Hiperlipemias
Alteraciones del metabolismo de las
lipoproteínas: clasificación y diagnóstico
Al hablar de hipercolesterolemias o
hipertrigliceridemias, estamos refiriéndonos a los trastornos en las lipoproteínas que
transportan estos lípidos (hiperlipoproteinemias) (HLP). El aumento de la concentración
de las mismas en plasma suele tener su origen en el aumento de su síntesis consecuencia
de una dieta rica en grasas saturadas y/o en una reducción de su eliminación del plasma
por causas genéticas. En la práctica, esto equivale a la elevación de las LDL o VLDL y,
con menor frecuencia de los quilomicrones y partículas residuales IDL. Los datos
epidemiológicos que asocian a las anomalías lipídicas con las enfermedades
cardiovasculares (ECV) y en particular con la Cardiopatía Isquémica (CI) son
irrefutables. La relación inversa también está confirmada epidemiológicamente, al
demostrarse que el descenso y control de la colesterolemia reduce la morbimortalidad
coronaria. Por lo tanto, la trascendencia clínica de las HLP, dejando aparte el riesgo de
pancreatitis aguda en los pacientes con hipertrigliceridemias severas, se centra
exclusivamente en su relación con el incremento del riesgo coronario. Esto significa que
los pacientes estarán asintomáticos, lo que va a condicionar todo el enfoque
diagnóstico y terapéutico.
Son múltiples los puntos del metabolismo de las
lipoproteínas donde pueden localizarse alteraciones, las cuales tienen como consecuencia
el desarrollo de diversos tipos de hiperlipoproteinemias. Existen distintas formas de
clasificarlas, la mas clásica es la clasificación fenotípica (ver Tabla III), descrita
por Fredickson y completada poco tiempo después por la OMS. El fenotipo I se define por
la presencia de quilomicrones en plasma en ayunas, el fenotipo IIa por el aumento de
ß-lipoproteínas, el IIb por el aumento de ß y pre-ß-lipoproteínas, el fenotipo III
por la presencia de una banda ancha en la región ß en la electroforesis de
lipoproteínas, el fenotipo IV por un aumento de pre-ß-lipoproteínas y el fenotipo V por
la presencia de quilomicrones con aumento de pre-ß-lipoproteínas. Se trata de una
clasificación descriptiva, pero que no aporta ningún dato acerca de la posible
etiología de las alteraciones, sin establecer separación entre trastornos primarios y
secundarios. Por otro lado, una clasificación sencilla en hipercolesterolemias e
hipertrigliceridemias no es suficiente en la práctica clínica para un correcto
tratamiento de estos pacientes, siendo por tanto, necesario establecer un diagnóstico
nosológico. El objetivo actual es conseguir un sistema de clasificación basado en las
alteraciones genéticas y en la fisiopatología responsable de las mismas, aunque faltan
por despejar bastantes incógnitas sobre los mecanismos de producción y su transmisión
genética (ver Tabla IV).
TABLA
III.
CLASIFICACIÓN DE LAS HIPERLIPOPROTEINEMIAS SEGÚN LOS FENOTIPOS DE FREDRICKSON Y
COLABORADORES. MODIFICADA Y ADAPTADA POR LA OMS (1970) |
TABLA
IV.
