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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA |
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Hiperpilemias
Composición y metabolismo de las
lipoproteínas
La importancia de las alteraciones en el metabolismo
lipídico radica principalmente en su asociación con la aterosclerosis, forma de
arteriosclerosis caracterizada por el acúmulo de material lipídico, especialmente
colesterol, en la pared de las arterias de mediano y gran tamaño, con un desarrollo
lento, progresivo y silencioso hasta que la lesión alcanza un tamaño capaz de producir
isquemia. La enfermedad coronaria o cardiopatía isquémica (CI) es la principal
complicación clínica de la aterosclerosis, proceso multifactorial que se desarrolla por
la interacción nociva entre el colesterol, las lipoproteínas plasmáticas, los
monocitos-macrófagos, las plaquetas y las células endoteliales y musculares lisas de la
pared arterial.
Las grasas representan el 40 por ciento de la ingesta energética en
nuestra población. Una elevada proporción son triacilglicéridos y en menor medida
fosfolípidos, colesterol y otros esteroles. A nivel de la luz intestinal y por acción de
una serie de lipasas y esterasas, estos lípidos compuestos son hidrolizados y absorbidos
por la mucosa, donde se reesterifican y son exportados a la circulación para su
distribución a los diferentes tejidos. Pues bien, estos lípidos son transportados en
sangre en forma de lipoproteínas.
Lipoproteínas plasmáticas
A diferencia de los ácidos grasos libres, que
se asocian a la albúmina, los triglicéridos y los ésteres de colesterol se asocian con
fosfolípidos y colesterol libre y con proteínas específicas (apolipoproteínas) para
constituir las denominadas lipoproteínas. Éstas presentan una forma subesférica donde
los lípidos más apolares se sitúan en el interior de la partícula, mientras los
fosfolípidos y las apolipoproteínas ocupan la superficie de la misma, facilitando la
estabilidad del conjunto en el medio acuoso. Su misión es transportar triglicéridos y
colesterol de unos tejidos a otros, aunque no puede desdeñarse su función como
transportadoras de vitaminas liposolubles -retinol acetato, tocoferol y carotenoides- y de
otras moléculas de interés biológico.
Clásicamente se distinguen cuatro grandes clases de lipoproteínas
plasmáticas atendiendo a sus propiedades físicoquímicas (ver Tabla I). Mediante
ultracentrifugación se identificaron inicialmente los quilomicrones, las lipoproteínas
de muy baja densidad (VLDL), las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y las
lipoproteínas de alta densidad (HDL), atendiendo a su creciente peso específico (ver
Tabla I). La explicación de su metabolismo hace necesario considerar otros tipos o
subclases de lipoproteínas, como las de densidad intermedia (IDL) y las subfracciones
HDL2 y HDL3 dentro de las de alta densidad. Por último, debe indicarse también la
existencia de la denominada lipoproteína(a) (Lp(a)), que resulta de la asociación de una
LDL con la apolipoproteína(a) (ver Tabla I).
TABLA
I.
CARACTERÍSTICAS GENERALES Y COMPOSICIÓN DE LAS LIPOPROTEÍNAS PLASMÁTICAS |
| |
Quilomicrones |
VLDL |
IDL |
LDL |
HDL2 |
HDL3 |
Lp(a) |
| Densidad (g/ml) |
<0.95 |
0,95-1,006 |
1,006-1,019 |
1,019-1,063 |
1,063-1,125 |
1,125-1,21 |
1,05-1,11 |
| Diámetro (nm) |
100-500 |
30-80 |
25-35 |
20-25 |
9-12 |
6-9 |
21-26 |
| Migración electroforética |
origen |
pre- |
- |
- |
- |
- |
pre- |
| |
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| Composición (%) |
|
|
|
|
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|
|
| Proteína |
0,5-2 |
8 |
19 |
22 |
40 |
56 |
30 |
| Triglicérido |
85 |
55 |
23 |
6 |
5 |
3 |
5 |
| colesterol esterificado |
2 |
12 |
29 |
42 |
17 |
13 |
35 |
| colesterol libre |
2 |
7 |
9 |
22 |
33 |
3 |
9 |
| Fosfolípido |
7 |
18 |
19 |
8 |
5 |
25 |
21 |
| |
|
|
|
|
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|
|
| Apolipoproteínas (%) |
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|
|
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| A-I |
0-5 |
|
|
|
70 |
65 |
|
| A-II |
0-1 |
|
|
|
10 |
20 |
|
| A-IV |
10 |
|
|
|
|
1 |
|
| B-100 |
|
35-40 |
45-50 |
95-100 |
|
|
40-60 |
| B-48 |
20-25 |
|
|
|
|
|
|
| C-I |
5-10 |
3 |
1 |
|
1 |
1 |
|
| C-II |
15 |
7-8 |
5 |
|
1 |
1 |
|
| C-III |
35-40 |
35-40 |
30-35 |
|
10 |
5 |
|
| E |
5 |
5-10 |
10-15 |
|
1-10 |
1 |
|
| apo(a) |
|
|
|
|
|
|
40-60 |
|
Las diferencias en peso específico entre las diferentes
clases de lipoproteínas se deben a la proporción de lípidos frente a proteínas, que es
decreciente desde los quilomicrones a las HDL (ver Tabla I). También hay una tendencia
decreciente en ese sentido en cuanto al tamaño de la partícula, que varía desde más de
1.000 nm en un quilomicrón a sólo 10 nm en una HDL3. Los lípidos más abundantes en
quilomicrones y VLDL son los triglicéridos; el colesterol es muy abundante en las LDL y,
de hecho, en la especie humana éstas transportan alrededor del 70 por ciento del
colesterol plasmático; el componente mayoritario en las HDL es la proteína seguido de
los fosfolípidos, aunque el más dinámico metabólicamente hablando es el colesterol.
Estas características han permitido agrupar las lipoproteínas en transportadoras de
triglicéridos (quilomicrones y VLDL) frente a transportadoras de colesterol (LDL y HDL).
No debemos olvidar, no obstante, que ésos son datos porcentuales y que una partícula
promedio de VLDL contiene unas 3600 moléculas de colesterol esterificado, mientras que
una de LDL sólo contiene 1300, dado su muy diferente tamaño.
Otro aspecto importante es la enorme heterogeneidad de las
lipoproteínas. Observemos que el criterio para definir una clase de lipoproteínas es un
rango de densidades; pues bien, dentro del mismo existe un contínuo de partículas
configurando una población polidispersa, habiendo una mayoría de partículas con una
determinada densidad, que determina la "moda" de la población. Éso ocurre en
el más sencillo de los casos, en otros la población es verdaderamente heterogénea,
distinguiéndose varias "modas" y varias inflexiones en la distribución de
frecuencias, que señalan la existencia de diferentes subfracciones, como puede ser el
caso de las HDL. Esta heterogeneidad se manifiesta ya atendiendo a un primer parámetro
(densidad o tamaño, por ejemplo) pero si ahora consideramos alguna otra característica o
propiedad de las lipoproteínas, la complejidad se multiplica. Así, para una misma
densidad o tamaño pueden existir partículas con diferente composición en lípidos o con
apolipoproteínas distintas, lo que implica que difícilmente pueden existir en el plasma
dos partículas idénticas en todas sus características. Esta realidad es un reflejo del
complejo metabolismo de las lipoproteínas y dificulta tremendamente su estudio.
