Diabetes mellitus tipo 2
Complicaciones ateroscleróticas
Epidemiología
El 75-80 por ciento de los pacientes diabéticos mueren de
complicaciones vasculares ateroscleróticas (CVA), siendo estas manifestaciones más
frecuentes en la DM2 que en la DM1, estando ya presentes en ocasiones en el momento del
diagnóstico de la enfermedad diabética.
Por lo que respecta a la cardiopatía isquémica (CI), se
comprueba como su desarrollo es 3-4 veces superior en hombres y 8-11 veces superior en
mujeres diabéticas que en hombres y mujeres no diabéticas. El riesgo de mortalidad por
cardiopatía isquémica suele ser 1,5-3 veces superior al existente en la población no
diabética (en especial en mujeres), y ello es debido a causas diversas: diagnóstico y
tratamiento retrasados por su carácter silente, peor pronóstico evolutivo (shock
cardiogénico, fallo ventricular izquierdo, alteraciones conducción miocárdica) o
asociación a "cardiomiopatía " específica.
En cuanto a la aterosclerosis cerebral (AC), muestra una
incidencia 3-5 veces superior en las personas diabéticas (fundamentalmente en mujeres),
siendo la mortalidad por accidentes cerebrovasculares dos veces superior a la referida en
sujetos no diabéticos. Es preciso señalar, asimismo, como la tasa de recurrencia de
patología vascular cerebral después de haber sufrido un ictus es mayor en las personas
diabéticas.
La presencia de ateroscleosis periférica (AP), valorada
en relación con la amputación de extremidades inferiores, clínica de claudicación
intermitente o déficit de pulsos periféricos, es marcadamente superior en el sujeto
diabético, alcanzando frecuencias del 16 al 58 por ciento. La patología vascular
periférica contribuye a un 25 por ciento de los ingresos hospitalarios del paciente
diabético. El riesgo medio de amputaciones es 10-15 veces superior en la población
diabética, siendo mayor en mujeres, circunstancia por la cual parece encontrarse igualada
la incidencia global de AP en diabéticos de ambos sexos.
En cuanto a la calcificación de la media arterial
(calcinosis de Mönckeberg), si bien de carácter inespecífico, es una patología hallada
con mayor frecuencia en pacientes diabéticos, habiéndose detectado radiológicamente a
nivel de vasos femorales en un 41,5 por ciento de sujetos con diabetes tipo 2. Se trata de
una lesión independiente de la aterosclerosis que no genera compromiso vascular
obstructivo y cuya presencia se relaciona con la edad y duración de la diabetes. No
obstante, independientemente de lo comentado, ha podido comprobarse a largo plazo una
mayor tasa de mortalidad total y cardiovascular en pacientes con DM2 que presentan
calcinosis de la media arterial.
Factores condicionantes
A la hora de analizar los factores condicionantes de la
aparición de complicaciones vasculares ateroscleróticas (CVA) en el individuo diabético
es preciso hacer referencia a los siguientes:
Hiperglucemia
La posible relación entre hiperglucemia y aparición de
CVA parece basada en tres aspectos:
La hiperglucemia como factor patogénico de la
aterosclerosis
Esta acción parece ejercida a través de diferentes
mecanismos lesionales directos (activación de la vía del sorbitol, GNEP y estrés
oxidativo) o indirectos (dislipemia diabética, modificaciones de la función endotelial y
de la estructura parietal vascular, alteraciones hemostáticas y hemorreológicas).
Estudios clínico-epidemiológicos
Hay diferentes observaciones clínicas que relacionan el
desarrollo a largo plazo de morbilidad y mortalidad por CVA en sujetos diabéticos tipo 2,
con los niveles glucémicos o de HbA 1c.
Con respecto al papel de la duración de la diabetes, su
influencia en la génesis de las CVA es debatible, y ello es debido a que en ocasiones
puede documentarse la presencia de patología coronaria, vasculocerebral o vascular
periférica en fases iniciales de la historia natural de la diabetes o ante la simple
presencia de una intolerancia glucídica; circunstancia posiblemente achacable a la
existencia ya en esas fases precoces de una serie conjunta de factores de riesgo,
constituyentes del denominado "síndrome metabólico" (hipertensión arterial,
hipertrigliceridemia, descenso HDL-colesterol, aumento PAI-1) (figura 6).
Figura 6.Aspectos patogénicos del síndrome metabólico |
En estudios realizados en sujetos no diabéticos, la mayor
parte en hombres, se encuentran una asociación no lineal entre glucemia basal y/o
post-sobrecarga oral de glucosa y el riesgo futuro de morbilidad y mortalidad
cardiovascular. En un metaanálisis, que analiza 20 estudios, se comprueba como para una
glucemia basal de 6,1 mmol./l. existiría un riesgo de CVA de 1,33 (1,06-1,67) y para una
glucemia 2 hr. post-sobrecarga oral de glucosa de 7,8 mmol./l. el riesgo sería de 1,58
(1,19-2,18) (Coutinho et al. 1999). Se habla en este sentido de la posible existencia de
un "todo continuo" entre incremento de la glucemia y riesgo cardiovascular
aterosclerótico, comenzando este riesgo a partir de niveles glucémicos inferiores a los
considerados como críticos para el desarrollo de complicaciones microangiopáticas
(retinopatía o nefropatía). Se ha acuñado a tal efecto el concepto de
"macroangiopatía disglicémica".
Estudios de intervención terapéutica
Se ha comprobado en determinados estudios una relación
entre el control intensivo de la diabetes y la evolución de manifestaciones
ateroscleróticas. El UKPDS (1998) muestra como el buen control metabólico en diabéticos
tipo 2, seguidos durante 9 años, se acompaña de un descenso de la incidencia de infarto
de miocardio. En el estudio DIGAMI (1996) se objetiva también como en sujetos
diabéticos, que han sufrido un infarto agudo de miocardio y reciben un tratamiento precoz
con una infusión de glucosa e insulina, existe un menor desarrollo posterior de
mortalidad coronaria.
Hiperinsulinismo y/o insulinorresistencia
Desde un punto de vista teórico el hiperinsulinismo y/o
resistencia insulínica, condicionados por factores genéticos o adquiridos (malnutrición
fetal o neonatal, obesidad abdominal), constituyen el "suelo común" sobre el
que parecen desarrollarse de forma paralela la diabetes mellitus y la enfermedad vascular
aterosclerótica, como consecuencia de la influencia de aquellos factores antes enunciados
que constituyen el "síndrome metabólico".
