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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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MIGRAÑA
Diagnóstico
Síntomas de relevancia diagnóstica
La cefalea es una de las molestias dolorosas
más frecuentes atendidas por los médicos. Los pacientes pueden referir el dolor de forma
intermitente o crónica, de intensidad, localización o duración variables y
frecuentemente presentan síntomas asociados. Todos estos parámetros, debida y
secuenciadamente recogidos y utilizados, constituyen la mejor guía para su diagnóstico
Anamnesis de las cefaleas. El primer paso de evaluación de
un paciente es la obtención de una anamnesis detallada. En la mayoría de los casos, esta
práctica señalará por sí sola el diagnóstico que posteriormente deberá confirmarse
con la exploración física y en algunos casos, con estudios de laboratorio y/o pruebas de
diagnóstico por imagen.
La duración global de la cefalea es el indicador más importante de
la causa subyacente. Una cefalea recurrente intermitente de varios años de duración
represente normalmente una cefalea migrañosa. No obstante, en una migraña inicial, a
menos que vaya precedida de una aura característica, puede confundirse con otros
problemas neurológicos graves, como isquemias o hemorragias cerebrales o infecciones
meníngeas. Unos antecedentes prolongados de cefalea diaria, sin síntomas asociados,
sugieren una cefalea tensional crónica. Entre las cefaleas más difíciles de
interpretar, se encuentran las que cursan durante semanas o meses, que pueden ser benignas
o sugerir trastornos tan variados como enfermedades oftalmológicas, hematoma subdural
crónico o una arteritis de células gigantes, en pacientes mayores de 55 años.
La secuencia temporal de la cefalea y la determinación de posibles
nexos con otros acontecimientos fisiológicos, como la pubertad, menstruaciones, embarazo,
menopausia o utilización de hormonas, deben ser también registrados. La migraña suele
comenzar durante la infancia o la pubertad y puede desaparecer tras la menopausia. Puede
aparecer irregularmente durante meses o años, o seguir un patrón regular de aparición,
con períodos libres de dolor. Una crisis aguda de migraña suele durar entre 4-72 horas
en adultos y de 2-48 horas en niños. La cefalea en racimos, como expondremos en el
análisis de diagnóstico diferencial entre las distintas cefaleas primarias, es
episódica y los ataques se acumulan por períodos que duran de 2 semanas a varios meses.
Estos brotes se continúan con períodos libres de dolor, que abarcan desde meses a varios
años. Durante una crisis pueden aparecer cefaleas muy severas de unos 15 minutos
duración hasta varias horas, con una frecuencia de 1-4 al día, que frecuentemente
despiertan al paciente por la noche. Aunque la intensidad del dolor es similar, la
duración de las crisis de cefalea en racimos las distingue de las neuralgias del
trigémino, en estas últimas el paciente sufre múltiples recurrencias de un dolor
insoportable que dura menos de 1 minuto. Una variante de la cefalea en racimos, como la
hemicránia paroxística crónica, tienen un patrón similar, aunque las crisis son más
frecuentes, la duración más corta y ocurren predominantemente durante el día. La
cefalea tensional crónica aparece en intervalos cortos e irregulares, si bien los
pacientes suelen sufrir una cefalea diaria o casi diaria y raramente están libres de
dolor durante periodos prolongados de tiempo.
La localización del dolor es una característica importante de la
cefalea en racimos y de la neuralgia del trigémino. En ambos casos, el dolor nunca cambia
de sitio. La migraña y la cefalea crónica de tipo tensional pueden ser bilaterales o
unilaterales. En algunos pacientes migrañosos, el dolor se repite en el mismo lado en
todas las crisis, mientras que en otros varía de lado.
La cualidad del dolor en la migraña es habitualmente pulsátil. Una
sensación de presión constante indica cefalea tensional. El dolor penetrante, profundo e
intenso es frecuente en la cefalea en racimos. La neuralgia del trigémino se caracteriza
por pinchazos cortos e intensos. La intensidad del dolor en la cefalea en racimos y la
neuralgia del trigémino se describe invariablemente como insoportable; tanto que el
paciente con cefalea en racimos no puede permanecer quieto. El paciente con migraña, por
el contrario, suele buscar el reposo en una habitación silenciosa y oscura.
Síntomas asociados. Alrededor del 15 por ciento de los
pacientes con migraña sufren, con carácter previo a la crisis, un aura o signos
premonitorios. Habitualmente el aura, visual o de otro tipo neurológico, dura de 4 a 60
minutos. Como ya hemos expuesto previamente, también pueden presentarse síntomas
premonitorios o pródromos, 12 ó 24 horas antes de la crisis, en forma de euforia,
astenia, vitalidad anormal, bostezos o avidez por los dulces. Los pacientes con migraña
pueden presentar asimismo anorexia, náuseas, vómitos y signos neurológicos focales o
generalizados y es posible que les molesten la luz, los olores o los ruidos. Los pacientes
con cefalea en racimos pueden presentar un síndrome de Horner parcial, con contracción
pupilar, hiperemia conjuntival, lagrimeo y rinorrea unilaterales. La rigidez de nuca u
otros signos de irritación meníngea pueden señalar una meningitis, encefalitis o
hemorragia subaracnoidea. Las convulsiones pueden reflejar una irritación cortical
producida por una masa, encefalitis, accidente cerebrovascular o malformación
arteriovenosa. La fiebre, los escalofríos y la sudoración pueden indicar una enfermedad
infecciosa o un proceso inflamatorio como la arteritis de células gigantes.
