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PROGRAMA ANUA 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Hiperuricemia y gota
Patogenia
La patogenia de la gota puede resumirse en que la
elevación de los niveles de AU en plasma por encima de su punto de saturación
(hiperuricemia) produce, en sujetos predispuestos a nuclear cristales de urato, la
formación de cristales de monourato sódico en los tejidos. Los ataques agudos de gota
aparecen cuando estos cristales preformados y dispuestos en los tejidos articulares
(membrana sinovial y cartílago) son liberados desde sus depósitos. Esto induce la
activación tanto de factores humorales como de respuestas celulares efectoras de la
respuesta inflamatoria aguda. Con el paso del tiempo, los episodios repetidos de
inflamación aguda, así como el depósito de cristales, inducen un proceso inflamatorio
crónico subclínico y una reacción tisular con granuloma de cuerpo extraño que pueden
conducir a la destrucción de las estructuras articulares o artropatía gotosa (crónica).
Formación del depósito tisular de urato
Tres factores influyen principalmente en la génesis
del depósito tisular de uratos: nivel de hiperuricemia, tiempo durante el que persiste la
misma y predisposición. Los dos primeros son factores claramente demostrados en los
estudios que citamos a propósito de la epidemiología de la gota. El último, la
predisposición individual a padecer gota, es un campo aún abierto a la investigación
Hiperuricemia
Se define como la elevación de la concentración de
urato plasmático por encima de su nivel de saturación a 37ºC en un medio con pH 7.4
(7.0 mg/dl), lo que puede producir el depósito tisular del AU en forma de urato
monosódico. El punto de saturación se reduce con el descenso del pH plasmático y de la
temperatura. Esto se demuestra en la práctica clínica: los ataques de gota y los tofos
se localizan muy frecuentemente en las articulaciones más acras, como es el caso de la
podagra, siendo excepcionales en articulaciones proximales, como caderas u hombros.
El contenido corporal de AU, medido mediante inyección de úrico marcado, depende del
nivel de uricemia: es menor en individuos con normouricemia que con hiperuricemia
asintomática; en éstos es a su vez menor que en pacientes con gota y en individuos con
gota y sin tofos, menor que en pacientes con gota tofácea. La incidencia de gota es
proporcional al grado de hiperuricemia: en el estudio de Framingham, como reseñamos
previamente, la incidencia acumulada de gota era progresivamente mayor con niveles
elevados de hiperuricemia. También se ha descrito una relación entre niveles más
elevados de hiperuricemia y el desarrollo de los tofos y, especialmente, en individuos con
uricemias muy elevadas, como ocurre en los sometidos a trasplante cardiaco. Por el
contrario, el tamaño de los tofos se reduce tras la corrección de la uricemia, y es
tanto más rápida su desaparición cuanto menor es la uricemia durante el tratamiento.
Tiempo con hiperuricemia
Para que la hiperuricemia produzca manifestaciones
clínicas, parece requerirse un tiempo suficiente, ya que la formación de los cristales
de urato es lenta. Cuanto mayor es la duración de la hiperuricemia, mayor será la
probabilidad de acumular depósitos tisulares de urato y, en consecuencia, de padecer
gota. La práctica clínica confirma el hecho de que el tiempo es un factor determinante
de la cantidad del depósito: antes de la introducción de los fármacos hipouricemiantes
modernos (alopurinol, probenecid, sulfinpirazona o benzofuranos), el 25 por ciento de los
pacientes gotosos que inicialmente no tenían tofos clínicamente detectables, los
mostraban ya a los 5 años del comienzo de la enfermedad.
El producto "nivel de hiperuricemia" por "tiempo" influye en el
sentido de que niveles más bajos de uricemia son tolerados más tiempo antes de padecer
gota, mientras que individuos con niveles muy elevados de uricemia pueden presentar gota
en periodos relativamente cortos de tiempo. La predisposición personal parece ser el
factor corrector de la ecuación anterior.
