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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Hiperlipemias

Prioridades en el tratamiento

La hiperlipidemia está considerada como el principal factor de riesgo de enfermedad cardiovascular. Por este motivo, reducir los niveles de colesterol es uno de los objetivos prioritarios para su prevención y tratamiento. En primer lugar la prevención se dirige a los pacientes con enfermedad coronaria establecida u otra enfermedad vascular ateroesclerótica. A continuación están los pacientes asintomáticos con elevado riesgo. Por ejemplo, presencia de hipercolesterolemia severa u otras dislipemias diabetes mellitus o hipertensión arterial o bien una asociación de factores de riesgo.

El tratamiento también puede estar indicado en otros pacientes con elevado riesgo de cardiopatía isquémica. Éstos incluyen a pacientes con enfermedad renal crónica, hiperlipidemias secundarias y en trasplantados.

La modificación de la dieta es el tratamiento de primera línea en pacientes con hiperlipemia, y en la mayoría de ellos se indica un ensayo prolongado antes de recurrir al tratamiento farmacológico. Si un paciente presenta hiperlipemia severa puede estar justificado comenzar simultáneamente ambos tratamientos (dietético y farmacológico). Este último resulta especialmente adecuado en la hipercolesterolemia severa especialmente la familiar heterocigótica y en la hiperquilomicronemia severa. Se deberá indicar también tratamiento farmacológico en aquellas formas de hiperlipemia moderada en las que el tratamiento dietético no ha conseguido una reducción satisfactoria de los niveles de cLDL. Como regla general, los pacientes con hipercolesterolemia moderada que presentan un alto riesgo de cardiopatía isquémica por otras causas son mejores candidatos al tratamiento farmacológico que aquéllos que tienen un riesgo bajo.

El consenso para el control de la colesterolemia elaborado por la Sociedad Española de Arteriosclerosis ha simplificado las normas de seguimiento y control con la finalidad de conseguir una estrategia, con más posibilidades de llevarse a cabo en Atención Primaria.

Clasifica las normas de actuación de la siguiente forma:

1. Colesterol total entre 200 y 250 mg/dl. Medidas dietéticas con nuevo control analítico a los 3 y 6 meses. Si se alcanza el objetivo terapéutico se recomienda realizar nuevo control entre 1 a 5 años después.

2.- Colesterol superior a 250 mg/dl. Repetir un nuevo análisis en el plazo de una a tres semanas, añadiendo la determinación de substracciones lipídicas. Según el resultado la actuación se subdivide en:

2.1. Colesterol total entre 200 y 300 mg/dl. Consejo dietético y repetir determinación a los 3 meses, si no se consigue respuesta adecuada, iniciar tratamiento farmacológico.

2.2. Colesterol superior a 300 mg/dl. Consejo dietético y en su caso, corrección de otros factores de riesgo, si a los 3 meses sigue presentando cifras superiores a 300 mg/dl se indicará tratamiento farmacológico.

Debe recordarse que la detección de una hiperlipemia tiene como finalidad instaurar un tratamiento adecuado que permita retrasar o prevenir el desarrollo de la aterosclerosis. Su diagnóstico se ha de basar en, al menos, dos determinaciones analíticas en un período de 2 a 3 semanas. La detección de una hiperlipemia obliga a plantearse unos objetivos terapéuticos que van a depender de la valoración global del riesgo cardiovascular de cada sujeto. Si el riesgo es bajo se propone reducir los valores de colesterol total entre 195 - 230 mg/dl, de cLDL entre 155-170mg/dl, de triglicéridos por debajo de 200 mg/dl. Si el riesgo es moderado se propone reducir el colesterol total por debajo de 195 mg/dl, de cLDL entre 135-155 mg/dl, de triglicéridos por debajo de 195 mg/dl y de cHDL por encima de 35 mg/dl. Cuando el riesgo es elevado se propone reducir los niveles de colesterol total por debajo de 175 mg/dl, y de cLDL por debajo de 100mg/dl, triglicéridos por debajo de 150 mg/dl.

En prevención primaria se dará gran importancia a la modificación de los factores ambientales que conllevan mas riesgo coronario, alimentación, tabaquismo, y sedentarismo. Por el contrario, en prevención secundaria la actitud terapéutica ha de ser mas enérgica, siendo aquí el objetivo prioritario mejorar la calidad de vida del paciente, disminuyendo el número de ataques coronarios, favoreciendo la estabilidad y la regresión de las lesiones siendo de gran importancia el tratamiento farmacológico con estatinas desde el primer momento.

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