Se llega a la sospecha diagnóstica de diabetes
mellitus tipo 2, a partir de las siguientes circunstancias:
· Por presencia de sintomatología cardinal diabética (poliuria,
polidipsia, polifagia, pérdida de peso).
· Por aparición de un cuadro de descompensación metabólica aguda
(situación hiperglucémica hiperosmolar no cetósica).
· Con ocasión del diagnóstico de complicaciones
microangiopáticas (retinopatía o neuropatía).
· Por presencia de complicaciones macroangiopáticas (cardiopatía
isquémica, accidentes vasculocerebrales o vasculopatía periférica).
· Debido a la existencia de patologías sugestivas del
acompañamiento de diabetes (obesidad, dislipemia, hipertensión arterial, antecedentes de
macrosomía).
· En relación con el despistaje sistématico de diabetes
gestacional.
· A partir de la realización de estudios epidemiológicos.
Con respecto a la confirmación diagnóstica de diabetes, hasta la
actualidad, los criterios analíticos admitidos obedecían a los propuestos por el NDDG
(1979) o la WHO (1985), que mostraban características similares.
En el año 1997, El Expert Committee American Diabetes Association,
modificó de manera importante estos criterios, incluyendo los siguientes cambios (Tabla
III):
TABLA III.
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DE DIABETES MELLITUS (ADA, 1997) |
Glucemia
plasmática (sangre venosa)(mg./dl.) |
|
Basal |
|
120 min@ |
| Normal |
< 110 |
y |
< 140 |
| IFG |
110-125 |
y |
< 140 |
| IGT |
< 126 |
y |
140-199 |
| Diabetes |
126 |
ó |
200 |
ó glucemia al azar 200 y sintomatología
cardinal
|
|
Independientemente de admitir este nuevo criterio de
normalidad de la glucemia basal, se penso en la conveniencia de que la mera determinación
de la misma debiera ser la elección preferente cara al diagnóstico de la diabetes,
frente a la práctica de la sobrecarga oral de glucosa (SOG), y esto basado en su mejor
reproducibilidad, comodidad de realización y menor consumo de tiempo y coste económico.
Como consecuencia de lo antedicho, la ADA (1997) propugna el uso
aislado de la glucemia basal en investigaciones epidemiológicas, pese a que nos
suministrará valores más bajos de incidencia y prevalencia de la diabetes mellitus que
los referidos por el uso combinado de GB y glucemia 2 horas post-SOG.
En revisión posterior, un grupo consultor de la WHO (1998) ratifica
los criterios de ADA (1997), si bien en el diagnóstico precoz de la diabetes enfatiza la
necesidad de valorar la glucemia post-SOG, ya que la hiperglucemia posprandial suele
preceder generalmente a la hiperglucemia basal.
Independientemente de estas disquisiciones teóricas, parece lógico
que la determinación de glucemia basal deba ser empleada como método diagnóstico en la
práctica clínica diaria y en estudios epidemiológicos llevados a cabo en poblaciones de
bajo riesgo. Deberá utilizarse la sobrecarga oral de glucosa en el diagnóstico de
diabetes gestacional y en los estudios preventivos sobre poblaciones de alto riesgo para
el desarrollo de la diabetes.
* Admisión de una nueva anomalía del metabolismo hidrocarbonado:
la glucemia basal alterada (GBA) o "impaired fasting glucose " (IFG); entidad
diferente de la intolerancia glucídica a la sobrecarga oral de glucosa (IG) o "
impaired glucose tolerance" (IGT) y que constituye un estadio precoz en la evolución
de la DM2 (Figura 2).
 Figura 2. Historia natural de la diabetes tipo 2. |
Existe en la actualidad amplia y debatida literatura, con respecto a
las características diferenciales de la GBA e IG, como situaciones previas al desarrollo
de diabetes. Se ha postulado que la presencia de IG tiene mayor valor predictivo que la GB
en orden a la aparición a largo plazo de diabetes y del desarrollo de morbilidad o
mortalidad cardiovascular, estando asimismo más frecuentemente asociada a factores de
riesgo cardiovascular (hipertensión, obesidad, dislipemia, etc..). No obstante, este
planteamiento no ha sido confirmado por algunos autores.
En cuanto al valor de la hemoglobina glicada (HbA1c) como test
diagnóstico de diabetes mellitus parece gozar de escasa relevancia, condicionado en parte
por la dificultad de estandardizar las diferentes metodologías empleadas en su
determinación.
Hemos de referirnos por último al papel del péptido C, cosecretado
con la insulina a partir de la célula beta pancreática, en la cualificación
diagnóstica de la diabetes. Su valoración mediante radioinmunoanálisis, no interferida
por la administración de insulina exógena, sirve para comprobar la reserva pancreática
insulínica del paciente diabético, que será nula o estará disminuida en la diabetes
tipo 1 (a excepción del "período de remisión"), mientras suele ser normal o
estar aumentada en la diabetes tipo 2, al menos en su primera fase evolutiva.
La prueba más empleada es la administración de glucagón
intravenoso (1 mg.), con determinación de péptido C en situación basal y a los 6
minutos. Valores inferiores a 0,6 ng./ml. o a 1,2 ng./ml., en determinaciones respectivas
basal o post-estímulo, sugieren generalmente la presencia de diabetes tipo 1. No
obstante, y en resumen, hemos de admitir que las concentraciones plasmáticas de péptido
C no definen de forma absoluta el tipo de diabetes, sino más bien la reseva pancreática
en un momento dado.