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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA |
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MIGRAÑA
Clínica
El elemento común de expresión clínica de la
migraña es la presentación de crisis que son autolimitadas en su duración y con una
evolución remitente-recurrente. Estas crisis, en las que el dolor de cabeza es casi una
constante, presentan otros síntomas o signos que van a determinar la forma clínica.
La migraña puede comenzar a cualquier edad; más comúnmente el
ataque inicial ocurre durante la adolescencia o hacia los 40 años de edad. Aunque la
migraña puede comenzar a edades más avanzadas, en estos casos debe sospecharse un
desorden intracraneal que puede estar enmascarado por una cefalea vascular. Después de la
pubertad, la migraña es más común en mujeres, mientras que en la infancia predomina en
varones. Una historia familiar de migraña está presente en más del 90 por ciento de los
pacientes.
Aunque las crisis de migraña pueden iniciarse de forma
aparentemente espontánea, no resulta extraño que se pueda relacionar su
desencadenamiento con algún factor identificable. Los pacientes con migraña presentan
una especial vulnerabilidad a determinados agentes, tanto exógenos como endógenos, que
pueden actuar precipitando las crisis. Estos factores desencadenantes son muy numerosos y
variables para cada paciente, incluyendo cambios hormonales, componentes de la dieta,
factores climáticos, modificaciones en los biorritmos, estrés, etc..
En relación con los rasgos propios de las crisis migrañosas se
pueden diferenciar, como hemos señalado precedentemente (ver clasificación), diversas
formas clínicas, siendo la de mayor entidad la que las agrupa según la presencia o
ausencia de aura, aunque ambas no son mutuamente excluyentes y muchos pacientes tienen
episodios separados de los dos tipos.
Migraña sin aura
La migraña sin aura ocurre episódicamente y
no se precede o acompaña por ninguna de las auras fácilmente identificables debidas a
disturbios cerebrales focales o del tronco cerebral. Algunos sujetos experimentan cambios
de humor o del estado "energético". Durante las 24 horas que preceden el ataque
pueden tener una sensación de bienestar o de energía extra. Esta fase prodrómica a
menudo da lugar a un exceso de trabajo o actividad que usualmente pagan en los días
siguientes. Otras víctimas de la jaqueca pasan a través de un periodo "vago",
con laxitud y depresión, las horas previas al episodio. Un apetito excesivo, sobre todo
para hidratos de carbono, es a veces el heraldo de un ataque eminente. Después de estos
avisos premonitorios inconstantes, la cefalea puede aparecer al día siguiente. El ataque
de dolor puede despertar al sujeto durante la noche, pero esto es poco común y
normalmente la cefalea se presenta durante el período de vigilia. En la etapa inicial, el
dolor puede ser unilateral y usualmente supraorbitario. La cefalea unilateral puede
progresar a dolor de cabeza generalizado o transferirse al lado contralateral durante el
curso del ataque. Un patrón común de la cefalea migrañosa es su irradiación final a la
región cervico-occipital. Este proceso, probablemente, se desarrolla por la contracción
sostenida de los músculos paraespinales. La emigración opuesta del dolor también puede
ocurrir en algunos sujetos, iniciándose por contractura y molestias cervicales que,
posteriormente, se transforma en una cefalea migrañosa.
Se ha descrito un síndrome migrañoso que se caracteriza por
episodios de dolor en la mandíbula, nariz, oído y cuello, que ha sido denominada
"cefalea de la mitad inferior de la cara"; es muy poco común, pero debe de ser
considerado cuando el dolor, localizado en la mitad inferior de la cara, se asocia con
náuseas, vómitos o fotofobia. Esta condición es más fácil de diagnosticar cuando el
sujeto ha tenido previamente otros episodios de migraña típica. En la cefalea de la
mitad inferior de la cara también puede presentarse, como síntoma destacable, dolor en
la cara lateral del cuello asociado a hipersensibilidad dolorosa de la arteria carótida,
cuando estos síntomas predominan puede aplicarse el término de carotidinia. El
tratamiento de esta condición es semejante al de las formas comunes de migraña.
