Forma
Hemicránea paroxística episódica
crónica
Hemicránea continua
remitente
no remitente
Cefalea idiopática en "punzonazo"
Qué hacer cuando la cefalea
persiste, a pesar de los tratamientos
Cuando un paciente no responde de la forma
esperada a una medidas terapéuticas aparentemente apropiadas o nos advierte, tras
examinarle en la primera consulta, que ya ha visitado a otros compañeros que le han
prescrito varias medicaciones sin éxito, es importante identificar las causas de estos
fracasos.
Lipton y cols. (2000), han agrupado las causas más comunes del
fracaso terapéutico, en las migrañas, dentro de cinco amplias categorías:
1. Diagnóstico incompleto o erróneo:
Presencia de una cefalea secundaria
Cefalea primaria mal clasificada
Concurrencia de más de un subtipo de cefalea
2. Factores que causan exacerbaciones no detectados:
Fenómeno de rebote, por medicación, cafeína, etc.
Administraciones hormonales
Desencadenantes nutricionales
Factores psicológicos
Otras medicaciones concomitantes
3. Tratamiento farmacológico inadecuado:
Drogas mal seleccionadas
Dosis inicial excesiva
Dosis final inadecuada
Duración insuficiente del tratamiento
Necesidad de introducir tratamientos combinados
Mala absorción
No aceptación del tratamiento por parte del paciente
4. Tratamiento no farmacológico inadecuado:
Medicina física
Tratamiento cognitivo conductista
5. Otros factores:
Expectativas irreales
Condiciones co-mórbidas concomitantes
Cuando nos encontramos con pacientes con migraña rebelde al
tratamiento, considerar detenidamente estas categorías puede ayudar a resolver el
problema.
1) El diagnóstico es incompleto o incorrecto. Ésta es quizás la
causa más común del fracaso de un tratamiento. Dentro de esta categoría hay que
analizar tres subtipos fundamentales: que exista una cefalea estructural o secundaria no
diagnosticada, que la cefalea primaria este mal clasificada o que coexistan
simultáneamente más de 2 subtipos de cefalea en un mismo individuo y al menos uno no ha
sido reconocido.
La causa más común de tipo secundario que hace de una cefalea
intratable, es probablemente, el mal uso de la medicación, originando cefalea de rebote.
Otras causas menos frecuentes de cefalea intratable son la presencia de otra enfermedad
que simule una cefalea primaria o la agravación de síndromes de cefalea crónica benigna
pre-existentes, tales como el síndrome de baja presión del líquido cefalorraquídeo;
las enfermedades otolaringológicas; los desórdenes nasofaríngeos, incluyendo el
carcinoma; desórdenes del nervio trigémino, patología oro-mandibular; las enfermedades
infecciosas crónicas, como la borreliosis, síndrome de inmunodeficiencia adquirida,
encefalitis, meningitis crónica; la disección de las arterias de los troncos
supra-aórticos; otras enfermedades cerebrovasculares, incluidas las malformaciones
arteriovenosas; enfermedades occipital-cervicales, incluyendo la malformación de Arnold-
Chiari y los síndromes neurálgico de los nervios y raíces adyacentes; disturbios
hormonales o enfermedades endocrinas, como la administración de estrógenos, enfermedad
tiroidea, hiperprolactinemia; disturbios metabólicos, incluyendo las hepatitis,
enfermedades renales, deficiencias vitamínicas, anemia, exposición a monóxido de
carbono y otros tóxicos; abuso de medicaciones; glaucoma y otras enfermedades oculares;
desórdenes del tejido conectivo; procesos mediastínicos, angor o síndrome de la vena
cava superior. El diagnóstico diferencial con estos procesos, aprovechando tanto el
perfil temporal como sus circunstancias desencadenamiento y los datos aportados mediante
la exploración física y los exámenes complementarios, como ya hemos expuesto
previamente, permiten salvar esta dificultad diagnóstica.
2) Cefalea primaria mal diagnosticada. Esta circunstancia constituye
una rara, pero importante razón para que no tengamos buena respuesta a un tratamiento
inicial. La hemicránea continua, que como su propio nombre indica, es crónica y
unilateral, se confunde comúnmente con una migraña transformada. Ambos desórdenes se
caracterizan por dolor crónico unilateral con exacerbaciones dolorosas súper impuestas.
