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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Diabetes mellitus tipo 2

Tratamiento

El tratamiento de la diabetes mellitus abarca los siguientes aspectos: a) información y educación diabetológica al paciente; b) prescripción de un régimen dietético individualizado; c) recomendación de la práctica de ejercicio físico; y d) administración si es preciso de antidiabéticos orales y/o insulina.

Información y educación diabetológica

Constituye un complemento indispensable en el tratamiento de la diabetes. Debe comprender tres objetivos fundamentales: comunicación al sujeto diabético de todos aquellos conocimientos teóricos necesarios para la comprensión de su enfermedad, aprendizaje de las habilidades necesarias para un correcto tratamiento (elaboración de la dieta adecuada, práctica de autocontrol sanguíneo y urinario, técnica de autoinyección de insulina...) y enseñanza sobre actitudes a tomar en relación con los posibles problemas que puedan surgir en la vida diaria.

La labor de educación diabetológica debe centrarse en el personal de enfermería, dentro de lo que debe ser una actividad global a realizar por un equipo multidisciplinar (médico, enfermera, dietista, podólogo, etc.) que actúe de manera integrada en los diferentes planteamientos asistenciales.

Régimen dietético

El establecimiento de un régimen de alimentación resulta imprescindible en el tratamiento de la diabetes tipo 2, debiendo conllevar el cumplimiento de una serie de objetivos, tales como:

1.-Conseguir un correcto control metabólico glucémico y lipídico.

2.- Mantener el peso ideal del individuo así como un óptimo estado nutricional.

3.-Proporcionar el aporte energético necesario para cubrir las necesidades nutricionales derivadas de la presencia de determinados procesos fisiológicos (crecimiento, embarazo, lactancia).

4.-Prevenir o retardar dentro de lo posible el desarrollo de complicaciones crónicas de la diabetes (nefropatía, aterosclerosis,etc..).

5.-Ofrecer una prescripción dietética individualizada y atractiva.

A la hora de considerar la elaboración de una dieta en la DM2 hemos de considerar desde un punto de vista teórico-práctico los siguientes aspectos.

-Aporte energético. No debe variar con respecto al que debiera prescribirse en una persona no diabética, una vez tenidas en cuenta circunstancias tales como edad, estado nutricional previo, actividad laboral, práctica de ejercicio físico y concomitancia de situaciones fisiológicas (embarazo, lactancia) o patológicas (nefropatía, insuficiencia cardíaca).

Dado que, aproximadamente, un 80 por ciento de diabéticos tipo 2 son obesos, es lógico que en la mayor parte de las veces debamos acudir al establecimiento de una dieta hipocalórica. En este último caso se tenderá a la consecución del peso ideal (IMC: 19-25 Kg /m2), circunstancia generalmente difícil. Mas realista será plantearse inicialmente una pérdida de peso entre el 5-10 por ciento, circunstancia que suele ya acompañarse de una evidente mejoría del control glucémico (disminución de la insulinorresistencia), lipídico y de la tensión arterial. En este sentido, se cosidera aceptable un ritmo de pérdida de peso de 0,5 Kg./semana.

En situaciones de pobre respuesta a dietas de moderada restricción calórica (con reparto homogéneo o clásico de los diferentes principios inmediatos), en diabéticos obesos, puede acudirse a la administración de dietas muy bajas en calorías o VLCD ("very low calorie diets"). Estas VLCD proporcionan 400-800 Kcals. /día, con un aporte diario de 1,5 g. /Kg. de proteínas de alto valor biológico, 50-100 g. de carbohidratos y pequeñas cantidades de grasa (< 5 g.). Con las mismas se obtienen pérdidas ponderales más rápidas (1,5-2,5 Kg./semana) que con las convencionales, junto con una patente disminución de las necesidades insulínicas o de las dosis de antidiabéticos orales.

Una vez obtenida la pérdida de peso, un problema frecuente a tener en cuenta es la facilidad para su recuperación. Con objeto de tratar de corregir esta situación es recomendable el establecimiento de un adecuado plan de realimentación, suplementado con la realización de un correcto programa de ejercicio físico que suele actuar muy eficazmente en este sentido.

En cuanto a la distribución de principios inmediatos en la dieta, parece existir un común acuerdo en cuánto a que el aporte proteico debe guardar valores de un 10-20 por ciento del valor calórico total (VCT). Con respecto al reparto de los otros principios, se vienen defendiendo dos opciones: una más clásica que contempla la administración de un 55-60 por ciento de carbohidratos y un 30 por ciento de grasas, y otra más actual que defiende un aporte de carbohidratos de 45-50 por ciento y de grasas de un 35-40 por ciento (a expensas de un incremento de grasas monoinsaturadas), con la que parecen haberse obtenido buenos resultados en relación con el control glucémico y lipídico. En relación con lo antes comentado, algunos autores, ante situaciones de hipercolesterolemia, recomiendan dietas con un máximo de 30 por ciento de grasas, y ante la presencia de hipertrigliceridemia, defienden la restricción de carbohidratos (45-50 por ciento), dado su posible papel hipertrigliceridemiante.

-Carbohidratos. Clásicamente, se ha venido proponiendo la utilización de aquellos alimentos que contenían carbohidratos de absorción retardada o polisacáridos (pan. legumbres, pastas, arroz...), debiendo limitarse al 5-15 por ciento del VCT el consumo de glúcidos de absorción rápida, bien en forma de monosacáridos (frutas) o disacáridos (leche, sacarosa). Según las tendencias actuales, lo importante en la dieta del sujeto diabético es la cantidad total de carbohidratos que la componen, más que las características de los mismos. En este sentido, no debe existir una prohibición del empleo como edulcorante de la sacarosa, siempre y cuando la cantidad administrada se sustraiga del contenido total de los glúcidos administrados diariamente. El aporte diario de sacarosa no debe superar el 5 por ciento del VCT.

Sigue siendo objeto de debate la consideración del "índice glucémico " de los alimentos a la hora de la elaboración de una dieta. Este parámetro trata de relacionar la curva glucémica posingesta alcanzada por la administración de cada alimento, con la obtenida tras la ingesta de glucosa o de un alimento patrón (pan blanco). El índice glucémico de un alimento parece influirse por el tipo de carbohidrato constituyente, por su textura, proceso de preparación culinaria y presencia asociada en la ingesta de otros componentes alimentarios. Por lo general, se tiende a recomendar con preferencia el consumo de alimentos con índice glucémico más bajo (pastas de sopa y legumbres), frente a aquéllos con índice más elevado (patatas, arroz). No obstante, el empleo de este índice en la práctica clínica diaria presenta dificultades, entre las que se encuentra el hecho, ya reseñado, de que el valor glucémico de un determinado alimento puede modificarse en el contexto de una comida mixta, por la presencia concomitante de proteínas o grasas.

Parece aconsejable el uso de alimentos ricos en fibra, recomendándose un aporte total de 25-40 g. /día., fundamentalmente de fibra soluble (pectinas, gomas, mucílagos), que a diferencia de la fibra insoluble (celulosa, hemicelulosa, lignina) presenta una mayor actividad metabólica (mejoría del perfil glucémico posprandial y descenso de los niveles de colesterol). A este respecto se debe hacer énfasis en la ingesta de legumbres, verduras y frutas (sin pelar). Es preciso, no obstante, reseñar que en el momento actual existe una reconsideración de lo que debe entenderse por "fibra dietética", así como sobre la separación tajante entre los conceptos de "fibra soluble" y "fibra insoluble".

Por último, es preciso señalar la conveniencia de repartir de manera adecuada la cantidad total de carbohidratos a lo largo de las diferentes ingestas diarias.

Grasas. Dentro de este grupo de nutrientes se recomienda emplear menos del 10 por ciento de grasas saturadas, hasta un 10 por ciento de grasas poliinsaturadas y el resto hasta el 30 por ciento o 40 por ciento del VCT, según los casos, se completará con grasas monoinsaturadas.

Las grasas saturadas son generalmente de origen animal (carnes rojas, leche entera y derivados, bollería industrial), y en ocasiones de origen vegetal (aceites de palma y coco), presentando carácter aterógeno.

