Hiperlipemias
Prioridades en el tratamiento
La hiperlipidemia está considerada
como el principal factor de riesgo de enfermedad cardiovascular. Por este motivo, reducir
los niveles de colesterol es uno de los objetivos prioritarios para su prevención y
tratamiento. En primer lugar la prevención se dirige a los pacientes con enfermedad
coronaria establecida u otra enfermedad vascular ateroesclerótica. A continuación están
los pacientes asintomáticos con elevado riesgo. Por ejemplo, presencia de
hipercolesterolemia severa u otras dislipemias diabetes mellitus o hipertensión arterial
o bien una asociación de factores de riesgo.
El tratamiento también puede estar indicado en otros
pacientes con elevado riesgo de cardiopatía isquémica. Éstos incluyen a pacientes con
enfermedad renal crónica, hiperlipidemias secundarias y en trasplantados.
La modificación de la dieta es el tratamiento de primera
línea en pacientes con hiperlipemia, y en la mayoría de ellos se indica un ensayo
prolongado antes de recurrir al tratamiento farmacológico. Si un paciente presenta
hiperlipemia severa puede estar justificado comenzar simultáneamente ambos tratamientos
(dietético y farmacológico). Este último resulta especialmente adecuado en la
hipercolesterolemia severa especialmente la familiar heterocigótica y en la
hiperquilomicronemia severa. Se deberá indicar también tratamiento farmacológico en
aquellas formas de hiperlipemia moderada en las que el tratamiento dietético no ha
conseguido una reducción satisfactoria de los niveles de cLDL. Como regla general, los
pacientes con hipercolesterolemia moderada que presentan un alto riesgo de cardiopatía
isquémica por otras causas son mejores candidatos al tratamiento farmacológico que
aquéllos que tienen un riesgo bajo.
El consenso para el control de la colesterolemia elaborado
por la Sociedad Española de Arteriosclerosis ha simplificado las normas de seguimiento y
control con la finalidad de conseguir una estrategia, con más posibilidades de llevarse a
cabo en Atención Primaria.
Clasifica las normas de actuación de la siguiente forma:
1. Colesterol total entre 200 y 250 mg/dl. Medidas
dietéticas con nuevo control analítico a los 3 y 6 meses. Si se alcanza el objetivo
terapéutico se recomienda realizar nuevo control entre 1 a 5 años después.
2.- Colesterol superior a 250 mg/dl. Repetir un nuevo
análisis en el plazo de una a tres semanas, añadiendo la determinación de
substracciones lipídicas. Según el resultado la actuación se subdivide en:
2.1. Colesterol total entre 200 y 300 mg/dl. Consejo
dietético y repetir determinación a los 3 meses, si no se consigue respuesta adecuada,
iniciar tratamiento farmacológico.
2.2. Colesterol superior a 300 mg/dl. Consejo dietético y en
su caso, corrección de otros factores de riesgo, si a los 3 meses sigue presentando
cifras superiores a 300 mg/dl se indicará tratamiento farmacológico.
Debe recordarse que la detección de una hiperlipemia tiene
como finalidad instaurar un tratamiento adecuado que permita retrasar o prevenir el
desarrollo de la aterosclerosis. Su diagnóstico se ha de basar en, al menos, dos
determinaciones analíticas en un período de 2 a 3 semanas. La detección de una
hiperlipemia obliga a plantearse unos objetivos terapéuticos que van a depender de la
valoración global del riesgo cardiovascular de cada sujeto. Si el riesgo es bajo se
propone reducir los valores de colesterol total entre 195 - 230 mg/dl, de cLDL entre
155-170mg/dl, de triglicéridos por debajo de 200 mg/dl. Si el riesgo es moderado se
propone reducir el colesterol total por debajo de 195 mg/dl, de cLDL entre 135-155 mg/dl,
de triglicéridos por debajo de 195 mg/dl y de cHDL por encima de 35 mg/dl. Cuando el
riesgo es elevado se propone reducir los niveles de colesterol total por debajo de 175
mg/dl, y de cLDL por debajo de 100mg/dl, triglicéridos por debajo de 150 mg/dl.
En prevención primaria se dará gran importancia a la
modificación de los factores ambientales que conllevan mas riesgo coronario,
alimentación, tabaquismo, y sedentarismo. Por el contrario, en prevención secundaria la
actitud terapéutica ha de ser mas enérgica, siendo aquí el objetivo prioritario mejorar
la calidad de vida del paciente, disminuyendo el número de ataques coronarios,
favoreciendo la estabilidad y la regresión de las lesiones siendo de gran importancia el
tratamiento farmacológico con estatinas desde el primer momento.
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