En sujetos no diabéticos, valorando insulinemia total o
insulinemia específica (sin contaminación con proinsulina), se encuentra una relación
independiente (especialmente en hombres) entre niveles de insulina y desarrollo de
cardiopatía isquémica. En un metaanálisis reciente, sobre este particular, se llega a
la conclusión de que la insulinemia es un débil, pero positivo indicador, de riesgo
cardiovascular, dependiendo eso sí de la etnia estudiada y de la metodología de
valoración de la insulina.(Ruige y cols. 1998).
En pacientes diabéticos tipo 2, el papel predictivo del
hiperinsulinismo en relación con el desarrollo de cardiopatía isquémica es dudoso, y no
parece existir por lo que respecta a las complicaciones ateroscleróticas cerebrales y
vasculares periféricas.
Es, por otra parte, debatible el papel aterogénico del
hiperinsulinismo exógeno debido a la terapia insulínica, no existiendo datos
confirmativos a tal efecto.
Dislipemia
La hipertrigliceridemia es la alteración lipídica más
común de la DM2. Viene condicionada por un aumento en la síntesis hepática de
lipoproteínas ricas en triglicéridos (VLDL) y en menor parte por una disminución en su
aclaramiento, como consecuencia de un déficit de actividad de lipoproteinlipasa.
Hiperinsulinemia, insulinorresistencia y obesidad abdominal ejercen un papel central en la
producción hepática de VLDL.
En estudios transversales se observa como los niveles de
triglicéridos son superiores en pacientes diabéticos con CVA, frente a aquellos que no
las presentan, pero su importancia como factor de riesgo cardiovascular ha sido
controvertida. En una reciente revisión de los trabajos publicados en la literatura, se
observa en población general como la hipertrigliceridemia es un factor de riesgo
independiente de los niveles de HDL-colesterol en orden al desarrollo de manifestaciones
ateroscleróticas.
Los valores de colesterol total y LDL-colesterol son
iguales o superiores en pacientes con DM2 o intolerancia glucídica en comparación a los
detectados en población no diabética. Además suele observarse un predominio de
partículas LDL pequeñas densas, circunstancia que suele asociarse con aumento de riesgo
de cardiopatía isquémica.
En el estudio MRFIT (1993) se ha demostrado en sujetos
diabéticos como el desarrollo de cardiopatía isquémica corre paralelo al aumento de las
cifras de colesterol total, siendo su incidencia (para cualquier nivel de colesterol)
cuatro veces superior a la referida en la población no diabética. En ensayos clínicos
de tratamiento con estatinas (4S, CARE), en individuos diabéticos, se comprueba a largo
plazo como un descenso significativo en la tasa de colesterol se sigue de un decremento de
complicaciones coronarias. Existen, por otra parte, resultados contradictorios respecto al
papel predictor del colesterol en la génesis de accidentes cerebrovasculares o en la
presencia de vasculopatía periférica (claudicación intermitente, amputaciones).
Los niveles de HDL colesterol, especialmente la fracción
HDL2, están disminuidos en DM2, habiéndose comprobado la existencia significativa de una
relación inversa entre valores de HDL-colesterol y desarrollo de cardiopatía isquémica,
ictus cerebral o insuficiencia vascular periférica.
Hipertensión arterial
La hipertensión arterial que surge asociada a diabetes
mellitus o intolerancia glucídica puede obedecer a las siguientes causas o
peculiaridades.
· nefropatía diabética (más frecuente en DM1
· síndrome metabólico (DM2)
· hipertensión arterial esencial
· hipertensión sistólica aislada
· hipertensión vásculo-renal (aterosclerosis renal)
· hipertensión asociada a neuropatía autonómica
(hipertensión supino/hipotensión ortostática)
· administración de fármacos (tiazidas, corticoides) a
sujetos hipertensos no diabéticos
· endocrinopatías (acromegalia, Cushing, feocromocitoma,
Conn)
La hipertensión arterial es dos veces más frecuente en
la población diabética que en la población no diabética, alcanzando cifras del 30-50
por ciento en el paciente diabético tipo 2. Se asocia con frecuencia en la DM2 a la
presencia de insulinorresistencia e hiperinsulinismo ("síndrome metabólico"),
al tiempo que en la DM1 es la nefropatía diabética el factor condicionante fundamental
de su existencia.
La elevación de cifras tensionales se acompaña de forma
evidente del desarrollo de morbilidad y mortalidad cardiovascular. Es un factor de riesgo
en la génesis de cardiopatía isquémica, vasculopatía periférica y accidente
vasculocerebral agudo, especialmente por lo que se refiere a esta última patología.
El tratamiento de la hipertensión arterial en el
diabético tipo 2 se sigue de una menor progresión de lesiones vasculares
ateroscleróticas (UKPDS, 1998).
Obesidad
La mayor parte de diabéticos tipo 2 son obesos. El grado
de obesidad y la distribución del tejido adiposo (obesidad abdominal) son factores
predisponentes en la aparición de la DM2, al tiempo que factores predictivos de
cardiopatía isquémica, no estando demostrada por otro lado su influencia en el
desarrollo de complicaciones ateroscleróticas cerebrales o vasculares periféricas.
La obesidad abdominal, asociada a resistencia insulínica,
se acompaña de un aumento del flujo portal de ácidos grasos libres que se sigue de un
incremento de secreción hepática de VLDL y de la actividad de la lipasa hepática,
circunstancias que se traducen en último término en un incremento de los niveles de
triglicéridos, de partículas LDL pequeñas densas y en un descenso de HDL-colesterol.
Microalbuminuria
Parece confirmado como la presencia de microalbuminuria
constituye, más que un factor de riesgo, un "marcador" predictivo en cuanto al
desarrollo de cardiopatía isquémica y mortalidad cardiovascular en DM2. Este aspecto se
ha tratado de explicar en el contexto de la posible pertenencia de la microalbuminuria al
denominado "síndrome metabólico" o bien como reflejo de una disfunción
endotelial generalizada que afectaría a vasos de localización renal y extrarrenal.
Tabaquismo
En los pacientes diabéticos, al igual que en sujetos no
diabéticos, el tabaco constituye, sin lugar a dudas, un factor de riesgo mayor cara a la
presencia de patología vascular aterosclerótica. Influye negativamente sobre el flujo
vascular (vasoespasmo, aumento de coagulabilidad y viscosidad sanguínea, disminución de
deformabilidad eritrocitaria) y favorece la trombogénesis (aumento de agregabilidad
plaquetaria, fibrinógeno y factor von Willebrand y disminución de activador de
plasminógeno), así como la dislipemia, la microalbuminuria y la hipertensión arterial.