CLASIFICACIÓN GENÉTICA DE LAS
HIPERLIPOPROTEINEMIAS |
Alteraciones |
Prevalencia estimada |
|
| Monogénicas |
|
| 1. Mutaciones de las apolipoproteínas |
|
| 1.a. Mutaciones de la apo A-I |
1:1.000.000 |
| 1.b. Déficit familiar de apo B-100 |
? |
| 1.c. Déficit familiar de apo C-II |
1:1.000.000 |
| 1.d. Disbetalipoproteinemia (E2/E2) |
1:10-100.000 |
|
|
2. Mutaciones del receptor LDL (HF)
1:1.000.000 |
1:50 |
|
|
| 3. Mutaciones de enzimas |
|
| 3.a. Déficit familiar de LPL |
<1:10.000 |
| 3.b. Déficit familiar de HL |
? |
| 3.c. Déficit familiar de LCAT |
1:1.000.000 |
|
|
| Posiblemente poligénicas |
|
| 1. Hipertrigliceridemia familiar |
1:500 |
| 2. Hipercolesterolemia poligénica familiar |
? |
| 3. Hiperlipemia familiar combinada |
1:300 |
|
Junto a los pacientes en los que las alteraciones lipoproteicas son la única
manifestación de enfermedad (HLP primarias), hay otro grupo no menos importante de
patologías endocrinas, metabólicas, renales, hepatobiliares y autoinmunes que pueden
cursar con alteraciones similares (HLP secundarias) (ver Tabla V). La separación entre
las formas primarias y secundarias no siempre es fácil, ya que las alteraciones
bioquímicas son similares. Desde un punto de vista práctico es importante realizar un
diagnóstico de despistaje en estas situaciones, ya que con el diagnóstico y tratamiento
de la enfermedad origen, puede mejorar dicha alteración lipídica. Una razón básica
para el tratamiento de estas formas secundarias es la de constituir un factor de riesgo
independiente. La estrategia terapéutica será distinta: las alteraciones primarias van a
requerir modificaciones en el estilo de vida, tratamiento dietético y, en la mayoría de
los casos, administración de fármacos hipolipemiantes, mientras que las alteraciones
secundarias se corrigen, por lo general, con el tratamiento de la enfermedad causal y
sólo en situaciones especiales será necesario administrar hipolipemiantes.
TABLA
V.
CAUSAS DE HIPERLIPOPROTEINEMIAS SECUNDARIAS |
| Diabetes Mellitus |
|
|
|
|
|
Severa
|
* |
|
|
|
* |
Moderada
|
|
* |
* |
* |
* |
| Obesidad |
|
|
|
* |
* |
| Síndrome nefrótico |
|
* |
|
|
|
| Uremia |
|
|
|
* |
* |
| Alcoholismo |
|
|
|
* |
* |
| Hipotiroidismo |
|
* |
* |
|
|
| Obstrucción biliar |
|
* |
* |
|
|
| Hepatitis |
|
|
|
* |
|
| Disglobulinemias diversas |
|
|
* |
|
* |
| Lupus eritematoso |
* |
|
|
|
* |
| Mieloma |
|
* |
* |
|
|
| Porfiria |
|
* |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| Fármacos |
|
|
|
|
|
| Bloqueantes adrenérgicos |
|
* |
|
|
|
| Estrógenos |
|
|
|
* |
|
| Corticosteroides |
* |
* |
|
* |
* |
| Diuréticos |
|
* |
|
* |
|
|
Formas Primarias
Dentro de este grupo se incluyen aquellas alteraciones con un
claro componente genético bien identificado y denominadas alteraciones monogénicas que
abarcan los fenotipos I, IIa y III de la antigua clasificación de Fredrickson. Y un
segundo grupo, no menos importante por su mayor frecuencia de presentación, denominado de
alteraciones poligénicas, caracterizado por las interacciones producidas entre factores
genéticos mal identificados y factores ambientales (ver Tabla IV).
Hipercolesterolemia familiar monogénica
Enfermedad hereditaria autosómica dominante, debida a un
trastorno genético en el que se altera la estructura y función del receptor LDL de la
membrana celular. Dicho defecto puede residir en la síntesis del receptor, en su
procesamiento a nivel del retículo endoplásmico o del aparato de Golgi, en el anclaje
del receptor en las fosas recubiertas de la membrana celular, o en el reconocimiento de la
apo B-100. Como resultado de esta falta de funcionalidad del receptor B/E, el catabolismo
de las LDL se enlentece, aumentando su concentración plasmática según el grado de
afectación. Las LDL se verán obligadas a metabolizarse a través de mecanismos o vías
alternativas representadas por los macrófagos a través de los receptores de LDL
modificadas. Es éste mecanismo alternativo el que participa activando el proceso
aterosclerótico precoz, así como en el origen de la infiltración lipídica en otros
tejidos que sufren estos pacientes.