La cualidad del dolor en la migraña es frecuentemente descrito como
latido o pulsación. Sin embargo, muchos pacientes describen el dolor como constante o
continuo. El dolor pulsa a la misma frecuencia del latido cardíaco, incrementándose con
el ejercicio, tras las maniobras de Valsalva o durante los cambios de la posición de la
cabeza, sobre todo al agacharse. En un mismo sujeto, el dolor de la migraña puede variar
durante el ataque y de episodio a episódico. Algunos ataques son leves y no producen
inconvenientes, mientras que otros son severos y transitoriamente incapacitantes. Durante
los ataques moderados y severos, las personas tienden a permanecer en reposo, incluso
acostados; sin embargo, a unos pocos el decúbito supino les agrava el dolor y prefieren
permanecer sentados en ángulo, con la cabeza apoyada sobre una mesa. Cualquier maniobra
que incremente la presión venosa yugular, aumenta el dolor; mientras que cualquier
reducción de la presión arterial de los vasos de la cabeza (presión manual de los vasos
de la región temporal) proporciona alivio. Algunas personas comprimen con sus dedos la
arteria carótida ipsilateral, a nivel del cuello, para obtener algún respiro. La
aplicación de hielo sobre las sienes produce mejoría parcial en algunos pacientes,
mientras que otros prefieren aplicar calor sobre la parte dolorida. Otros enfermos
descubren que duchas o baños con agua caliente les proporciona una reducción de la
intensidad del dolor, posiblemente por vasodilatación sistémica y reducción de la
presión arterial. Frecuentemente, se asocian otros síntomas con el dolor migrañoso,
siendo la fotofobia y la fonofobia los más comunes. Muchos pacientes están pálidos,
fríos y sudorosos durante el ataque, especialmente cuando se desarrollan náuseas. La
aparición de náuseas y vómitos en la migraña pueden ocurrir junto con el desarrollo
del dolor, pero es más común que aparezcan después que el ataque haya progresado y se
mantengan algunas horas. La anorexia e incluso la intolerancia al olor de los alimentos,
son incluso más comunes que las náuseas. Los síntomas gastrointestinales pueden incluir
también diarrea. La repulsa a los olores, incluidos los perfumes, son frecuentemente
descritos e incluso lleva a fumadores inveterados a no fumar durante los ataques.
El dolor, en una ataque de migraña, tiende a desarrollarse
progresivamente entre 30 minutos y algunas horas, raramente el comienzo es más explosivo.
El ataque generalmente ocupa desde varias horas al día completo. En los episodios más
severos, el dolor, puede continuar durante varios días y si se asocia con vómitos
ocasionar postración y deshidratación. Muchos ataques prolongados o series de ataques
con mínima mejoría entre ellos dan lugar a lo que se denomina estado migrañoso, que a
menudo requiere hospitalización para aliviar el dolor y corregir los trastornos
hidroelectrolíticos. Más comúnmente el ataque cede en el curso del día o después del
sueño nocturno. La frecuencia y severidad de los episodios de migraña sin aura, es decir
migraña común, son extremadamente variables; mientras que los más afortunados pueden
tener uno o dos ataques a lo largo de la vida, otros son víctimas de episodios casi
diarios. No es incomún que la recurrencia de los ataques oscile entre 1 y 4 por mes y que
en muchas mujeres éstos tengan una cerrada relación con el ciclo menstrual. La visión
borrosa es una complicación común a todos los tipos de migraña. La sensación de mareo
y de vacío craneal es también común y en un pequeño porcentaje puede dar lugar a
síncopes. También han sido descritas, como signos acompañantes, hemorragias
subconjuntivales, equimosis orbitarias y epistaxis. Otros signos como fiebre, arritmias y
episodios de taquicardia auricular paroxística, raramente se asocian a la jaqueca y se
relacionan con disturbios del sistema nervioso autónomo.
Migraña con aura
Son cefaleas episódicas recurrentes,
precedidas o acompañadas por auras consistentes en síntomas focales cerebrales visuales,
sensoriales o motores o síntomas relacionados con el tronco cerebral. Las
características del dolor de cabeza son idénticas a
las descritas en la migraña sin aura, pero su localización
reiterada en un mismo lado es mayor en este subtipo.