En la Tabla VIII queda reflejada al papel de los
diferentes factores de riesgo cardiovasculares, en orden al desarrollo de las diversas
manifestaciones regionales de la aterosclerosis en el paciente diabético tipo 2.
TABLA VIII FACTORES
DE RIESGO DE COMPLICACIONES VASCULARES ATEROSCLERÓTICAS (CVA) EN PACIENTES DIABÉTICOS
TIPO 2. |
| Factor de riesgo |
Cardiopatía
Isquémica |
Accidente
Vasculocerebral |
Amputaciones |
| Hiperglucemia |
+ |
+ + |
+ + + |
| HbA1c |
+ |
+ + |
+ + + |
| Colesterol total |
+ + |
+ |
+ |
| HDL-colesterol |
+ + + |
+ + |
(+) |
| Triglicéridos |
+ + + |
+ + |
(+) |
| Hipertensión |
(+) |
+ + |
( +) |
| Duración diabetes |
+ |
+ |
+ + + |
| Calcinosis medial |
+ + + |
+ |
+ + + |
| Tabaquismo |
+ + |
+ |
+ + |
|
Patogenia
La aterogénesis en el paciente diabético se relaciona en
último término con dos factores fundamentales: la hiperglucemia (disminución actividad
insulínica) y el hiperinsulinismo y /o insulinorresistencia.
*La hiperglucemia va a ejercer su acción, como ya antes
esbozamos, a través de tres mecanismos patogénicos fundamentales: activación de la vía
del sorbitol, GNEP y estrés oxidativo. El estrés oxidativo está condicionado por la
autooxidación de la glucosa, GNEP y disminución de factores antioxidantes (actividad
vía sorbitol).
La glyco-oxidación de proteínas favorece la
permeabilidad capilar, afecta a las lipoproteínas LDL (formación de células espumosas),
lipoproteínas HDL (alteración del transporte inverso de colesterol), células
endoteliales o monocito-macrofágicas (liberación de citokinas o mitógenos),
antitrombina III (acción procoagulante), colágeno parietal (rigidez vascular) y
membranas eritrocitarias y plaquetarias.
Las LDL modificadas lesionan el endotelio vascular
(aumento de permeabilidad), incrementan la actividad plaquetaria, disminuyen la
fibrinolisis (formación de trombos) y estimulan la expresión de moléculas de adhesión
o ICAM -1 (adhesión e infiltración monocitaria). Por otra parte, la glyco-oxidación de
LDL genera a su vez una respuesta inmune, de forma que los inmunocomplejos formados a
partir de las mismas son captados por los macrófagos y estimulan el desarrollo de las
células espumosas (cargadas de esteres de colesterol), favoreciendo la liberación de
citokinas (nueva lesión endotelial) y factores de crecimiento (proliferación del
conectivo vascular y de células musculares lisas).
*La insulinorresistencia y/o hiperinsulinismo (a veces es
difícil distinguir uno de otro factor) pueden contribuir a la aterogénesis por
diferentes caminos:
- Favorecimiento de la dislipemia: producción de un
patrón cuantitativa y cualitativamente anómalo en el contexto del "síndrome
metabólico" y discutible aumento de síntesis lipídica a nivel parietal.
- Estímulo de actividad mitogénica de las células
parietales vasculares: migración y proliferación de células musculares lisas e
incremento de síntesis de matriz conectiva (activación de MAPK o "mitogen-activated
protein kinasa").
- Alteraciones de coagulación y fibrinolisis: aumento de
síntesis de fibrinógeno e interferencia de la fibrinolisis al estimular la formación de
PAI-1.
- Desarrollo de hipertensión arterial: aumento resorción
tubular renal de sodio, incremento del tono vascular simpático a nivel arteriolar y
estímulo de la proliferación celular parietal vascular (receptores IGF-1).
En resumen, partiendo de la citada hiperglucemia y del
hiperinsulinismo (insulinorresistencia) se producen en el sujeto diabético las siguientes
manifestaciones fisiopatológicas que conducen a la aterogénesis.
Disfunción endotelial
Se han confirmado en el sujeto diabético las siguientes
afectaciones a nivel del funcionalismo del endotelio vascular:
- aumento de secreción de endotelina y de factor von
Willebrand
- disminución de liberación de prostaciclina y de factor
relajante endotelilal, junto con disminución de producción y repuesta vasodilatadora a
NO
- aumento de actividad procoagulante y alteración de
actividad fibrinolítica
- generación de aniones superóxido, aumento de
permeabilidad y alteración de la reactividad vascular.
Proliferación celular y síntesis de matriz
conectiva a nivel parietal vascular
Determinadas citokinas y "factores de
crecimiento" son liberados localmente (células endoteliales, monocitos, plaquetas,
células T y células musculares lisas) bajo la influencia de diversos estímulos
(hiperglucemia, GNEP, hiperinsulinismo, dislipemia, estrés oxidativo) e intervienen en la
quimiotaxis monocitaria y fenómenos de adhesión celular, así como en la proliferación
y migración de miocitos y en la síntesis de matriz conectiva.
Alteraciones lipídicas
Desde un punto de vista cuantitativo vamos a encontrarnos
con un aumento basal de triglicéridos a expensas de VLDL, aumento posprandial de
remanentes de lipoproteínas ricas en triglicéridos, niveles disminuidos de
HDL-colesterol (a expensas de HDL2), tasa de LDL normal o discretamente elevada,
discutible incremento de lipoproteína (a) y aumento de apo-B. Desde un punto de vista
cualitativo existe un enriquecimiento en colesterol de las partículas VLDL, junto con
presencia de HDL y LDL enriquecidas en triglicéridos que por intervención de la lipasa
hepática se convierten en partículas pequeñas densas (patrón B) de gran
aterogenicidad.
Estas alteraciones se relacionan con la obesidad abdominal
y el binomio hiperinsulinismo/insulinorresistencia, en el contexto del ya citado
"síndrome metabólico".
Hipertensión arterial
Condicionada por la influencia de diferentes factores
(hiperinsulinismo entre ellos) va a ejercer un efecto lesional sobre la pared vascular.
Alteraciones hematológicas
En la diabetes se han objetivado diversos efectos a nivel
de la microcirculación, tales como alteraciones del binomio coagulación-fibrinolisis y
disturbios hemorreológicos.
Por lo que se refiere a la función plaquetaria, se han
descrito las siguientes manifestaciones: incremento de adhesividad, agregabilidad y
"turnover" plaquetario (megatrombocitos y plaquetas jóvenes), aumento de
actividad de tromboxano A2 y de secreción de ß-tromboglobulina, factor plaquetario-4,
serotonina, PDGF ("platelet derived growth factor") y PAI-1 ("plasminogen
activator inhibitor"), así como disminución de la generación de prostaciclina.