La ultracentrifugación ha sido y es la técnica de elección para
el aislamiento de las lipoproteínas. Una vez separadas las lipoproteínas, bien
utilizando un gradiente de densidad o mediante ultracentrifugación secuencial en
equilibrio de densidad, se determina analíticamente algún componente -colesterol,
triglicéridos, fosfolípidos, apolipoproteínas- y así se establece el perfil de
lipoproteínas. Esta técnica, no obstante, es muy laboriosa y consume mucho tiempo y
recursos, por lo que su aplicación se restringe a casos concretos. A efectos clínicos,
la concentración plasmática de colesterol y la de triglicéridos es ya muy informativa
sobre los niveles de lipoproteínas. En el laboratorio clínico, ésto se completa con la
determinación del colesterol asociado a las HDL (cHDL), habitualmente mediante métodos
de precipitación selectiva del plasma, y la estimación del colesterol asociado a las LDL
(cLDL) mediante la fórmula de Friedewald: cLDL = colesterol total - cHDL - triglicéridos
totales/5 (este cálculo asume que triglicéridos totales/5 es una medida del colesterol
asociado a las VLDL, lo cual se aproxima a la realidad sólo cuando la concentración de
triglicéridos no supera los 300 mg/dl de plasma).
La otra técnica que se utiliza para la separación de las
lipoproteínas y se utiliza con fines analíticos es la electroforesis de zona. La
variación en la abundancia y en el tipo de apolipoproteínas entre las distintas
lipoproteínas hace que presenten distinto punto isoeléctrico y, por lo tanto, diferente
movilidad electroforética (ver Tabla I). Si se practica una electroforesis del plasma en
un gel de agarosa, por ejemplo, y se tiñen los lípidos, aparecen tres bandas, de menor a
mayor movilidad hacia el ánodo: ß, que corresponde a las LDL; pre-ß, que corresponde a
las VLDL, y a, que se corresponde con las HDL. No es habitual que haya quilomicrones si la
muestra de plasma se ha tomado de un individuo en ayunas de 12 h, pero en el caso de que
haya, se localizan en el origen de la electroforesis por su gran tamaño, que les impide
penetrar en el gel. También pueden llegar a distinguirse los ácidos grasos libres
asociados a la albúmina, en una banda de mayor migración que la a. La Lp(a) tiene una
movilidad pre-ß, igual que las VLDL, de manera que pasa desapercibida si se analiza el
plasma total (de ahí que también se denominara lipoproteína pre-ß oculta); por otra
parte, su densidad cabalga entre LDL y HDL2, así que para identificarla clásicamente se
ha procedido al análisis electroforético de la fracción de densidad superior a 1,006
g/ml; si el plasma contiene Lp(a), aparece una banda con movilidad pre-ß en esa
fracción. Actualmente, se dispone de anticuerpos específicos contra ella, de manera que
se utilizan métodos inmunológicos para su identificación y cuantificación.
Apolipoproteínas
Las apolipoproteínas desempeñan un
importante papel en el metabolismo de las lipoproteínas por cuanto no sólo mantienen su
estructura sino que también determinan su destino. Se han indentificado más de diez
apolipoproteínas distintas, cuyas características más sobresalientes se indican en la
Tabla II y su presencia en las distintas lipoproteínas en la Tabla I. Digamos que son
numerosas las proteínas que en algún momento pueden asociarse a las lipoproteínas (por
ejemplo, la propia albúmina, enzimas que actúan sobre los lípidos, proteínas
inhibidoras de proteasas, etc) pero no se consideran apolipoproteínas porque su papel
biológico no es formar parte integral de la lipoproteína. Las apolipoproteínas
contienen numerosos dominios con estructura de hélice a anfipática, con una cara
hidrofóbica que interacciona con los lípidos de la lipoproteína y otra polar que se
encara hacia el medio acuoso, disposición que estabiliza la partícula. Las
apolipoproteínas A, C y E tienen numerosos de esos dominios a lo largo de su estructura y
presentan una alta analogía, de lo que se deduce que están relacionadas evolutivamente;
la apo B y la apo D son singulares, con una secuencia aminoacídica y una estructura
génica muy diferente.
La apo A-I se sintetiza en hígado e intestino y es la
apolipoproteína principal de las HDL. Es la apolipoproteína más abundante en el plasma
tanto en humanos como en las demás especies animales. Como la mayor parte de las
apolipoproteínas, se libera al plasma en forma de proforma y ahí se procesa por
proteolisis parcial y desamidación, apareciendo varias formas cuyo significado
fisiológico se desconoce. Cuando se da una deficiencia total de apo A-I, las HDL
prácticamente no existen en el plasma y las escasas partículas de esa densidad que se
identifican poseen una estructura muy alterada. Esta apolipoproteína es activadora de la
lecitina:colesterol aciltransferasa (LCAT) (ver más adelante) y participa activamente en
la interacción de estas lipoproteínas con receptores de membrana y con otras proteínas
del plasma, lo que muestra la relevancia de la apo A-I en el metabolismo de las HDL.
La apo A-II se encuentra también en las HDL pero no todas ellas la
contienen, distinguiéndose partículas HDL con apo A-I, otras con apo A-I y apo A-II y
otras, muy minoritarias, sólo con apo A-II. La apo A-II se sintetiza en hígado y su
significado fisiológico realmente no se conoce, pues aunque se han elaborado ratones
transgénicos con esta apolipoproteína, los resultados que han aportado son
contradictorios.
La apo A-IV se sintetiza en intestino e hígado y se encuentra
mayoritariamente libre en el plasma. Los quilomicrones recién sintetizados llevan apo
A-IV pero se desprenden de ella en el plasma, sin conocerse las causas. También se
encuentra en las HDL3 y forma complejos con la LCAT, a la cual también activa. De hecho,
una vez actúa la LCAT, la apo A-IV de las HDL se libera. Como su síntesis está
estrechamente relacionada con la absorción grasa, se ha despertado interés por su
estudio como un marcador de ese proceso.
Existen dos formas de apo B, la B-100 y la B-48, que proceden del
mismo gen. En la especie humana existe una disociación en cuanto al lugar de síntesis de
estas proteínas, la B-100 se sintetiza en el hígado mientras que la B-48 lo es en
intestino. En la rata, por el contrario, el hígado puede sintetizar ambas. Centrándonos
en la especie humana y en el hígado, el mARN se traduce normalmente para sintetizar una
proteína de 4.536 aminoácidos, la apo B-100; mientras se va sintetizando, se asocia con
triglicéridos y otros lípidos por acción de la proteína microsomal transferidora de
lípidos (MTP) para constituir una partícula de VLDL. En intestino existe una enzima que
actúa sobre aquel mARN, desaminando una citosina del codon 2.153 y dando lugar a un codon
de parada, de manera que al traducirse se sintetiza una proteína de 2.152 aminoácidos,
la apo B-48, con un peso molecular del 48 por ciento aproximadamente de la B-100.
