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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA |
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Hiperuricemia y gota
Gota en situaciones clínicas
especiales
Gota e insuficiencia
renal
La asociación de gota e insuficiencia renal
es frecuente: entre un 20 y un 40 por ciento de los pacientes con gota padecen cierto
grado de disfunción renal. La gota en sí, salvo casos de hiperproducción masiva de AU,
no parece influir en la función renal, y sí la presencia de comorbilidad (hipertensión,
diabetes, insuficiencia cardiaca, nefropatía subyacente).
Los pacientes con insuficiencia renal pueden presentar gota por la
reducción de la excreción renal de úrico asociada a trastorno tubular o más
frecuentemente a la reducción de la filtración glomerular. La hiperuricemia no suele
aparecer hasta grados avanzados de insuficiencia renal, pero es más frecuente cuando
concurren hipertensión arterial o tratamiento con diuréticos por hipertensión arterial
o insuficiencia cardiaca asociada.
En cuanto al diagnóstico, la excreción fraccionada y la excreción
por volumen de filtrado glomerular pueden arrojar falsos positivos de hiperproducción. El
aclaramiento de AU es, por lo tanto, un parámetro más fiable. Un aclaramiento de AU bajo
y una excreción fraccionada alta indican que probablemente el trastorno es de
filtración, ya que las nefronas residuales compensan porcentualmente la excreción. La
asociación de una cifra baja de aclaramiento con una reducción de la excreción
fraccionada, nos indicará que el paciente sufre además una disfunción tubular per se o
inducida por fármacos (diuréticos o CyA los más frecuentes).
El tratamiento de la gota aguda en los pacientes con insuficiencia
renal debe tener en cuenta que los AINE pueden reducir aún más la función renal,
inducir o descompensar la hipertensión e incluso provocar un fracaso renal agudo y que ni
el sulindaco ha mostrado estar libre de estos efectos secundarios, a pesar de que algunos
autores y clínicos lo consideran el AINE de elección en estos casos.
Asimismo, la colchicina muestra una tendencia a la acumulación en
pacientes con insuficiencia renal. Todos los casos de neuromiopatía inducida por
colchicina se han descrito en pacientes con reducción de la función renal o que tomaban
fármacos que reducen el aclaramiento de la colchicina, como la CyA. En todo caso, la
dosis de colchicina debiera reducirse a la mitad de la dosis habitual (0,5 mg cada 8 horas
inicialmente y reducción en 3 o 4 días a 0,5 mg/día). No debe administrarse colchicina
a pacientes con insuficiencia renal severa. Como ya se señaló, la colchicina no es un
fármaco dializable. También debe desaconsejarse la profilaxis de los ataques con
colchicina. En todo caso, en pacientes con insuficiencia renal moderada, emplear dosis
reducidas (0,25 a 0,5 mg al día) y durante periodos de tiempo lo más cortos posibles.
El tratamiento del ataque agudo con corticosteroides,
preferiblemente en inyección intraarticular o por vía oral o parenteral son opciones a
considerar como alternativas. También pueden ensayarse dosis bajas de corticosteroidse
como tratamiento de la profilaxis de los ataques durante el periodo inicial de reducción
de la uricemia.
El tratamiento hipouricemiante en pacientes con insuficiencia renal
puede realizarse con alopurinol (obligado en pacientes con afección funcional severa) o
con uricosúricos. El alopurinol se empleará en dosis únicas postdiálisis (300 mg) o
ajustando la dosis al aclaramiento de creatinina, estimando una dosis de 100 mg por cada
30 ml/min de aclaramiento de creatinina. Los uricosúricos son, a nuestro entender, de
elección en pacientes con insuficiencia renal moderada. Al contrario que con el
alopurinol, el riesgo de acumulación con variaciones de la función renal es bajo.
Asimismo hay que tener en cuenta que las dosis de uricosúrico que pueden ser necesarias
para controlar la uricemia serán probablemente algo mayores que en pacientes con función
renal normal.
En casos de mala respuesta, el tratamiento combinado con alopurinol
y uricosúricos es una buena opción terapéutica, pero obligará a un ajuste regular de
las dosis acorde la eficacia y a la función renal.
Gota y trasplante
Los pacientes con injerto pueden sufrir
hiperuricemia y gota. Es infrecuente en pacientes con trasplante hepático, en los que la
disfunción hepática crónica suele acompañarse de cifras de úrico bajas habitualmente,
por lo que no padecen gota salvo que la sufrieran ya en la etapa pretrasplante. Los
pacientes con injertos renales o cardiopulmonares suelen asociar tratamiento con CyA,
pérdida de función renal y empleo de diuréticos previos y posteriormente al trasplante.
La prevalencia de gota en el trasplante renal es baja (un 10 por ciento), pero alta en el
cardiaco (hasta el 40 por ciento) situándose tras el rechazo y las infecciones como una
importante causa de morbilidad.
Las precauciones de empleo de AINE y colchicina en pacientes con
insuficiencia renal (véase epígrafe anterior) son aplicables enteramente a los pacientes
con trasplante, salvo en los pacientes con función renal normal. El frecuente empleo de
azatioprina como inmunosupresor limita el tratamiento con alopurinol, ya que obliga a
reducir la dosis de azatioprina al 25 por ciento de las basales, y aún así se han
descrito casos de mielosupresión por interacción alopurinol-azatioprina. El empleo de
diuréticos aumenta el nivel de uricemia, de forma que en pacientes con insuficiencia
renal y diuréticos no es extraño observar cifras de uricemia superiores a 11 o 12 mg/dl.