En la hemicránea continua, las agudizaciones del dolor se asocian con cuadro autonómico
ipsilateral, incluyendo inyección conjuntival, lagrimación y ptosis. En la migraña
transformada, las exacerbaciones del dolor se acompañan, más típicamente, de náuseas,
fotofobia y fonofobia. Además, los pacientes con hemicránea continua habitualmente no
tienen historia previa de migraña episódica. En la migraña transformada, los ataques
incrementan su frecuencia con el tiempo. Si la cefalea lleva evolucionando muchos años,
el paciente puede no recordar cómo fue en las etapas iniciales. Aunque el dolor de la
hemicránea continua puede presentar fluctuaciones, no es habitual que presente el patrón
de exacerbaciones, de inicio y final de dosis, típico de la migraña transformada. Si el
diagnóstico sigue siendo dudoso, entre estas dos entidades, un ensayo terapéutico con
indometacina es obligado.
La hemicránea paroxística crónica es ocasionalmente confundida
con la forma crónica de la cefalea en racimos. Ambas se caracterizan por ataques
unilaterales con fenómenos autonómicos. Contrariamente a la cefalea en racimos, la
hemicránea paroxística crónica es preponderante en mujeres, la duración de sus ataques
es más corta (típicamente 2-30 min) y la frecuencia de los ataques diarios es mucho
mayor (5 o más por día). La hemicránea paroxística crónica puede manifestarse
también de forma crónica o episódica; en los pacientes típicos una respuesta precoz a
indometacina confirma el diagnóstico. En los casos atípicos puede ser necesario realizar
un tratamiento de prueba con indometacina, cuando los tratamientos clásicos para la
cefalea en racimos o la neuralgia del trigémino han fracasado. Generalmente, se utiliza
la indometacina a dosis de 25-75 mg 3 veces al día. La respuesta a la indometacina es
habitualmente muy clara y fácilmente reconocible.
El síndrome de las cefaleas hípnicas, como hemos detallado afecta
preferentemente a las personas mayores de 60 años. De la misma manera que la cefalea en
racimos, se caracteriza por ataques (típicamente 30 minutos) de dolor de cabeza nocturno,
que despiertan al paciente prácticamente cada noche. El dolor puede ser unilateral o
bilateral, pero suele faltar el intenso dolor ocular y periorbitario que cualifica al de
la cefalea en racimos, así como los fenómenos autonómicos. La cefalea hípnica responde
precozmente, como ya hemos señalado previamente, al carbonato de litio administrado en
una sola nocturna de 300 mg o al verapamilo.
3) Presencia simultánea de dos o más subtipos de cefalea. El
diagnóstico es complicado cuando dos o más desórdenes están presentes o cuando el
paciente clasifica su experiencia dolorosa de forma diferente a la del médico. En estos
casos es necesaria una reevaluación, a fin de averiguar si los ataques que el paciente
describe son exacerbaciones súper impuestas sobre un dolor crónico unilateral previo, o
una entidad distinta. Es frecuente la asociación entre migraña y cefalea de tensión,
pero también pueden concurrir cefalea en racimos y neuralgia del nervio trigémino,
precisando ambas entidades tratamientos distintos. Otra circunstancia en la que puede
superponerse más de un desorden, lo constituye la migraña con la cefalea postraumática.
Menos comúnmente se presentan problemas de diagnóstico diferencial entre la agudización
de una migraña establecida y una cefalea súper impuesta secundaria a un proceso
metabólico, infeccioso o hemorrágico intracraneal.
4) Concurrencia de factores que pueden exacerbar la migraña. A
veces, no se ha interrogado suficientemente al paciente sobre la concomitancia de otros
tratamientos simultáneos para otros procesos orgánicos subyacentes, o éstos se han
añadido posteriormente, al instaurado previamente para una migraña. Dentro de ellos los
más comunes son la introducción de anticonceptivos orales o de remplazamientos
hormonales en la mujer, la incorporación de tratamientos vasodilatadores,
broncodilatadores o antiulcerosos, etc., cuya lista ya hemos consignado previamente. En
otras ocasiones es la supresión brusca de la ingesta de café, cola o té que se consumen
a diario en dosis desproporcionadas. El cambio de puesto de trabajo puede ser también una
causa de descompensación de una cefalea, no sólo por motivos de estrés y adaptación,
sino también por exposición a factores ambientales tales como la presencia de
disolventes, monóxido de carbono u otros contaminantes. También conviene interrogar al
paciente sobre posibles cambios en la situación familiar, relaciones interpersonales o
conflictos profesionales.