Predisposición
Un hecho que siempre ha intrigado a los
investigadores y a los epidemiólogos es el de que no todos los individuos con
hiperuricemia desarrollan gota con el mismo nivel de AU plasmático ni con similar tiempo
de hiperuricemia. Ocasionalmente se observa que hay pacientes que desarrollan gota,
incluso tofácea, mostrando siempre niveles de uricemia normales. Quizá estos hechos se
expliquen porque existan factores de predisposición.
La nucleación de los cristales tiene lugar en el espacio extracelular, probablemente
por la interacción del urato sobresaturado con proteínas de la matriz extracelular.
Pascual y cols. han sugerido que el depósito tisular de urato monosódico puede estar
favorecido por alguna propiedad de las proteínas de la matriz extracelular en la que se
produce la nucleación de los cristales de urato de forma ordenada similar al fenómeno de
epitaxia.
Desencadenamiento del ataque agudo de gota
Los cristales de monourato se depositan en los
tejidos a nivel de las diversas estructuras articulares, como el cartílago hialino (donde
muestran una disposición estratificada, ordenada) y la membrana sinovial. También se
pueden depositar en otros tejidos, especialmente en el tejido celular subcutáneo, donde
dan lugar a la formación de tofos, y en el tejido renal en los individuos con
hiperproducción de AU (nefropatía tubulointersticial crónica por urato o nefropatía
"urática").
Por motivos diversos (sobrecarga articular, micro o macrotraumatismos, cambios bruscos
en la uricemia) los cristales de urato se liberan del depósito tisular al líquido
sinovial. Estos cristales libres pueden inducir una respuesta inflamatoria por diversos
mecanismos. Dada la presencia habitual de cristales de monourato sódico en la membrana
sinovial y el líquido sinovial de los pacientes con gota crónica no tratados con
hipouricemiantes, debe existir un mínimo de carga de cristales que desencadene el ataque
agudo.
Primeramente, los cristales de urato favorecen o catalizan la proteolisis y liberación
de fragmentos proinflamatorios de proteínas de la coagulación y del sistema del
complemento, capaces de producir quimiotaxia y activación celular. También pueden
estimular directa e indirectamente células residentes en la membrana sinovial, como los
monocitos, los sinoviocitos y las células cebadas. Todo ello provoca la liberación de
sustancias inflamatorias y quimiotácticas (C3a, C5a, sustancia P, leucotrienos,
prostaglandinas, óxido nítrico, interleuquinas y otras quimoquinas), que conducen al
inicio de los síntomas y los signos de inflamación articular. Además, algunas de estas
sustancias inducen la activación del endotelio vascular que, junto con los factores
quimiotácticos, favorece el reclutamiento de polimorfonucleares. Se requiere la presencia
de leucocitos polimorfonucleares, células generalmente ausentes en el líquido sinovial,
para que tenga lugar la máxima expresión del fenómeno inflamatorio en el ataque agudo
de gota. Los polimorfonucleares son reclutados dentro de la articulación por los
distintos factores quimiotácticos liberados por la interacción entre cristales de
monourato y las células residentes en la sinovial. Este fenómeno de reclutamiento se
produce a nivel del endotelio vascular de la sinovial, mediante la activación de las
células endoteliales y la expresión en éstas de proteínas de adhesión celular
(selectinas e integrinas) inducibles, que permiten el "rodamiento" (rolling) de
los leucocitos, su adhesión al endotelio y la migración a través del mismo a la
membrana y al líquido sinovial.
Los polimorfonucleares inician la fagocitosis de los cristales de urato libres,
fenómeno que se ve favorecido cuando los cristales están recubiertos de proteínas, como
IgG, C3b, C1q o fibronectina. La fagocitosis induce, a su vez, la liberación de factores
quimiotácticos.
