Los ataques de gota se presentan frecuentemente en
varones de edad media (40-50 años), siendo infrecuente su aparición en mujeres con ciclo
menstrual y en niños, tal como se refiere en los aforismos hipocráticos. Excepciones a
esta regla son los pacientes con formas heredofamiliares o secundarias, especialmente en
el caso de la nefropatía familiar con hiperuricemia, así como la asociada al empleo de
fármacos o a insuficiencia renal.
El ataque agudo de gota suele presentarse de forma brusca, apareciendo los síntomas y
signos inflamatorios en 12 ó 24 horas. El desarrollo de la máxima intensidad de los
signos inflamatorios en las primeras 24 horas es característico de la gota. El ataque
puede precederse de molestias periarticulares vagas, conocidas como "aura
gotosa". El dolor es intenso, acompañándose de calor, tumefacción e impotencia
funcional. Thomas Sydenham realizó en 1683 la primera descripción detallada del ataque
agudo de gota, probablemente basada en su experiencia personal, ya que la padeció:
"La víctima se acuesta y duerme sin molestias. Cerca de las dos de la madrugada
le despierta el dolor en el dedo gordo; menos frecuentemente en el talón, el tobillo o el
antepié. El dolor es similar al de una luxación y las partes afectas se sienten como si
se vertiera agua helada sobre ellas.
A continuación aparecen los escalofríos y tiritona, con fiebre escasa. El dolor, que
inicialmente es moderado, se vuelve más intenso. Según aumenta su intensidad, los
escalofríos y la tiritona aumentan... (El dolor) es tan vívido y exquisito que no se
puede soportar ni el peso de la ropa de cama o la vibración que produce el paseo de
alguna persona por la habitación. Se pasa la noche sumido en esta tortura, insomne,
moviendo la extremidad afecta con perpetuos cambios de postura... sin que el vano esfuerzo
del cambio postural, tanto del cuerpo como de la extremidad afecta consigan mitigar el
dolor."
Es característico de las artritis cristalinas la presencia de eritema, especialmente
cuando los ataques afectan a pequeñas articulaciones de los pies o de las manos. Es poco
probable que lo observemos cuando el ataque se produce sobre articulaciones más grandes,
como la rodilla o el tobillo. Sin embargo, en ataques intensos, incluso en grandes
articulaciones, el eritema puede ser extenso y simular una flebitis o una celulitis
(clásicamente se conocían como formas "flebíticas" o "flemonosas)",
siendo una cuidadosa exploración física que muestre dolor intenso con la movilización
articular, fundamental para el diagnóstico diferencial. (A los lectores interesados en
las descripciones clínicas clásicas de gota, recomendamos la lectura del volumen
dirigido por Barceló Torrens dedicado al Aparato Locomotor del Tratado de Medicina
Interna de Pedro Pons, Salvat 1963).
En ocasiones se puede recoger en la anamnesis la existencia de factores
desencadenantes: inicio o cese brusco de tratamiento hipouricemiante, cambios en las dosis
de fármacos diuréticos, tratamiento con acetil-salicílico, empeoramiento de la función
renal, deshidratación, excesos dietéticos, infecciones intercurrentes, etc. Es frecuente
que los pacientes sufran ataques coincidiendo con enfermedades intercurrentes y
especialmente, tras intervenciones quirúrgicas: los ataques agudos de gota y de
pseudogota son las causas más frecuentes de consulta a Unidades de Reumatología en
pacientes ingresados en servicios quirúrgicos, especialmente en el postoperatorio.
Los ataques agudos de gota pueden acompañarse de síntomas generales, como malestar
general, febrícula o fiebre, generalmente bien tolerados por el paciente. La presencia de
fiebre elevada acompañada de afección del estado general obliga al diagnóstico
diferencial entre una artritis cristalina y una artritis infecciosa, diferenciación que
es especialmente difícil cuando los recuentos celulares en el líquido sinovial son
elevados, como puede ocurrir en la gota úrica aguda y en la gota cálcica aguda (o
pseudogota).
Los ataques agudos se localizan frecuentemente en articulaciones, pero también se
observan en bolsas periarticulares (olecraniana, retrocalcánea, prerrotuliana) y tendones
(rotuliano, cuadriceps femoral, aquíleo).