Existe actividad procoagulante, condicionada por el
aumento de la función plaquetaria, hiperviscosidad sanguínea y por la participación de
otros factores tales como: aumento de los niveles de fibrinógeno y factores von
Willebrand, VII, IX, y XII, actividad incrementada del sistema protrombina/trombina y
disminución de proteína C y de antitrombina III.
Está inhibida la actividad fibrinolítica, debido a un
aumento de producción de PAI-1 (origen endotelial y plaquetario) y a una disminución de
tPA ("tissue plasminogen activator") de origen endotelial, habiéndose descrito
también un aumento de otros inhibidores de la fibrinolisis (a2 -antiplasmina,
a2-macroglobulina, a2-antitripsina y lipoproteína (a)).
Es digna de tener en cuenta la presencia en sujetos
diabéticos de alteraciones hemorreológicas, caracterizadas por un aumento de viscosidad
plasmática (fibrinógeno, proteína C reactiva, haptoglobina, a2-macroglobulina y
productos de glicación de proteínas), al igual que por una disminución de la
deformabilidad eritrocitaria y leucocitaria con mayor adhesión a pared capilar y
defectuosa vasodilatación.
Anatomía Patológica
La aterosclerosis en el paciente diabético es más
precoz, frecuente e intensa que en el paciente no diabético, siendo la prevalencia
lesional similar en ambos sexos.
Desde el punto de vista histopatológico las lesiones
ateroscleróticas son idénticas a las que se pueden encontrar en la población no
diabética, reconociendo una similar historia natural. Es preciso, no obstante, hacer
notar determinadas particularidades respecto a la afectación aterosclerótica en
pacientes diabéticos.
Por lo que se refiere a la afectación coronaria se suelen
encontrar lesiones de múltiples vasos con localización preferentemente distal. En
estudios necrópsicos se hallan lesiones coronarias en sujetos diabéticos con una
frecuencia del 18 al 75 por ciento (1,2 a 6,6 veces superior a población general).
En la afectación vascular periférica, además de la
presencia de lesiones múltiples, llama la atención el hallazgo preferente de patología
en vasos distales (tibales o peroneos) con respecto a vasos proximales (ilíacos o
femorales), circunstancia ésta última que repercute desfavorablemente a la hora de tener
que realizar un by-pass en estos sujetos cuando las circunstancias lo requieran.
Por lo que se refiere a la patología vascular cerebral,
los infartos isquémicos (macroangiopatía) son más frecuentes que en no diabéticos, no
así las hemorragias cerebrales o las hemorragias subaracnoideas que comparativamente
suelen ser menos prevalentes. Asimismo mediante estudios con oculopletismografia y
fonoangiografía se ha podido observar como en diabéticos asintomáticos existe hasta un
20 por ciento de lesiones oclusivas de diversa intensidad a nivel carotídeo.
Una peculiaridad de las lesiones vasculares cerebrales en
el paciente diabético es la mayor frecuencia de infartos lacunares, subsiguientes a
afectación de pequeñas ramas arteriales perforantes terminales de localización
talámica, protuberancial o en núcleos de la base, que puede estar en el contexto de una
"encefalopatía diabética" específica. En estos vasos predominan signos de
proliferación endotelial y hialinosis medial.
Clínica
La aterosclerosis afecta a grandes y medianas arterias,
repercutiendo clínicamente en diferentes localizaciones del organismo, tales como
corazón (cardiopatía isquémica), riñón (nefroangioesclerosis e hipertensión
vásculo-renal), vasos cerebrales (accidentes vásculo-cerebrales) y vasos de extremidades
inferiores (insuficiencia circulatoria periférica). Nuestra descripción abarcará de
manera fundamental las afectaciones ateroscleróticas miocárdica, cerebral y vascular
periférica.
Cardiopatía isquémica
Suele traducirse por las siguientes manifestaciones
clínicas: angina, infarto agudo de miocardio (IAM), insuficiencia cardíaca congestiva y
muerte súbita.
La angina no presenta características clínicas
diferenciales específicas con respecto a las propias de la población no diabética,
manifestándose en diferentes formas tales como angina de esfuerzo (inicial, progresiva o
estable), de reposo (Prinzmetal) o bien de carácter mixto.
El infarto agudo de miocardio (IAM) surge en personas más
jóvenes que en el grupo de individuos no diabéticos y su frecuencia en mujeres
premenopaúsicas es igual que en hombres. Puede, a veces, manifestarse sin dolor (30 por
ciento de casos), debido a la existencia concomitante de neuropatía autonómica
cardíaca. Es más frecuente que en la población general la presencia de IAM sin onda Q,
siendo por ello importante para su diagnóstico la práctica de determinaciones
enzimáticas complementarias (fracción MB de creatin-fosfokinasa). Su curso se acompaña
de una mayor existencia de complicaciones ,tales como mayor extensión lesional y
posibilidad de reinfarto, rotura cardíaca, insuficiencia cardíaca congestiva, arritmias
(fibrilación ventricular) y shock cardiogénico. La mortalidad suele duplicar a la
hallada en sujetos no diabéticos, en especial por lo que hace referencia al sexo
femenino.
Por otra parte, el IAM puede favorecer la descompensación
metabólica de la diabetes, por lo cual es preciso instaurar tratamiento insulínico
precozmente si el paciente no venía previamente recibiéndolo. Un estricto control
metabólico de la diabetes en el período inmediato post-infarto se sigue a su vez de un
mejor pronóstico en cuanto a la mortalidad cardiovascular a medio plazo. La mayor
frecuencia de reinfartos en el paciente diabético se ve influida por la concomitancia de
situaciones tales como la presencia de neuropatía autonómica e hipertensión arterial o
la existencia asociada de cardiomiopatía diabética.
La cardiomiopatía diabética o "enfermedad del
músculo cardíaco del diabético" es una entidad anatomoclínica definida por la
existencia de anormalidades de la función miocárdica y/o insuficiencia cardíaca en
ausencia de aterosclerosis coronaria, hipertensión arterial u otro factor que pueda
incidir desfavorablemente sobre el miocardio. Viene caracterizada por la presencia de
lesiones microangiopáticas (proliferación endotelial, fenómenos de hialinosis y
engrosamiento de membrana basal PAS +) a nivel de ramas arteriolares intramurales y de
microaneurismas capilares, junto con el hallazgo de depósito miocárdico intersticial y
perivascular de colágeno, glicoproteínas y lípidos (colesterol y triglicéridos), así
como de fibrosis y miocitolisis "parcheada" que inducen al establecimiento de
una verdadera rigidez muscular con subsiguiente disminución de la "compliance"
ventricular diastólica. Contribuyen a su génesis la posible influencia de factores
genéticos, alteraciones del metabolismo hidrocarbonado (glicación no enzimática del
colágeno) y lipídico, actividad del sistema renina-angiotensina-aldosterona, presencia
de neuropatía autonómica, estrés oxidativo y metabolismo anómalo del calcio a nivel de
la célula miocárdica.