Las grasas poliinsaturadas se derivan preferentemente de aceites vegetales (soja, girasol, maíz...) y no muestran acción aterogénica. Estos aceites pueden sufrir un proceso de hidrogenación, transformándose en grasas sólidas (margarinas) que contienen ácidos grasos "trans", con carácter aterógenico. Dentro de las grasas poliinsaturadas hay que destacar la existencia de los ácidos grasos w-3 (docosahexanoico, eicosapentanoico), presentes en pescados (preferentemente azules), que tienen acción hipotrigliceridemiante y disminuyen la agregación plaquetaria. Se ha intentado su empleo específico en la dieta, en ocasiones, en forma de comprimidos suplementarios, habiéndose abandonado por su mala tolerancia, posible deterioro del control glucídico y escasos resultados positivos.

Las grasas monoinsaturadas están constituidas fundamentalmente por ácido oleico. Fuente principal es el aceite de oliva, base de la clásica dieta mediterránea, así como en menor proporción otros aceites vegetales (colza, cacahuete) o grasas animales (cerdo). La acción antiaterógena de las grasas moninsaturadas se relaciona con el hecho de que su empleo se sigue de un manifiesto descenso de los niveles de LDL-colesterol y triglicéridos y de un aumento del HDL-colesterol.

Por lo que respecta al colesterol, el aporte dietético diario no debe superar los 300 mg., cifra que debe ser aún menor en casos de hipercolesterolemia. Más que la consideración aislada del contenido en colesterol de los alimentos, debe valorarse asimismo el contenido conjunto de los alimentos en colesterol y grasas saturadas; debiendo restringirse en este sentido el consumo de todos aquéllos ricos en ambos componentes (huevos, leche entera, carnes grasas).

En los últimos años vienen ensayándose en la preparación de helados, yogures y aderezos de ensaladas, el empleo de determinados compuestos denominados "sustitutivos de grasas", que derivados de proteínas o carbohidratos muestran características estructurales similares a las mismas pero con menor valor calórico (4 Kcal. /g. frente a 9 Kcal./g.). Asimismo, se ha comercializado y utilizado un agente como es la olestra, de carácter graso, pero totalmente no digestible ni absorbible.

-Proteínas. El aporte medio recomendable en la dieta corresponde al 15 por ciento del VCT, lo que viene a suponer una cantidad de 0,8 g./Kg. /día. Esta cantidad se debe disminuir en situaciones de nefropatía establecida; defendiéndose, asimismo, en los últimos años una restricción moderada de las mismas en casos de nefropatía diabética incipiente (microalbuminuria). En contraposición se incrementará el contenido proteico en las fases de crecimiento, embarazo y lactancia.

-Edulcorantes. En el grupo de los estrictamente calóricos estarían fundamentalmente la sacarosa, fructosa, sorbitol o manitol, los cuáles de ser empleados debe tenerse en cuenta que aportan un valor calórico suplementario no despreciable. El uso de fructosa (4 Kcal./g.) y manitol ó sorbitol (2-3 Kcal./g.) no aportan beneficio con respecto al empleo de sacarosa, originando en ocasiones la utilización de los dos últimos compuestos, molestias gastrointestinales (meteorismo y diarreas). En la práctica clinica en diabéticos disciplinados, y con el oportuno control, puede permitirse como ya comentamos el uso de sacarosa (hasta un total de 20-30 g./día). En cuánto a los edulcorantes artificiales acalóricos (sacarina, ciclamato, aspartamo y acesulfamo K) se admite su libre uso al no haberse comprobado en seres humanos efectos negativos evidentes. De todos ellos, los más recomendables en la actualidad son el aspartamo (mezcla de ácido aspártico y fenilalanina) y el acesulfamo K.

-Alcohol. Debe limitarse el consumo en el diabético tipo 2 por diferentes motivos: toxicidad intrínseca, valor calórico sobreañadido y acción favorecedora de hipertrigliceridemia. Si bien, con menor frecuencia que en diabéticos tipo 1, y dada su acción inhibidora de la neoglucogénesis hepática no debemos olvidar la posible acción favorecedora de hipoglucemia en DM2 con nutrición inadecuada y tratamiento con insulina o fármacos insulinosecretores.

Con objeto de beneficiarse de la pretendida acción elevadora de los niveles de HDL-colesterol, en ausencia de contraindicaciones, no existe por otra parte inconveniente en permitir la toma de una o dos unidades diarias de alcohol (uno o dos vaso de vino o cerveza)

-Alimentos especiales para diabéticos. No son recomendables por tres motivos básicos: intervención en su elaboración de edulcorantes no exentos de valor calórico, falta de veracidad en la composición exacta de nutrientes que figura en el etiquetado y posible influencia negativa en la autodisciplina que debe tener el diabético en cuánto al cumplimiento de la dieta.

Ejercicio físico

El ejercicio físico realizado de forma esporádica por un sujeto normal favorece el consumo de glucosa por el músculo, debido principalmente a que la contracción muscular aumenta localmente el flujo sanguíneo capilar y mejora la sensibilidad insulínica (incremento del número de transportadores de glucosa Glut-4 y activación de la glucogenosintetasa y otros enzimas glicolíticos). Para mantener la normoglucemia durante el ejercicio físico se producen diversas adaptaciones hormonales, caracterizadas principalmente por incremento en los niveles de catecolaminas, glucagón, cortisol y hormona de crecimiento (GH), así como por disminución de los de insulina. Estas modificaciones tratan de aumentar la oferta de glucosa (glucogenolisis y neoglucogénesis hepáticas) y ácidos grasos libres (lipólisis adipocitaria) al músculo; al tiempo que controlan su utilización por el mismo. Con posterioridad a la finalización del ejercicio (pasadas a veces 8 ó 10 horas), suele aumentar de manera fisiológica la captación de glucosa por el músculo para reabastecer los depósitos glucógenicos.

La práctica aislada de ejercicio físico puede resultar útil para el control metabólico diario en el diabético tipo 2. Realizado después de las comidas ayuda a mejorar los perfiles glucémicos posprandiales. En sujetos tratados con insulina favorece, asimismo, la disminución de sus necesidades diarias; siendo importante, a la hora de llevarlo a cabo, la consideración de aspectos tales como su intensidad y duración, control metabólico previo del paciente (no recomendable ante cifras de glucemia superiores a 250 mg./dl),pauta de insulinoterapia y características de la ingesta alimentaria. En personas tratadas con antidiabéticos orales de acción insulinosecretora (sulfanilureas y repaglinida) puede ser necesaria la disminución de su dosificación, con objeto de evitar la aparición de hipoglucemia.

De más interes que el ejercicio físico realizado esporádicamente, es la práctica de programas reglados de ejercicio que se efectúan de forma ordenada, siguiendo un plan predeterminado, y que conllevan a diferentes beneficios tales como: mejoría del perfil glucémico y de la sensibilidad insulínica, reducción de las necesidades insulínicas o de la dosis de antidiabéticos orales, reducción de la tensión arterial, disminución de triglicéridos plasmáticos y aumento de HDL-colesterol, incremento de la fibrinolisis, mejoría de la función miocárdica, disminución de peso y redistribución de la grasa corporal, mejoría del estado psíquico y de la calidad de vida.

Los referidos programas parecen ser especialmente útiles en pacientes menores de 60 años, hiperinsulinémicos, con glucemias basales inferiores a 200 mg./dl. y sin otros trastornos acompañantes.

Por lo que se refiere a posibles riesgos o efectos adversos de la práctica de ejercicio físico en la DM2, podemos agruparlos en los siguientes apartados.

Riesgos cardiovasculares

*Disfunción cardíaca, arrtimias e insuficiencia coronaria aguda (presencia de cardiopatía isquémica a menudo silente).

*Incremento de presión arterial.

*Hipotensión ortostática post-ejercicio (agravada por neuropatía autonómica).

Riesgos microvasculares

*Aparición hemorragia retiniana o desprendimiento retiniano (retinopatía diabética proliferativa).

*Aumento de proteinuria (nefropatía diabética).

Riesgos metabólicos

*Favorecimiento de hiperglucemia en sujetos mal controlados.

*Hipoglucemia en pacientes tratados con insulina ó antidiabéticos orales insulinosecretores (durante y post-ejercicio).

Riesgos aparato locomotor

*Úlceras en pies (presencia de neuropatía diabética).

*Lesiones de partes blandas en relación con neuropatía.

*Incremento lesiones degenerativas articulares.

