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PROGRAMA ANUA 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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MIGRAÑA
Exploraciones complementarias
Analítica
Para el diagnóstico clínico de la migraña,
en general, no es necesario realizar investigaciones especiales. Tanto los datos de
hematimetría como los de hemostasia y bioquímica son normales, en lo que a la migraña
se refiere, debiéndose investigar otros procesos subyacentes en caso de hallarse algún
parámetro desviado de sus valores fisiológicos. Una anemia puede ser causa de cefalea y
síncopes. Un tiempo alargado de cefalina puede ser un indicio de la presencia de un
síndrome antifosfolipídico, que puede presentar cefalea asociado con episodios de
isquémia cerebral. Una velocidad de sedimentación elevada, en una persona mayor de 50
años, puede despertar la sospecha de arteritis de células gigantes. Algunas alteraciones
metabólicas como la retención de CO2 o la hipoglucemia cursan, entre otros síntomas,
con cefalea. En algunos casos con sospecha de vasculitis podrá valorarse la necesidad de
indicar estudios inmunológicos incluyendo tanto anticuerpos no órgano específicos (AAN,
ENAT; CANCA/PR3, PANCA/MP0, Ro, La), como específicos. "Cuando las circunstancias
clínicas y epidemiológicas lo aconsejen, puede complementarse el estudio con pruebas
serológicos para borrelia, sífilis, fiebre Q, hepatitis C o HTLV-III.
Pruebas diagnósticas por imagen
Preferentemente, las pruebas TAC y RM craneal
pueden evidenciar cambios de señal transitorios en el hemisferio ipsilateral a la
migraña, especialmente si ésta es severa y prolongada. Estos cambios, como anticipamos
en el apartado de fisiopatología, representan edema en la región afectada. En algunos
casos de migraña complicada, sobre todo en aquellos que dan lugar a defectos permanentes
(hemiparesia, defectos campimétricos, etc.), pueden mostrar en el área correspondiente
una imagen de infarto cerebral. Ha sido sugerida una relación entre anticuerpos
antifosfolipídicos e infarto migrañoso, pero hoy en día todavía no está aclarada;
aunque la presencia de determinados patrones de estos anticuerpos sí se considera un
factor de riesgo, para eventos cerebrovasculares, independientemente de la migraña.
Sutton y Weisberg (1999) han elaborado unos criterios que puedan servir de guía a la hora
de seleccionar a qué pacientes con cefalea debe ordenarse una prueba de imagen.
Solicitar prueba de imagen si
concurre alguna de las siguientes circunstancias (cefalea maligna)
- Aparición de la primera cefalea a los 35
años o más.
- No identificación de factores precipitantes.
- Precipitación por esfuerzo físico ligero o persistencia tras
suspender el ejercicio.
- No historia previa de cefalea ni episodios semejantes.
- El dolor despierta por la noche al paciente.
- Comienzo estruendoso.
- Dolor poco severo, pero persistente.
- Dolor focal o unilateral.
- Cefalea acompañada por fiebre, alteración del estado mental.
- Edema de papila, signos neurológicos focales o meníngeos.
- Falta de respuesta a medicación.
- No historia familiar de cefalea.
La prueba de imagen es
probablemente innecesaria (cefalea benigna)
- Edad de inicio < 35 años
- Factores precipitantes bien conocidos.
- Cefaleas previas similares.
- El dolor cede con el sueño.
- Comienzo gradual (excepto en la cefalea en racimos).
- Dolor descrito como punzonazo, pinchazo, sacudida o sensación de
estrujamiento o tenaza.
- Multifocal o errático.
- No asociado a signos sistémicos ni neurológicos.
- Buena respuesta a medicación.
- Historia familiar de migraña positiva.
La angiografía puede ser necesaria cuando el diagnóstico de
migraña es dudoso y las técnicas no invasivas (TAC, RM) no permiten alcanzar un
diagnóstico definitivo. Estas situaciones se plantean preferentemente ante sospechas de
lesiones vasculares, como aneurismas o malformaciones, aunque, a veces, la presencia de un
aneurisma no invalida el diagnóstico de migraña, pudiendo coexistir ambos procesos
independientemente.
Otras exploraciones
complementarias
Las técnicas de Eco-Doppler van a desempeñar
un notable papel en el futuro, no sólo en el diagnóstico diferencial de la migraña, al
permitir de forma no cruenta descartar o confirmar distintos procesos vasculares a nivel
del cuello o de la vascularización intracraneal (ateromas, estenosis, disecciones,
obstrucciones, aneurismas), sino para la evaluación dinámica de la circulación
cerebral, estimando su estado de vosoespasmo o vasodilatación regional y su
comportamiento frente a los distintos ensayos terapéuticos, permitiendo seleccionar los
más efectivos.
Después del ataque, durante un corto período de tiempo, pueden
detectarse, como en la TAC o RM cerebral, anormalidades en el electroencefalograma (EEG),
que no son específicos del proceso y simplemente detectan los cambios parenquimatosos que
acompañan a la jaqueca. Los cambios en el EEG abarcan desde un área de enlentecimiento
focal en el hemisferio homolateral, hasta descargas generalizadas punta-onda semejantes a
las que se visualizan en las crisis idiopáticas. Estas anormalidades no justifican el uso
de anticonvulsivantes.
En algunas personas, con ataques repetidos de migraña, los
potenciales evocados visuales pueden estar enlentecidos, dato de poca trascendencia
clínica, pero de utilidad para el estudio de las bases neurofisiológicas de la migraña.
En resumen, y como guía práctica, en los pacientes con cefalea, en
que su perfil clínico no genera ninguna otra sospecha diagnóstica, la anamnesis y el
examen físico pueden ser suficientes. Si es la primera vez que consulta o si en un
paciente inveterado se ha producido algún cambio significativo, en la intensidad o
cualidad del dolor, la solicitud de unas pruebas analíticas elementales en sangre y orina
y la realización de una TAC cerebral constituyen una práctica razonable.
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