La enfermedad tiene dos formas de presentación según se
afecten uno o los dos alelos del gen. La forma heterocigota, más leve, la padecerán los
sujetos que tienen alterada la mitad de su dotación de receptores LDL. Se encuentra en
uno de cada 500 individuos. El único hallazgo patológico en la primera década de la
vida es bioquímico, la hipercolesterolemia. El depósito lipídico en otros tejidos,
xantomas tendinosos, xantelasmas y arco corneal, aparecen en la segunda década, entre los
20 y 30 años, aunque no son específicos de esta enfermedad, ya que pueden verse también
en sujetos normales. La coronariopatía isquémica puede expresarse clínicamente en la
cuarta década. Facilita el diagnóstico la elevada colesterolemia, con valores superiores
a los 300 mg/dl, junto al cuadro de hipercolesterolemia familiar. La determinación de la
actividad de los receptores LDL en cultivo de fibroblastos o en linfocitos confirma el
diagnóstico.
La forma homocigota es rara, afectando a uno de cada millón
de recién nacidos. A diferencia de la anterior, en ésta se detectan hallazgos clínicos
en los primeros años de vida. Por otro lado, las concentraciones plasmáticas de
colesterol son lo suficientemente llamativas para no plantear dudas sobre su diagnóstico.
El estudio de la actividad de los receptores LDL, con ausencia total o con defectos muy
marcados en su actividad nos confirmará el mismo. El diagnóstico diferencial se ha de
plantear con la hipercolesterolemia poligénica, la hiperlipidemia familiar combinada, con
el defecto familiar de la apoB-100, así como con las causas secundarias más frecuentes
responsables de un fenotipo IIa; el hipotiroidismo y el síndrome nefrótico,
fundamentalmente.
La creciente aplicación de las técnicas de biología
molecular al estudio del DNA está permitiendo identificar mutaciones en el gen que
codifica la apo B-100, que se expresan clínica y bioquímicamente como la
hipercolesterolemia familiar monogénica. En el caso de la deficiencia de apo B-100, la
anomalía se encuentra no en el receptor para las LDL, sino en la estructura de la apo
B-100 de estas lipoproteínas, lo que se traduce en una menor afinidad por el receptor
celular de LDL que va a provocar situaciones de hipercolesterolemias desde la infancia. La
clínica es similar a la hipercolesterolemia familiar, concentraciones elevadas de cLDL,
presencia de xantomas tendinosos, arco corneal y desarrollo precoz de cardiopatía
isquémica. La única forma de establecer el diagnóstico de certeza será mediante el
análisis de la secuencia del gen de la apo B.
Hiperquilomicronemia familiar
Alteración metabólica caracterizada por una intensa
quilomicronemia en estado de ayunas, con una concentración normal de VLDL y baja de HDL y
LDL. Se trata de un trastorno muy raro a tener en cuenta a la hora del diagnóstico
diferencial de los dolores abdominales recurrentes en Pediatría. Es debida a la falta de
expresión de la actividad de la LPL. Realmente, esta falta de actividad puede ser debida
a un defecto en la propia enzima (deficiencia familiar de LPL) o en su activador, la apo
C-II (deficiencia familiar de apo C-II). Ambas situaciones son raras, menos de un caso por
millón de nacidos y se heredan de forma autosómica recesiva. Dicha alteración impide
que los quilomicrones y VLDL sean hidrolizados de forma adecuada y, en consecuencia, se
originará una intensa hipertrigliceridemia. La sangre presenta un aspecto de "sopa
de tomate" y el suero, al ser centrifugado, deja en su superficie una capa quilosa
con un infranadante claro. El diagnóstico queda establecido al comprobar la nula o
mínima actividad lipolítica del suero extraído tras la inyección de heparina.
Sus manifestaciones clínicas más relevantes son una
importante elevación de triglicéridos en plasma que pueden oscilar entre los 1500 a
10.000 mg/dl, presencia de xantomas eruptivos en nalgas y extremidades, lipemia retinalis
y hepato-esplenomegalia. Su complicación más grave es la pancreatitis aguda, debido al
contacto de los quilomicrones con la lipasa pancreática y la liberación consecuente de
elevadas cantidades de ácidos grasos no estatificados con actividad inflamatoria.