Las alteraciones del humor y otros síntomas premonitorios pueden
preceder al aura en varios días. El aura más común lo constituyen los disturbios de la
visión, tales como los escotomas centelleantes (teichopsia). Éstos comúnmente comienzan
como un delegado arco de luz blanca o coloreada en regiones homónimas de los hemicampos
visuales derecho o izquierdo. El arco de luz gradualmente se extiende, haciéndose más
obvio, pudiendo tener también patrón en zig-zag. Puede ser una banda de luz simple o
mostrar patrones mucho más complejos. Gradualmente, en el curso de unos pocos minutos, el
patrón centelleante cruza el campo visual aproximándose al punto de fijación macular. A
veces, el escotoma positivo es precedido o seguido por una zona de disminución de visión
o escotoma negativo. Con frecuencia, durante el disturbio visual se produce una sensación
de mareo e incluso vértigo. Aunque se piensa que los escotomas se originan en la cisura
calcarina de uno de los hemisferios cerebrales, representando esencialmente defectos
homónimo congruentes del campo visual, a menudo se perciben en un solo ojo. Con
frecuencia los pacientes describen los síntomas visuales en términos vagos, tales como
visión borrosa, doble visión u oscilaciones. Hay muchas variaciones en la presentación
de las imágenes visuales subjetivas de la teichopsia migrañosa. La apariencia en
zig-zag, cuando es muy pronunciada, se la denomina espectro de fortificaciones,
ocasionalmente cuando los escotomas son más simples, se describen como una bola brillante
en el centro del campo visual, estos escotomas positivos pueden ser vistos, incluso,
cuando se cierran los ojos. También pueden manifestarse de forma más compleja, mostrando
patrones geométricos y raramente escenas extrañas más organizadas, que serían debidas
a disfunciones en la parte posterior del lóbulo temporal. Los disturbios visuales debidos
a la disfunción de la retina son raros en la migraña y pueden ser percibidos como
fogonazos de luz (fotopsias), áreas salteadas de disminución de visión, defectos
campimétricos altitudinales e, incluso, disminución unilateral transitoria de visión.
Si tales disturbios monoculares son seguidos por una cefalea, el término migraña
retiniana es apropiado para designar estos acontecimientos.
También pueden ocurrir, como aura, parestesias en forma de
adormecimiento u hormigueo, que pueden presentar cualquier forma de distribución, desde
un disturbio hemisensorial, al compromiso de las cuatro extremidades; o afectar áreas
mucho más restringidas tales, como labios, cara o lengua. Las parestesias pueden durar
desde unos segundos a 20-30 min. Los síntomas, ipsilaterales al subsecuente dolor de
cabeza, pueden ser debidos a los disturbios del sistema autonómico no cruzado. En el aura
migrañosa, las parestesias, muestran predilección por la cara y las manos. Esto puede
ser debido a que la representación de estas estructuras es mucho más extensa a nivel del
tálamo y de la corteza sensorial. La rapidez de dispersión del aura sensorial es
importante para distinguirlas de las secundarias a crisis epilépticas sensoriales o a las
originadas por ataques isquémicos transitorios. Las parestesias del aura se propagan a lo
largo de 10-20 minutos, mucho más lentamente de lo que se observa en las crisis
epilépticas sensoriales y en los síntomas sensoriales isquémicos. El aura sensorial,
generalmente, se resuelve en el curso de unos minutos, produciéndose usualmente un
período de latencia hasta el comienzo de las cefaleas, aunque en algunos sujetos se
superponen temporalmente. Las auras motoras son raras en la migraña, pudiendo
manifestarse como debilidad de las extremidades o de los músculos faciales de un lado del
cuerpo, sin hiperreflexia. Muchos pacientes describen una sensación de pesadez en las
extremidades de un lado del cuerpo antes de la cefalea, pero el examen neurológico,
durante esta fase no revela ninguna paresia objetibable.
