Diabetes mellitus tipo 2
Complicaciones metabólicas agudas
Comprenden fundamentalmente el coma diabético
hiperosmolar no cetósico (CDHNC) y la hipoglucemia, a las que nos referiremos con
detenimiento. Otras manifestaciones menos frecuentes son la acidosis láctica y en algunas
circunstancias extremas de estrés (cirugía, infecciones, infarto miocardio...) la
posible presencia de cetoacidosis.
Coma diabético hiperosmolar no cetósico (CDHNC)
Si bien vamos a centrarnos en describir la situación
aguda o comatosa, es preciso señalar que en muchos casos nos vamos a enfrentar
exclusivamente en la clínica con las que podríamos denominar "situaciones
diabéticas hiperosmolares no cetósicas" sin manifestaciones de pérdida de
conciencia,
El CDHNC se caracteriza por la presencia de hiperglucemia,
generalmente superior a 600 mg./dl., osmolaridad plasmática superior a 350 mOsm./Kg.,
ausencia de cetosis y signos clínicos de deshidratación, obnubilación y posibles
déficit neurológicos asociados. Si bien puede surgir en niños o adolescentes, aparece
con preferencia en sujetos ancianos con DM2, siendo en ocasiones la primera manifestación
de la diabetes (dos terceras partes de los casos). La mortalidad de esta entidad suele
alcanzar cifras del 40 por ciento, en relación especialmente con la edad y patología
subyacente; no necesitando en ocasiones si el paciente sobrevive la administración
habitual de insulina, ya que suele tratarse de diabetes metabólicamente leves.
Etiopatogenia
Actúan como factores desencadenantes del CDHNC, la
administración de ciertos fármacos (tiazidas, difenilhidantoínas, diazóxido,
corticoides, ß-bloqueantes, inmunosupresores), el empleo de determinados procedimientos
terapeúticos (diálisis peritoneal, hemodiálisis, nutrición parenteral), la presencia
de enfermedades agudas (sepsis, quemaduras, infarto de miocardio, accidentes
cerebrovasculares, pancreatitis, infecciones) o de determinados procesos crónicos
(nefropatía, alcoholismo, enfermedades psiquiátricas).
La existencia concomitante de hiperglucemia e
hiperosmolaridad con ausencia de cetosis se ha tratado de explicar de la siguiente forma
(figura 4). La hiperglucemia y subsiguiente hiperosmolaridad estarían motivadas por
mecanismos tales como el defecto de secreción o actividad insulínica, el aumento de la
liberación de hormonas contrainsulares, el aporte exógeno excesivo de hidratos de
carbono, la existencia de nefropatía previa o la ingesta inadecuada de agua. La ausencia
de cetosis se ha interpretado por el hecho de que los valores de insulinemia, menos
descendidos que en la cetoacidosis diabética, serían suficientes para inhibir la
lipólisis pero no para favorecer el consumo periférico de glucosa. También se ha
aducido que la hiperosmolaridad plasmática y la deshidratación inhibirían la lipólisis
y la cetogénesis, o bien que el adipocito sería menos sensible a la acción del
glucagón.
Figura
4. Patogenia del coma diabético hiperosmolar no cetósico (CDHNC).
Manifestaciones clínicas
Las situaciones diabéticas hiperosmolares no cetósicas
se caracterizan por la aparición progresiva de poliuria, polidipsia, deshidratación,
distermia, obnubilación, pérdida de conciencia (en relación fundamental con la
hiperosmolaridad), convulsiones y posibles signos de focalidad neurológica (remedando en
ocasiones un cuadro de accidente cerebrovascular agudo). Otros síntomas los constituyen
la existencia de vómitos, ileo paralítico, hemorragia digestiva, etc..
Datos de laboratorio
Sangre
Se muestran valores elevados de glucemia (> 600
mg./dl.), ausencia de cuerpos cetónicos y manifiesta hiperosmolaridad plasmática (>
350 mOsm. /Kg.). La osmolaridad efectiva puede el médico calcularla a la cabecera del
enfermo, de acuerdo con la fórmula:
Osmolaridad efectiva = 2 [Na+ (mEq./l) + K+ (mEq/l.) ] +
glucemia (mg/dl.)/18.
Los niveles de sodio suelen, fundamentalmente, estar
elevados (deshidratación hipertónica), si bien en ocasiones pueden estar normales o
bajos (pseudohiponatremia), en posible relación con la acción osmótica de la
hiperglucemia o de una posible hiperlipemia acompañante. Pese a la deplección orgánica
del mismo, las concentraciones de potasio pueden encontrarse inicialmente elevadas
(déficit insulina, proteolisis muscular, insuficiencia renal o prerrenal), para después
y tras la instauración de tratamiento insulínico, tender a la hipokaliemia. Normalmente,
suele producirse ?????? una pérdida global de fósforo, magnesio y calcio.