Análogamente a lo que ocurría en hígado, la apo B-48 se asocia con lípidos para
constituir ahora un quilomicrón. La apo B-48 se encuentra únicamente en los
quilomicrones y en las lipoproteínas denominadas remanentes, que son productos del
catabolismo de los primeros. La apo B-100 se encuentra en VLDL y también en las
lipoproteínas de densidad intermedia (IDL) y en las LDL, productos ambas del catabolismo
en el plasma de las VLDL. Tanto la apo B como la MTP son esenciales para la síntesis de
estas lipoproteínas: si la apo B que se sintetiza está truncada debido a una mutación y
dispone de menos del 40 por ciento de la secuencia total, las lipoproteínas que se
sintetizan son inestables y el paciente manifiesta la enfermedad denominada
hipobetalipoproteinemia; si la MTP no es funcional, no se sintetizan quilomicrones ni VLDL
y el paciente manifiesta la abetalipoproteinemia, muy grave en su condición
homocigótica. Aparte de este relevante papel en la estructura de las lipoproteínas, la
apo B-100 es el ligando del receptor LDL. El dominio de reconocimiento se sitúa en torno
al aminoácido 3.360, de manera que la apo B-48 carece de esta propiedad. La estructura de
la apo B-100 es flexible y el extremo C-terminal puede plegarse ocultando aquel dominio de
reconocimiento; esto ocurre fisiológicamente en las VLDL, pudiéndose decir que en ellas
la apo B-100 es inactiva, pero no en las LDL. La mutación denominada apo-B3.500, que
afecta al aminoácido de esa posición, determina que la apo B-100 esté permanentemente
replegada, impidiendo también la interacción de las LDL con el receptor LDL. Esta
alteración retrasa la eliminación de las LDL del plasma y produce una
hipercolesterolemia (deficiencia de apo B-100).
Las apolipoproteínas C tienen todas ellas bajo peso molecular y se
asocian a todo tipo de lipoproteínas, salvo las LDL (ver Tabla II). Se sintetizan
principalmente en hígado, aunque también en intestino. La apo C-I es la menos abundante
y su función es incierta: in vitro activa la LCAT y los ratones transgénicos que carecen
de apo C-I presentan una captación hepática de remanentes de VLDL disminuida, pero
realmente su función en humanos es incierta. La apo C-II es el cofactor de la
lipoproteína lipasa (LPL), enzima que hidroliza los triglicéridos de las lipoproteínas,
pudiéndose decir que es la señal para que actúe la lipasa sobre una partícula
lipoproteica determinada. Los defectos de la apo C-II conducen a una hipertrigliceridemia
del mismo carácter que la deficiencia de la propia LPL. La apo C-III es la más abundante
de las apolipoproteínas C y actúa inhibiendo a la LPL, lo cual se ha deducido tanto de
estudios directos in vitro como de la acelerada hidrólisis de los triglicéridos que se
observa en los individuos deficientes de esta proteína. Así pues, puede decirse que la
proporción de apo C-II (activador) y apo C-III (inhibidor) en una misma partícula
lipoproteica determina la tasa de hidrólisis de sus triglicéridos a cargo de la LPL.
Finalmente, todas las apo C, aunque especialmente la apo C-III por su abundancia,
dificultan el reconocimiento de las lipoproteínas que contienen apo B por sus receptores,
por lo que retrasan su eliminación del plasma.
TABLA
II.
CARACTERÍSTICAS DE LAS PRINCIPALES APOLIPOPROTEÍNAS |
Apolipoproteínas |
Masa
molecular (kDa) |
Concentración
en plasma (mg/dl) |
Función |
| A-I |
28.300 |
100-150 |
Activador LCAT, ligando
receptor |
| A-II |
17.400 |
30-50 |
Estructura HDL |
| A-IV |
45.000 |
15 |
Activador LCAT |
| B-100 |
549.000 |
70-90 |
Estructura VLDL/LDL, ligando
receptor LDL |
| |
|
|
|
| B-48 |
264.000 |
<5 |
Estructura quilomicrones |
| C-I |
6.550 |
4-7 |
Activador LCAT |
| C-II |
8.850 |
3-8 |
Activador LPL |
| C-III |
8.750 |
8-15 |
Inhibidor LPL |
| E |
34.200 |
3-6 |
Ligando receptores LDL y LRP |
| apo(a) |
300.000-800.000 |
0-200 |
? |
La apo E es una proteína de carácter relativamente básico por su
abundancia de restos de arginina. Se encuentra en quilomicrones, VLDL y en HDL y se
sintetiza en hígado y macrófagos. También es abundante en el sistema nervioso, siendo
sintetizada por las células de microglía, pero este compartimento parece no estar
relacionado con el de las lipoproteínas plasmáticas. La función de la apo E parece ser
el permitir el aclaramiento de las lipoproteínas remanentes y de las IDL por el hígado,
tanto a través del receptor LDL como del receptor LRP, que luego se comentarán, pero
también presenta otras acciones, como la de activar la LCAT y la lipasa hepática e
inhibir la LPL. Los ratones transgénicos que carecen de apo E son altamente sensibles a
la dieta rica en grasas y desarrollan lesiones ateromatosas con facilidad. La apo E es una
proteína polimórfica, existiendo tres formas principales establecidas en la especie
humana, que son la E2, la E3 y la E4. La más común es la E3, con una frecuencia alélica
en torno al 80 por ciento; la frecuencia de la E4 varía según las poblaciones, siendo
mayor en las nórdicas europeas y estadounidense (cerca del 14 por ciento) que en las
orientales y en las mediterráneas (alrededor del 8 por ciento). Curiosamente la E4 se
considera la forma originaria de la que han derivado las otras evolutivamente. Se
diferencian en uno o dos aminoácidos entre ellas: con respecto a la E3, la E4 tiene Arg
en vez de Cys en posición 112 y una carga positiva neta, y la E2 tiene Cys en vez de Arg
en posición 158 y una carga negativa neta. A la E2 este cambio de un aminoácido le
impide ser reconocida por el receptor LDL, facultad que disponen las otras dos formas.
Así, en los individuos homocigóticos para E2, el aclaramiento de las partículas
remanentes se enlentece y pueden llegar a desarrollar una dislipidemia (hiperlipemia tipo
III o disbetalipoproteinemia). Por otra parte, la E4 se ha revelado como uno de los
factores de riesgo más importantes de padecer enfermedad de Alzheimer y, de hecho, esta
proteína parece asociarse fuertemente con el péptido ß amiloide (Aß), favoreciendo su
depósito y la formación de placas extracelulares en el sistema nervioso central.
Las otras apolipoproteínas (D, G, F, H y J) son muy minoritarias y
su función no está aclarada todavía. Mención especial merece la apolipoproteína(a).
Esta proteína se ha identificado solamente en el hombre, ciertos primates, el cobaya y el
erizo europeo. Se sintetiza en hígado y se asocia a través de un puente disulfuro con la
apo B-100 de las LDL, para constituir la denominada lipoproteína(a). En la especie humana
presenta un altísimo polimorfismo, con una variedad de pesos moleculares desde 300 a más
de 800 kDa, y la concentración de Lp(a) es también muy dispar, desde indetectable (que
coincide con el genotipo nulo de la apo(a)) hasta niveles de 200 mg/L. Las concentraciones
elevadas de Lp(a) no se corresponden necesariamente con elevaciones de otras
lipoproteínas (por ejemplo, LDL) sino con la forma de apo (a) que se sintetiza; así, las
formas de bajo peso molecular se asocian con concentraciones altas en plasma y al
contrario, lo que se atribuye a la diferente estabilidad de la apo(a) - mayor cuanto más
pequeña. Por lo tanto, la concentración plasmática de Lp(a) está determinada
genéticamente; ahora bien, los factores dietéticos y hormonales ejercen cierta
influencia. Por ejemplo, se conoce que el hipotiroidismo y la acromegalia se asocian con
elevaciones de esta lipoproteína, así como el consumo de ácidos grasos insaturados,
especialmente los trans. El tratamiento hipolipemiante habitual no la afecta, salvo el
ácido nicotínico, que la reduce y, sorprendentemente, los esteroides anabolizantes
indicados para corregir la anemia de pacientes en hemodiálisis, producen grandes
descensos de la concentración de Lp(a) sin conocerse los mecanismos. Su destino
metabólico está también por descifrar pues no es reconocida por el receptor LDL ni por
otros, al menos con la misma afinidad que las otras lipoproteínas. La apo(a) posee
numerosas repeticiones de unos dominios denominados "kringle", que aparecen en
proteínas relacionadas con la coagulación y la fibrinolisis, como el plasminógeno, la
protrombina, el activador tisular del plasminógeno (t-PA) y en el factor XII. El hallazgo
de la elevada homología de la apo(a) con el plasminógeno permitió establecer una
conexión entre las lipoproteínas y la coagulación sanguínea y se incrementó el
interés por esta lipolipoproteína. El plasminógeno posee cinco "kringle"
diferentes, del 1 al 5, que parecen conferirle afinidad por sustratos proteicos ricos en
lisina; por su parte, la apo(a) posee un "kringle" V (con homología con el 5
del plasminógeno), diez tipos diferentes de "kringle" IV (IV-1 al IV-10) y
concretamente múltiples repeticiones del "kringle" IV-2, cuyo número varía de
unos individuos a otros y es la causa del gran polimorfismo de la apo(a). Al poseer estos
"kringle" la apo(a) es capaz de desplazar al plasminógeno (o la plasmina) de
sus sitios de unión y de interferir en su activación por el t-PA, por lo cual en
presencia de Lp(a) la capacidad fibrinolítica está mermada. Probablemente ésta sea la
causa del conocido papel de la Lp(a) como factor de riesgo cardiovascular. Debe
señalarse, no obstante, que esta calidad de factor de riesgo se manifiesta en individuos
con hipercolesterolemia principalmente, por lo que es más eficaz concentrarse en el
control de la hiperlipemia que en la reducción de la concentración plasmática de Lp(a).