El aura puede aparecer también en forma de alteración transitoria
del lenguaje (disafasia) tanto de tipo expresivo como receptivo e, incluso, dar lugar a
alexia o agrafia. Los distintos tipos de aura descritos pueden asociarse con leve grado de
confusión y dificultad de concentración. Con el aura migrañosa pueden ser
experimentados alguna vez, con carácter transitorio, episodios de vértigo, síntomas
abdominales, disturbios del pensamiento y otros síntomas extraños.
Aura migrañosa sin cefalea o
equivalentes migrañosos
Cuando un disturbio visual, sensorial, motor o
psíquico, característico del aura migrañosa no es seguido por cefalea, el episodio es
designado como equivalente migrañoso o migraña acefalálgica. Muy comúnmente ocurre en
pacientes con historia pasada de migraña con aura, en los que los episodios se reactivan
de nuevo, usualmente después de los 40 años; pero teóricamente puede tener lugar a
cualquier edad. Los equivalentes migrañosos son fácilmente reconocibles cuando los
ataques ocurren sobre el fondo de una migraña con aura. En ausencia de tal historia, el
disturbio transitorio puede ser difícil de distinguir de un episodio de isquemia cerebral
transitoria, pudiendo ser necesario, en los casos más serios, excluir tal posibilidad
mediante pruebas apropiadas. El escotoma centelleante típico, con su lenta dispersión y
aparición en ambos campos visuales, es casi invariablemente migrañoso, se siga o no por
cefalea. Bajo estas circunstancias, raramente es necesario realizar investigaciones
invasivas. Si la naturaleza del evento nos genera duda, puede ser una solución razonable
indicar una tomografía axial computadorizada (TAC) o angio-TAC con contraste, o una
resonancia magnética (RM) cerebral. En la migraña pueden ocurrir episodios agudos de
confusión, que usualmente representan la etapa del aura, este tipo de manifestación es
más propio de niños o adolescentes, pero también puede ocurrir en edades más tardías.
En ausencia de historia previa de migraña con aura, al principio estos episodios
raramente son diagnosticados como migrañosos, sobre todo si no se acompañan de cefalea
posterior. El término de migraña disfrénica ha sido usado para describir estados
confusionales severos, que progresan a actividad crítica parcial o generalizada e incluso
coma, en pacientes jóvenes. La amnesia global transitoria puede ocurrir como un
equivalente migrañoso, incluso repetidamente. En todas estas circunstancias, como ya
hemos señalado precedentemente, la naturaleza migrañosa debe sospecharse atendiendo a la
presencia en la historia pasada de más de una migraña típica con aura.
Migraña basilar
La migraña basilar aparece habitualmente por
primera vez, durante la infancia o la adolescencia. Inicialmente, se describió como un
desorden que afectaba al género femenino, pero después se ha comprobado que ocurre casi
con igual frecuencia en el masculino. El dolor de cabeza es occipital y usualmente severo.
El aura, que dura entre 10-45 minutos, habitualmente comienza con alteraciones típicas de
la visión o, incluso, con ceguera temporal. Los síntomas visuales son bilaterales.
Hormigueos y acorchamiento de los labios, manos y pies pueden ocurrir bilateralmente. La
presencia de ataxia de la marcha y del lenguaje pueden hacer pensar en una intoxicación.
La afectación de la formación reticular del tronco cerebral puede dar lugar a
alteraciones del estado de conciencia. La disminución del nivel de conciencia no es nunca
muy profundo, pudiendo ser parcialmente despertado el individuo, al ser estimulado.
Habitualmente, la recuperación de la alteración de conciencia coincide con el comienzo
de una cefalea pulsátil occipital. El dolor puede posteriormente generalizarse a la
totalidad de la cabeza y frecuentemente se acompaña de vómitos prolongados. Tras de
haber conciliado el sueño la cefalea habitualmente desaparece. En raras ocasiones, los
pacientes con migraña basilar típica pueden tener, con el ataque de cefalea, crisis
epilépticas con anormalidades en el electroencefalograma. A medida que se incrementa la
madurez del sistema nervioso, los ataques de migraña basilar pueden ser reemplazados por
migraña con aura clásica. Raramente, la migraña basilar aparece en etapas tardías de
la vida, haciendo sospechar cuadros de insuficiencia arterial vertebro basilar
arteriosclerótica, que pueden producir prácticamente idénticos síntomas.