5) La farmacoterapia puede ser inadecuada. Es posible que en algunos
casos no se haya seleccionado apropiadamente la medicación, se haya utilizado una dosis
inicial excesiva, una dosis final inadecuada, una duración demasiado corta o una
combinación en la que hayan podido interferirse dos medicamentos entre sí. En los casos
de fracaso terapéutico merece la pena volver a revisar cuidadosamente todos estos
aspectos, así como determinar con claridad los tipos, dosificación y duración de los
tratamientos previos. Aunque es preferible la monoterapia, a veces cuando coinciden otras
enfermedades co-mórbidas (depresión, epilepsia, ansiedad, alteraciones de la
personalidad), es preciso utilizar politerapia (antidepresivos, antiepilépticos,
beta-bloqueantes). También es importante comprobar que el paciente está de acuerdo y
conforme con el tratamiento prescrito, ya que muchas veces, por ejemplo, al instaurar un
tratamiento diario crónico preventivo y ser los ataques migrañosos episódicos, el
paciente no considera necesario el tratamiento continuo y lo abandona. También debemos de
procurar adelantar al paciente los posibles efectos secundarios de la medicación, de tal
manera que cuando los perciba no abandone dicha pauta en función de los mismos. Cuando
necesitemos reintroducir de nuevo un medicamento ya ensayado, deberemos explicar al
paciente las razones que existen para retornar a ese tratamiento, que aparentemente no
produjo los resultados esperados y estimularle para que ahora tome las cantidades
adecuadas durante el tiempo necesario.
En otras ocasiones, aun habiéndose obtenido el beneficio previsto,
el paciente está insatisfecho al haberse creado expectativas irreales, tanto para el
alivio de la migraña en sí, como para las condiciones co-mórbidas que pudieran
asociarse. En estas circunstancias es necesario modular las expectativas del paciente,
para que las acomode a la realidad y no abandone una terapia que le está proporcionando
significativo beneficio, aunque no una solución total a su padecimiento.
Indicaciones para la derivación del
paciente con cefalea
El perfil temporal del comienzo del dolor es
el primer elemento a considerar. Una cefalea de inicio brusco, estruendoso, puede ser una
migraña "explosiva o en estallido", pero también puede sugerir una hemorragia
subaracnoidea, apoplejía pituitaria u otras catástrofes intracraneales. La sinusitis
esfenoidal puede causar una cefalea subaguda intratable, que incluso puede pasar
desapercibida en los exámenes radiológicos, sí no se seleccionan las proyecciones
adecuadas. Cualquier cefalea que se inicie después de los 55 años debe ponernos en
guardia para descartar procesos subyacentes serios o arteritis de la arteria temporal.
Las circunstancias en que se desencadena el dolor también son una
buena referencia. La cefalea que se desarrolla en el puerperio suele ser el
restablecimiento de una migraña previa, que ha remitido durante el embarazo, pero
también puede ser la manifestación de una trombosis venosa cortical o de los senos
durales. Aunque en algunas personas con migraña prolongada, puede aparecer fiebre,
inicialmente su presencia debe sugerirnos una etiología infecciosa. Cuando el dolor de
cabeza se desencadena al adquirir la posición erecta, debe hacernos pensar en una cefalea
por baja presión del LCR post-punción lumbar (sí existe el antecedente), idiopática o
secundaria a una fístula. La cefalea que se desencadena con posturas forzadas, tos,
estornudo, etc., puede ser una cefalea benigna de esfuerzo, pero debe alertarnos sobre
procesos de fosa posterior o hipertensión intracraneal. La cefalea asociada con el
ejercicio puede ser también un equivalente anginoso, poco frecuente, que se conoce como
"cefalalgia cardiaca". Las lesiones cutáneas asociadas a cefalea, pueden
indicarnos enfermedades infecciosas (Lyme, rickettsiosis, herpes zoster u otras
enfermedades sistémicas como vasculitis, colagenosis, síndrome de Sneddon, etc).
El examen físico es especialmente informativo, ya que la presencia
de un flemón dentario, anomalías en la motilidad de la mandíbula, dolor ocular con
asimetría pupilar o descarga nasal u ótica purulenta, pueden señalarnos la existencia
de procesos específicos odontológicos, maxilofaciales, oftalmológicos u
otorrinolaringológicos.
Todas estas circunstancias, junto con la anormal duración y
rebeldía al tratamiento convencional de un episodio agudo de migraña (status) y la
aparición de signos focales o alteración de conciencia, son elementos que deben generar
una consulta especializada o su derivación al servicio de urgencias, si la gravedad de la
situación lo requiere.
De forma abreviada, cuando se habla del Diagnóstico en la 1ª parte
de este tema, en el apartado referente al Diagnóstico diferencial se exponían los
síntomas y signos que deben hacer sospechar una cefalea secundaria.
Finalmente, en relación con problemas derivados directamente de la
propia migraña, hay circunstancias que pueden requerir el internamiento de estos
paciente, tales como la necesidad de aplicar un tratamiento parenteral más agresivo, que
exige monitorización; en aquellos casos que el mal uso o abuso de analgésicos requiere
una desintoxicación; cuando las dudas diagnósticas requieran una observación temporal
continuada y siempre que por lo incoercible de los vómitos y la imposibilidad de ingesta,
sea precisa rehidratación parenteral.
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