La función de la Lp(a) no se conoce; alguien la ha entendido como una alternativa a la
vitamina C, pues es antioxidante y aparece en especies que no sintetizan ácido ascórbico
(y por tanto es vitamina) y no en las demás; otros admiten que es un reactante de fase
aguda; finalmente, se ha propuesto que es un vehículo de colesterol hacia zonas de
lesión (cicatrización), postulándose que la apo(a) facilitaría la fijación a
proteínas de matriz extracelular y, tras la rotura del puente disulfuro por reducción,
se liberaría una LDL, que sería utilizada por los fibroblastos como aporte de colesterol
para mantener su proliferación. Fuera de cuestiones teleológicas, los animales
transgénicos con Lp(a) humana tienen disminuida su actividad fibrinolítica y desarrollan
aterosclerosis con facilidad, lo que indica que es una lipoproteína aterogénica.
Enzimas
La lipoproteína lipasa (LPL) es una
acilglicerol éster hidrolasa sintetizada por múltiples tejidos (excepto el hígado) y de
acción extracelular. Funcionalmente, se encuentra anclada al endotelio vascular a través
de glucosaminglicanos y ahí hidroliza los triglicéridos de las lipoproteínas
circulantes, quilomicrones y VLDL principalmente. Los ácidos grasos resultantes cruzan la
barrera endotelial de una manera dirigida y son captados por las células de los tejidos
subyacentes. Así, puede decirse que la LPL es como la caña de pescar que echa la célula
a la sangre cuando requiere ácidos grasos; piénsese que aquellas lipoproteínas de gran
tamaño nunca pueden alcanzar las inmediaciones de las células de los tejidos, al no
poder atravesar la pared de los vasos. La forma activa de la LPL es dimérica y para su
acción debe fijarse a la lipoproteína, para lo cual parece interaccionar
específicamente con la apo B y con los fosfolípidos de la superficie; además, requiere
la presencia de apo C-II en la lipoproteína, que es su activador fisiológico. Cumplida
su misión, se desprende del endotelio y circula en sangre asociada a las lipoproteínas
para ser eliminada por el hígado; precisamente, la presencia de LPL sobre las
lipoproteínas parece estimular su interacción con ciertos receptores de membrana,
facilitando su captación por las células. La expresión de la LPL está regulada
hormonalmente de manera característica y diferente en cada tejido; así, por ejemplo, la
insulina activa la LPL en tejido adiposo, de manera que en situación de alimentación los
ácidos grasos de los triglicéridos circulantes se dirigen principalmente a ese tejido;
por otro lado, la progesterona estimula la LPL de glándula mamaria y ello permite que en
época de lactación ese tejido se abastezca suficientemente de ácidos grasos. La
actividad global de LPL en el organismo determina la tasa de hidrólisis de los
triglicéridos circulantes y, así, cualquier deficiencia congénita o adquirida de esta
enzima conduce a la hipertrigliceridemia. El caso más grave es la deficiencia de LPL, que
en su condición homocigota produce la hiperpidemia tipo I o hiperquilomicronemia.. Un
síndrome similar se observa en la deficiencia de apo C-II. En esos casos debe
restringirse el consumo de ácidos grasos de cadena larga y el de alcohol, que estimula la
lipogénesis. No se dispone de un tratamiento eficaz para estimular la actividad de LPL,
salvo el ejercicio físico, que produce un modesto incremento de la actividad de músculo
esquelético. Los fibratos disminuyen la síntesis hepática de apo C-III y con ello
indirectamente estimulan la acción de la LPL.
La lipasa hepática endotelial (HL) se sintetiza en hígado y actúa
fisiológicamente anclada a los endotelios de los vasos que irrigan este órgano. Presenta
actividad de fosfolipasa A1, aunque in vitro también hidroliza triglicéridos y
monoglicéridos. Sus efectos sobre el metabolismo de las lipoproteínas son variados:
actúa sobre las lipoproteínas remanentes facilitando su captación por las células
hepáticas y también sobre las IDL en su conversión a LDL; en cuanto a las HDL, modula
la transformación de las HDL2 en HDL3 y la trasferencia de ésteres de colesterol a las
células hepáticas. En concordancia con ello, la deficiencia de HL produce un acúmulo de
lipoproteínas remanentes y HDL ricas en apo E y triglicéridos, síndrome similar a la
disbetalipoproteinemia. También se ha detectado HL en el ovario y en las cápsulas
suprarrenales, donde parece facilitar la utilización del colesterol de las HDL por esas
glándulas. No se conoce que requiera ningún cofactor, a diferencia de la LPL, aunque su
acción es más eficaz sobre las lipoproteínas que contienen apo E. Respecto a su
regulación, los estrógenos disminuyen su expresión y, efectivamente, la mujer presenta
menor actividad que el varón, lo cual contribuye a la mayor proporción de HDL2 en la
mujer.
La lecitina: colesterol aciltransferasa (LCAT) es una enzima de
origen hepático pero que actúa en el plasma esterificando el colesterol de las
lipoproteínas con un ácido graso procedente de la fosfatidilcolina, concretamente el de
posición 2'. Esta acción se realiza fundamentalmente sobre las HDL y, precisamente, la
apo A-I es activadora de esa enzima. Este efecto de la apo A-I es más bien estructural,
no alostérico, y también lo desempeñan la apo A-IV, la apo C-I y la apo E. Además, la
LCAT también puede actuar sobre las LDL, que carecen de esas apolipoproteínas. Esta
capacidad de actuar sobre las HDL y sobre las LDL llevó a considerar dos tipos de
actividad de LCAT: la a y la ß respectivamente. Es ilustrativa la existencia de dos
síndromes asociados a la alteración de la LCAT: la propiamente dicha deficiencia de LCAT
y la enfermedad del ojo de pescado. La primera se debe a mutaciones que afectan la
actividad catalítica de la enzima (desparecen ambos tipos de actividad) y se manifiesta
por un incremento del contenido de colesterol libre en todas las lipoproteínas,
disminuyendo la proporción de colesterol esterificado; las HDL, tal como las conocemos en
la situación normal, desaparecen y se acumulan partículas discoidales ricas en
fosfolípidos, colesterol libre y apo A-I. En la enfermedad del ojo de pescado la LCAT
presenta una alteración estructural que le impide actuar sobre las HDL pero que no sobre
las LDL, de manera que se conserva la actividad ß-LCAT.