Clínicamente, la miocardiopatía diabética es en un
principio asintomática, detectándose únicamente por disfunción diastólica de
ventrículo izquierdo, comprobada mediante estudios ecocardiográficos. Posteriormente,
surgen alteraciones de la función sistólica y el paciente muestra progresivamente signos
y síntomas de insuficiencia cardíaca congestiva con ocasionales manifestaciones
arrítmicas.
Por lo que se refiere a la cardiopatía isquémica, y dada
la frecuencia de su carácter "silente" en el paciente diabético tipo 2, se
recomienda que en esta población se establezca un adecuado programa de detección precoz
de la misma. La American Diabetes Association (1998) señala las siguientes circunstancias
en que debieran ser sometidos a examen cardiológico los sujetos diabéticos, con objeto
de diagnosticar con prontitud esta patología:
- Síntomas cardíacos típicos o atípicos
- ECG basal sugestivo de isquemia o infarto
- Arteriopatía oclusiva carotídea o periférica
-Estilo de vida sedentario, edad Ž 35 años y
planes para comenzar un programa vigoroso de ejercicio
- Existencia de dos o más factores de riesgo
- Colesterol total Ž 240 mg./dl., LDL-colesterol
Ž 160 mg./dl. o HDL-colesterol < 35 mg./dl.
- Tensión arterial > 140/90 mm Hg.
- Tabaquismo
- Historia familiar de coronariopatía prematura
- Presencia de micro/macroalbuminuria
Los individuos seleccionados para estudio, dependiendo de
las características individuales, serán sometidos a uno o varios de estos estudios: ECG
basal o post-ejercicio ("treadmill"), gammagrafía de perfusión con talio o
tecnecio MIBI post-estrés, ecocardiografía post-estrés o coronariografía.
Insuficiencia vascular periférica
La afectación aterosclerótica de extremidades inferiores
muestra en el sujeto diabético determinadas peculiaridades que la distingue de las
hallada en la población no diabética (Tabla IX).
TABLA IX CARACTERÍSTICAS
DIFERENCIALES DE LA VASCULOPATÍA PERIFÉRICA EN PACIENTES DIABÉTICOS Y NO DIABÉTICOS |
| |
DIABETICO |
NO DIABETICO |
| Clínica |
Más frecuente, precoz y
Rápida |
Menos frecuente, precoz y
Rápida |
| Hombre / mujer |
2/ 1 |
30 /1 |
| Oclusión |
Multisegmentaria |
Monosegmentaria |
| Vasos adyacentes a
oclusión |
Afectos |
No afectos |
| Colaterales |
Afectas |
No afectas |
| Participación extremidades |
Bilateral |
Unilateral |
| Localización lesional |
Tibiales, peroneos |
Aorta,ilíacos,femorales |
| Gangrena |
Parcelar |
Extensa |
| Mortalidad hospitalaria |
10 % |
Escasa |
|
Las manifestaciones clínicas de la aterosclerosis
periférica podemos agruparlas de la siguiente forma.
Insuficiencia vascular periférica crónica
Pasa por las siguientes fases:
- claudicación intermitente (dolor muscular al esfuerzo,
dependiendo su localización del nivel de obstrucción arterial, y que suele acompañarse
de valores del índice vascular tobillo/brazo < 0,75)
- dolor en reposo, de predominio nocturno, que suele
mejorar dejando colgar las piernas en el borde de la cama
- necrosis tisular (gangrena)
La presencia de la insuficiencia vascular periférica se
traduce a la exploración física por la presencia de alguno de estos signos: piel
brillante, atrófica y fría, atrofia de tejido subcutáneo, pérdida de vello,
engrosamiento ungueal y lesiones ulcerativas o necróticas. A esto se une la disminución
o ausencia de pulsos arteriales, palidez o retardo en el llenado venoso al elevar la
extremidad ó enrojecimiento al colocarla en situación colgante ("dependent
rubor"). La realización de las correspondientes exploraciones vasculares
contribuirá a confirmar el diagnóstico y a localizar el nivel lesional (estudio
"doppler", oscilometría, pletismografía, estudios radioisotópicos de
medición de flujo sanguíneo, medida de tensión transcutánea de oxígeno o exploración
radiográfica vascular)ç
Insuficiencia vascular periférica aguda
Puede surgir como consecuencia de un proceso embólico
(fibrilación auricular o post-infarto de miocardio) o por trombosis aguda
aterosclerótica, siendo la instauración del cuadro clínico más rápida en los casos de
embolismo. La sintomatología y/o signología se traduce por la presencia de las seis
"P": "pain" (dolor), "pallor" (color pálido céreo),
"polar" (frialdad), "paresthesia" (parestesias),
"pulselessnes" (ausencia de pulso) y "paralysis" (pérdida aguda de
fuerzas).
Síndrome del "dedo azul"
Se trata de isquemia o gangrena digital debida a
microtrombos o émbolos de colesterol. Pueden aparecer en el curso de terapia
anticoagulante ó trombolítica. De comienzo abrupto, el dedo afecto es doloroso, muestra
color azulado y en ocasiones puede mostrar una imagen de libelo reticulares.
La afectación de la extremidad inferior en el paciente
diabético no queda generalmente limitada a la lesión aterosclerótica o
macroangiopática, sino que suelen añadirse otros factores: lesiones microangiopáticas,
neuropáticas (alteraciones de sensibilidad, atrofia músculos del pie, modificaciones de
la estática, anhidrosis y edemas, osteolisis y desmineralizaciones óseas) e infecciones
sobreañadidas (bacterias aerobias y anaerobias y hongos). Su conjunto configura desde un
punto de vista clínico el denominado "pie diabético".
Aterosclerosis cerebral
La patología isquémica cerebral debida a lesión
macroangiopática es la manifestación aterosclerótica más frecuente en el individuo
diabético. Desde un punto de vista evolutivo su presentación clínica puede obedecer a
diversos patrones, tales como accidente isquémico transitorio (AIT), déficit
neurológico isquémico reversible (DNIR), accidente cerebrovascular en progresión o
accidente cerebrovascular completo.