Migraña oftalmopléjica
Este tipo de migraña puede ocurrir por
primera vez sobre el trasfondo de una migraña común o con aura, pero también puede
desarrollarse de novo. Ha sido descrita preferentemente en la infancia, pero también
puede comenzar en la 4ª ó 5ª década de la vida. El patrón habitual consiste en
ataques recurrentes. Cada episodio comienza con un dolor retro-orbitario unilateral, a
menudo acompañado por vómitos, prolongándose de 1-4 días. Durante la etapa dolorosa
puede aparecer ptosis homolateral al dolor, que en algunas horas progresa hasta una
parálisis completa del III par. Raramente, se afectan el VI par o la división oftálmica
del nervio trigémino. El defecto neural puede permanecer desde horas hasta varios meses.
La naturaleza focal da lugar, a menudo, a complejas investigaciones para descartar
preferentemente aneurismas de la carótida o de la arteria comunicante posterior, pero
usualmente no se objetiva ninguna anormalidad. Una posible explicación sería la
presencia de edema de la pared de la arteria carótida en la región del seno cavernoso.
El pronóstico, en cuanto a recuperación, el normalmente favorable, salvo que los ataques
ocurran con desusada frecuencia.
La IHS ha elaborado unas referencias para la migraña
oftalmopléjica, que incluyen la descripción de las algias y los criterios diagnósticos:
Descripción
Ataques repetidos de cefalea asociadas con
paresia de uno o más pares craneales oculares, en ausencia de lesiones demostrables.
Criterios diagnósticos
A. Cuando menos dos ataques que cumplan B.
B. Cefalea superpuesta con paresia de uno o más pares craneales
III, IV, VI.
C. Las lesiones paranasales deben ser descartadas con
investigaciones apropiadas.
El diagnóstico diferencial debe establecerse preferentemente con
procesos del seno cavernoso incluido el síndrome de Tolosa-Hunt, tumores de la hendidura
esfenoidal, procesos selares y paraselares, tumores, pseudotumores y miositis orbitarias,
malformaciones vasculares incluidas fístulas carótido cavernosas, aneurismas de las
arterias comunicante posterior o de la cerebelosa antero-superior, mononeuropatías de
pares craneales (diabetes, vasculitis, etc.) y la hipertensión intracraneal benigna
(pseudotumor cerebri).
Complicaciones de la migraña
Los ataques severos de migraña pueden
asociarse con hemiparesia de forma esporádica o con carácter familiar. El diagnóstico
debe considerarse sólo sí el paciente tiene una historia pasada suficientemente
convincente de migraña con aura. Los ataques usualmente comienzan con auras motoras que
afectan a las extremidades de un lado e, incluso, afectar a la musculatura facial.
Contrariamente al aura motora común, anteriormente expuesta, el aura motora a la que
ahora nos referimos puede causar una debilidad profunda que persiste más allá de la fase
de cefalea durante un período variable. En raras ocasiones, la debilidad puede permanecer
días e incluso semanas. La recuperación es habitualmente completa, excepto en aquellos
pacientes en que la hemiplejía se acompaña de un área de infarto reconocible en la TAC
o RM cerebrales. En la migraña hemipléjica puede detectarse pleocitosis (aumento del
número de células) en el líquido cefalorraquídeo. El incremento celular es transitorio
y se piensa que ocurre en respuesta a la isquemia cerebral. La migraña hemipléjica
esporádica, si es recurrente, puede indistintamente presentarse en uno u otro lado del
cuerpo. En la forma familiar tiende a reproducirse siempre en el mismo lado. Existe otra
forma de migraña complicada denominada facioplégia en la que los ataques de cefalea se
asocian con episodios recurrentes de parálisis facial superior e inferior.
| Sumario
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