Proteínas transferidoras de lípidos
La proteína transferidora de lípidos
neutros, también denominada proteína transferidora de ésteres de colesterol (CETP), es
una proteína plasmática que facilita la transferencia e intercambio de lípidos neutros
entre las diversas lipoproteínas. Una de las consecuencias de la acción de la CETP es,
precisamente, la homogeneización de las especies de ésteres de colesterol entre las
distintas lipoproteínas, habida cuenta que aquéllos se forman principalmente en las HDL
por acción de la LCAT. De forma neta, la CETP transfiere ésteres de colesterol desde las
HDL a las lipoproteínas que contienen apo B, principalmente VLDL, en intercambio
equimolecular por triglicéridos. Ello determina un enriquecimiento de las VLDL en
ésteres de colesterol y un enriquecimiento de las HDL en triglicéridos. Este mismo
intercambio de lípidos se realiza entre las VLDL de tamaño grande y las de menor
tamaño. No se ha identificado ninguna apolipoproteína que actúe como cofactor
específico de la CETP, sin embargo, su actividad está modulada por la denominada
proteína inhibidora de la CETP; interesantemente, los ácidos grasos libres - y en
especial el ácido oleico - desplazan a esa proteína inhibidora de la superficie de las
lipoproteínas, con lo que estimulan la actividad de CETP. In vitro, la acción de la CETP
sobre las HDL es más eficaz en las que contienen apo A-I y A-II que en las que sólo
contienen apo A-I; esto aparentemente contrasta con el hecho de que en la deficiencia de
CETP se acumulan HDL ricas en apo E, lo que llevó a pensar que el sustrato preferente de
la CETP era ese ultimo tipo de lipoproteínas. Una interpretación que concilia ambas
observaciones es suponer que las HDL ricas en apo E proceden metabólicamente de las
partículas de HDL que contienen apo A-I y apo A-II. En cualquier caso, lo que es evidente
es que la CETP participa activamente en el metabolismo de las HDL y, en conjunción con la
LPL, la HL y la LCAT determinan la compleja interconversión entre las diferentes
subpoblaciones de HDL. La principal fuente de CETP es el hígado pero también la
sintetizan los macrófagos, el tejido adiposo, el intestino, el músculo, etc. La
expresión de la CETP está inducida por la dieta rica en grasas y por la
hipercolesterolemia pero, curiosamente, la máxima actividad de CETP se ha observado en la
hiperlipemia tipo I; probablemente, la expresión de CETP responde a la concentración
plasmática de lípidos en general. Es de destacar que la actividad de CETP es importante
en la especie humana, primates y en el conejo, por ejemplo, mientras que en las otras
especies (rata, ratón, cerdo, etc.) o bien no se sintetiza o bien presentan una alta
actividad de aquella proteína inhibidora. Esto representa una diferencia sustancial en el
metabolismo de las lipoproteínas entre estas especies y así, en las que tienen CETP, las
lipoproteínas más abundantes en plasma son las LDL, mientras que en las otras predominan
las HDL. Por otra parte, las especies que carecen de CETP son más resistentes a la
arteriosclerosis. La deficiencia de CETP en humanos se da con relativa frecuencia en el
Japón y se asocia con incrementos de la concentración de cHDL, pero no está claro que
ello conlleve un menor riesgo cardiovascular necesariamente. Por el momento, la calidad de
la CETP como factor proaterogénico o bien antiaterogénico todavía está en debate.
El plasma humano contiene también la proteína transferidora de
fosfolípidos (PLTP), que se sintetiza en diversos tejidos y en el plasma actúa
facilitando la transferencia neta de fosfolípidos desde las VLDL a las HDL y la
interconversión entre las HDL. Su actividad no está correlacionada con la CETP y no se
conocen patologías asociadas a esta proteína.
Receptores
El primer receptor de lipoproteínas que se
identificó fue el receptor LDL, a cargo de Joseph L. Goldstein y Michael S. Brown en los
años 70, por lo cual recibieron el premio Nobel en 1985. Se trata de una proteína de
membrana de 839 aminoácidos, con cinco dominios perfectamente diferenciados, tres de
ellos expuestos hacia el medio extracelular, uno que la ancla en la membrana y el último
citoplasmático. El dominio 1, en la región N-terminal, es el de reconocimiento de la apo
B-100 y la apo E (de ahí que también se denomine receptor B/E), presenta siete bucles
característicos estabilizados por puentes de cistinas y diversos aminoácidos ácidos. El
dominio 2 presenta una alta homología con el precursor del factor de crecimiento
epidérmico; el dominio 3 contiene diversos sítios de glicosilación; el 4 es la región
hidrofóbica que atraviesa la membrana; finalmente, el dominio 5 citoplasmático
interacciona con la clatrina y permite que el receptor se localice precisamente en las
denominadas fosas de clatrina. Estas fosas tienen la propiedad de invaginarse formando
endosomas que contienen las lipoproteínas (LDL) unidas a sus receptores. Por un descenso
del pH en el endosoma, se disocian los complejos LDL-receptor; las moléculas de receptor
recirculan hacia la membrana dentro de vesículas, mientras que el endosoma se fusiona con
lisosomas y las lipoproteínas son hidrolizadas a cargo de las enzimas lisosomales. Los
productos finales de esta hidrólisis -colesterol libre, ácidos grasos, aminoácidos y
también la vitamina E- son finalmente transferidos al citoplasma o a otras estructuras
para su utilización por la célula. Concretamente, el colesterol es transferido a la
membrana plasmática -principal reservorio de este lípido- o al retículo
endoplasmático, donde es esterificado por la acil-CoA: colesterol aciltransferasa (ACAT),
que permite la formación de gotas lipídicas que se acumulan en el citosol. El exceso de
colesterol libre ejerce una serie de acciones reguladoras, como la inhibición de la
biosíntesis endógena de colesterol y la inhibición de la actividad del receptor LDL.
Esta regulación se ha esclarecido en los últimos años gracias también a la labor del
laboratorio de los doctores Goldstein y Brown, principalmente. En la región promotora de
los genes del receptor LDL así como de la hidroximetilglutaril-CoA reductasa (HMG-CoA
reductasa) y de otras enzimas de la colesterogénesis, se presentan unos elementos de
respuesta a esteroles (SRE), con los que interaccionan los factores denominados SREBP
(proteínas que se enlazan a los SRE) activados y promueven su transcripción. Estos
factores de transcripción proceden de la fragmentación parcial de sus precursores que se
localizan en el retículo endoplasmático. Pues bien, también en el retículo se
encuentra una proteína (SCAP o proteína que activa la rotura de los SREBP) que es
sensible a la concentración de colesterol; cuando ésta disminuye, la SCAP lo detecta y
se produce la rotura proteolítica de la SREBP, liberándose un fragmento (SREBP activado)
que viaja al núcleo y estimula la transcripción de aquellos genes. Cuando la
concentración de colesterol aumenta, no se libera la SREBP y la expresión de aquellos
genes disminuye. De esta manera se regulan coordinadamente la síntesis de colesterol y la
captación de colesterol lipoproteico a través del receptor LDL en función de la
concentración de colesterol libre en la célula (el retículo, concretamente).