Los diabéticos que han sufrido un accidente
cerebrovascular muestran un peor pronóstico por lo que se refiere a mortalidad,
discapacidad residual o recurrencia, siendo la severidad metabólica durante el episodio
agudo un factor importante cara a la evolución del proceso. Existen en este sentido
algunos estudios que relacionan la hiperglucemia de la fase aguda con el volumen de la
lesión cerebral.
La sintomatología clínica puede orientar, como es
lógico, hacia el territorio vascular afectado: sistema carotídeo (hemiparesia, afasia,
pérdida conciencia..) o sistema vértebro-basilar ("drop-attacks", ceguera
cortical, vértigos, disfagia, parálisis craneales...). La lesión de pequeños vasos
cerebrales (infartos lacunares) se traduce generalmente por una múltiple sintomatología
de evolución crónica mas o menos específica: deterioro neurológico progresivo,
disarrtria, incontinencia de esfínteres, cuadros seudobulbares, hemiparesia atáxica,
parkinsonismo, alteraciones del lenguaje etc.. que han hecho considerar como ya se ha
comentado la posible consideración de una genuina "encefalopatía diabética".
En cuanto al diagnóstico precoz de la patología vascular
carotídea, la utilización simultánea del doppler y ultrasonografía modo-B con
determinación del engrosamiento parietal íntimo-medial, constituyen unas valiosas
pruebas a tener en cuenta a tal efecto; conforme se demuestra en la experiencia derivada
de diferentes estudios epidemiológicos. Otras exploraciones complementarias, para valorar
en casos específicos la presencia de patología carotídea, son la oculopletismografía,
ultrasonografía, doppler transcraneal, angiografía digital por sustracción o
arteriografía convencional.
Prevención de la aterosclerosis
Dejando a un lado el tratamiento de las complicaciones
ateroscleróticas, del que no vamos a ocuparnos, centraremos nuestro interés en
considerar su prevención. Para ello, habremos de combatir como es lógico los principales
factores de riesgo aterógeno, a que antes habíamos aludido:
Hiperglucemia
Hasta el momento presente existen pocos estudios que
confirmen de manera absolutamente concluyente que el estricto control glucémico haga
disminuir de forma ostensible la presencia de CVA.
En DM1, en el estudio DCCT (1993) se comprueba que con
tratamiento insulínico intensivo existe una disminución no significativa de
complicaciones vasculares macroangiopáticas, si bien se objetiva un descenso
significativo de la colesterolemia. Posteriormente, en un reciente meatanálisis se
comprueba como el tratamiento insulínico intensivo disminuye el número de nuevos eventos
cardiovasculares, estabilizando, por tanto, la progresión de manifestaciones
ateroscleróticas, si bien por el contrario no influye sobre el número de nuevos
pacientes afectos o sobre la tasa de mortalidad.
En DM2, en el estudio UGDP (1978), se demostró como en el
grupo de sujetos tratados con tolbutamida y fenformina existía una mayor morbilidad y
mortalidad cardiovascular, al tiempo que por otra parte en el grupo de personas que
recibían tratamiento con insulina tanto a dosis fijas como variables no se encontró
relación entre niveles glucémicos alcanzados y desarrollo de manifestaciones clínicas
ateroscleróticas. En el estudio DIGAMI (1996) se observó como en DM2 con infarto agudo
de miocardio, tratado inicialmente con infusión de glucosa e insulina y sometido a
continuación a un tratamiento insulínico intensivo por vía subcutánea, se consiguió
al año de evolución un descenso de la mortalidad del 52 por ciento. Por último, con el
estudio UKPDS (1998) se observa como el tratamiento intensivo de la diabetes, frente a un
tratamiento convencional, se sigue de una reducción de la incidencia de infarto de
miocardio del 16 por ciento.
A la hora de analizar el posible papel de los diversos
fármacos empleados en el tratamiento de la diabetes sobre el desarrollo de CVA, es
preciso señalar que pese a los datos iniciales ya comentados de que la tolbutamida y
fenformina incrementaban la mortalidad cardiovascular (UGDP) (1978), no ha sido este
aspecto confirmado posteriormente; al igual que tampoco ha sido verificado el posible
papel aterógeno de la administración exógena de insulina. En sentido contrario, parece
comprobada una menor morbilidad y mortalidad cardiovascular a largo plazo en sujetos
diabéticos obesos sometidos a tratamiento con metformina (UKPDS, 1998).
En los últimos años se está haciendo énfasis en la
importancia del control glucémico posprandial como medida preventiva del desarrollo de
patología vascular aterosclerótica. En este sentido, se ha postulado el uso preferente
de determinados fármacos que actuarían mejorando el perfil glucémico posingesta. En
este grupo se encontrarían la insulina lispro (acción más precoz y recortada que la
insulina regular), acarbosa o miglitol (retraso en la absorción intestinal de glucosa) o
fármacos tipo repaglinida o nateglinida (corrección de la fase precoz de la secreción
insulínica).
Hiperlipemia
Según datos derivados del UKPDS (1998) se puede comprobar
como las alteraciones lipídicas en el paciente diabético (aumento de LDL-colesterol y
disminución de HDL-colesterol) presentan un mayor riesgo que el control metabólico de la
diabetes (niveles de HbA 1c), la tensión arterial sistólica elevada y el tabaquismo, en
orden al desarrollo de coronariopatía; de ahí la necesidad importante de controlar los
valores lipídicos si queremos evitar la progresión de la citada patología.
Con objeto de prevenir la manifestación de complicaciones
ateroscleróticas se han establecido en la población general determinados objetivos de
niveles lipídicos a alcanzar, teniendo en cuenta la existencia o no de patología
cardiovascular previa o la presencia asociada de determinados factores de riesgo (edad,
sexo, tabaquismo, hipertensión arterial e historia familiar de cardiopatía isquémica).
Parece admitido que al paciente diabético, simplemente por su condición de tal, se le
debe considerar siempre como sujeto subsidiario a ser sometido a un programa de
prevención secundaria, ya que se ha confirmado a este respecto como el riesgo de un
diabético sano a presentar una complicación coronaria aguda (infarto de miocardio) es
idéntico al riesgo de recidiva de un sujeto no diabético que ha sufrido un infarto de
miocardio.
Se han señalado en la población diabética
determinados valores lipídicos a considerar como predictores del grado de riesgo
cardiovascular (Tabla X). De manera complementaria algunos autores defienden la postura de
que son esencialmente los niveles plasmáticos de "colesterol no HDL"
(colesterol total-HDL colesterol), no los de LDL colesterol aisladamente los que marcan el
verdadero riesgo cardiovascular. En ese sentido, y si considerásemos este parámetro, a
los valores expresados en la tabla anterior habría que añadirles la cifra de 30
mg./dl.