A la hora de recomendar la práctica de un "programa reglado" de ejercicio físico será necesaria la consideración de los siguientes aspectos: determinación de control glucémico, examen cardiovascular (control tensión arterial, pulsos periféricos, auscultación cardiopulmonar, ECG basal o post-esfuerzo), valoración lipídica, examen neurológico y exploración de extremidades inferiores, determinación de capacidad de trabajo (respuesta de la frecuencia cardíaca o estudio de consumo de oxígeno) y examen de fondo de ojo.

En otro orden de cosas se tendrán en cuenta los siguientes consejos sobre el ejercicio físico a llevar a cabo.

Tipo de ejercicio

Preferencia de ejercicios aeróbicos, con la posible adición de ejercicios moderados de resistencia.

Intensidad

No superar 60-70 por ciento de frecuencia cardíaca máxima o de 50-75 por ciento de capacidad aeróbica máxima.

Duración

Abarcará 30 minutos por sesión (5 minutos previos y posteriores respectivos de calentamiento y enfriamiento).

Frecuencia

Comprenderá 3-4 sesiones semanales.

En la realidad de la asistencia sanitaria actual y dadas las circunstancias de la vida cotidiana del diabético, la práctica de estos programas suele ciertamente ser difícil de cumplimentar. Alternativamente, será prudente recomendar al paciente la práctica habitual de ejercicio físico o deporte, adaptados a sus gustos y características clínicas.

Farmacoterapia

A la hora de considerar el tratamiento farmacológico en la DM2 existen diferentes alternativas terapeúticas que quedan esquematizadas a continuación.

* Fármacos de uso clínico habitual

· Antidiabéticos orales

- Secretagogos insulínicos

. sulfanilureas

. meglitinidas (repaglinida)

. derivados D-fenilalanina (nateglinida)

- Biguanidas

- Glitazonas

· Insulina

*Fármacos en fase experimental

· Estimuladores secreción insulínica (antagonistas a-2 adrenérgicos, GLP-1 o "glucagon like-peptide")

· Reducción insulinorresistencia (IGF-1 o " insulin growth factor", agentes anti TNF-alfa)

· Inhibidores neoglucogénesis (vanadato)

· Modificación metabolismo ácidos grasos (aumento utilización periférica de glucosa y/ó disminución de neoglucogénesis)

- inhibidores lipólisis (acipimox, agonistas receptores adenosina A1)

- inhibidores oxidación ácidos grasos (methylpalmoxirato, etomoxir)

· Antagonismo glucagón (pramlintide)

· Retraso vaciamiento gástrico (pramlintide)

· Favorecimiento pérdida de peso (acción indirecta)

- agentes anorexígenos

- inhibidores lipasas enteropancreáticas

- agonistas beta-3 adrenérgicos

- agonistas neuropéptido y

Acto seguido nos centraremos en el análisis de aquellos fármacos de uso habitual en el momento presente.

Antidiabéticos orales

Sulfanilureas (SU)

En 1956 se empleó como fármaco hipoglucemiante el primer compuesto de la familia de las sulfonilureas (tolbutamida), surgiendo a partir de entonces nuevas moléculas derivadas del núcleo original activo (benzeno-sulfanilureico). Así, y con el paso del tiempo, podemos agruparlas en sulfanilureas de primera (tolbutamida, clorpropamida, acetohexamida, tolazamida), segunda (glibenclamida, glipizida, glibornurida, gliclazida y gliquidone) y tercera generación (glimepirida), siendo las de segunda y tercera generación las más empleadas en la actualidad.

En cuánto a aspectos farmacodinámicos, es de referir como la absorción intestinal de las SU se ve disminuida por la presencia de hiperglucemia. Una vez absorbidas, las SU de 1ª generación se ligan a proteínas plasmáticas, preferentemente a albúmina (88-99 por ciento), compitiendo en su unión con determinados fármacos que pueden potenciar la acción hipoglucemiante (salicilatos, fenilbutazona). Las sulfanilureas de 2ª y 3ª generación presentan por su parte una escasa unión a proteínas.

La vida media oscila aproximadamente de 3 horas (acetohexamida, glipizida) a 36 horas (clorpropamida), variando la duración de acción de 6 a 72 horas.

Se pueden excretar prácticamente inalteradas por vía renal (clorpropamida) o bien de forma mixta por vía renal y biliar, previa transformación en metabolitos activos o inactivos a nivel hepático.

La persistencia de niveles plasmáticos elevados de SU puede a largo plazo producir una desensibilización de su actividad, por disminución del número de receptores a nivel de célula beta pancreática ("down-regulation")

Por lo que se refiere a su mecanismo de acción, estos fármacos ejercen su actividad fundamental aumentando la liberación pancreática de insulina. Para ello se unen a un receptor sito en la membrana de la célula beta, en íntima relación con los canales de K+(ATP dependientes). Esta unión provoca un cierre de los mismos con apertura ulterior de los canales de Ca++, lo que aumenta el contenido intracelular de este ion y trae como consecuencia la exocitosis insulínica. Se ha comprobado la existencia de diferentes receptores para las SU; así en el caso de la glibenclamida la unión se realiza a una subunidad proteica de 140 kD, y la glimepirida a una subunidad de 65 kD. Se ha descrito la existencia de receptores de SU en cerebro, miocardio y células musculares lisas. A nivel miocárdico la oclusión de los canales de K+, vehiculada por la acción de las SU, puede comprometer la respuesta compensadora cardíaca a la isquemia coronaria, circunstancia que podría condicionar teóricamente un efecto favorecedor del desarrollo de complicaciones cardiovasculares. La glimepirida parece mostrar una menor capacidad de unión a receptores miocárdicos que otras sulfanilureas.

Con respecto a una posible acción extrapancreática hipoglucemiante de las SU, si bien existen datos aislados de su posible actividad directa a nivel hepático (inhibición liberación hepática de glucosa) o muscular (utilización de glucosa), la hipótesis más admitida es que, fundamentalmente, se trata de acciones indirectas secundarias al aumento de liberación pancreática de insulina y al propio descenso inicial de la glucemia (corrección de la "glucotoxicidad").

Las sulfanilureas, como drogas insulinosecretoras, pueden indicarse ante la presencias de las siguentes situaciones clínicas y/o bioquímicas.

· Comienzo de diabetes después de los 30 años.

· Existencia de función residual de la célula beta.

· Ausencia de anticuerpos anti-islotes pancreáticos (anti GAD, anti IA2).

· Duración de diabetes menor de 5 años.

· Peso normal o moderada obesidad.

· No control metabólico con tratamiento previo de dieta y ejercicio físico.

· Glucemia basal < 250 mg./dl.

Es obvia la efectividad de las SU como monoterapia en la diabetes tipo 2, observándose un descenso manifiesto de la glucemia basal, glucemia posprandial y de la HbA1c (1-2 por ciento). Su empleo se sigue a veces de un incremento de peso, en relación con el hiperinsulinismo endógeno que condicionan.

Se contraindicará su uso en DM1 y en diabetes pancreopriva, así como ante la concomitancia de embarazo, cirugía mayor, infecciones severas, estrés, traumatismo, hepatopatía o nefropatía manifiestas, desnutrición y reacciones alérgicas adversas.

Las SU se administrarán 15 a 30 minutos antes de la ingesta, en una a tres dosis diarias, dependiendo de su perfil de acción.

No tienen razón de uso en el momento presente las SU de 1ª generación, en especial la clorpropamida, por su larga vida media (mayor posibilidad de hipoglucemias). En el momento actual las SU más empleadas son la glibenclamida, glipizida, gliclacida y glimepirida.

La glipizida, debido a su corta duración de acción, puede administrarse en varias tomas diarias antes de comidas, siendo útil en ancianos. Con respecto a la gliclacida se han descrito una serie de efectos complementarios a su actividad hipoglucemiante: disminución de actividad plaquetaria, aumento de fibrinolisis y acción "scavenger" sobre radicales libres de oxígeno.

La glimepirida es especialmente útil porque condiciona un menor hiperinsulinismo endógeno y por ende menos incidencia de hipoglucemias, al tiempo que presenta un rápido comienzo de acción y una mayor duración de su efecto, lo que permite que pueda ser utilizada en una única administración diaria.

En la Tabla IV se expresan algunas características farmacológicas y clínicas de las principales sulfanilureas

TABLA IV
CARACTERÍSTICAS FARMACOLÓGICAS DE LAS SULFANILUREAS

Fármaco

Rango dosis
(mg.)