Como se ha dicho, el ligando principal del receptor LDL es la apo
B-100, pero para ser reconocida esta apolipoproteína debe adoptar una determinada
conformación en el espacio, que solamente es posible en las LDL y no en las VLDL. La
función del receptor LDL, no obstante, es más amplia dado que también interacciona, y
con elevada afinidad, con la apo E, apolipoproteína que se encuentra en diversas
lipoproteínas.
Salvo excepciones todas las células disponen de receptor LDL, el
cual les permite abastecerse suficientemente de colesterol. El hígado presenta una
elevada actividad de este receptor y cuantitativamente es el órgano más importante en la
eliminación de las LDL del plasma. En términos de actividad específica, la más alta de
receptor LDL se detecta en la glándula suprarrenal, donde se sintetizan elevadas
cantidades de hormonas esteroídicas a partir de colesterol. La actividad de receptor LDL
global en el organismo determina la tasa catabólica fraccional de las LDL del plasma, si
no de forma exclusiva sí de forma muy importante. Así, los defectos en este receptor
producen la denominada hipercolesterolemia familiar, muy grave en su condición
homocigótica. Para disminuir la concentración plasmática de LDL se persigue, pues,
aumentar la actividad de receptor LDL. Una alternativa la constituyen las estatinas, que
son inhibidores competitivos de la HMG-CoA reductasa; estos fármacos inhiben la
colesterogénesis y consecuentemente inducen la expresión del receptor LDL a través del
mecanismo antes indicado. Ahora bien, de acuerdo con ese mismo mecanismo, cualquier agente
que produzca una disminución de la concentración de colesterol libre en el retículo,
deberá estimular la expresión del receptor. Pues bien, los ácidos grasos insaturados y
especialmente el oleico en comparación con los saturados estimulan la acción
esterificadora de la ACAT y, efectivamente, incrementan la actividad del receptor LDL.
En los últimos años se han identificado toda una pléyade de
proteínas de membrana con analogía con el receptor LDL, que constituyen la familia del
receptor LDL. A ella se adscriben, entre otros, la proteína relacionada con el receptor
LDL o LRP y el receptor VLDL. Ambas proteínas poseen estructuras con alta homología con
el dominio rico en cisteínas del receptor LDL y se supone que éste es el dominio de
reconocimiento, en este caso de la apolipoproteína E. El LRP se expresa principalmente en
hígado y ahí puede desempeñar un papel importante en el aclaramiento de las
lipoproteínas remanentes. También se expresa en macrófagos y en cerebro, donde puede
participar en el activo metabolismo lipídico que se da en este tejido. El receptor VLDL
se expresa también en macrófagos y cerebro y, característicamente, en tejido adiposo y
músculo, donde puede facilitar la captación de triglicéridos a partir de las
lipoproteínas ricas en apo E. Muy recientemente se ha demostrado que este receptor
permite la endocitosis de la Lp(a). Ahora bien, la función de estos receptores es más
amplia que su acción en el metabolismo de las lipoproteínas, por cuanto interaccionan
con diversos tipos de ligandos, por ejemplo, los complejos formados por los inhibidores de
protesasas con sus proteasas correspondientes.
Otro gran grupo son los denominados receptores barrenderos o
"scavenger" (SR), de los cuales se conocen dos familias: los SR-A y los SR-B.
Los SR-A (actualmente compuesto por las proteínas SR-AI y la SR-AII) son proteínas
homotriméricas, con un dominio prominente que tiene una alta homología con el colágeno.
De hecho se cree que ésta es la región que interacciona con las lipoproteínas. Este
tipo de receptor lo presentan los macrófagos y fue identificado por primera vez también
por los científicos Goldstein y Brown. Reconocen las lipoproteínas modificadas
químicamente o por peroxidación, con una aumentada carga negativa, pero también
polianiones de diversa naturaleza, incluída la endotoxina, por lo tanto, su papel puede
exceder el metabolismo de las lipoproteínas. En cualquier caso, este receptor permite a
los macrófagos captar las LDL alteradas del medio. Es interesante también señalar que
su actividad, a diferencia del receptor LDL, no está regulada. Pues bien, dado que los
macrófagos pueden modificar las lipoproteínas -y otros materiales- como resultado de su
propia actividad oxidativa, ante señales que los activen estas células pueden cargarse
literalmente de colesterol procedente de las lipoproteínas, situación que ocurre en la
lesión aterosclerótica. La función de limpieza que ejercen los macrófagos puede
volverse en contra del propio organismo cuando aumenta desproporcionadamente la
concentración de lipoproteínas o se altera la fisiología del macrófago.
La segunda familia de receptores barrenderos son los SR-B, que
actualmente está compuesta por las proteínas CD36, SR-B1 y CLA-1. Todas ellas se
localizan en la membrana plasmática y tienen entre sí una alta homología. Otra
proteína, la LIMPII, también presenta una alta homología con ellas pero es lisosomal,
de manera que su función en el metabolismo de las lipoproteínas no es evidente. CD36 fue
inicialmente identificado como receptor de la tromboespondina y se expresa en células de
la línea monocítica; "in vitro" es capaz de interaccionar con una gran
multitud de ligandos (fosfolípidos aniónicos, ácidos grasos, células apoptóticas,
etc.), entre ellos las lipoproteínas VLDL, LDL y HDL, no necesariamente modificadas. El
caso es que los macrófagos deficientes de CD36 muestran una captación de LDL oxidadas
muy reducida, por lo que parece que su función es eliminar estas lipoproteínas de la
circulación. Es más, los ratones manipulados genéticamente que carecen de CD36 tienen
mayor predisposición a desarrollar aterosclerosis, de ahí el interés actual por inhibir
farmacológicamente su actividad para prevenir esta enfermedad. En cuanto a su
regulación, se conoce que CD36 se induce por derivados oxidados de los ácidos grasos a
través de los factores de transcripción PPAR receptor de los activadores de la
proliferación peroxisomal, tipo, lo que coincide con que su acción vaya dirigida a
eliminar los ácidos grasos oxidados presentes en las lipoproteínas. Hay que señalar que
la CD36 no desencadena por sí misma ningún proceso de endocitosis, a diferencia del
receptor LDL o del SR-A, y, por lo tanto, la internación de la partícula debe darse en
concertación con algún otro receptor o bien la captación debe ser selectiva para
algunos de los componentes de la lipoproteína. Es interesante, a este respecto, que
existe una estrecha asociación entre CD36 y la proteína que enlaza ácidos grasos
(FABP), proteína que facilita el transporte intracelular de estos lípidos.
SR-B1 y CLA-1 probablemente son homólogos entre sí, siendo la
última la proteína que se encuentra en humanos. Se expresan en multitud de tejidos pero
especialmente en aquellos con un intenso metabolismo de esteroides, como hígado,
intestino, cápsula suprarrenal y placeta. In vitro CLA-1 reconoce las diversas
lipoproteínas, tanto en su forma nativa como modificadas por acetilación u oxidación.
En el ratón, SR-B1 parece desempeñar un papel importante en la provisión de colesterol
a las glándulas esteroidogénicas y al hígado a partir de las HDL. SR-B1 no media la
internación de la lipoproteína completa sino que permite la captación selectiva de los
ésteres de colesterol. Esta proteína, pues, se integra dentro de la denominada
captación selectiva de ésteres de colesterol, proceso descrito hace años y que se
conocía que se daba especialmente en células de murinos. Pero el papel fisiológico de
este receptor se complica al considerar que también permite el eflujo de colesterol
cuando las células se exponen a aceptores de carácter fosfolipídico. Así pues, SR-B1
mediaría tanto en la adquisición como en la cesión de colesterol. Por su parte, la
función de CLA-1 en humanos no se conoce con exactitud pero se supone que desempeñe un
papel análogo a SR-B1 en ratón.