Hay factores precipitantes que pueden facilitar el desencadenamiento
tanto de la migraña como de la cefalea tensional. El estrés puede exacerbar una cefalea
de tipo tensional, mientras que la migraña puede aparecer como "fenómeno de
retirada", después de acontecimientos de elevada tensión emocional o en vacaciones.
En la cefalea de tipo crónico es frecuente encontrar síntomas de depresión con
insomnio, cambios de apetito, etc.. Hay factores dietéticos que pueden actuar como
precipitantes de la migraña como, por ejemplo, el alcohol, la tiramina (corteza de los
quesos curados y alimentos fermentados), el glutamato monosódico (usado como
saborizante), la histamina (conservas, embutidos, algunos vinos), la feniletilamina
(chocolate). El alcohol puede exacerbar una crisis durante un período de migraña,
mientras que no tiene efecto durante los periodos intercríticos. Otros desencadenantes
frecuentes son los cambios hormonales, los trastornos de los patrones del sueño, el ayuno
y los cambios atmosféricos. La mayoría de las migrañas se influencian exógenamente
sólo cuando actúan varios desencadenantes en un período igual o inferior a las 12
horas. Los factores aislados raramente inducen migraña. Los estudios realizados han
puesto de manifiesto que cuando, mediante la educación del paciente, se eliminan los
factores precipitantes se produce una reducción, de las crisis de migraña, en alrededor
del 50 por ciento. Combinando la eliminación de los desencadenantes con la medicación,
se reduce la frecuencia de las cefaleas en una proporción mucho mayor, que cuando se
aborda cada uno por separado. Debe evaluarse también la relación con otros medicamentos,
la exposición de los pacientes a tóxicos en el ámbito profesional y la concomitancia de
procesos infecciosos craneofaciales. La intoxicación por monóxido de carbono, por
ejemplo, se manifiesta con cefalea y puede confirmarse mediante la determinación de la
concentración de carboxihemoglobina en sangre. Sustancias químicas como los nitratos,
utilizados en la isquemia coronaria, pueden inducir cefalea, tanto tras su retirada como
la reintroducción.
Conviene revisar minuciosamente los tratamientos seguidos por cada
paciente, en relación con otros procesos médicos, ya que hay medicamentos, que pueden
causar cefalea, como la indometacina, nifedipinos, cimetidina, trimetoprim-sulfametoxazol,
nitroglicerina, ranitidina, captopril, piroxicam, eritropoyetina, metoprolol, diclofenaco,
amantadine, l-dopa, dipyridamol, tamoxifeno, ciclifosfamida, teofilinas, agentes
simpaticomiméticos, etc. Otros pueden agravar una migraña previa, como los tratamientos
hormonales sustitutivos posmenopáusicos, los anticonceptivos orales, el clomifeno, la
vitamina A y los derivados del ácido retinoico. Tanto la migraña como la cefalea en
racimos pueden exacerbarse por el uso de vasodilatadores, como los nitratos, hidralazina,
minoxidilo, nifedipino y prazoxina. Finalmente, la utilización crónica de algunos de los
medicamentos, para el alivio de la propia cefalea, tales como opiáceos, barbitúricos,
cafeína o ergotamínicos, pueden producir cefaleas de retirada o de rebote.
Para facilitar el diagnóstico de la migraña la IHS, ha establecido
unos criterios, que dada su universalidad y vertibilidad práctica, transcribimos a
continuación:
Criterios de la IHS, para el
diagnóstico de la migraña (Cephalalgia 1988)
Migraña sin aura
A. Al menos cinco ataques que cumplan completamente los criterios
B-D.
B. Los ataques de cefalea deben durar 4-72 h (no tratados o tratados
infructuosamente).
C. La cefalea debe presentar al menos dos de las siguientes
características:
1. Localización unilateral.
2. Cualidad pulsátil.
3. Intensidad severa o moderada (dificulta o impide las actividades
diarias).
4. Empeoramiento con la actividad física rutinaria.
D. Durante la cefalea al menos una de los siguientes síntomas:
1. Nauseas, vómitos o ambos.
2. Fotofobia y fonofobia.
E. Al menos uno de los siguientes:
1. La historia y el examen físico y neurológico no deben sugerir
desórdenes listados a bajo en los grupos 5-11 (1).