Los cuerpos cetónicos plasmáticos suelen ser negativos.
En ocasiones puede detectarse la presencia de acidosis metabólica, relacionada con el
desarrollo de acidosis láctica (hipoxia sobreañadida) o la existencia de un cierto grado
de insuficiencia renal (nefropatía diabética previa o insuficiencia renal por
disminución de volumen).
La urea puede hallarse elevada por la existencia de
nefropatía previa o por la presencia de insuficiencia prerrenal. El hematocrito está
generalmente aumentado (hemoconcentración) y es posible el hallazgo de leucocitosis con
desviación izquierda.
Orina
Se evidencia la presencia de glucosuria con ausencia de
cetonuria. Existe incremento de natriuresis y kaliuresis, pudiendo también hallarse
alteraciones en el sedimento, en relación con el estado o función renal.
Complicaciones
En el curso evolutivo del CDHNC se manifiestan,
ocasionalmente, diferentes problemas clínico-metabólicos que es preciso diagnosticar
precozmente para su oportuno control.
Así podemos encontrarnos con alteraciones metabólicas
(diskaliemias, hipoglucemia, acidosis láctica), insuficiencia renal, infecciones
urinarias o pulmonares sobreañadidas, situaciones de sobrecarga de volumen por
reposición descontrolada de líquidos (edema agudo de pulmón,edema cerebral), cuadros de
trombosis arteriales (cerebrales, intestinales o periféricas) o coagulación
intravascular diseminada.
Tratamiento
Se basa en la correcta reposición hidroelectrolítica
(fluidoterapia) y en la administración de insulina. Secundariamente se establecerán
todas aquellas otras medidas de soporte, propias de una situación comatosa.
Fluidoterapia
El suministro de líquidos se realizará de forma rápida
y enérgica, si bien teniendo en cuenta que estamos tratando a veces sujetos ancianos y
debemos evitar una sobrecarga de volumen. El término medio de líquidos a administrar en
las primeras 24 horas será de unos 5-7 litros. A pesar de la elevada osmolaridad es más
recomendable recurrir en un principio al uso de suero salino isotónico o fisiológico
(0,9 por ciento), pues se trata de individuos que, paralelamente, suelen presentar
importante deplección de volumen intracelular y extracelular con hipotensión ocasional.
Una vez corregidas estas alteraciones, y ante valores elevados de natremia (> 150
mEq./l.),puede barajarse el empleo de sueros salinos hipotónicos (0,45 por ciento). Con
valores de glucemia inferiores a 250 mg./dl. se comenzará la administración de suero
glucosado al 5 por ciento, al que se adicionarán todos los electrolitos que pudieran
necesitarse.
Una vez comenzada la rehidratación e instaurada la
insulinoterapia, si se comprueba la presencia de una diuresis eficaz, se iniciará la
administración reglada de potasio de acuerdo con los niveles de kaliemia. Se suele
utilizar cloruro potásico, añadido al suero a perfundir, relacionándose la velocidad de
su administración con los valores de kaliemia existentes: potasio < 3 mEq./l (40 mEq.
K+ /hora), 3 - 4 mEq./l. (30 mEq K+./hora), 4 - 5 mEq./l. (20 mEq.K+ /hora).
Normalmente, no será necesario el empleo de bicarbonato
sódico, a no ser que se asocien situaciones de acidosis (acidosis láctica, insuficiencia
renal o prerrenal)
Insulinoterapia
Se utilizaran insulinas de acción rápida: insulina
regular o análogos insulinicos (insulina lispro).La insulina se administrará, cuando sea
posible, de acuerdo con una "bomba" de infusión continua intravenosa o lo que
suele ser más frecuente en la práctica ordinaria, mezclada dentro de los sueros a
perfundir. Las dosis necesarias a emplear suelen ser generalmente inferiores a las usadas
en el tratamiento de la cetoacidosis diabética.
En la Tabla VII se expresa una posible pauta de
administracción de insulina, incorporada a los sueros a perfundir.