Como acabamos de ver, las células captan ésteres de colesterol
directamente o bien internan las lipoproteínas mediante endocitosis, lo cual conduce a la
hidrólisis total de la lipoproteínas liberándose colesterol. Este colesterol, junto con
el que se está sintetizando en el retículo endoplásmico, es transportado
mayoritariamente a la membrana plasmática, que contiene más del 90 por ciento del total
del colesterol libre celular. En algunos tipos celulares, este transporte está mediado
por las proteínas denominadas caveolinas, en otros se produce asociado a balsas
lipídicas conocidas como rafts. A su vez, desde la membrana plasmática el colesterol
libre puede retornar al retículo, proceso en el que participa la proteína mdr-1 (la
misma que confiere resistencia a múltiples drogas en ciertos tumores). A su vez, en este
intenso trasiego de colesterol entre los distintos compartimentos celulares participa la
denominada NPC-1, proteína que debe su nombre a que su alteración es causa de la
lipidosis tipo C de Niemann-Pick. El colesterol en el retículo endoplásmico puede ser
esterificado con ácidos grasos de cadena larga (oleico y linoleico, especialmente) por
acción de la acil:colesterol aciltransferasa 1 (ACAT-1). Esta enzima, presente en la
mayor parte de tejidos, requiere que la concentración intracelular de colesterol libre
supere un cierto umbral para ser activa y, por lo tanto, su función es derivar colesterol
libre a la formación de ésteres de colesterol cuando se excede aquella concentración.
Los ésteres de colesterol se depositan en el citoplasma en forma de gotitas, que son
frecuentes en las células de las glándulas esteroidogénicas y muy evidentes en los
macrófagos expuestos a LDL modificadas, dando lugar al fenotipo de células espumosas.
Por último, los ésteres de colesterol en el citoplasma pueden ser hidrolizados por una
actividad denominada genéricamente hidrolasa neutra de ésteres de colesterol (NCEH) pero
cuya naturaleza no se conoce con exactitud. Se propuso que fuera la lipasa sensible a las
hormonas (HSL) que, como se sabe, es la enzima que hidroliza los triglicéridos acumulados
en el tejido adiposo y permite su liberación en situaciones de ayuno. Dado que la HSL se
activa por AMPc, se abrieron expectativas de poderse intervenir farmacológicamente en
este proceso para favorecer la eliminación del colesterol del macrófago. De hecho, así
sucede en los macrófagos murinos, pero en los humanos el caso es que esta enzima no se
expresa. Recientemente, se ha detectado la presencia de la lipasa activada por sales
biliares (BSSL o lipasa pancreática no específica) en el macrófago humano y se ha
sugerido que ésta sea la enzima que hidrolize los ésteres de colesterol citoplasmáticos
en el macrófago. Independientemente de cual sea la enzima responsable, el colesterol
libre formado puede ser utilizado para fines metabólicos o bien recogido por las HDL para
su posterior eliminación, que luego se comentará. Una actividad interesante del
macrófago es la de convertir el colesterol en su derivado 27-hidroxicolesterol por
acción de la colesterol 27-hidroxilasa. Este derivado es mucho más hidrosoluble que el
propio colesterol y puede ser recogido por la albúmina, a parte de las HDL, para su
transporte al hígado y transformación en sales biliares. Precisamente, la deficiencia de
colesterol 27-hidroxilasa es causa de la xantomatosis cerebrotendinosa, donde se acumulan
grandes cantidades de colesterol en las células del sistema retículo endotelial.
Aunque no se trata propiamente de un receptor, otra proteína de
membrana que debe mencionarse dentro del metabolismo de las lipoproteínas es la ABC-1.
Pertenece a la numerosa familia de proteínas que contienen el denominado
"ATP-binding cassette". Es una proteína de alto peso molecular, con 12 dominios
hidrofóbicos que se insertan en la membrana plasmática. Su función es translocar
colesterol libre desde la cara interna a la cara externa de la membrana (actúa como una
"flipasa"), con lo cual permite la eliminación del exceso de colesterol
celular, que es recogido por las HDL. La deficiencia de esta proteína es causa de la
enfermedad de Tangier que, a nivel bioquímico, se caracteriza por la reducción de la
concentración plasmática de HDL. La interpretación actual a este síndrome es que las
HDL nacientes, ricas en apo A-I y fosfolípidos, al no poder recoger colesterol libre de
las células por la falta de ABC-1, se inestabilizan y se degradan rápidamente. El caso
es que, aparte de la práctica ausencia de HDL en el plasma, en estos pacientes se
depositan masivamente ésteres de colesterol en los macrófagos, dando lugar a amígdalas
anaranjadas típicas de esta enfermedad.
Metabolismo de los quilomicrones
Los quilomicrones se sintetizan en las
células de la mucosa intestinal a partir de los lípidos de la dieta. Mientras se está
sintetizando la apo B-48 en el retículo, por acción de la MTP se le incorporan
triglicéridos a la proteína naciente, así como otros lípidos y apolipoproteínas A
para constituir un quilomicrón, que es dirigido hacia la membrana basolateral y segregado
por exocitosis. La síntesis y secreción de quilomicrones están directamente ligados a
la tasa de absorción de lípidos de la dieta. Así, cuando la dieta carece de grasas, se
sintetizan quilomicrones de pequeño tamaño (de menos de 100 nm) y a una tasa de tan solo
4g. de triglicéridos por dia. Si la dieta es rica en grasas, por el contrario, esta tasa
puede aumentar hasta 75 veces, a costa de un incremento del número de quilomicrones
sintetizados y, especialmente, de su tamaño, que puede llegar a ser de 500 nm. A través
de la linfa, los quilomicrones alcanzan la circulación sanguínea a la altura del
conducto torácico. Una vez en la sangre, los quilomicrones (denominados en este etapa
nacientes), adquieren apolipoproteínas C y E de las HDL en intercambio por fosfolípidos
y se desprenden de la apo A-IV. La presencia de apo C-II permite que los quilomicrones,
ahora maduros, puedan ser sustrato de la LPL, que hidroliza sus triglicéridos y facilita
la provisión de ácidos grasos a los tejidos subyacentes. Al ir perdiendo triglicéridos
localizados en su interior, el quilomicrón se distorsiona, lo cual es compensado por la
pérdida de componentes de superficie -fosfolípidos y apolipoproteínas- que son
recogidos por las HDL. Como resultado final se forma un quilomicrón residual o remanente,
de menor tamaño, parcialmente enriquecido en ésteres de colesterol al haber perdido
triglicéridos y que conserva la apo B-48 y parte de su dotación de las otras
apolipoproteínas. Precisamente, la presencia de apo E les permite ser reconocidas por los
receptores hepáticos LRP, que median su captación por endocitosis y, con ello, su
eliminación final del plasma. Este último proceso está facilitado por la acción de la
lipasa hepática endotelial e inhibido por un exceso de apolipoproteínas C en la
partícula. El devenir metabólico de un quilomicrón en el plasma se prolonga por espacio
de sólo unos minutos (el recambio medio de los triglicéridos en los quilomicrones es de
7 min), de manera que en condiciones fisiológicas normales sólo se detectan estas
lipoproteínas durante el período absortivo.