2. La historia y/o los exámenes físicos y/o neurológicos sugieren
tales desórdenes, pero son descartados mediante investigaciones apropiadas.
3. Tales desórdenes están presentes, pero los ataques de migraña
no ocurren desde el primer momento en cerrada relación temporal con los mismos.
Migraña con aura
A. Al menos dos ataques que cumplan completamente el criterio B.
B. Al menos tres de las siguientes cuatro características.
1. Uno o más síntomas de aura completamente reversibles, indicando
focalidad cortical y/o disfunción del tronco cerebral.
2. Al menos un síntoma de aura desarrollado gradualmente durante
más de cuatro minutos, o dos o más síntomas que ocurran sucesivamente.
3. No síntomas de aura que duren más de 60 minutos. Sí se
presenta más de un síntoma de aura, aceptar una relación proporcionalmente
incrementada.
4. La cefalea debe seguir al aura con un intervalo libre menor de 60
minutos (puede comenzar también antes o simultáneamente con el aura).
C. Al menos uno de los siguientes:
1. La historia y los exámenes físico y neurológico no deben
sugerir alguno de los desórdenes listados en los grupos 5-11 (1).
2. La historia y/o el examen físico y/o la exploración
neurológica sugieren tales desórdenes, pero son descartados por investigaciones
apropiadas.
3. Tales desórdenes están presentes, pero los ataques de migraña
no ocurren desde el primer momento en cerrada relación temporal con desorden.
Exploración física
Entre ataques, el examen físico es
generalmente normal. Durante un ataque, los vasos de la calota craneal pueden estar
sensibles y distendidos. La tensión arterial puede permanecer invariable o elevarse
ligeramente como consecuencia del dolor. Pueden presentar aspecto sudoroso y coloración
pálida durante el ataque, especialmente si se instaura estado nauseoso. Los pacientes
evitan los lugares luminosos, e incluso, muestran su incomodidad al ser examinados con la
lámpara del oftalmoscopio. Ocasionalmente, se detectan asimetrías pupilares, siendo
generalmente la de mayor tamaño la homóloga con el lado de la cefalea. En la migraña
oftalmopléjica, cuando se ha desarrollado, pueden observarse varios grados de defectos en
el examen del tercer par craneal, tales como ptosis, dilatación de la pupila y paresias
para los movimientos del globo ocular hacia la línea media y hacia arriba. Si el afectado
es el sexto par, tiene lugar una desviación lateral del globo correspondiente. También
puede ser percibida a veces una sensación subjetiva anormal en el dermatoma
correspondiente a la división oftálmica del nervio trigémino, ipsilateral a la
aftalmopléjia. En las migrañas precedidas de aura motora, puede registrase, a veces, una
leve debilidad, especialmente en alguna de las extremidades superiores. Grados de
debilidad más severos o incluso hemipléjia, se manifiestan únicamente, como ya hemos
analizado en la descripción clínica, en la migraña hemipléjica o migraña complicada.
La demostración objetiva de alteraciones en la agudeza o campimetría, durante el aura
visual, son muy difíciles de hallar; en la mayoría de los pacientes las complicaciones
visuales son puramente subjetivas.
La exploración física y neurológica, como en cualquier paciente,
deben ser completas; no obstante, destacamos a continuación algunos puntos específicos
que deben ser necesariamente detallados en el examen de estos pacientes:
- Exploración del estado mental.
- Determinación de la presión arterial y frecuencia cardíaca.
- Exploración de los pares craneales.
- Examen del fondo de ojo y campimetría por confrontación.
- Palpación de los senos paranasales y de los músculos de la
cabeza y cuello.
Auscultación de las arterias carótidas, globos oculares y
corazón.
- Valoración del movimiento y del equilibrio.
- Palpación de los pulsos periféricos, sobre todo si se han de
prescribir sustancias vasoconstrictoras.
- Comprobación de los reflejos miotáticos (normales en la
migraña).
Diagnóstico diferencial
Las mayores dificultades diagnósticas de las
migrañas se centran en dos campos, la exclusión de los procesos estructurales, que
originan las cefaleas secundarias y su diferenciación con el resto de entidades que
constituyen las cefaleas primarias.
Para la diferenciación clínica entre cefalea primaria (no
estructural) y cefalea secundaria (orgánica), quizás el diagnóstico más temido en el
ámbito de la Medicina General, se han elaborado tablas de síntomas y signos, que pueden
ayudar a satisfacer esta demanda:
Síntomas sugerentes de
cefalea de causa orgánica
- Cefalea grave o de aumento gradual reciente.
- Trastornos de la personalidad.
- Cefalea constante que aumenta al acostarse.
- Cefalea que se precipita por la tos o el ejercicio.
- Crisis epilépticas.
- Diplopia.
- Inicio de la cefalea después de los 50 años.
- Sudoración, palpitaciones y palidez.
- Deglución dolorosa.
