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PROGRAMA ANUAL
2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Osteoporosis

Clínica

Síndrome del aplastamiento vertebral

La osteoporosis, como hemos dicho, es un proceso silencioso durante una gran etapa de la vida, siendo la fractura el hecho clínico fundamental. Aunque la fragilidad ósea que produce la osteoporosis podría, en teoría, provocar fracturas en cualquier zona del esqueleto, las mismas se producen de forma típica y principal en las vértebras, la cadera, la muñeca, el húmero y la tibia. Dichas fracturas suelen producirse después de flexiones súbitas, levantamientos de objetos más o menos pesados, saltos de escasa importancia o maniobras de apoyo brusco de las extremidades superior tras desequilibrios o caídas pequeñas. Son producidas en realidad, por traumatismos leves en relación con la vida cotidiana que habitualmente no producirían fractura en una persona sana, por ello se consideran fracturas patológicas.

Dolor agudo

El colapso o fractura vertebral suele producir dolor agudo en la espalda en la mayoría de las ocasiones. Tras la fractura vertebral el dolor, que es súbito e intenso, aumenta con los movimientos suaves y la maniobra de Valsalva, suele irradiarse a la cara anterior del abdomen y, a veces, suele acompañarse de distensión abdominal por ileo secundario a cierto grado de hemorragia retroperitoneal. Los episodios de dolor más agudo suelen durar de 1-2 semanas, produciéndose accesos dolorosos recidivantes durante todo este periodo que exigen de reposo y analgesia potente, incluidos narcóticos. Los pacientes son incapaces de sentarse en la cama y tienen que levantarse de la misma con dificultosas maniobras como rodar de lado. Al cabo de 4-6 semanas el dolor suele desaparecer. Como hemos dicho no siempre una fractura vertebral produce dolor de espalda, sobre todo a nivel dorsal medio y cuando la disminución de la altura del cuerpo vertebral es menor del 25 por ciento. Es excepcional que una fractura osteoporótica produzca signos neurológicos de compresión medular, en ese caso hay que sospechar siempre una patología secundaria sobre todo enfermedad metastásica vertebral.

Dolor crónico

En realidad entre fractura y fractura no suele existir dolor de espalda, salvo que la paciente padezca artrosis vertebral que justifica el dolor crónico que muchas refieren. Además, el colapso vertebral en la región dorsal central muchas veces, como hemos referido, no causa dolor agudo. Algunos autores defienden que la pérdida de la estática de la columna, cuando los aplastamiento son múltiples producen modificaciones secundarias respondables del dolor de espalda. La pérdida del alineamiento de la articulaciones interapofisarias desarrolla artrosis. La pseudoespondilolistesis (desplazamiento anterior de L4 sobre L5 o L5 sobre S1) o hiperextensión compensatoria cervical (si la cifosis dorsal producida es marcada) pueden producir dolor lumbar y cervical crónico respectivamente. En la fase de recuperación entre 4-6 semanas de la fractura suele existir un dolor menos intenso causado por la tensión y sobrecarga muscular de la musculatura extensora de la espalda.

Pérdida de estatura y deformidad de la espalda

Como la fractura vertebral afecta a la parte anterior del cuerpo, se produce un acuñamiento vertebral que causa disminución de la talla y un aumento exagerado de la cifosis dorsal fisiológica, que es lo que se ha venido a llamar popularmente "la joroba de viuda", aludiendo a un sector de la población con gran incidencia de esta patología (aunque la viudedad no es obligada ni se ha considerado factor de riesgo). La cifosis dorsal muy marcada puede llegar a producir cierto grado de restricción respiratoria que no suele tener trascendencia por sí sola a no ser que el paciente tuviera patología cardiopulmonar previa (lo cual no es infrecuente en el anciano). La afectación de la vértebras lumbares suele incidir sobre la región central del cuerpo o a todo el cuerpo vertebral, lo cual determina una aproximación de las costillas a la pelvis, con pérdida de altura del abdomen que tiende a abombarse (prominencia abdominal) y presenta plieges horizontales en la parte superior del abdomen. Las pacientes se quejan de la pérdida del talle de la cintura y a menudo tiene que cambiar de ropa. El roce de las últimas costillas con las crestas ilíacas puede producir dolor. La pérdida de altura de las vertebras da lugar a disminución de la talla que puede llegar hasta los 10 cm de altura cuando los aplastamiento son intensos y múltiples. Así la disminución de la talla y la progresiva deformidad junto al dolor agudo de la fractura completan la triada de la enfermedad osteoporótica de la columna vertebral, el llamado síndrome de aplastamiento vertebral.

Fracturas de las extremidades

La fractura de cadera suele ser cervical o trocantérea. Se debe a una caída, casi siempre hacia un lado o hacia atrás, que hace caer al enfermo en posición semisentada, de forma que se golpea directamente sobre la región glútea. Este tipo de fractura como ya hemos explicado tiene un elevado índice de mortalidad y de producir incapacidad física grave.

La fractura de muñeca se produce con mayor frecuencia en personas más jóvenes por la especial forma que tienen de caer ante una pérdida del equilibrio, suele ser en caída hacia adelante por la inercia de un movimiento más vigoroso y con los brazos hacia delante para buscar protección al conservarse mejor los reflejos defensivos. Este tipo de fractura suele tener una morbilidad muy inferior a las anteriores.

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