TABLA X
CATEGORÍAS DE RIESGO CARDIOVASCULAR EN DIABÉTICOS
SEGÚN NIVELES LIPÍDICOS (ADA,2000) |
| Riesgo |
LDL-colesterol |
HDL-colesterol* |
Triglicéridos |
| Alto |
3 130 mg./dl |
< 35 mg/dl |
3 400 mg/dl |
| "Borderline" |
100-129 mg/dl |
35-45 mg/dl |
200-399 mg/dl |
| Bajo |
< 100 mg/dl |
> 45 mg/dl |
< 200 mg/dl |
|
Una vez diagnosticada en el sujeto
diabético la presencia de una hiperlipemia, la primera medida a adoptar es descartar que
se trate de una hiperlipemia secundaria (alcohol, tiazidas, corticoides, ß-bloqueantes,
tabaco, hipotiroidismo, etc..) y corregir si ese es el caso el posible factor
causal.
Fuera de estas circunstancias, y dejando a un lado el
establecimiento de un correcto tratamiento encaminado a controlar las alteraciones
glucémicas, se deberá acudir en primer lugar a revisar el régimen dietético que lleva
el paciente y a recomendarle la práctica de ejercicio físico de forma reglada,.
Con respecto al régimen dietético se han postulado las
siguientes indicaciones generales:
- Restricción calórica moderada si existe sobrepeso
- Carbohidratos: 50-60 por ciento del valor calórico
total (especialmente carbohidratos complejos)
- Grasas: 30 por ciento del valor calórico total (<10
por ciento grasas saturadas)
- Proteínas: 10-15 por ciento del valor calórico total
- Colesterol < 300 mg./ día
- Fibra dietética: 20 g./1000 Kcal.
- Abstención de alcohol en hipertrigliceridemias
En situaciones de hipertrigliceridemia se ha recomendado
restringir aporte de carbohidratos, a expensas de su sustitución por grasas
monoinsaturadas.
En lo referente al ejercicio físico, siempre y cuando se
efectúe de forma reglada (programas estandarizados), se ha comprobado como en pacientes
diabéticos tipo 2 favorece el descenso de triglicéridos y LDL-colesterol e incrementa
los niveles de HDL-colesterol.
Si a pesar de instaurar las medidas precedentes no se
consiguiese la corrección de la hiperlipemia, será preciso comenzar a utilizar fármacos
hipolipemiantes (estatinas y fibratos), con cuyo empleo se han alcanzado resultados
positivos.
Las estatinas actúan inhibiendo el enzima HMGCoA
-reductasa, paso obligado en la síntesis hepática de colesterol, produciendo un descenso
de los valores de LDL-colesterol (24 -50 por ciento) y de triglicéridos (10-29 por
ciento) y un incremento de los de HDL-colesterol (6-12 por ciento). En la Tabla XI se hace
referencia a diversos ensayos de prevención primaria y secundaria de complicaciones
cardiovasculares en sujetos con DM2, tratados con estatinas.
TABLA
XI REDUCCIÓN DE EVENTOS
CORONARIOS EN DIABÉTICOS TIPO 2 SOMETIDOS A PROGRAMAS DE PREVENCIÓN PRIMARIA O
SECUNDARIA CON EL EMPLEO DE ESTATINAS O FIBRATOS |
| Estudio |
Tratamiento |
Número
Diabéticos |
Años |
Descenso
(R.R |
Descenso
(R.A.) |
"p" |
4 S
(prevención 2ª) |
Simvastatina |
202 |
5 |
50 % |
22 % |
0.002 |
CARE
(prevención 2ª) |
Pravastatina |
586 |
5 |
25 % |
8 % |
0.05 |
AFCAPS/
TexCAPS
(prevención 1ª) |
Lovastatina |
155 |
5 |
43 % |
5 % |
n.s. |
Helsinki Study
(prevención 1ª) |
Gemfibrozil |
135 |
5 |
68 % |
7 % |
n.s. |
SENDCAP
(prevención 2ª) |
Bezafibrato |
164 |
3 |
67 % |
15 % |
0.01 |
VA-HIT
(prevención 2ª) |
Gemfibrozil |
627 |
5 |
24 % |
8 % |
0.05 |
|
R.R.: riesgo relativo R.A.: riesgo absoluto
Por lo que se refiere a los fibratos, estos fármacos
actúan sobre los receptores nucleares PPARalfa (receptores activadores de la
proliferación de peroxisomas), promoviendo la regulación de diferentes genes que
intervienen en otras tantas fases del metabolismo lipídico, tales como oxidación de
ácidos grasos libres, activación de la lipoproteinlipasa, inducción de la expresión de
apo A-I y apo A-II y disminución de la expresión de apo C-III. Todas estas
circunstancias conllevan a un descenso de los niveles de triglicéridos (30- 50 por
ciento) y de LDL- colesterol (10 por ciento), y a un aumento de HDL-colesterol (6 por
ciento). En población diabética, además de los estudios señalados en la Tabla XI, se
encuentran en marcha dos importantes ensayos con fenofibrato (estudios DAIS y FIELD),
fármaco este último que dentro de la familia de los fibratos muestra muy buenas
expectativas, dado que con el se consigue un mayor valor reductor de los niveles de
colesterol (28 por ciento).
Dentro de la estrategia terapéutica farmacológica a
utilizar en la práctica clínica en el tratamiento del paciente diabético con
hiperlipemias, en la Tabla XII se establece un posible modelo.
TABLA
XII ESTRATEGIA TERAPEÚTICA
ANTE UNA HIPERLIPEMIA EN EL PACIENTE DIABÉTICO |
| |
Primera
elección |
Segunda
elección |
| Aumento
LDL-colesterol |
Estatinas
(atorvastatina, simvastatina) |
Fibratos
(fenofibrato,gemfibrozil) Resinas |
| Disminución
HDL-colesterol |
Fibratos
(fenofibrato,gemfibrozil) |
Acido
nicotínico
Estatinas(atorvastatina,
Simvastatina) |
| Aumento
triglicéridos |
Fibratos
(fenofibrato,gemfibrozil) |
Estatinas(atorvastatina,
Simvastatina) |
Aumento
triglicéridos y
LDL-colesterol |
Estatinas(atorvastatina,
simvastatina) |
Fibratos
(fenofibrato, gemfibrozil) |
|
Hipertensión arterial
Obviamente, la primera medida terapéutica a tomar en el
tratamiento de la hipertensión arterial va a ser el establecimiento de una dieta con
restricción de sal, juntamente con la recomendación de ejercicio físico y la
abstención de tabaco y alcohol.