- Cefalea aguda en el ámbito de una epidemia.
- Dolor referido al conducto auditivo.
Signos sugerentes de cefalea de
causa orgánica
- Fiebre y rigidez de nuca.
- Edema o palidez de papila, hemorragia subhialoidea.
- Dolor sobre las arterias temporales o carótidas.
- Signos neurológicos focales.
- Supuración nasal u ótica.
- Alteración de conciencia, síncope o trastorno de los reflejos.
- Soplo carotídeo u ocular, ipsilateral a la cefalea.
- Hipertensión arterial maligna.
- Dolor profundo sobre el cuero cabelludo, incluso en periodo sin
cefalea.
- Punto desencadenante del dolor localizado en la cara.
- Síndrome de Horner completo (miosis, ausencia de sudor en el lado
afecto).
- Pérdida de audición con acúfenos o sensación de taponamiento
del oído.
Algunos de los síntomas que acompañan a la migraña sin aura,
pueden ser una manifestación de otras condiciones distintas:
La cefalea unilateral puede ocurrir en la cefalea en racimos,
hemicránea paroxística crónica, cefalea en punzonazo idiopática, trauma local,
enfermedades de los ojos y oídos o problemas del cuello.
La cefalea pulsátil es una manifestación frecuente en las cefaleas
vasculares no migrañosa, como la isquemia cerebral o la hipertensión arterial.
La cefalea de esfuerzo se presenta en varios procesos intracraneales
y la hipertensión intracraneal benigna.
La fotofobia aparece no sólo en la cefalea en racimos, sino
también en condiciones orgánicas como procesos febriles y las meningoencefalítis.
Las nauseas y los vómitos acompañan a cualquier proceso que
origine hipertensión intracraneal o irritación meníngea.
Hay un grupo de enfermedades que pueden manifestar signos y
síntomas semejantes a la migraña con aura, incluyendo procesos cerebro-vasculares (ictus
isquémico, vasculítis, disecciones arteriales, hematoma subdural, fístulas
arterio-venosas); entidades inflamatorias o infecciosas (esclerosis múltiple, cefalea con
pleocitosis, SIDA, encefalitis focales); enfermedades hereditarias (deficiencia de ornitin
transcarbamilasa, MELAS; CADASYL); síndrome de anticuerpos antifosfolipídicos;
hipoglucemia y algunos procesos neoplásicos.
El otro gran reto en el diagnóstico de las migrañas, es su
diferenciación con los otros subtipos de cefaleas primarias; especialmente, en función
de su frecuencia la cefalea de tensión y las cefaleas primarias crónicas.
Cefalea de tensión
El dolor de cabeza de tipo tensional es la
más común de las cefaleas. Hay formas leves e infrecuentes, que se manifiestan por una
ligera molestia, que no llegan a considerarse verdadera enfermedad, pero en otros casos
genera inquietud y disturbios en el ámbito profesional, doméstico y social, semejantes a
los de la migraña. El término de cefalea de tensión engloba la cefalea por contracción
muscular, cefalea psico-miogénica, cefalea de estrés, etc.
La prevalencia de la cefalea de tensión episódica varía
considerablemente, según el área analizada, oscilando desde el 74 por ciento en
Dinamarca al 38,3 por ciento en Norteamérica; por el contrario, la prevalencia de la
cefalea de tensión crónica es muy similar en las distintas poblaciones estudiadas (2-3
por ciento). El tipo de dolor es referido por el paciente como embotamiento, sensación de
tirantez, opresión, penosidad o términos semejantes. En otras ocasiones, le describen
como una banda o casco que les comprime su cabeza, pudiendo irradiarse hasta los hombros;
pero en ningún caso le refieren como pulsátil, salvo en episodios de dolor muy agudo en
una minoría de sujetos. La intensidad del dolor es moderada y su localización
típicamente bilateral en el 90 por ciento de los individuos, aunque el dolor no siempre
se distribuye por las mismas áreas. No se produce agravación del dolor por la actividad
física rutinaria, un dato de especial interés para su diagnóstico diferencial con la
migraña. No suele acompañarse el dolor de náuseas ni vómitos, la fotofobia o la
fonofobia pueden ocasionalmente estar presentes de forma aislada pero nunca juntas. Los
pacientes con cefalea de tensión pueden manifestar otros síntomas que incluyen
cansancio, sueño poco reparador o ligero "atontamiento". En cuanto a su
etiología, se piensa que es multifactorial, encontrándose a veces relación con algunos
de los de los siguientes procesos: disfunción oromandibular, estrés psicosocial,
ansiedad, depresión, cefalea como un delirio, estrés muscular o abuso de analgésicos;
aunque frecuentemente se atribuye a espondilosis cervical, ésta es una explicación
generalmente poco satisfactoria.
Es paradójica la poca concordancia entre la alta prevalencia de
esta cefalea y los limitados conocimientos fisiopatológicos que existen sobre la misma.