Número
tomas

Vida media (hr)

Duración
efecto (hr.)

Excreción(%)
renal / biliar

Tolbutamida

500-3000

3

4,5-6,5

6-10

100 / 0

Acetohexamida

250-1500

2

1-3

12-18

100 / 0

Tolazamida

100-1000

1-2

7

16-24

100 / 0

Clorpropamida

100-500

1

36

24-72

100 / 0

Glibenclamida

2,5-20

1-2

10

16-24

50 / 50

Glipizida

2,5-20

1-3

2-4

12-16

85 / 15

Gliclazida

80-240

1-2

8-12

10-20

65 / 35

Glimepirida

1-8

1

9

24

60-40

El empleo de las SU se sigue de determinadas interacciones con el uso de ciertos fármacos, dando lugar a las siguientes situaciones clínicas:

· Favorecimiento de hiperglucemia.

- Antagonismo de la acción insulínica (diuréticos, ß-bloqueantes, ácido nicotínico, esteroides...).

- Inhibición de la secreción de insulina (diuréticos,ß-bloqueantes, difenilhidantoínas...).

- Aumento del metabolismo de las sulfanilureas (barbitúricos, rifampicina...).

· Favorecimiento de hipoglucemia.

- Desplazamiento de sulfanilureas de su unión a la albúmina (aspirina, fibratos, trimetoprim).

- Inhibicíón de la excreción renal de sulfanilureas (probenecid, alopurinol).

- Aumento de secreción insulínica (aspirina a bajas dosis, sustancias prostaglandinas-like).

- Inhibición de la neoglucogénesis (alcohol).

- Alteración de la contrarregulación hormonal (ß-bloqueantes).

- Inhibición competitiva del metabolismo de las sulfanilureas (bloqueantes H2, alcohol).

· Otras interacciones.

- Desplazamiento de drogas unidas a proteínas, potenciando el efecto de las mismas (dicumarínicos). Esta competición está prácticamente limitada a las sulfanilureas de primera generación.

La administración de sulfanilureas puede conducir a la aparición de diferentes efectos secundarios: hipoglucemia, alteraciones gastrointestinales (vómitos), dermopatías (exantemas, urticaria..), hepatotoxicidad (elevaciones enzimáticas), hemopatías (anemia hemolítica, plaquetopenia, agranulocitosis..), hiponatremia dilucional (uso de clorpropamida), efecto "seudoantabus" (uso de clorpropamida), etc.

Todos ellos son relativamente raros, a excepción de la aparición de hipoglucemias. Está última complicación se ha descrito especialmente con el empleo de clorpropamida y glibenclamida, llamando la atención entre los posibles factores favorecedores la edad avanzada, estado nutricional deficiente, presencia de hepatopatía y/o nefropatía y alcoholismo.

El tratamiento de la DM2 con sulfanilureas, al igual que ocurre con el empleo de otros antidiabéticos orales, puede seguirse con el tiempo de una falta de respuesta terapeútica o fracaso terapéutico secundario. La tasa anual de estos fracasos es de un 5 por ciento, pudiendo ser permanentes o transitorios.

Dentro de las causas de fracaso secundario pueden distinguirse las siguientes, en relación con los presentes aspectos.

· Historia natural de la diabetes tipo 2:

- Fracaso progresivo de la célula beta

- Diabetes tipo LADA "(latent autoinmunity diabetes adult)"

- Progresión de la resistencia insulínica

· Factores relacionados con el paciente:

- Fracaso de la dieta/ganancia de peso

- Pobre cumplimiento del tratamiento

- Inactividad física

- Estrés y enfermedades intercurrentes

· Factores relacionados con el tratamiento:

- "Glucotoxicidad"

- Taquifilaxia subsiguiente a exposición crónica a sulfanilureas

- Dosis inadecuadas de sulfanilureas

- Absorción alterada de sulfanilureas por la hiperglucemia

- Uso simultáneo de drogas diabetógenas (esteroides, diuréticos, ß-bloqueantes)

Otros antidiabéticos orales insulinosecretores

Pertenecen a este grupo las meglitinidas, de las que forma parte la repaglinida (derivado carbamylmetil del ácido benzoico), y un derivado de la D-fenilalanina o nateglinida, en fase avanzada de experimentación clínica.

Estos fármacos presentan acción insulinosecretora, para lo que se unen previamente a receptores específicos en la membrana de la célula beta pancreática (independientesde los existentes para las sulfanilureas), favoreciendo el cierre de los canales de K+ ATP dependientes y permitiendo la ulterior entrada de calcio a la célula. Intervienen estimulando la fase precoz de secreción insulínica, mostrando un más rápido comienzo de acción y una menor duración de actividad que las sulfanilureas.

La repaglinida alcanza el pico máximo de acción a las 0,6 horas. Se liga a proteínas en un 98 por ciento, su vida media es de 0,5-1,4 horas y la duración del efecto alcanza unas 4 horas. Se metaboliza en un 98 por ciento a nivel hepático, originando compuestos sin acción hipoglucemiante. El fármaco no metabolizado y los compuestos antes aludidos se eliminan en un 90 por ciento por heces y en un 10 por ciento por orina.

Su indicación terapeútica es idéntica a la de las sulfanilureas. Dada su corta vida media se emplean en tres dosis diarias preprandiales, permitiendo una mayor flexibilidad en los horarios de las comidas y en ocasiones el "olvido" de una de ellas. El rango de dosis diaria total oscila entre 1,5-12 mg para la repaglinida y de 90-360 mg. para la nateglinida.

Utilizadas como monoterapia se ha comprobado su efectividad en cuanto a descenso de niveles de glucemia basal y posprandial (actuación sobre fase precoz insulinosecretora), así como de HbA1c (1-2 por ciento). Presentan como efectos secundarios principales la presencia de hipoglucemia y un posible discreto aumento de peso.

Biguanidas

En la década de los años 50 comienzan a utilizarse en clínica de manera sistemática estos compuestos (fenformina, metformina y buformina), derivados de un nucleo común biguanidínico.

Dejando a un lado su presunta acción favorecedora de morbilidad y mortalidad cardiovascular (UGDP, 1970), no confirmada con posterioridad, en 1977 y como consecuencia de la recogida de determinados casos de acidosis láctica (por mala indicación de su uso como se comprobó después) se proscribe por la FDA el uso de la fenformina en EE.UU., manteniéndose, no obstante, en Europa el empleo de la buformina y metformina (drogas con menor acción lactacidógena).

A partir de posteriores estudios clínicos con metformina, llevados a cabo en la década de los 90 en EE.UU., se admite finalmente por la precitada FDA la utilización terapeútica de esta biguanida; única que en el momento actual se emplea en la práctica diaria y a la que exclusivamente nos referiremos.

El mecanismo de acción de la metformina reconoce diferentes vías, que podemos resumir de la presente forma.

· Acción a nivel general:

- Reducción de la liberación hepática de glucosa (inhibición neoglucogénesis).

- Aumento de la utilización muscular de glucosa.

- Inhibición de la lipólisis adipocitaria.

· Acción a nivel celular:

- Aumento de número o afinidad de receptores insulínicos (poco probable).

- Aumento de la actividad tirosina-kinasa del receptor

- Aumento de transportadores de glucosa (Glut-4).

- Aumento de actividad de la glucogenosintetasa muscular.

En el conjunto de todas estas acciones, la inhibición de la neoglucogénesis hepática y el incremento de la utilización periférica de glucosa son, sin lugar a dudas, las predominantes.

Parece que carecen de trascendencia en humanos otros posibles mecanismos de acción tales como la disminución de la absorción intestinal de glucosa o su presunto consumo a nivel de mucosa intestinal (glucolisis anaerobia).

La metformina es una droga no lipofílica, a diferencia de la fenformina y buformina, con la consiguiente menor capacidad para fijarse a la membrana mitocondrial e inhibir posteriormente la fosforilización oxidativa. De ahí, la escasa posibilidad de modificar el turnover del ácido láctico y la menor posibilidad de generar una acidosis láctica.

Es preciso reseñar como la metformina, una vez absorbida, no se liga a proteínas plasmáticas y se excreta inalterada por orina sin previa metabolización hepática. Su vida media es de 2-5 horas y la duración de acción se extiende a unas 12 horas. A nivel renal sufre un proceso de filtración glomerular y de secreción tubular proximal, que puede verse interferido por la administración simultánea de cimetidina..