TABLA
VII. PAUTA DE INSULINOTERAPIA
EN EL COMA DIABÉTICO HIPEROSMOLAR NO
CETÓSICO (CDHNC) |
| · Dentro del primer suero
(salino fisiológico) 20 U. insulina rápida ·
En los siguientes sueros, según determinaciones glucémicas previas con tiras reactivas:
- Glucemia 3 250 mg./dl......... Salino fisiológico (500 c.c.)+ 18 U. Insulina rápida
- " 3 180 mg./dl........ Glucosado 5 % (500 c.c.) *+ 13 U. "
- " 3120 mg./dl......... Glucosado 5 % (500 c.c.)* + 8 U. "
- " 3 80 mg./dl......... Glucosado 5 % (500 c.c.)* + 5 U. "
- " < 80 mg./dl.......... Glucosado 5 % (500
c.c.)* |
* Sólo o asociado a aporte electrolítico si se precisase
Heparinoterapia
En aquellos pacientes diabéticos que presentan una
osmolaridad plasmática superior a 380 mOsm./Kg., y para prevenir la aparición de
complicaciones vasculares trombóticas, se sugiere el empleo subcutáneo de heparinas de
bajo peso molecular.
Otras medidas complementarias
Comprenden, entre otras, las siguientes actuaciones:
- Tratamiento del posible factor desencadenante del cuadro
clínico (infección, uso de determinados fármacos, quemaduras, nutrición parenteral,
etc.)
- Sondaje vesical
- Sondaje o aspiración gástrica si se precisa
-Control presión venosa central si las condiciones lo
requieren
- Oxigenoterapia si PO2 menor de 80 mm Hg.
Hipoglucemia
La aparición de hipoglucemia en el paciente diabético
tipo 2 puede surgir en relación con la administración de antidiabéticos orales
insulinosecretagogos (sulfanilureas, repaglinida) o de insulina; viéndose favorecida su
presencia por la participación de determinados factores condicionantes.
En el caso del uso de fármacos orales suelen influir los
siguientes factores: dieta incorrecta, vómitos y diarreas, presencia de hepatopatía o
nefropatía, ejercicio físico inadecuado, déficit hormonal contrainsular
(hipotiroidismo, panhipopituitarismo, Addison), etilismo, ingesta simultánea de otras
medicaciones (ß-bloqueantes, IMAO, salicilatos, dicumarínicos...) o dosis excesiva de
los citados antidibéticos orales.
En diabéticos tipo 2 tratados con insulina, pueden
contribuir especialmente a la hipoglucemia: dieta inadecuada, desacoplamiento en la
administración dietético-insulínica, ejercicio físico excesivo, vómitos y diarreas,
empleo de medicaciones antes reseñadas, alcoholismo, dosis excesiva de insulina, defectos
técnicos de administración (error en medición de unidades) o disminución de sus
necesidades diarias (cambio de inyección de zona lipodistrófica a zona normal,
reducción de tratamiento corticoterápico previo, nefropatía, déficit hormonal
contrainsular).
Las manifestaciones clínicas de la hipoglucemia pueden
agruparse en sígnos y síntomas autonómicos (temblor, sudoracion, ansiedad, taquicardia,
hambre) y neuroglucopénicos (disfunción cognitiva, alteraciones del comportamiento,
pérdida de concentración o déficits neurológicos como visión borrosa, obnubilación,
alteraciones sensitivas o motoras, convulsiones y coma). Cada diabético suele mostrar
cierta respuesta sintomatológica específica y personal en las sucesivas hipoglucemias
que padece, habiéndose demostrado que con la evolución de la diabetes puede modificarse
a veces este patrón.
En cuánto a la duración de las hipoglucemias habrá que
tener en cuenta el espectro de acción de la insulina y la potencia y vida media de los
fármacos orales administrados. Dentro de estos últimos, la mayor tasa de hipoglucemias
se ha referido con el uso de la clorpropamida y glibenclamida. Glimepirida y repaglinida
parecen ser los fármacos insulinsecretagogos con menor tendencia a producir
hipoglucemias.
Dentro de las complicaciones derivadas de la presencia de
hipoglucemias, independientemente de la posible mortalidad (generalmente rara), cabe
señalar el actuar de posible factor desencadenante de complicaciones vasculares
macroangiopáticas (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular agudo), el desarrollo
de secuelas neurológicas ante la reiteración de episodios (epilepsia, alteraciones
personalidad) y el favorecer a largo plazo la evolución de la microangiopatía. La
hipoglucemia, en especial en pacientes tratados con insulina, a través de la liberación
reiterada de catecolaminas puede producir isquemia capilar, con la consiguiente
disminución de flujo sanguíneo, hemoconcentración e hipercoagulabilidad.. Por último,
si bien más típico de la DM1 tratada con insulina, estaría la presencia del fenómeno
de Somogyi (hiperglucemia post-hipoglucemia nocturna asintomática).
Por lo que respecta al tratamiento es preciso tener en
cuenta las siguientes normas.