Disbetalipoproteinemia
Trastorno reconocido por la elevación en las concentraciones
plasmáticas de triglicéridos y colesterol, asociado a la presencia de unas VLDL de
composición atípica. Estas lipoproteínas muestran una movilidad electroforética ß en
lugar de pre-ß, como sería lo habitual, denominándoselas ß -VLDL o ß -flotantes. Su
presencia en suero determina la aparición de una banda continua entre ß y pre-ß,
denominada ß ancha. La prevalencia de esta alteración es poco conocida, calculándose
entre un 0,01 a un 0,04 por ciento de la población general. El retraso en el aclaramiento
de estas VLDL se ha asociado a la homocigosis para la apo E2, que es una forma de apo E
que no es reconocida por los receptores B/E hepáticos. Sin embargo, la presencia de
homocigotos E2/E2 en la población general es de un 1 por ciento, por lo que se puede
considerar que sólo de 1 a 4 por ciento de los homocigotos sufren la enfermedad. Para su
expresión clínica ha de coexistir con otra alteración, ya sea primaria como una
hiperlipemia familiar combinada, una hipertrigliceridemia familiar o una
hipercolesterolemia heterocigota, o bien una alteración metabólica secundaria como la
obesidad, la diabetes, el hipotiroidismo, el consumo de alcohol o determinados fármacos.
Normalmente, la clínica aparece a partir de los 20 años de edad, siendo la obesidad el
factor desencadenante en la mayoría de los pacientes. Es característica la presencia de
xantomas tuberosos en áreas de apoyo, codos, rodillas y nalgas, y xantomas estriados en
las palmas de la mano, considerados patognomónicos de esta alteración, son también
frecuentes la presencia de arco corneal y xantelasmas. Los niveles de lípidos muestran
una amplia variación con valores de colesterol total que oscilan entre 300 a más de
1400mg/dl y de triglicéridos desde 400 a 800 mg/dl. La mitad de los pacientes desarrollan
aterosclerosis prematura y grave con afectación tanto de las arterias periféricas como
centrales. La demostración de una banda ß ancha en el gel de electroforesis de
lipoproteínas fue considerada en un principio como un criterio fiable para su
diagnóstico, aunque es un método inespecífico. Es preferible determinar el índice de
colesterol-VLDL/triglicéridos-VLDL (que es superior a 0,4 mg/dl en esta patología) y
confirmar el genotipo o fenotipo para la apo E (E2/E2).
Estas VLDL anómalas son reconocidas y captadas por los
macrófagos, con acumulación en su interior de colesterol esterificado, lo que será
causa del acelerado desarrollo de aterosclerosis, con el consiguiente riesgo de
desarrollar enfermedad cardiovascular prematura, con frecuencia antes de los 40 años de
edad.
Hiperlipemia familiar combinada
Se trata de una hiperlipemia primaria cuya característica
fundamental es la presencia de un fenotipo lipídico cambiante dentro de una misma
familia, incluso dentro de un mismo individuo a lo largo del tiempo. Dichas variantes
fueron puestas de manifiesto por Goldstein y colaboradores en 1973, al estudiar un grupo
de pacientes con antecedentes coronarios, y observar entre sus familiares directos, la
coexistencia de fenotipos anormales entre ellos. En estos individuos la actividad del
receptor B/E es normal, mientras que la alteración parece residir en la sobreproducción
de partículas VLDL de composición normal. Esta hiperproducción conlleva elevaciones de
las LDL, lo que explica la elevación de triglicéridos o de colesterol, dependiendo de
los factores que regulan su metabolismo.
Se hereda de forma autosómica dominante, posiblemente
monogénica, y su prevalencia se estima en un 1 por ciento para la población general, muy
superior a la hipercolesterolemia familiar. De gran interés es que entre el 11 al 20 por
ciento de los supervivientes de infarto de miocardio presentan esta alteración, lo que la
convierte en la causa metabólica hereditaria más frecuente de aterosclerosis prematura.