Las indicaciones de su empleo son similares, en líneas generales, a las referidas para las sulfanilureas, existiendo como indicación especial su utilización en diabéticos tipo 2 obesos. En este sentido, el estudio UKPDS (1998) ha puesto de manifiesto como su empleo en este grupo de diabéticos, independientemente de la consecución del oportuno control glucémico, se sigue a largo plazo de una disminución del desarrollo de complicaciones ateroscleróticas (infarto de miocardio e ictus) y microangiopáticas, así como de la mortalidad global relacionada con la diabetes.

En cuánto a las posibles contraindicaciones para la administración de metformina, podemos citar las siguientes circunstancias: insuficiencia renal (creatinina plasmática > 1,5 mg./dl. en hombres o > 1,4 mg./dl. en mujeres), hepatopatía crónica, insuficiencia cardíaca congestiva, embarazo y lactancia, historia de etilismo, administración de contrastes iodados intravenosos (fracaso renal), concomitancia de cirugía o procesos médicos graves (infecciones, hipoxia tisular). De todos ellas, la más importante es la existencia de insuficiencia renal.

Con respecto a su uso en diabéticos ancianos, la edad "per se" no constituye una contraindicación absoluta, a no ser que exista sobreañadida insuficiencia renal o alguno de los factores antes enumerados.

La dosis diaria de metformina a administrar oscila de 850 a 2550 mg., en una a tres tomas.

La metformina es una droga normoglucemiante que consigue en monoterapia un descenso medio de glucemia basal de 60-70 mg./dl. y de HbA1c de 1-2 por ciento, al tiempo que no aumenta o bien puede disminuir los valores insulinémicos. Ejerce, asimismo, una acción directa sobre el metabolismo lipídico, descendiendo los niveles de triglicéridos (20-25 por ciento) y de colesterol total plasmáticos (5-10 por ciento), al tiempo que presenta una comprobada acción fibrinolítica (disminución PAI-1).

Su uso puede acompañarse de una discreta anorexia que, junto con otras modificaciones metabólicas, puede condicionar una estabilización o disminución de la situación ponderal.

Como efectos secundarios de su utilización, el más frecuentemente referido (hasta un 20 por ciento de casos) es la aparición de molestias gastrointestinales (nauseas, vómitos, anorexia, sabor metálico y dolor abdominal) que en ocasiones ceden pero que en otras circunstancias pueden condicionar el abandono de la medicación. La posible presentación de acidosis láctica es la complicación más grave, habiéndose descrito con el empleo de metformina una incidencia de 3/100.000 pacientes x año, tasa muy inferior a la referida para la fenformina. Sólo en sujetos con patologías graves que pueden conducir a hipoxia (sepsis, insuficiencia cardíaca congestiva, etilismo, neumopatía...) o en presencia de insuficiencia renal aguda o crónica existe una cierta posibilidad del desarrollo de acidosis láctica en sujetos tratados con metformina.

Se ha descrito algún caso aislado de anemia perniciosiforme, por interferencia de la absorción intestinal de vitamina B12. Las biguanidas no producen hipoglucemias al tratarse de fármacos simplemente normoglucemiantes.

Inhibidores de las alfa-glucosidasas intestinales (IAG)

Forman parte de este grupo tres fármacos, la acarbosa (pseudotetrasacárido de origen microbiano), el miglitol (derivado de la deoxynojirmycina) y la voglibosa (derivado de la valiolamina), de los cuales sólo los dos primeros se usan actualmente en la práctica clínica.

La acción fundamental de estos compuestos radica en una disminución de la absorción de glucosa como consecuencia de una alteración en la digestión intestinal de los carbohidratos. Actúan inhibiendo competitivamente la unión de las alfa-glucosidasas intestinales a los diferentes oligosacáridos y disacáridos, a nivel de la mucosa yeyuno-ileal. La acarbosa ejerce su acción inhibidora sobre glucoamilasa, dextrinasa, maltasa, isomaltasa y sacarasa, siendo más escasa sobre la lactasa. El miglitol no ejerce acción alguna sobre la lactasa ni sobre la amilasa pancreática. Los carbohidratos no digeridos se eliminan a lo largo del tubo digestivo, sufriendo en intestino grueso la correspondiente transformación en ácidos grasos de cadena corta, metano y CO2.

Se ha comprobado también como la administración de acarbosa se sigue de un aumento en la liberación intestinal de GLP-1 ("glucagon like peptide") y de una disminución de la secreción de GIP ("gastric inhibitpry polypeptide"), estando comprobado como el GLP-1 estimula la la liberación de insulina y disminuye la secreción pancreática de glucagón, al tiempo que produce un retardo del vaciamiento gástrico.

Existen trabajos aislados en sujetos hiperinsulinémmicos con intolerancia glucídica, en los que la administración de acarbosa o voglibosa mejora la sensibilidad insulínica.

Por lo que se refiere a la farmacodinamia de estos compuestos, señalemos que acarbosa y voglibosa se absorben en un 0,5-1,7 por ciento y en un 3-5 por ciento, respectivamente, al tiempo que el miglitol lo hace en casi su totalidad, eliminándose inmodificado por vía renal. La acarbosa se metaboliza en intestino grueso, en dónde por acción bacteriana se producen derivados tipo methylpirogalol, apareciendo posteriormente estos metabolitos en orina.

Los IAG presentan las mismas indicaciones clínicas generales que los demás antidiabéticos orales, si bien parece más recomendable su uso como momoterapia en aquellas DM2 con glucemia basal normal o ligeramente elevada (< 150 mg./dl.) y manifiesta hiperglucemia posprandial, dado que este último parámetro es el fundamentalmente modificado en la terapia con estas drogas. Serían especialmente recomendables en diabéticos ancianos, en dónde el uso de sulfanilureas puede favorecer la presencia de hipoglucemias y el empleo de metformina puede presentar alguna contraindicación.

Los IAG no deben emplearse en circunstancias tales como: pacientes con patología gastrointestinal previa (enfermedades inflamatorias intestinales, úlceras colónicas, obstrucciones parciales intestinales y gastroparesia), embarazo y lactancia, niveles de creatinina sérica > 2 mg./dl. (en especial miglitol) o presencia de cirrosis hepática.

El uso clínico de los IAG se sigue de un descenso predominante de la glucemia posprandial (50 mg./dl.) y en menor medida de la glucemia basal (15-30 mg./dl.), como posible consecuencia indirecta de una disminución de la "glucotoxicidad" al corregirse la primera. La HbA1c suele descender en unos valores medios de 0,5 a 1 por ciento. Se ha descrito un decremento de los valores insulinémicos y de la tasa de triglicéridos plasmáticos, no encontrándose por otra parte cambios en el peso corporal.

La acarbosa y el miglitol comenzarán a administrarse en tres dosis diarias de 25 mg., al comienzo de las principales comidas, para luego ir incrementándose progresivamente hasta tres dosis de 100 mg.

Dentro de los efectos secundarios de los IAG está la presencia de flatulencia, meteorismo, molestias abdominales y diarreas, que pueden presentarse inicialmente hasta en un 20 por ciento de pacientes. Estas molestias son menores con el empleo inicial de dosis bajas de fármaco y suelen disminuir espontáneamente a lo largo del tratamiento, por redistribución con el tiempo de los enzimas digestivos a lo largo del intestino. No se ha confirmado malabsorción de carbohidratos a largo plazo. Con el uso de dosis elevadas de acarbosa se han descrito elevaciones transitorias de transaminasas que no impiden la continuación del tratamiento.

La administración de acarbosa o miglitol, como monoterapia, no produce hipoglucemia, ya que se trata de fármacos normoglucemiantes. En terapia asociada con insulina o antidiabéticos orales insulinsecretagogos (sulfanilureas ó repaglinida), al presentarse ocasionalmente hipoglucemias, éstas deberán controlarse con el empleo de glucosa (monosacárido) pero no con sacarosa.

Glitazonas

Son fármacos que proceden de una estructura común "thiazolidine-2,4-diona", cuyo primer componente la ciglitazona se ensayó experimentalmente en 1982. Posteriormente, comienzan a emplearse en clínica la troglitazona, rosiglitazona y pioglitazona, habiendo sido retirada del mercado recientemente por grave toxicidad hepática la primera de ellas.