Esto obliga a reducir la uricemia en al menos 5 ó 6 mg/dl para conseguir niveles de
uricemia terapéuticos en pacientes con gota.
La benzobromarona y la benziodarona son útiles en los pacientes con
trasplante en tratamiento con CyA. Dos series cortas abiertas han mostrado su utilidad en
pacientes con trasplante renal con dosis relativamente bajas tanto de benziodarona como de
benzobromarona. Recientemente se ha comunicado una amplia serie retrospectiva de pacientes
con injerto renal, 188 de ellos tratados con benziodarona por hiperuricemia crónica y
tratamiento concomitante con azatioprina. A pesar de que el 97 por ciento recibía
tratamiento con CyA, y la cuarta parte con diuréticos y de que el aclaramiento de
creatinina medio fue de 60 ml/min, en más del 80 por ciento de los pacientes se
normalizó la uricemia. Los pacientes que no normalizaron su uricemia mostraban una peor
función renal, recibían dosis elevadas de diuréticos o habían recibido dosis
insuficientes de benziodarona (dosis medias menores de 75 mg/día).
Gota y riesgo de sangrado
Los pacientes con diátesis hemorrágica por
tratamiento anticoagulante o por trastornos de la coagulación así como aquellos con
ulcus gastroduodenal pueden presentar problemas para el manejo de su gota, especialmente
de la artritis gotosa aguda.
La colchicina puede ser el fármaco de elección, salvo
contraindicación, ya que no es ulcerogénica y por su baja unión a proteínas no
desplaza a los anticoagulantes orales. En casos en que concurran insuficiencia hepática,
renal o hepatorrenal combinadas, el tratamiento con corticosteroides por vía sistémica
es una posibilidad a tener en cuenta. La reciente introducción de AINE inhibidores
selectivos de la COX-2 (o coxib), como el celecoxib y el rofecoxib, muestran una escasa
tendencia a producir sangrado por gastropatía o ulcus, así como una moderada
interferencia (menor del 10 por ciento) con las pruebas de coagulación en pacientes que
toman dicumarínicos. Aunque sus indicaciones aceptadas sean artritis reumatoide y
artrosis, son fármacos a tener en cuenta en el tratamiento de la gota en un futuro
próximo.
En los pacientes anticoagulados se desaconseja realizar inyecciones
articulares por el riesgo de producir hemartros secundario. La experiencia de los autores
es, sin embargo, que tanto la artrocentesis diagnóstica como la inyección intraarticular
de corticosteroides con aguja fina y realizada con rapidez y pericia no se asocia a
hemartros en nuestros pacientes. No obstante, pensamos que la realización de estas
técnicas en pacientes anticoagulados debe quedar reservadas a clínicos experimentados en
las mismas.
Gota refractaria
Es frecuente visitar a pacientes remitidos a
consultas de especialistas por "gota refractaria". Sin embargo, los casos
realmente refractarios tras una correcta evaluación y tratamiento, como se ha expuesto
anteriormente, son infrecuentes y quedan limitados a pacientes con insuficiencia
hepatorrenal severa o que presentan efectos adversos no tolerables con todos los fármacos
disponibles. Deben evaluarse los siguientes puntos antes de considerar una gota como
refractaria:
1. - Confirmar el diagnóstico de gota. Quizá sea refractaria
porque el paciente no padece gota y por ello no responde al tratamiento o presenta dos
enfermedades articulares simultáneamente: por ejemplo, gota y artritis psoriásica,
artritis mixta por cristales de urato y pirofosfato, gota y una lesión meniscal o un
quiste poplíteo crónico, etc.
2.- Evaluar el grado de cumplimentación del tratamiento por el
paciente. Si el paciente toma alopurinol, deberán reducirse la uricemia y la uricuria; si
toma uricosúricos, debe aumentar el aclaramiento o la excreción fraccionada. Si esto no
ocurre, debe cuestionarse la cumplimentación. Es relativamente frecuente que pacientes en
espera de conseguir una compensación por enfermedad no tomen el tratamiento
adecuadamente. En estos casos es razonable el ingreso hospitalario para supervisar la
cumplimentación y evaluar la respuesta al tratamiento.
3.- El abuso de alcohol se ha asociado a una peor respuesta al
tratamiento hipouricemiante con alopurinol. El aumento de gamma-glutamil transpeptidasa o
del volumen corpuscular medio de los eritrocitos puede hacer sospechar etilismo. Debe
tenerse en cuenta que el alopurinol puede inducir hepatotoxicidad, que en ocasiones se
atribuye al etanol cuando debiera atribuirse al fármaco, o a la combinación de fármaco
e ingesta etílica.
4. - El empleo de dosis insuficientes de fármacos hipouricemiantes,
especialmente de alopurinol, ocasionalmente de uricosúricos, puede justificar la falta de
eficacia. Pacientes con función renal normal e hiperproducción pueden requerir dosis de
hasta 600 mg al día. Peter Simkin ha escrito recientemente que el tratamiento de la gota
no es solo "alopurinol 300 mg y ya está".
5. - En ocasiones, durante el tratamiento con uricosúricos,
observamos una excelente respuesta uricosúrica pero con escasa repercusión en las cifras
de uricemia. Esto puede explicarse por la toma del fármaco a primera hora de la mañana,
con lo que trascurren más de 24 horas entre la administración del medicamento y la
evaluación de la uricemia, aunque la recogida de la orina de 24 horas sí se realiza, en
su mayor parte bajo el efecto del fármaco. Algunos pacientes quizá son metabolizadores
rápidos, con lo que la administración del fármaco en dos dosis puede corregir esta
disparidad.
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