Sus manifestaciones clínicas son escasas, aunque suele asociarse con obesidad,
hiperuricemia e intolerancia a la glucosa, siendo el fenómeno de resistencia a la
insulina muy frecuente, incluso en sujetos no obesos. Se carece, de momento, de un
marcador bioquímico específico para su diagnóstico, y el defecto molecular exacto no se
conoce aunque se ha descrito en ciertos casos una menor actividad de LPL y defectos en el
gen de la apo C-III. En cuanto a las alteraciones de las lipoproteínas, como se ha dicho
podemos encontrar elevaciones aisladas de colesterol (fenotipo IIA), elevaciones aisladas
de triglicéridos (fenotipo IV) o de ambos (fenotipo IIB). Es frecuente encontrar entre
los familiares afectados alguno de estos tres patrones, aunque su estudio continuado en el
tiempo nos puede mostrar fenotipos distintos. Por tanto, el diagnóstico se establece
fundamentalmente estudiando árboles genealógicos.
Hipertrigliceridemia familiar
Se corresponde con el fenotipo IV de la clasificación de
Fredrickson. En este caso el fenotipo siempre será el mismo para los individuos
afectados. De herencia autosómica dominante, con una prevalencia de 0,5 por ciento en la
población general. Se caracteriza por una elevación de triglicéridos a expensas de las
VLDL, sin aumentos de quilomicrones y con ausencia de ß-VLDL. Por otro lado, la
concentración de LDL no está afectada, siendo éste el parámetro que la diferencia del
fenotipo IIB. Su etiología es diversa, siendo consecuencia bien de una sobreproducción
de VLDL, de una incapacidad para catabolizarlas normalmente, o de una combinación de
ambos. Las VLDL son de un tamaño mayor al normal y con un alto contenido de
triglicéridos, por defecto en el control de su síntesis. La actividad de la LPL es
normal. Esta entidad no posee ningún rasgo clínico ni bioquímico patognonómico, siendo
común su asociación con obesidad, intolerancia a la glucosa, resistencia insulínica o
hiperuricemia. Para su correcto diagnóstico es imprescindible el estudio familiar
enfocado a los hermanos y padres del sujeto afecto, pero no a los hijos, ya que rara vez
se expresa antes de los 20 años de edad. Causas tales como una dieta rica en hidratos de
carbono, toma de alcohol aun en pequeñas cantidades y la toma de anovulatorios agravarán
la hipertrigliceridemia, pudiendo aparecer quilomicronemia, dolores abdominales o
xantomas, hasta el punto de poder adscribirse al fenotipo V.
Sus manifestaciones clínicas dependen del grado de
hipertrigliceridemia. Normalmente, cuando las cifras son inferiores a 500 mg/dl no
presentan manifestaciones externas de la enfermedad. Cuando superan la cifra de 1.000
mg/dl el cuadro se trasforma en un síndrome quilomicronémico, con dolor abdominal,
xantomas eruptivos y elevado riesgo de pancreatitis.
Hiperlipemia mixta
Entidad poco frecuente pero de muy difícil manejo
terapéutico. En ella se produce un aumento conjunto de VLDL y quilomicrones (fenotipo V
de origen primario). Su diferencia fundamental con la hiperquilomicronemia radica en la
época de presentación clínica. Es de etiología desconocida, se puede presentar en la
hipertrigliceridemia familiar o en la hiperlipemia familiar combinada de forma
transitoria, sobre todo cuando se ve agravada con alguna alteración concomitante o por
agentes externos. Aunque sus manifestaciones clínicas aparecen a partir de la tercera
década de la vida, siendo frecuentes los episodios repetidos de dolor abdominal. Puede
encontrarse hepatosplenomegalia y es habitual el hallazgo de xantomas eruptivos. Su
defecto bioquímico aún no se conoce, se piensa en la existencia de alguna alteración en
el catabolismo de las lipoproteínas ricas en triglicéridos, pero no se trata de una
deficiencia de actividad de la LPL, pues ésta se ha encontrado tanto disminuida como
normal en los individuos afectados.
La aplicación de la tecnología del ADN recombinante puede
abrir nuevos caminos y despejar incógnitas todavía presentes, posibilitando la
identificación del gen o genes que contribuyen a la manifestación fenotípica de estas y
otras alteraciones lipídicas muy raras, cuyo interés actual es más conceptual que
clínico, como la hiperalfalipoproteinemia y la hipercolesterolemia pseudohomocigota.