Las glitazonas son compuestos "insulinosensibilizadores" que actúan a través de su unión a receptores nucleares PPAR-gamma ("peroxisome proliferator-activated receptors"), facilitando la transcripción de diferentes genes de proteínas o enzimas que intervienen en el metabolismo hidrocarbonado y lipídico. Favorecen por un lado la insulinosensibilización a nivel hepático (disminución de liberación de glucosa) y a nivel muscular y adipocitario (utilización periférica de glucosa). Por otro, facilitan la diferenciación adipocitaria y promueven la lipogénesis y la actividad de la lipoproteinlipasa y tienden a descender la tasa de ácidos grasos libres y triglicéridos.

Una vez administradas, la rosiglitazona y pioglitazona presentan un pico máximo de concentración en sangre a 1 y 2 horas respectivamente. Se ligan a proteínas séricas en un 98-99 por ciento. La rosiglitazona se administra en una o dos tomas diarias (2-8 mg. /día) y la pioglitazona en una toma (15-45 mg /día.).

Las indicaciones de tratamiento con glitazonas son las generales de los antidiabéticos orales, con especial preferencia para pacientes con insulinorresistencia (diabéticos obesos), presentando como contraindicación específica la presencia de hepatopatía. No se recomienda su uso en personas con insuficiencia cardíaca clases III-IV de la New York Heart Association (NYHA), por la posible tendencia a una cierta expansión de volumen o a un dudoso engrosamiento miocárdico (dato experimental en roedores no comprobado en humanos).

Las glitazonas se demuestran efectivas, disminuyendo los niveles de glucemia basal (30-50 mg.) y HbA1c (0,5-1,5 por ciento). No modifican o disminuyen discretamente la insulinemia. Con respecto al perfil lipídico la pioglitazona parece ser la glitazona más efectiva, al reducir los niveles de triglicéridos y aumentar los de HDL-colesterol, al tiempo que la rosiglitazona parece incrementar los valores de HDL-colesterol y de LDL-colesterol.

Los efectos secundarios. más o menos discutibles, derivados de la utilización de estos fármacos son un posible aumento transitorio de la cifra de transaminasas, incremento ponderal, reducción de hematocrito (expansión de volumen) y aparición de edemas. Por lo que se refiere a la posible elevación de transaminasas con el empleo de rosiglitazona o pioglitazona, no existen en algún trabajo prácticamente diferencias comparativas con el uso de placebo, si bien es recomendable la vigilancia analítica de los diabéticos sometidos a este tipo de tratamiento. En cuanto al aumento de peso, generado por las glitazonas, éste puede obedecer en último término a diferentes factores (aumento de apetito, diferenciación adipocitos). Es de reseñar, sin embargo, que con el uso de troglitazona, a la vez que se refiere un aumento de peso, se ha descrito una redistribución de la grasa corporal con descenso del índice cintura/cadera, que como sabemos constituye un marcador de riesgo aterogénico.

Consideraciones prácticas generales respecto a la terapia con antidiabéticos orales

A la vista de lo hasta aquí analizado, y a la hora de abordar el tratamiento de la DM2 con antidiabéticos orales(AO), es preciso hacernos las siguientes preguntas.

¿Cuándo comenzar a utilizar los AO?

Teniendo en cuenta la historia natural de la DM2, durante la fase de intolerancia glucídica y en el período inicial del desarrollo de la diabetes, cuando suele predominar la insulinorresistencia, la realización de una dieta adecuada (hipocalórica en el caso del diabético obeso) y la práctica de ejercicio físico pueden ser suficientes para la consecución de un adecuado control metabólico. Cuando éste no se consiguiese habrá entonces que acudir al empleo de AO.

¿Cuál es el AO de elección?

A la hora de decidirse por el empleo de un AO, tenemos que tener en cuenta determinados aspectos relacionados con la fisiopatología de la DM2.

-La DM2 se caracteriza por la existencia en mayor o menor grado de insulinorresistencia y/o un déficit insulinosecretor, de ahí la consideración de tener en cuenta en cada momento el mecanismo de acción del fármaco a utilizar. Como ya hemos antes comentado, algunos presentan acción insulinosecretora (sulfanilureas, repaglinida, nateglina), otros insulinosensibilizadora (metformina, glitazonas) y otros actúan retrasando la absorción intestinal glucosa (inhibidores alfa-glucosidasas intestinales).

-En el comienzo de la DM2 suele predominar la insulinorresistencia para, posteriormente, sobreañadirse un fracaso de la célula beta pancreática. Así en fases precoces de su evolución, en especial en sujetos obesos, puede acudirse al empleo de drogas insulinosensibilizadoras (metformina, glitazonas), al tiempo que en fases avanzadas será recomendable el uso de fármacos insulinosecretores (sulfanilureas, repaglinida).

-Se deberá procurar controlar tanto la hiperglucemia basal (relacionada con un aumento de la liberación hepática de glucosa) como la hiperglucemia posprandial (debida a un aumento de la liberación hepática de glucosa y a una disminución de su utilización periférica), a la que en los últimos años se viene dando gran valor como factor de riesgo predictor de morbilidad y mortalidad cardiovascular a largo plazo. Si bien todos los fármacos actúan en mayor o menor grado sobre la glucemia basal, los inhibidores de las alfa-glucosidasas y la repaglinida contribuyen más eficazmente a la corrección de la hiperglucemia posingesta. Los inhibidores de las alfa-glucosidasas retardando la absorción de glucosa, la repaglinida favoreciendo un aumento precoz de la secreción insulínica.

-Por último será preciso tener en cuenta otros aspectos relacionados con la farmacocinética, farmacodinamia y efectos secundarios de los diferentes AO.

Insulina

La administración de insulina trata de corregir la alteración básica de la diabetes que es la disminución global de la actividad insulínica, bien sea debida a un defecto de su secreción o a una disminución de su sensibilidad periférica (alteraciones fisiopatológicas claves de la DM2). Su empleo va a seguirse de una disminución de la liberación hepática de glucosa (inhibición de glucogenolisis y neoglucogénesis hepática) y de aumento de su utilización a nivel muscular y del adipocito, circunstancias ambas que contribuyen a corregir la hiperglucemia.

Desde 1927 viene empleándose la insulina en el tratamiento de la diabetes. En un principio se utilizaron insulinas de procedencia bovina o porcina, en especial ésta última, diferenciable únicamente de la insulina humana en el aminoácido 30 de la cadena B (alanina en vez de treonina). Posteriormente, partiendo de la insulina porcina, y a través de un proceso de transpeptidación del citado aminoácido 30B, se obtienen para su utilización clínica las denominadas insulinas humanas semisintéticas. En la actualidad, la totalidad de insulinas empleadas son las conocidas como insulinas humanas biosintéticas, fabricadas por técnicas de recombinación genética a partir de cultivos de bacterias (E. Coli) o levaduras.

Hace unos años comienza a usarse un "análogo insulínico de acción rápida", como es la insulina lispro (LysB28-ProB29), derivada del intercambio en las referidas posiciones de los aminoácidos lisina y prolina. En fase de próxima comercialización se encuentra otro análogo de acción rápida, la insulina aspart (AspB28), en la que se ha efectuado un intercambio de prolina por ácido aspártico. Estos análogos presentan idéntica potencia hipoglucemiante que la insulina humana regular, así como similar unión a receptores e inmunogenicidad. La diferencia sustancial radica en la menor capacidad de autoasociarse sus formas monoméricas para originar dímeros y hexámeros, con lo cuál una vez administradas subcutáneamente se absorben con más rapidez, mostrando un pico insulínico más precoz (1 hora) y elevado y una menor duración de acción (4 horas) que la insulina regular. Su uso clínico ha demostrado una mayor efectividad para controlar la hiperglucemia posprandial, así como la confirmación de un menor desarrollo de hipoglucemias posprandiales tardías y de hipoglucemias nocturnas.

En fase de ensayo clínico con resultados prometedores se encuentran "análogos insulínicos de acción retardada", tal es el caso de la insulina glargina (Glic A21, Arg B31, Arg B32), derivada de modificaciones en la composición de aminoácidos, y adición de dos aminoácidos, o la obtenida por acilación del grupo e-amino de Lys B29 con un ácido graso saturado (a. palmítico).