Este tipo de cefalea tradicionalmente ha sido relacionada con conflictos emocionales y
estrés psico-social, pero su relación causa efecto no está muy clara. En la anamnésis
de estos pacientes, se recogen frecuentemente estrés y tensión mental, como factores
precipitantes; pero en los estudios epidemiológicos se comprueba que sus cifras no son
estadísticamente superiores a las de la población con migraña. En los estudios
psicológicos los perfiles de personalidad de los sujetos con formas episódicas de
cefalea de tensión son normales; mientras que en los que padecen formas crónicas se
detecta una alta tasa de ansiedad y depresión. Como en muchos otros procesos crónicos
estas alteraciones pueden ser más una manifestación secundaria a un padecimiento
prolongado, que una expresión primaria; siendo probablemente, la ansiedad y la
depresión, co-morbidas con la cefalea de tensión crónica. En un estudio experimental
utilizando un donador de óxido nítrico (glyceryl trinitrato), a cabo por Ashine y cols.
(2000) en Dinamarca, se pone de manifiesto que el óxido nítrico induce en los pacientes
con cefalea de tensión crónica, una cefalea bifásica semejante a la descrita para la
fisiopatología de la migraña, teniendo el segundo periodo las características de la
cefalea primaria. Estos hallazgos sugieren que el óxido nítrico participa en los
mecanismos del dolor de varios tipos de cefaleas primarias y que la relación de este
neuro-transmisor o mediador con la sensibilización central al dolor puede ser un
importante denominador común a la mayoría de las cefaleas primarias.
Estos datos explicarían porque los fármacos inhibidores de la
synthasa del óxido nítrico tienen efecto sobre este tipo de cefaleas.
El diagnóstico diferencial de esta entidad, más que con la
migraña, suele plantearse con las cefaleas secundarias, especialmente con el síndrome de
hipotensión intracraneal, que se acentúa con la posición erecta (cefalea ortostática);
la hipertensión intracraneal benigna (pseudotumor cerebri), que aparece preferentemente
en mujeres jóvenes obesas y se asocia con edema de papila.
La IHS distingue una forma episódica y otra crónica de cefalea de
tensión, cuyos criterios diagnósticos transcribimos a continuación:
Criterios diagnósticos para las cefaleas de tensión episódica
A. Al menos diez episodios de cefalea previa que cumplan los
criterios B-D listados abajo.
Número de días con tales cefaleas >180/ año (< 15/mes).
B. La cefalea dura desde 30 minutos hasta 7 días.
C. El dolor debe de tener al menos dos de las siguientes
características:
1. Presión/tensión (cualidad no pulsátil).
2. Intensidad leve o moderada.
3. Localización bilateral.
4. No agravación por la actividad física.
C. Las dos condiciones siguientes:
1. No náuseas o vómitos (puede existir anorexia).
2. Ausencia de fotofobia y fonofobia, o presencia de una pero no de
la otra.
E. Al menos una de las siguientes:
1. La historia clínica y el examen físico y neurológico no deben
sugerir causa orgánica.
2. La historia clínica y examen físico y neurológico sugieren
causa orgánica, pero ésta es descartada mediante investigaciones apropiadas.
3. Está presente un desorden orgánico, pero la cefalea de tensión
no aparece desde el primer momento y en cerrada relación con el desorden.
Criterios diagnósticos para la cefalea de tensión de tipo
crónico
A. Un promedio de frecuencias de cefaleas de 15 días/mes o más
(180 días/año) durante 6 meses o más, cumpliendo los criterios B-D listados más abajo:
B. El dolor debe de cumplir al menos dos de las siguientes
características:
1. Presión/tensión (cualidad no pulsátil).
2. Severidad leve o moderada.
3. Localización bilateral.
4. No se acentúa por la actividad física rutinaria.
C. Debe cumplir los dos:
1. No vómitos.
2. No más de uno de los siguientes: náuseas, fotofobia o
fonofobia.
D. Criterios señalados en el punto E. de los criterios para la
cefalea de tensión episódica.
Cefaleas primarias crónicas (CPC)
A. de corta y B. de larga duración
Constituyen un grupo heterogéneo, dentro de las cefaleas no
estructurales u orgánicas, que tienen de común presentarse con una frecuencia de 15
días o más al mes. Silberstein y cols (1998), en función de su duración diaria, las
subdividen en cefaleas crónicas de corta duración (menos de 4 horas de dolor al día) y
de larga duración (> de 4 h/día).
En el grupo de cefalea crónica de corta duración se incluyen:
Cefalea en racimos (cluster).
- Hemicráneas paroxísticas.
- SUNCT (Short-Lasting Unilateral Neuralgiform headache with
conjuntival injection and Tearing).
- Síndrome de la cefalea hípnica.
- Cefalea en "punzonazo" idiopática, cefalea benigna de
la tos.
Las cefaleas primarias crónicas de larga duración, con una
duración media diaria mayor de 4 horas, engloban:
- Migraña transformada.