Formas secundarias
Se definen como alteraciones metabólicas surgidas en el seno
de otras patologías de distinto origen o como consecuencia del tratamiento con algunos
fármacos (ver Tabla V). Clásicamente, su diagnóstico se basa en la coexistencia de una
enfermedad con capacidad para alterar el metabolismo lipídico, aunque debemos tener
presente que pueden coincidir una enfermedad potencialmente hiperlipemiante y una
hiperlipemia primaria. La falta de normalización de los lípidos y lipoproteínas tras la
corrección de la enfermedad original nos indica la necesidad de realizar estudios
bioquímicos y familiares.
Las hiperlipemias secundarias pueden clasificarse de diversas
formas, una clásica es su clasificación según el fenotipo, aunque es notorio que una
misma enfermedad puede cursar con diferentes fenocopias (ver Tabla V). Las principales
formas son las que se asocian a la diabetes mellitus, la obesidad, el hipotiroidismo, el
síndrome nefrótico, las enfermedades hepáticas, las derivadas del consumo de alcohol y
determinados fármacos.
Hiperlipidemia diabética
La diabetes mellitus es una entidad clínica que cursa con
alteraciones no sólo en el metabolismo de los carbohidratos y proteínas, sino también
en el de los lípidos. El complejo mecanismo de producción, catabolismo y transporte de
las lipoproteínas plasmáticas está estrechamente relacionado con la regulación
hormonal, no sólo de la insulina sino también de las hormonas contrarinsulares. La
hiperinsulinemia tiene por sí misma un papel en el desarrollo de la aterosclerosis y es
un rasgo común en ambos tipos de diabetes.
Las alteraciones en el metabolismo lipídico pueden aparecer
en el diabético no tratado o con un pobre control metabólico, en ausencia de un defecto
primario. Del mismo modo, la diabetes puede agravar o expresar defectos primarios
responsables de ciertos tipos de dislipemias primarias. La hiperlipemia más frecuente en
el diabético es la hipertrigliceridemia, por aumento en la síntesis hepática de VLDL y
disminución de la actividad de la LPL debido al defecto de insulina, lo que provocará un
menor aclaramiento de las VLDL y quilomicrones plasmáticos. Así pues, en la DMID mal
controlada será fácil encontrar elevaciones importantes de triglicéridos con aumentos
de las VLDL e incluso de quilomicrones y descensos del cHDL. Cuando el déficit de
insulina no es tan marcado se suele encontrar una hipertrigliceridemia más discreta,
asociada a ligeros aumentos del cLDL. Por tanto, un buen control metabólico de la DMID
normalizará casi por completo el perfil lipoproteico. La hiperlipemia aún es más
frecuente en la DMNID que en la DMID. Los factores que van a determinar estas alteraciones
lipídicas son el control glucémico, la resistencia a la acción periférica de la
insulina y la obesidad. Su prevalencia varía entre un 20 y un 60 por ciento, y es tres
veces mayor que en la población no diabética de la misma edad.
Obesidad
Los efectos de la obesidad sobre el metabolismo de las
lipoproteínas séricas son complejos y no existe una relación directa entre grado de
obesidad y concentraciones plasmáticas de cLDL. La principal influencia de la obesidad
consiste en inducir una mayor secreción hepática de VLDL, al llegar mayor cantidad de
sustrato calórico al hígado no sólo en períodos posprandiales sino también en ayunas,
al secretarse al plasma un exceso de ácidos grasos libres procedentes del tejido adiposo
de mayor tamaño. Esto parece estar acentuado en las obesidades de tipo visceral. La
hipertrigliceridemia con descenso en los niveles de cHDL es la principal alteración
observada en este tipo de obesos.
Desde el punto de vista epidemiológico cada vez hay más
pruebas de que la obesidad es responsable de las hipercolesterolemias de masas en las
sociedades desarrolladas. A esto contribuyen dos factores. El primero, una ingesta elevada
de ácidos grasos saturados y colesterol que suprimirá la actividad de los receptores de
LDL. El segundo, la hiperproducción de VLDL, que favorecerá su transformación en LDL.