La insulina en su presentación farmacológica se encuentra unida a agentes preservantes, isotonizantes, sustancias "buffer" y en ocasiones a determinados compuestos que actúan retardando su acción (protamina o zinc en diversas concentraciones).

En la práctica clínica diaria habitual, la insulina se administra por vía subcutánea mediante jeringuillas clásicas, "plumas" con cartuchos sustituibles, jeringuillas o "plumas" precargadas deshechables y ocasionalmente mediante bombas de infusión continua subcutánea (BIS). Algunos grupos aislados tienen amplia experiencia y resultados positivos con respecto al suministro de insulina mediante el uso de bombas de infusión intraperitoneal (BIP), implantadas en tejido subcutáneo abdominal y con el catéter abocado a peritoneo.

En situaciones de descompensación metabólica habrá que acudir como es lógico a la administración de insulina por vía intravenosa adicionada a los sueros a perfundir o bien formando parte de sistemas o bombas de infusión continua intravenosa (BIV).

En la Tabla V se hace referencia al espectro de acción de las insulinas humanas, disponibles en el mercado, tras su administración subcutánea. La insulina NPL es una insulina de acción intermedia que se deriva de la unión de insulina lispro a protamina.

TABLA V
TIPOS DE INSULINAS HUMANAS SEGÚN ESPECTRO DE ACCIÓN

Insulinas

Comienzo (hrs.)

Pico(hrs.)

Duració(hrs.)

Analogos insulina rápida

*Insulina Lispro (Humalog Lilly)

*Insulina Aspart (Novo Nordisk)

 

0-15 min

0,25-0,5

 

30-70 min

1

 

2-5

2-4

Insulina Regular

*Humulina Regular Lilly

*Actrapid Novo

0,5 – 1

2 – 4

6 –8

Insulina intermedia

*Humulina NPH Lilly

*Humulina NPL Lilly

*Insulatard NPH Novo

*Humulina Lenta Lilly

2 – 4

6 – 10

12 – 18

Insulina prolongada

*Humulina Ultralenta Lilly

*Ultralenta Novo

3 – 6

12 – 16

18 – 26

Insulina bifásica (acción rápida + acción intermedia)

  • NPH + Regular
  • Humulina Lilly (10/90 – 20/80 – 30/70 – 40/60 – 50/50)
  • Humaplus Lilly (10/90 – 20/80 – 30/70 – 40/60 - 50/50)
  • Mixtard Novo (10/90 – 20/80 – 30/70 – 40/60 – 50/50)
  • NPL + Insulina Lispro
  • Humalog Mix (25/75 – 50/50)

Independientemente de las mezclas fijas de insulina comercializadas (insulinas bifásicas), el paciente puede acudir a la mezcla manual individual de una insulina de acción rápida (lispro o regular) con una de acción intermedia. (NPL ó NPH) según sus propias necesidades. Las insulinas comercializadas premezcladas son más cómodas para el paciente y muestran una mayor exactitud de dosificación, si bien tienen el inconveniente de la dificultad de adaptarse los porcentajes fijos de ambos tipos de insulina a las necesidades insulínicas diarias cambiantes en cada individuo, según las diferentes circunstancias. No obstante, en el paciente con DM2 esto no suele constituir un problema frecuente, ya que las dosis diarias de insulina a utilizar suelen mostrar menos variaciones que en el paciente con DM1.

Una vez inyectada la insulina en tejido subcutáneo, la absorción puede verse influida por diversos factores: origen de la insulina (humana o porcina), espectro de acción (insulina regular, insulina retardada, análogos insulínicos), características físicas (insulina soluble vs. cristalina, volumen y concentración), características de la inyección (zona corporal, profundidad), factores locales (aplicación de calor o frío, masaje, ejercicio, lipodistrofia, obesidad, degradación subcutánea de insulina), factores sistémicos (hipoglucemia, tabaco, cetoacidosis) y la existencia de variaciones inter e intraindividuales.

Las indicaciones de la insulinoterapia en el tratamiento de la DM2 quedan resumidas en las siguientes circunstancias, a continuación enumeradas:

*Cuando el control metabólico no sea adecuado con la administración de dieta y antidiabéticos orales, al haber claudicado la función de la célula beta frente a la insulinorresistencia periférica.

*En presencia de hepatopatía o nefropatía

*Ante la existencia de situaciones hiperosmolares no cetósicas o de ¿cetoacidosis?

*Durante el embarazo

*En presencia de pérdida de peso importante

*Cuando surjan circunstancias potencialmente descompensadoras de la diabetes: cirugía, traumatismos, infecciones, etc.

*En la diabetes tipo LADA ("latent autoinmunity diabetes adult"), teniendo en cuenta que se trata de DM1 de evolución lenta.

Fuera de estos supuestos se ha defendido por algunos autores el empleo temporal de tratamiento insulínico en la DM2. Esto estaría basado en el hecho de que la corrección de la hiperglucemia mejoraría la "glucotoxicidad", lo que traería como consecuencia un aumento de la secreción insulínica y de la insulinosensibilidad que posibilitaría ulteriormente su sustitución terapéutica por antidiabéticos orales.

En cuanto a pautas de insulinoterapia a emplear en el diabético tipo 2 es preciso señalar las siguientes recomendaciones.

*En situaciones de diabetes con glucemias basales no muy elevadas (140-220 mg./dl.), puede a veces ser suficiente la administración de una dosis nocturna (antes de la cena) de insulina de acción intermedia (NPH o NPL) o prolongada (ultralenta), basándose en el hecho de proporcionar una insulinemia basal que inhiba la liberación hepática de glucosa, lo que tiende a corregir la hiperglucemia basal. La hiperglucemia posprandial puede controlarse con la secreción insulínica pancreática residual. La dosis inicial de insulina a emplear será aproximadamente de 0,3 U./Kg./día.

*Con glucemias basales más elevadas (> 220 mg.), o ante el fracaso de la pauta anterior, se acudirá al empleo de dos dosis de insulina de acción intermedia (NPH o NPL) sólas o asociadas a insulinas de acción rápida (regular ó lispro), en relación con los niveles glucémicos posprandiales. Es con mucho la pauta más empleada en la actualidad en el tratamiento de la DM2. En estas circunstancias las necesidades insulínicas diarias oscilan alrededor de 0,5 a 1 U. /Kg./día, dependiendo del grado de insulinorresistencia del individuo (presencia de obesidad). En determinadas ocasiones va a ser necesario acudir al empleo de pautas de insulinoterapia con dosis múltiples de insulina, similares a las utilizadas en el tratamiento de la DM1, si queremos conseguir un adecuado control. Ocasionalmente, puede ensayarse el uso de BIS, si bien se trata de una práctica excepcional a emplear en el control del paciente diabético tipo 2.

Como resumen, y en orden de complejidad creciente, pueden emplearse las siguientes pautas de insulinoterapia en la diabetes tipo 2.

*Pauta 1

-Insulina intermedia (NPH o NPL) o prolongada (ultralenta) en cena

*Pauta 2

-Insulina intermedia (NPH o NPL) en desayuno y cena

-Insulina intermedia + rápida en desayuno y cena (NPH + regular o NPL + lispro)

*Pauta 3

-Dosis múltiples de insulina

-NPL o NPL + lispro (en desayuno, comida y cena)

-Regular (desayuno)/regular (comida)/regular + NPH (cena

*Pauta 4

-Bombas de infusión continua subcutánea de insulina (BIS)

En cuanto a los efectos secundarios, derivados del tratamiento insulínico, obviamente el más importante es la hipoglucemia, intimamente relacionado con la propia acción de la insulina. Dado el escaso poder inmunogénico de las insulinas actualmente utilizadas, son excepcionales aquellas complicaciones que tienen como base reacciones inmunológicas, tales como las manifestaciones alérgicas insulínicas locales o generalizadas (fenómenos de hipersensibilidad inmediata o retardada) o la posible presencia de lipodistrofias atróficas o situaciones de insulinorresistencia. Por el contrario, pueden presentarse lipodistrofias hipertróficas, en íntima relación con la acción lipogénica local de la insulina. Con motivo de la instauración inicial del tratamiento insulínico en sujetos descontrolados, si bien con menos frecuencia que en la DM1, podemos encontrarnos a veces con la presencia transitoria de edemas maleolares o palpebrales o bien alteraciones de la refracción ocular. Por último es importante recordar en la práctica clínica diaria como la administración de insulina suele seguirse a veces de un evidente incremento ponderal.