- Cefalea de tensión crónica.
- Cefalea diaria persistente nueva o reciente.
- Hemicránea continua.
CPC de corta
duración: (frecuencia > 15/días/mes; duración < 4horas/día)
Cefalea en racimos, "cluster" o
cefalea de Horton. Es un tipo de cefalea raro, caracterizado por ataques breves, repetidos
e intermitentes de dolor unilateral muy severo, que normalmente se refiere a un globo
ocular o sus inmediaciones. Habitualmente, se asocia con signos autonómicos, como
lagrimeo, inyección conjuntival y a veces síndrome de Horner completo o parcial. No
responden a administración de indometacina. Cada episodio puede durar de 15 minutos a
tres horas y la frecuencia de los ataques oscilan entre 1-8/día. Estos ataques se suelen
agrupar en períodos que duran entre 6 semanas y varios meses (de lo que se deriva su
nombre). En un 10 por ciento de los pacientes no se aprecian claros espacios libres de
síntomas, designándose como cefalea crónica en racimos, que suele ser más rebelde al
tratamiento que la episódica. Los estudios funcionales endocrinos y los
metabólico-funcionales con PET sugieren que esta particular variedad de cefalea se
produce por una disfunción hipotalámica, localizada en el núcleo supraquiasmático, un
marcapaso biológico cerebral.
Resumen de criterios diagnósticos de la
cefalea en racimos "cluster"
1. Generales
A) Al menos 5 ataques que cumpla criterios B-D.
B) Dolor severo unilareral, orbitario, supraorbitario y/o temporal
de 15-180min duración.
C) La cefalea se asocia al menos a uno de los siguientes signos:
1- lagrimación
2- inyección conjuntival
3- congestión nasal
4- rinorrea
5- sudoración frontal y facial
6- miosis
7- ptosis
8- edema de párpado
D) Frecuencia de ataques entre 1 y 8 al día.
E) No signos ni síntomas de enfermedad orgánica.
2. Cefalea en racimos subtipo episódico
A) Aparece en períodos que duran entre 7 días y un año, separados
por períodos libres de dolor de 14 días o más. Los períodos de cefalea en acúmulos
usualmente duran entre dos semanas y tres meses.
B) Al menos dos períodos de cefalea en acúmulos, de 7 días a 1
año de duración separados por períodos de remisión de al menos 14 días.
3. Cefalea en racimos subtipo crónico
A) Los ataques ocurren de forma continuada durante más de 1 año,
sin remisiones o con remisiones inferiores a 14 días.
B) Ausencia de remisiones durante 1 año o más o por períodos
inferiores a 14 días.
Hemicránea paroxística. Es un tipo de cefalea que se
presenta preferentemente en mujeres, caracterizado por frecuentes episodios de dolor de
corta duración, unilateral, frecuentemente fronto-temporal, raras veces como una otalgia,
pero sin períodos de remisión. La media diaria de ataques es de 7-22, con una duración
de 5 a 45 minutos por ataque. Los fenómenos autonómicos asociados son superponibles a
los de la cefalea en racimos, pero en este caso pueden ser suprimidos completamente con
indometacina. Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente su aparición en
la cuarta década de la vida. Han sido descritos cuadros clínicos semejantes en pacientes
con síndrome de Tolosa-Hunt, microadenomas hipofisarios o quistes de los senos maxilares.
Síndrome de SUNCT. Afecta preferentemente a varones, con una
relación de género 4:1. Los paroxismos de dolor oscilan entre 5-250 segundos, con una
frecuencia de 5-6/hora. El lagrimeo y la inyección conjuntival suelen ser muy obvios. El
dolor generalmente es unilateral, pero puede hacerse bilateral. Suele ser refractario a la
indometacina. Se han descrito síndromes de SUNCT secundarios a malformaciones vasculares
situadas en las inmediaciones del ángulo ponto-cerebeloso homolateral.
Cefalea en "punzonazo" idiopática. El cuadro
clínico de este subtipo de cefalea incluye dolor agudo en forma de pinchazo aislado o en
salvas cortas de una fracción de segundo de duración, confinado preferentemente a la
región temporo-orbitaria del cráneo, que recurre a intervalos irregulares de horas o
días. Su respuesta a la indometacina es excelente.
Cefalea benigna de la tos. Es una cefalea bilateral de
comienzo brusco y corta duración, habitualmente <1minuto, aunque excepcionalmente
puede durar hasta 30 min., que característicamente se precipita por la tos. Puede ser
evitada previniendo la tos. Su diagnóstico sólo puede ser establecido después de
haberse descartado formalmente, con pruebas apropiadas, neoplasias de laringe,
malformación de Arnold-Chiari, obstrucciones de la circulación del líquido
cefalorraquídeo, tumores o quistes del tercer ventrículo y de fosa posterior, estenosis
de troncos supra-aórticos y aneurismas o malformaciones vasculares. Algunos neurólogos
la consideran una variedad de la cefalea desencadenada por el ejercicio u otras maniobras
que incrementan la presión venosa yugular y por ende la intracraneal, como el estornudo,
defecación o la actividad sexual. Responde a la administración de indometacina y en
casos resistentes puede ensayarse la punción lumbar.