Los primeros ataques suelen afectar a una sola articulación (monoarticulares), siendo
frecuente la afección de la primera metatarsofalángica (podagra), tarsos, tobillos,
rodillas (gonagra), muñecas y dedos de manos (quiragra). La primera manifestación
clínica suele localizarse en la primera MTF (podagra) en el 50 por ciento de los
pacientes; esta articulación se afecta, en la historia natural de la enfermedad, en el 80
por ciento de los pacientes. Otras articulaciones frecuentemente afectas son el tobillo,
el tarso antepié o subastragalina y las rodillas.
En general, la gota afecta topográficamente a articulaciones periféricas y
excepcionalmente, a articulaciones proximales (hombros, caderas, raquis), pudiéndose
observar rara vez ataques afectando al raquis, incluyendo articulaciones sacroiliacas y de
la columna vertebral, articulaciones acromioclaviculares, hombros (omagra), caderas o
incluso localizaciones tan atípicas como la articulación manubrioesternal.
Los ataques que afectan a varias articulaciones (oligo o poliarticulares) son más
frecuentes en pacientes con gota crónica, larga evolución o con formas de gota
secundaria, especialmente en pacientes con niveles muy elevados de uricemia, generalmente
secundaria a tratamiento con diuréticos e insuficiencia renal (Tabla II).
TABLA
II.
DIFERENCIAS CLÍNICAS ENTRE GOTA PRIMARIA Y SECUNDARIA |
| |
Primaria |
Secundaria |
| Distribución por sexosEdad de comienzo
Comorbilidad
(enfermedades concomitantes)
Distribución topográfica
Evolución clínica |
|
| Varón >> Mujer 40-50 años
Escasa (hiperlipemia)
Mono/oligoarticular,asimétrica,
miembros inferiores
Severa o tofácea < 10% |
|
| Varón ~ Mujer 60-70 años
Frecuente(hipertensión,cardiopatía,diabetes,
insuficiencia renal, arteriosclerosis)
Oligo/poliarticular;
puede ser simétrica;
puede afectar miembros superiores
Severa o tofácea hasta 40% |
|
Periodo entre crisis o "intercrítico" y
artropatía crónica
El periodo entre crisis o "intercrítico"
puede ser asintomático en pacientes que han sufrido ataques aislados y aún no han
desarrollado aparentemente artropatía crónica. Sin embargo, los pacientes con brotes
reiterados pueden referir dolor articular con la carga (deambulación) o esfuerzos
físicos o deformidad articular progresiva.
La exploración física puede ser normal o mostrar limitación de la movilidad de las
articulaciones previamente sintomáticas (metatarsofalángicas, del tarso o subtalares,
las más frecuentemente afectas), que le ha pasado desapercibida al paciente.
Entre 5 y 10 años después del inicio de los ataques de gota, muchos pacientes
mostrarán, en el caso de no ser tratados con fármacos hipouricemiantes, depósitos
subcutáneos de urato o tofos. Los tofos son pequeños nódulos subcutáneos, de aspecto
amarillento, duros o blandos. Se localizan preferentemente en el hélix del pabellón
auricular, superficies de extensión de las extremidades, asociados a estructuras bursales
o tendinosas, como ocurre en la bolsa olecraniana, tendones extensores de los dedos del
pie o de las manos o tendones del aparato extensor de la rodilla (rotuliano). La
exploración física debe incluir de forma sistemática una búsqueda de posibles tofos,
aún en pacientes asintomáticos. Ocasionalmente los tofos aparecen como depósitos
generalizados, e incluso intradérmicos o en los pulpejos de los dedos. El empleo crónico
de corticoides, frecuentemente autoadministrados, se ha relacionado con el desarrollo de
depósitos intradérmicos generalizados de urato. En pacientes con nódulos artrósicos en
las articulaciones interfalángicas distales de los dedos de las manos (nódulos de
Heberden), pueden observarse depósitos tofáceos sobre dichas articulaciones.
Si el paciente no ha sido diagnosticado previamente de gota, además de una cuidadosa
exploración física, es conveniente realizar una artrocentesis de las articulaciones
previamente afectas, aunque en dicho momento estén asintomáticas, para confirmar el
diagnóstico mediante la observación de cristales de monourato sódico. Se ha demostrado
la presencia de cristales de urato en articulaciones asintomáticas (rodillas, tobillos,
MTF) que previamente sufrieron ataques de gota en pacientes que no fueron tratados con
fármacos hipouricemiantes. (Tabla III).