Ambas situaciones van a provocar una elevación del nivel plasmático de cLDL. Esta
influencia negativa sobre el metabolismo lipídico puede revertirse mediante la pérdida
de peso. Sin embargo, cuando existe una dislipemia genética subyacente, la pérdida de
peso no normalizará el perfil lipídico aunque sí mitigará la severidad de la misma.
Hipotiroidismo
Causa muy frecuente de hipercolesterolemia, superior al 75
por ciento de los casos. La base patogénica parece residir en una alteración de la
actividad de los receptores LDL, que disminuye ante los bajos niveles de tiroxina. La
hipertrigliceridemia aparece asociada a hipercolesterolemia en la mitad de los casos. El
hipotiroidismo es una causa de hiperlipemia que puede pasar como primaria si no se piensa
en ella, por lo que es aconsejable realizar una determinación de TSH en todo paciente
hipercolesterolémico antes de catalogarlo como portador de una forma primaria.
Síndrome nefrótico
Se asocia con gran frecuencia a hipercolesterolemia por un
incremento en la síntesis de apo B, de forma inversa a la concentración de la albúmina
sérica. A medida que la hipoalbuminemia se intensifica, la secreción hepática de las
VLDL se hace más intensa por una mayor llegada de ácidos grasos libres al hígado. Los
fenotipos más comunes son el IIA y IIB. Por este motivo, es recomendable la
determinación rutinaria de proteinuria ante esas hiperlipemias.
Enfermedad hepática
Al ser el hígado el órgano clave en la homeostasis del
colesterol y de las lipoproteínas plasmáticas, en situaciones como la insuficiencia
hepática, la colestasis y el hepatocarcinoma se producirán alteraciones en su
composición y concentración plasmática. Suele presentarse una hipercolesterolemia, a
expensas del colesterol no esterificado, como consecuencia del déficit progresivo de la
actividad de LCAT. Por otro lado, la elevación del cLDL que se observa cuando se
determina por los métodos habituales, suele corresponder a la presencia de una
lipoproteína anormal (LpX) originada en la regurgitación de la lecitina biliar hacia el
plasma, donde se asocia con el colesterol libre, la albúmina y la apo C. De forma
paralela se suele producir un marcado descenso de las HDL.
Alcohol
El consumo excesivo de alcohol puede producir una
hiperlipemia franca, generalmente hipertrigliceridemia, a expensas de VLDL. Los cambios
producidos por el consumo de alcohol son, por un lado el aumento de la concentración en
plasma de ácidos grasos libres y glicerol, y el incremento de los triglicéridos en todas
las lipoproteínas encargadas de su transporte. Al mismo tiempo, si la concentración de
triglicéridos es elevada, se producirá un aumento del colesterol total y un incremento
de las concentraciones de cHDL. Es interesante recordar que cuando el consumo de alcohol
es moderado (30 a 50g/dia) el incremento se producirá en la subfracción HDL3, mientras
que si el consumo es crónico y elevado, el incremento se producirá en la subfracción
HDL2. Aspecto éste de gran importancia si recordamos que es precisamente esta
subfracción HDL2 la considerada antiaterogénica. Las manifestaciones clínicas de las
hiperlipemias alcohólicas se superponen con los fenotipos IV y V de la clasificación de
Fredrickson.
Fármacos
Algunos fármacos han sido implicados en la aparición de
hiperlipoproteinemias o en la exacerbación de un trastorno lipídico ya existente.
Determinados diuréticos se han relacionado con aumentos en la concentración de
triglicéridos y, en menor medida, de colesterol. Efectos similares son producidos por los
agentes bloqueantes, aunque en ambas situaciones un adecuado manejo dietético puede
controlarlos. Los fármacos inmunosupresores, ciclosporina y corticosteroides, parecen
ejercer efectos dosis-dependientes sobre el perfil lipoproteico, con efecto depresor sobre
el cHDL3 y aumentos significativos del colesterol total y cLDL. El tratamiento mantenido
con anticonceptivos orales induce también la aparición de hiperlipemias, sobre todo
hipertrigliceridemia a expensas de un aumento en la síntesis de VLDL y/o una disminución
de su catabolismo.
| Sumario |