Cefalea hípnica. Ha sido descrita en pacientes en la
séptima u octava década de la vida. Se trata de una cefalea generalizada. El dolor
pulsátil o difuso (a veces en forma de pinchazos), de intensidad moderada o severa,
aparece típicamente a las pocas horas de haberse iniciado el sueño, durando 5 a 60
minutos. Este patrón doloroso puede tener una frecuencia de 1-3 por noche, aunque
también se desencadena si el paciente se queda dormido durante el día. No presentan
componentes vegetativos, foto ni fonofobia. Responden apropiadamente al carbonato de
litio, administrado en una sola dosis al acostarse. Y de manera más inconstante, también
se han comunicado éxitos con antagonistas de calcio y cafeína, aunque esta última suele
ser mal tolerada por las dificultades que puede originar en la conciliación del sueño.
CPC de larga duración:
(frecuencia > 15días/mes; duración > 4horas/día)
Migraña transformada. A menudo
comienza en pacientes, preferentemente mujeres, con historia anterior de migraña típica
episódica, en los que con el tiempo las cefaleas se hacen progresivamente más frecuentes
y el perfil migrañoso menos prominente, "transformándose" en patrones que
recuerdan a las cefaleas de tipo tensional con algún rasgo de migraña como la
localización unilateral, nauseas o la precipitación por la menstruación. A menudo (80
por ciento) acaece en situaciones de abuso crónico de analgésicos, obteniendo mejoría,
al cabo de varias semanas, tras corregir este hábito inapropiado. Es frecuente detectar
en estas enfermas una depresión co-mórbida.
Cefalea persistente diaria nueva o reciente. Se trata de una
cefalea no remitente de comienzo agudo y localización fija, que se desarrolla en menos de
tres días, recordando perfectamente el paciente la fecha de inicio. A veces, se relaciona
con un episodio viral inmediatamente anterior. Es típico de adolescentes o adultos
jóvenes, sin historia previa de migraña o cefalea de tensión. La frecuencia de los
episodios es mayor de 15 por mes y se puede perpetuar durante meses.
Hemicránea continua. Es un tipo de cefalea muy poco común,
que se caracteriza por un dolorimiento de fondo continuo, estrictamente hemicraneal, sobre
el que se superponen exacerbaciones de dolor intenso de 5 minutos a varios días de
duración, que se asocian a síntomas vegetativos homolaterales, semejantes a los de la
cefalea en racimos (inyección conjuntival, lagrimación, rinorrea, ptosis, edema de
párpado). No suelen identificarse factores precipitantes y responde regular y eficazmente
a indometacina.
Cefalea de "rebote" por analgésicos. Aparece en
personas que utilizan cotidianamente medicación analgésica sintomática que contenga
aspirina, paracetamol, cafeína, opioides, ergotamina, isomethepteno, AINES o triptanes,
en cantidades significativas. La cefalea ocurre como fenómeno de "rebote",
cuando disminuyen los niveles de analgésico en sangre. Es frecuente tras el uso de más
de dos veces por semana de opiáceos o ergotamínicos, más de tres tomas semanales de
triptanes o más de 5 días a la semana (o >100compimidos/mes) de analgésicos simples.
El uso continuado de estos productos puede provocar otras consecuencias, como nefropatía
o hepatotoxicidad.
En el aparentemente complejo campo de las cefaleas primarias, hay
una serie de parámetros guía (síntomas autonómicos, respuesta a indometacina, edad,
género, frecuencia y duración del dolor, etc), que como hemos expuesto, ayudan
significativamente para poder establecer el diagnóstico diferencial entre las mismas. Con
el fin de facilitar la práctica clínica, se han elaborado tablas que resumen
agrupadamente estos elementos, como la que exponemos a continuación.
T abla I.