Por otra parte, los cristales de urato tienen la capacidad de producir la lisis de las
membranas celulares, con rotura de lisofagosomas, citolisis y liberación de enzimas
proteolíticos por parte de las células que fagocitan cristales, en un circulo vicioso de
"suicidio celular".
Es conocido que el ataque agudo de gota se autolimita a 7-15 días habitualmente. De
hecho se ha sugerido que si un fármaco tardase más de 7 días en suprimir la clínica
aguda debería dudarse de su eficacia para el tratamiento del ataque agudo de gota.
Diversos factores parecen intervenir en la limitación en el tiempo de los fenómenos
inflamatorios: la liberación de proteasas que inactivan mediadores de la inflamación
como la interleukina 1 (IL-1), el péptido P o el C5a. Asimismo el factor de necrosis
tumoral (TNF) puede intervenir en el fenómeno de regresión del fenómeno inflamatorio,
ya que reduce la expresión de receptores celulares de IL-1 y aumenta la del antagonista
del receptor de IL-1. La infusión de TNF en animales bloquea el desarrollo del proceso
inflamatorio tras la inyección de cristales de monourato sódico. Además, el fenómeno
de apoptosis (muerte celular programada) de los leucocitos polimorfonucleares puede
regular también la resolución del ataque agudo de gota y se sabe que ciertas quimoquinas
proinflamatorias pueden, en ciertas condiciones, favorecer la apoptosis de los
polimorfonucleares.
Sin embargo, aún quedan lagunas en el conocimiento del desencadenamiento del ataque
agudo de gota. A pesar de que la interacción entre la fagocitosis de los cristales y el
desencadenamiento del proceso inflamatorio agudo parece clara, no se ha observado
correlación entre la presencia de fagocitosis de cristales y los contajes celulares en
muestras de líquido sinovial. Esto sugiere que aunque el papel de los polimorfonucleares
es fundamental para que se produzca respuesta efectora inflamatoria aguda, otras
interacciones celulares son primordiales para el inicio de la respuesta. El empleo de
colchicina como tratamiento de la gota se basaba en su capacidad para interferir con los
microtúbulos de los polimorfonucleares; actualmente se ha demostrado que la colchicina
también ejerce efecto a nivel de activación de células residentes y de expresión de
proteínas de adhesión celular.
Desarrollo de la artropatía crónica
Cuando los depósitos de urato persisten en el
tiempo, pueden producirse lesiones de las estructuras articulares, con destrucción del
cartílago hialino y del hueso pericondral (¿subcondral?), lo que conocemos como gota
crónica o artropatía gotosa.
Tres mecanismos intervienen probablemente en la patogenia de la artropatía gotosa.
Primeramente un cierto grado de inflamación crónica subclínica persistente. Pascual y
cols. demostraron la presencia de recuentos leucocitarios, en muestras de líquido
sinovial obtenido de articulaciones asintomáticas, más elevados en pacientes con gota
crónica no tratada que en pacientes tratados con colchicina. Este mismo grupo de
investigadores demostró la presencia de cristales de monourato en la práctica totalidad
de las muestras de líquido sinovial procedente de articulaciones asintomáticas de
pacientes con gota no tratados con hipouricemiantes y en menos de la mitad de los
pacientes tratados con hipouricemiantes. Probablemente sean los cristales
"residentes" los que induce esta inflamación subclínica.
En segundo lugar, los sucesivos ataques de artritis aguda, con la consiguiente
liberación de sustancias proteolíticas en el líquido sinovial pueden tener un efecto
directamente lesivo sobre el cartílago.
Finalmente, los depósitos de urato favorecen la proliferación tisular en el ámbito
sinovial. La expresión histopatológica de esta reacción corresponde a un granuloma de
cuerpo extraño inducido por el depósito de los cristales de monourato sódico, que se
observan incluidos en la reacción granulomatosa. La proliferación tisular acaba dando
lugar a erosiones periarticulares y a reacción perióstica perilesional, como veremos a
propósito de las manifestaciones radiológicas de la gota crónica.
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