En cuanto al empleo de fármacos antihipertensivos, en la
última década vienen publicándose los resultados provenientes de diversos estudios
cooperativos que tratan de demostrar la eficacia del empleo de uno u otro compuesto en el
control de la tensión arterial en el paciente diabético.
Así se han llevado a cabo estudios con antagonistas de
calcio: nitrendipino (Sys-Eur Trial) y felodipino (HOT), y con tiazidas (SHEP),
observándose un descenso de morbilidad y mortalidad cardiovascular significativamente
superior al alcanzado en sujetos no diabéticos sometidos a idénticos tratamientos. En
otros dos ensayos (FACET y ABCD) que tratan de comparar la utilización de antagonistas
del calcio con el uso de inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina (IECAs) se
han confirmado resultados positivos con ambos fármacos, si bien parecen ser discretamente
más favorables con el uso de IECAs.
En el importante estudio UKPDS (1998), ya comentado con
anterioridad y llevado a cabo en diabéticos tipo 2, el control estricto de la tensión
arterial (144/82 mm.Hg) -tanto con atenolol como con captopril- se siguió de un descenso
de la mortalidad relacionada con la diabetes del 32 por ciento, de accidentes
cerebrovasculares del 44 por ciento y de fallo cardíaco del 56 por ciento. Dato
importante a reseñar desde un punto de vista de estrategia terapéutica es el hecho de
que al final de los 9 años de duración de este estudio, pudo observarse que un 30 por
ciento de los pacientes seguidos precisaban para conseguir el estricto control de la
tensión arterial del uso de dos fármacos, y otro 30 por ciento de el empleo de tres o
más.
Por último, hemos de hacer notar los datos del estudio
HOPE (2000), en el que se pone de manifiesto como en pacientes diabéticos de más de 55
años de edad, con historia de enfermedad cardiovascular o la presencia asociada de
factores de riesgo cardiovascular (hipertensión arterial, dislipemia, microalbuminuria,
tabaquismo), el tratamiento con ramipril durante 4,5 años -comparado con un grupo
placebo- conduce a una reducción significativa de un 25 por ciento de eventos
cardiovasculares, de un 22 por ciento de infarto de miocardio, de un 33 por ciento de
accidentes cerebrovasculares agudos, de un 37 por ciento de muertes cardiovasculares y de
un 24 por ciento de nefropatía. Si esta brillante respuesta se relaciona con el simple
descenso de 3 mm Hg de la tensión arterial sistólica (hallado en el estudio),o con la
corrección de otros posibles mecanismos patogénicos, es algo que queda por
dilucidar.
En el paciente diabético, en la práctica clínica
habitual, el objetivo a alcanzar en cuánto al control tensional debe adaptarse a las
normas propuestas por el IV Joint National Committee (1997) que establece unas cifras de
130/85 mm. Hg.
En el tratamiento habitual de la hipertensión arterial en
el paciente diabético no existe contraindicación absoluta para la utilización de
ningún fármaco antihipertensivo. Entre los recomendables a emplear están los
inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina (IECAs), los antagonistas del
receptor tipo II de la angiotensina (ARA-II), los alfa-bloqueantes, los antagonistas del
calcio y los diuréticos (tiazidas o diuréticos de asa). En el control del diabético con
microalbuminuria el fármaco de elección son los IECAs. En cuanto a los beta-bloqueantes,
pese a sus posibles efectos secundarios (afectación flujo sanguíneo periférico,
defectuoso reconocimiento y respuesta a la hipoglucemia), deben emplearse ante situaciones
de cardiopatía isquémica; siendo más recomendables los beta-bloqueantes
selectivos.
Finalmente, es de hacer notar que en ocasiones va a ser
ineludible para controlar la tensión arterial, la asociación de dos o más fármacos.
Aspirina
La hiperactividad plaquetaria es un factor condicionante
de las complicaciones ateroscleróticas. La aspirina bloquea la síntesis de tromboxano y
ha sido empleada con éxito en la prevención de patología macroangiopática en sujetos
diabéticos y no diabéticos.
En los pacientes diabéticos se han efectuado estudios de
prevención secundaria y de prevención primaria que comprueban una disminución de riesgo
a padecer infarto de miocardio,si bien se observa en uno de ellos el desarrollo paralelo
de un mayor número de procesos hemorrágicos no fatales (HOT,1998).
Se vienen empleando hasta la actualidad dosis de 75-325
mg./día de aspirina con revestimiento enterco, para este tipo de profilaxis, sin
objetivarse contraindicaciones importantes. No debería, no obstante, utilizarse esta
terapia en determinadas circunstancias tales como alergia a ácido acetilsalicílico,
antecedentes de diátesis hemorrágica, empleo de terapia anticoagulante, reciente
hemorragia digestiva o presencia de hepatopatía activa.
La ADA (2000) recomienda el empleo de la aspirina como
prevención secundaria en los diabéticos con historia de infarto de miocardio, angina,
existencia de by-pass, accidentes cerebrovasculares, ictus transitorio o vasculopatía
periférica. Como prevención primaria de complicaciones ateroscleróticas puede ser más
discutible su uso, estando condicionado a la presencia de uno ó varios factores de riesgo
cardiovascular (historia familiar de coronariopatía, tabaquismo, hipertensión arterial,
obesidad, micro o macroalbuminuria y dislipemia).
Ante la intolerancia a la aspirina puede considerarse el
uso de otros fármacos con actividad antiplaquetaria (ticlopidina).
Obesidad
Como ya sabemos, la obesidad contribuye como factor de
riesgo al desarrollo de las complicaciones cardiovasculares, actuando generalmente a
través de la presencia asociada de otros factores patogénicos tales como la
hipertensión arterial y la dislipemia.
La corrección del aumento de peso quedará sujeta a la
observancia de un régimen dietético adecuado y a la práctica de ejercicio físico. En
ciertas ocasiones tendrá que acudirse al empleo de determinados fármacos tales como
inhibidores de la lipasa enteropancreática (orlistat) o inhibidores de recaptación de
noradrenalina y serotonina (sibutramina), y en situaciones extremas habrá que plantearse
la realización de cirugía bariátrica.
Tabaquismo
Al igual que en la población general es
imprescindible recomendar a los pacientes diabéticos la abstención de fumar, ya que
está comprobado de manera fehaciente la utilidad de esta medida en cuanto a la reducción
de complicaciones cardiovasculares.
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