Diagnóstico diferencial de las cefaleas crónicas de corta duración |
Características
|
Cefalea en
racimos |
HPC* |
HPE** |
SUNCT*** |
Cefalea en
punzonazo |
Neuralgia
trigémino |
Hemicránea
continua |
Cefalea
hípnica |
| Edad comienzo |
20-40 |
6-81 |
12-51 |
30-68 |
|
50-60 |
11-58 |
50-80 |
| Sexo (F: M) |
1:6 |
2:1 |
1:1 |
1:4 |
2:1 |
2:1 |
1.8:1 |
F>M |
Dolor:
-tipo
-severida
-localización |
terebrante
++++
orbitaria |
pulsátil
++++
orbitaria |
pulsátil/lancinant
+++
orbitaria |
punzante
++
orbitaria |
punzante
+++
cualquiera |
lancinant
++++
V2/V3>V1 |
sostenido
++/+++
unilateral |
pulsátil
++/+++
generalizada |
| Duración |
15-180 min |
2-45 min |
1-30 min |
5-250 seg. |
<1 seg |
<5 seg |
Continua |
5-60 min |
| Frecuencia |
1-8/ día |
1-40/ día |
3-30/ día |
1/día-30/h |
Cualquiera |
Cualquier |
Variable |
1-3/noche |
Síntomas
vegetativos |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
- |
Facilitada
por alcohol |
+ |
+/- |
+/- |
- |
- |
- |
- |
- |
Respuesta a
indometacina |
+/- |
+ |
+ |
- |
+ |
- |
+ |
|
*HCP = Hemicránea crónica paroxística; **HPE =
Hemicránea paroxística idiopática;
***SUNCT = Cefalea neuralgiforme de corta duración con inyección conjuntival y lagrimeo.
Dolor: + = leve; ++ = moderada; +++ = severa; ++++ = muy severa.
(Modificada de PJ. Goadby, Current Opinion in Neurology 1999, 12:273-277)
Diagnóstico diferencial de la migraña en la
edad geriátrica
Ya hemos comentado precedentemente que la
cefalea declina con la edad, sin embargo, sigue representando una gran carga en la
población anciana. En individuos mayores de 70 años, se estima una prevalencia de 11-17
por ciento. De este grupo, en el 10 por ciento de las mujeres y el 5 por ciento de los
varones la cefalea alcanza un grado severo. Las cefaleas primarias también siguen siendo
para este grupo de población, la causa más común, con menor incidencia de la migraña y
cefalea de tensión y semejante proporción de cefalea en racimos. Pero en contraste con
los individuos jóvenes, las secundarias a lesiones estructurales (lesiones ocupantes,
enfermedad cerebrovascular, etc.) o enfermedades sistémicas (anemia, hipoxia,
hipercalcemia, hiponatremia, hemodiálisis, etc.) es mucho mayor, constituyendo
aproximadamente un tercio de todos los tipos de dolores craneales. Además, en este grupo
de edad también son más frecuentes las algias faciales y hay causas que son específicas
de estas décadas, como la arteritis de células gigantes, la cefalea hípnica o la
cefalea asociada a la enfermedad de Parkinson. Todo esto determina que su diagnóstico
diferencial presente algunas peculiaridades respecto al de las personas más jóvenes y
obliga no sólo a considerar determinadas entidades específicamente, sino también a una
mayor demanda de recursos de laboratorio y pruebas de diagnóstico por imagen.
Hipertensión intracraneal
idiopática
Conocida también como pseudotumor cerebri, se
caracteriza por un incremento de la presión intracraneal en ausencia de masas,
hidrocefalia o infección. Afecta sobre todo a mujeres jóvenes, en un rango de 2, 8F:1V,
generalmente obesas. La cefalea es habitualmente diaria, persistente y, a veces, asociada
con complicaciones visuales. Tanto su prevalencia en mujeres jóvenes, como las
características del dolor y sus potenciales riesgos, obliga a considerarla, aunque sea
brevemente, en las alternativas diagnósticas de las cefaleas primarias. Su diagnóstico
es de exclusión, junto con una presión de apertura en la punción lumbar > de 200mm.
El examen neurológico suele ser normal, como en las cefaleas primarias, excepto que en un
85-95 por ciento de los casos en que se aprecia edema de papila y agrandamiento de la
mancha ciega.
Normalmente, no se encuentra causa responsable, pero en unos pocos
casos puede ser secundaria a otros procesos, que deben ser sistemáticamente descartados,
como administración crónica de esteriodes, vitamina A, tetraciclinas, etc.;
anormalidades endocrinas; lupus eritematoso diseminado o trombosis de los senos durales.
Para su diagnóstico son necesarias pruebas de laboratorio, pruebas
de diagnóstico por imagen, valoración oftalmológica y punción lumbar.
El tratamiento es multifactorial y debe incluir:
- Exámenes oftalmológicos frecuentes y repetidos a fin de detectar
y tratar precozmente cualquier alteración de agudeza visual.
- Suspensión de fármacos potencialmente causales.
- Disminución de peso, si obesidad.
- Restricción racional de sal y líquidos.
- Uso de diuréticos, preferentemente de los inhibidores de la
anhidrasa carbónica.
- Punciones lumbares para comprobar y reducir presión intracranial.
- Colocación de una derivación si fuera preciso.
- Descompresión de la vaina de los nervios ópticos si la agudeza
visual está comprometida y no se obtiene respuesta con los medios anteriores.
- Repetir las pruebas de imagen cada 6 meses durante los dos años
siguientes, para garantizar que no existe un tumor oculto.
La mayoría de los casos remiten en el curso de 6-12 semanas, sin
embargo, pueden producirse recaídas.
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