TABLA III.
CRITERIOS PRELIMINARES PARA LA CLASIFICACIÓN DEL ATAQUE AGUDO DE GOTA |
Criterios Mayores (cualquiera de
ellos es diagnóstico)
1. Visualización de cristales de monourato sódico en muestra de liquido
sinovial
2. Cristales en muestra de nódulo subcutáneo (tofo)Criterios menores (se requieren al menos seis de los doce)
1. Máxima inflamación en las primeras 24 horas
2. Más de un ataque de artritis aguda
3. Ataques monoarticulares
4. Eritema sobre las articulaciones hinchadas
5. Podagra
6. Ataque de podagra unilateral
7. Ataque en tarso unilateral
8. Tofo (nódulo subcutáneo sospechoso)
9. Hiperuricemia
10. Tumefacción articular asimétrica en estudio radiográfico
11. Quistes subcorticales sin erosiones en estudio radiográfico
12. Líquido articular (durante un ataque agudo) aséptico |
Algunos pacientes, generalmente aquellos con uricemia elevada y ataques múltiples o
incluso clínica persistente, desarrollan lesiones permanentes en las estructuras
articulares y periarticulares, dando lugar a la artropatía gotosa crónica. Estos
pacientes generalmente no han sido sometidos a tratamiento hipouricemiante o, si lo han
sido, el control de la uricemia no ha sido suficiente para desaturar los depósitos
tisulares de urato, lo que se obtiene con cifras de uricemia menores de 5 a 6 mg/dl en
pacientes con gota crónica.
La exploración física muestra limitación articular, deformidad y dolor con la
actividad e incluso en reposo. Las formas más graves pueden remedar una artritis
reumatoide avanzada. Algunos pacientes con depósitos tofáceos considerables muestran
drenaje espontáneo de los mismos: una pasta granujienta blanquecina o amarillenta que
simula una colección purulenta. Ocasionalmente se producen fístulas, con tendencia a la
sobreinfección bacteriana.
Rasgos clínicos diferenciales de los
pacientes con gota secundaria
Los pacientes con gota secundaria, y nos referimos
fundamentalmente a la asociada a insuficiencia renal y a la secundaria al empleo de
diuréticos y CyA, presentan ciertas peculiaridades respecto a los pacientes con gota
primaria (Tabla II):
1. El aumento de la comorbilidad con la edad (asociación de hipertensión arterial,
insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal) o el deterioro involutivo de función renal
asociado al envejecimiento, conducen a que la edad de presentación de la gota secundaria
sea, en general, más avanzada. En ocasiones, como ocurre en los transplantados y en los
pacientes con nefropatías de presentación precoz, la edad de comienzo de la gota puede
ser más temprana. Sin embargo, en una serie sobre 81 pacientes pediátricos sometidos a
transplante renal y seguidos durante 3 años, no se observó ningún caso de gota.
2. La mayor frecuencia de gota secundaria en mujeres, contrasta con la rareza de la
gota primaria femenina. La menopausia y la presencia de enfermedades o tratamientos
farmacológicos con efecto hiperuricemiante parecen ser factores fundamentales en la
fisiopatología de la hiperuricemia y de la gota en las mujeres.
3. Una mayor frecuencia de episodios de artritis poliarticular, simétrica, severa y
con afección de articulaciones de los miembros superiores. Estos patrones topográficos
diferentes de los habituales en la gota primaria, pueden dificultar el diagnóstico
diferencial. Esto parece ser especialmente frecuente en pacientes con gota secundaria a
tratamiento diurético crónico y a CyA.
4. La gota secundaria, especialmente a fármacos, CyA e insuficiencia renal, tiende a
ser más frecuentemente tofácea, pudiendo aparecer incluso tofos generalizados de gran
tamaño e intradérmicos, así como asociarse a artropatía grave.
5. Como se comentó previamente, se han publicado al menos dos series clínicas que
muestran que un porcentaje considerable de pacientes con etilismo crónico puede tener
uricemia normal durante los ataques agudos, dificultando con ello la sospecha de que se
trate de un ataque de gota al observarse niveles normales de úrico coincidiendo con el
ataque agudo.
| Sumario |