Ante la presencia de hipoglucemia, el paciente deberá
ingerir hidratos de carbono de absorción rápida (tabletas de glucosa, azúcar o fruta).
Si como medicación asociada a la insulina o a fármacos insulinosecretagogos
(sulfanilureas o repaglinida) estuviera tomando inhibidores de las alfa-glucosidasas
intestinales (acarbosa o miglitol), deberá emplear exclusivamente tabletas de glucosa, ya
que estos últimos fármacos inhiben la digestión de los disacáridos.
En presencia de hipoglucemias graves (aquéllas que suelen
acompañarse de pérdida de sensorio), la primera alternativa debe ser la administración
por otra persona de 1 mg. de glucagón por vía intramuscular o intravenosa. No debe
emplearse en sujetos alcohólicos que suelen tener ya el hígado depleccionado de
glucógeno. Si no cede el cuadro clínico el paciente será trasladado al hospital, en
dónde se le administrará inicialmente suero glucosado hipertónico (50 por ciento), para
posteriormente y según las circunstancias proseguir con suero glucosado al 5 o 10 por
ciento. En casos de coma hipoglucémico grave, si una vez corregidos los valores de
glucemia persistiera la obnubilación o pérdida de conciencia (en ausencia de accidente
vasculocerebral, ingesta de alcohol, benzodiacepinas, barbitúricos, etc..), deberá
pensarse en la posible presencia de edema cerebral, instaurándose en este caso la
administración de dexametasona.
Cetoacidosis diabética
No entraremos en su descripción al ser una manifestación
específica de la DM1. No obstante, puede en ocasiones ponerse en evidencia en DM2 ante la
presencia de determinadas circunstancias que actúan como factores desencadenates, tales
como la existencia de un infarto agudo de miocardio o cuadros infecciosos (celulitis,
neumonnía, etc.)., que conducen a un grave déficit insulínico.
En ocasiones, esta manifestación suele incidir en sujetos
que no son portadores en realidad de una genuina diabetes tipo 2, sino más bien de una
diabetes tipo LADA o diabetes tipo 1, en la que la destrucción pancreática de la célula
beta tiene lugar de forma paulatina y el déficit insulínico consiguiente no se pone
totalmente de manifiesto hasta edades avanzadas.
Acidosis láctica
La acidosis láctica es una alteración metabólica
clínicamente poco frecuente y de pronóstico ominoso que puede surgir en el paciente
diabético.
El ácido láctico es el producto final de la glucolisis
anaerobia que se forma en el citosol de determinados sistemas celulares (piel, músculo,
intestino, cerebro y hematíes), a partir del ácido pirúvico y bajo la influencia del
enzima láctico-dehidrogenasa. Este ácido láctico, producido preferentemente en el
músculo, va a ser posteriormente empleado por el hígado como sustrato
neoglucogenético.
La acidosis láctica es una acidosis metabólica con hiato
aniónico positivo, debida a la presencia de hiperlactacidemia (> 7 mmol./l.),
acompañada de un cociente ácido láctico/ácido pirúvico aumentado, y en cuyo origen se
encuentran situaciones de baja perfusión tisular (infarto de miocardio, shock,
tromboembolismo pulmonar), enfermedades sistémicas (linfomas, leucosis, diabetes,
hepatopatías), administración de fármacos o drogas (salicilatos, biguanidas, alcohol),
defectos enzimáticos de la glucólisis y miopatías primarias.
En cuanto a la diabetes mellitus, en concreto, la acidosis
láctica puede asociarse a la cetoacidosis y al CDNHC, en especial en casos de hipoxia
tisular sobreañadida, así como puede también presentarse en ciertos pacientes tratados
con biguanidas (fundamentalmente fenformina). La fenformina condiciona la aparición de
hiperlactacidemia al inhibir la fosforilización oxidativa intramitocondrial y la
neoglucogénesis hepática.
En la práctica clínica diaria es difícil confirmar la
presencia de este proceso, ya que los síntomas son inespecíficos (hipotensión,
taquicardia, shock, hiperventilación náuseas, vómitos, dolor abdominal y obnubilación)
y la determinación analítica de ácido láctico no forma parte de los protocolos
diagnósticos rutinarios en los servicios de urgencia.
El tratamiento se puede orientar en varias
direcciones: corregir la posible hipoperfusión tisular, eliminar el agente lactacidógeno
(hemodiálisis), emplear sustancias alcalinizantes (bicarbonato sódico, carbicarb ó
THAM) o administrar fármacos estimuladores de la piruvato-dehidrogenasa (dicloroacetato,
2-cloropropionato).
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