Terapia combinada con antidiabéticos orales e insulina

El tratamiento del diabético tipo 2, tanto con sulfanilureas (como antes ya comentamos) como con otros AO, se sigue con el tiempo de una falta de respuesta a los mismos (fracaso terapéutico secundario), lo que nos lleva a la consideración de tres posibles actitudes terapéuticas a recomendar: instauración directa de terapia insulínica, empleo de terapia combinada de AO o asociación de AO e insulina.

A la instauración directa de la insulinoterapia ya hemos hecho referencia, vamos ahora a comentar las otras dos alternativas.

Terapia combinada de AO

En la actualidad, y no sólo ante situaciones de "fracaso secundario", existe una tendencia extendida a propiciar el empleo asociado de dos o más AO, y ello basado en las siguientes posibles ventajas:

*Potenciación de la eficacia de los fármacos, al actuar mediante mecanismos de acción complementarios: actividad insulinosensibilizadora/actividad insulinosecretora/inhibición absorción de glucosa.

*Menores efectos secundarios al emplearse como terapia precoz, no ante "fracasos secundarios", ya que suelen administrarse en dosis más pequeñas.

*Retraso del comienzo de la insulinoterapia, con la consiguiente comodidad del paciente. No obstante, es preciso tener en cuenta que no debemos a veces demorar el tratamiento insulínico, que suele constituir en la mayor parte de los casos el tratamiento definitivo y final de la DM2.

Por lo que se refiere a las pautas terapéuticas a emplear, existen diversas posibilidades de asociación que a continuación enumeramos.

Sulfanilureas/metformina

Existe un efecto sinérgico de estos fármacos al actuar a un doble nivel: insulinosecreción (sulfanilureas) y reducción de la neoglucogénesis hepática (metformina). Se logran reducciones de HbA 1c de 1,5-2 por ciento. Es tal vez la asociación más efectiva empleada en la actualidad, si bien en los últimos años existen algunos estudios que refieren una mayor mortalidad cardiovascular en sujetos sometidos a este tratamiento (UKPDS, 1998). Se indicaría preferentemente en DM2 con o sin sobrepeso, en tratamiento aislado con sulfanilureas o metformina y con deficiente control metabólico.

Sulfanilureas/inhibidores alfa-glucosidasas (IAG)

Se tiende a favorecer la secreción insulínica (sulfanilureas), al tiempo que se retarda la absorción intestinal de glucosa (inhibidores de alfa-glucosidasas intestinales), con lo que se tiende a mejorar la glucemia posprandial. Si surgen hipoglucemias en los individuos sometidos a esta asociación de fármacos, deberán ser tratadas con glucosa exclusivamente (los IAG impiden el desdoblamiento de la sacarosa). Su. empleo preferente radicaría en pacientes diabéticos tipo 2 tratados con sulfanilureas y control metabólico inadecuado, con objeto de corregir fundamentalmente la hipergucemia posingesta

Metformina /Iinhibidores alfa-glucosidasas (IAG)

Se auna la inhibición de la neoglucogénesis (metformina) con la alteración de la absorción intestinal de glucosa(IAG). Pauta con escasa experiencia, motivado en parte por la circunstancia de la posible potenciación de efectos secundarios gastrointestinales que presentan ambos fármacos. Esta asociación se ensayaría en pacientes diabéticos tipo 2 obesos, en tratamiento con metformina, que mantienen deficiente control metabólico con hiperglucemias posprandiales.

Repaglinida/Metformina

La repaglinida mejora la función de la célula beta, actuando con preferencia sobre la fase precoz insulinosecretora y tendiendo así a controlar la hiperglucemia posprandial. La metformina contribuye a mejorar la hiperglucemia basal al inhibir la producción hepática de glucosa. Es una pauta teóricamente muy lógica, con resultados iniciales alentadores, si bien todavía con discreta experiencia. Presentaría indicaciones similares a la asociación sulfanilureas/metformina, con la particularidad de poder teóricamente corregir mejor la hiperglucemia posingesta.

Existen trabajos aislados que han mostrado también la utilidad de la asociación de glitazonas, fármacos insulinosensibilizadores que favorecen la utilización muscular de glucosa, con sulfanilureas o metfotrmina, pero sin tenerse en la actualidad suficientes referencias al respecto

Algunos autores han propugnado a su vez la triple asociación de fármacos insulinosecretagogos (sulfanilureas o repaglinida), insulinosensibilizadores (metformina o glitazonas) e inhibidores de la absorción intestinal glucosa. Existen pocos datos sobre la efectividad de este planteamiento terapeútico, siendo tal vez más recomendable acudir a la terapia insulínica cuando no se consiga el oportuno control metabólico de la diabetes con el uso de dos antidiabéticos orales.

Terapia combinada de AO con insulina

Al igual que la asociación de AO buscaba la acción sinérgica de estas drogas, cara a conseguir un mejor control glucémico, en el tratamiento de la DM2 puede ser también útil, en ocasiones, acudir a la administración conjunta de AO e insulina.

Las posibilidades mejor estudiadas son:

Insulina/Sulfanilureas

La insulina vería potenciada su acción con el empleo de las sulfanilureas, fármacos insulinosecretores y con una cierta acción insulinosensibilizadora (tal vez inespecífica por la mera corrección de la "glucotoxicidad"). Es la pauta con la que se ha adquirido mayor experiencia hasta la actualidad. De los metaanálisis efectuados, comparando su efectividad con la insulinoterapia aislada, parece deducirse la consecución de un similar control metabólico de la diabetes, acompañado de una menor necesidad de aporte de insulina exógena y de un discreto menor incremento de peso. La pauta más recomendable es la administración de insulina de acción intermedia (NPH) en la cena o al acostarse, que mejoraría la hiperglucemia basal (inhibición liberación hepática de glucosa),y el empleo de sulfanilureas durante el día. En este sentido, y en sustitución de las sulfanilureas, puede plantearse el empleo de repaglinida o nateglinida antes de las comidas, drogas de acción corta que estimulando la insulinosecreción precoz ayudarían al mejor control de la glucemia posprandial.

La indicación de la asociación de insulina a sulfanilureas o repaglinida (fármacos insulinosecretagogos) tendría lugar en pacientes diabéticos tipo 2, con normopeso o ligero sobrepeso, que muestran un control inadecuado con terapia aislada de estos AO insulinosecretores.

Insulina/Metformina

La insulina exógena ve favorecida su efectividad por la adición de una droga insulinosensibilizadora, a nivel muscular y preferentemente a nivel hepático. Existen diversos trabajos confirmativos de su utilidad. Es especialmente útil en DM2 con obesidad o sobrepeso que no se controlan con el empleo aislado de insulina. En otras ocasiones se trata de pacientes diabéticos obesos tipo 2 tratados con insulina, en los que la administración simultánea de metformina puede seguirse de una disminución de las necesidades insulínicas diarias, junto con la consecución de un cierto descenso del peso corporal.

Insulina/Inhibidores alfa-glucosidasas (IAG)

Esta asociación tiene su fundamental razón de ser, partiendo de pacientes diabéticos tipo 2 tratados inicialmente con insulina. Puede contribuir a mejorar los niveles glucémicos posprandiales, a disminuir discretamente la dosis de insulina a administrar y a corregir la posible aparición de hipoglucemias nocturnas al ralentizar la absorción intestinal de glucosa. La aparición de hipoglucemias en sujetos sometidos a esta mezcla de fármacos se controlará con la administración de monosacáridos (glucosa), no de disacáridos o polisacáridos.

Insulina/Glitazonas

La asociación de pioglitazona o rosiglitazona (fármacos insulinosensibilizadores) con insulina exógena conlleva un mejor control metabólico con disminución de las necesidades insulínicas diarias, si bien su efecto no parece superior al obtenido con la administración conjunta de insulina y metformina.

Estrategia terapeútica en la diabetes mellitus tipo 2

Partiendo de toda la información suministrada, a la hora de resumir la actitud a tomar cuando se trata de decidir el tratamiento de una persona con DM2 se han barajado diferentes planteamientos. En la figura 3 se expresa una de estas propuestas.

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Figura. 3.- Estrategia terapeútica en la diabetes mellitus tipo 2

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