En la deficiencia de LPL, y también en la deficiencia de apo C-II,
se acumulan los quilomicrones en el plasma, desarrollándose la hiperlipidemia tipo I o
hiperquilomicronemia, con elevación de la concentración plasmática de triglicéridos y
disminución de las concentraciones de LDL y de HDL. En la deficiencia de apo E (o en la
homocigosis para apo E2) así como en la deficiencia de HL, se acumulan quilomicrones
remanentes, lo que pone de relieve el papel de esta apolipoproteína y de la lipasa
hepática en este metabolismo. Por su parte, en la deficiencia de receptor LDL no se
altera el aclaramiento de los quilomicrones remanentes, lo que indirectamente pone de
manifiesto la relevancia de otros receptores (LRP, concretamente) en ese proceso.
Resumiendo, los quilomicrones transportan los ácidos grasos de la
dieta a los tejidos periféricos y el colesterol al hígado, junto con la vitamina E y la
vitamina A, esta última en forma de acetato de retinol, en un proceso donde destacan la
acción de la LPL y el receptor LRP, por un lado, y el papel de las apolipoproteínas
B-48, C-II y E, por otro.
Metabolismo de las VLDL y de las LDL
Las VLDL se elaboran en las células del
parénquima hepático mediante un mecanismo análogo al que se da en los enterocitos. En
este caso, la apolipoproteína constituyente es la apo B-100 y los triglicéridos han sido
sintetizados en el propio hepatocito a partir de ácidos grasos endógenos. La tasa de
síntesis de VLDL es my variable y depende fundamentalmente de la cantidad de ácidos
grasos de que dispone el hígado: los de síntesis propia (lipogénesis) y los procedentes
del tejido adiposo (lipolisis). Las VLDL son segregadas al plasma y sufren una serie de
cambios semejantes a los que ocurrían con los quilomicrones. Así, adquieren
apolipoproteínas C y E de las HDL y actúa sobre ellas la LPL, que hidroliza sus
triglicéridos dejando los ácidos grasos liberados en disposición de ser captados por
las células de los tejidos subyacentes. A su vez, las VLDL son objeto de la acción de la
CETP, que permite el intercambio de triglicéridos por ésteres de colesterol con las HDL.
Este intercambio de lípidos ocurre también entre las propias partículas VLDL, de manera
que las VLDL de tamaño pequeño ceden ésteres de colesterol a las VLDL de mayor tamaño,
mientras que toman triglicéridos; seguidamente, la LPL hidroliza estos triglicéridos.
Esta acción coordinada entre CEPT y LPL permite que una determinada partícula de VLDL
pierda progresiva y cíclicamente lípidos neutros, primero triglicéridos, luego ésteres
de colesterol y así sucesivamente. Este proceso se completa con la pérdida de
fosfolípidos y parte de las apolipoproteínas, que son recogidas por las HDL. Así pues,
las lipoproteínas resultantes son de menor tamaño y mayor densidad que las VLDL y se
denominan IDL. El tiempo medio de recambio de los triglicéridos de las VLDL es de unos 20
min y el de residencia de una partícula de VLDL en el plasma hasta su conversión en IDL,
de unas horas.
Las IDL conservan la molécula de apo B-100, que identifica su
procedencia, y parte de las apolipoproteínas C y E. La presencia de esta última permite
que sean eliminadas del plasma por acción del receptor hepático LRP y quizás también
por la participación del proteoglicano de heparán sulfato (HSPG), que interacciona con
las lipoproteínas reteniéndolas en la membrana. No obstante, el principal protagonista
del aclaramiento de las IDL por el hígado parece ser el receptor LDL, reconociendo no
tanto la apo B-100 sino la apo E de las mismas.
Una parte de las IDL, aproximadamente la mitad en condiciones
fisiológicas normales, no son eliminadas por el hígado sino que permanecen en el plasma
y sufren la acción de la lipasa hepática y la pérdida de las apolipoproteínas C y E.
Las lipoproteínas resultantes siguen conservando la apo B-100, son ligeramente más
densas que las IDL y ricas en ésteres de colesterol: son las LDL.
Las LDL constituyen una reserva circulante de colesterol, con un
tiempo de residencia en el plasma de 2-3 dias. Cuando las células requieren colesterol,
expresan el receptor LDL en su membrana, el cual les permite captar las LDL mediante
endocitosis. A excepción del hígado, que puede excretar el colesterol a la bilis o
utilizarlo para la síntesis de ácidos biliares, y de las glándulas esteroidogénicas,
que lo destinan a la síntesis de hormonas, los requerimientos de colesterol del resto de
las células son muy bajos puesto que únicamente lo utilizan para la formación de
membranas y, el caso, es que también pueden sintetizarlo a partir de acetil-CoA. En
coherencia con ello, aproximadamente el 75 por ciento de las LDL del plasma acaban siendo
catabolizadas por el hígado. En cuanto a los receptores que protagonizan el aclaramiento
de las LDL, más de dos tercios corresponde al receptor LDL.
La concentración de cLDL en el plasma viene determinada por la tasa
de producción de VLDL, por un lado, y la tasa de eliminación de IDL y de LDL, por otro.
Cuando el hígado recibe un exceso de colesterol procedente de la dieta (a través de los
quilomicrones remanentes y del receptor LRP, no regulado), se reprime la actividad del
receptor LDL hepático, por los mecanismos antes comentados, lo cual se agrava si recibe
ácidos grasos saturados, que no favorecen la acción de la ACAT. Al tiempo, la síntesis
de triglicéridos puede estar incrementada por efecto de una aumentada lipogénesis (por
exceso de glúcidos, etanol, etc) o por estímulos hormonales, estimulándose la
secreción de VLDL. En estas circunstancias se produce claramente un desbalance entre la
tasa de entrada de colesterol al plasma en forma de VLDL, aumentada, y la tasa de
eliminación de LDL a través del receptor, disminuida, lo que provoca el aumento de la
concentración de estas últimas, causa principal de la hipercolesterolemia. Se entiende
entonces cómo debe modificarse la dieta con fines profilácticos y terapéuticos:
reducción del contenido de colesterol, de la proporción de ácidos grasos saturados y
del contenido calórico. El aclaramiento de las LDL puede aumentarse farmacológicamente
con inhibidores de la HMG-CoA reductasa que, secundariamente estimulan la actividad del
receptor LDL. Estos inhidores de la síntesis de colesterol pueden incluso llegar a
inhibir la producción de VLDL, por lo que su beneficio en el tratamiento de la
hipercolesterolemia es doble.
Metabolismo de las HDL
Las HDL participan en el transporte de colesterol en el sentido
centrípeto, desde los tejidos periféricos al hígado, en lo que se denomina
"transporte reverso de colesterol", pero su papel es mucho más amplio, como ya
hemos visto, por ejemplo, al comentar el metabolismo de las otras lipoproteínas.
El origen metabólico de las HDL es complejo ya que sus diversos
componentes tienen una procedencia múltiple. La apo A-I, componente principal de estas
lipoproteínas, se sintetiza en hígado e intestino, mientras que las otras
apolipoproteínas se sintetizan preferentemente en el primero. Las HDL que segregan estos
dos tejidos son partículas discoidales o bien esféricas de tamaño muy pequeño,
relativamente ricas en proteínas y fosfolípidos y escasos ésteres de colesterol. Estas
HDL recogen colesterol libre de las células a través de varios mecanismos: bien por
simple contacto con las membranas o por interacción con receptores específicos que
reconocerían la apo A-I. En este segundo caso, la interacción con el receptor (todavía
sin identificar) parece desencadenar una respuesta celular que facilita el trasiego del
colesterol intracelular hacia la membrana, donde sería recogido por la lipoproteína
gracias a un gradiente químico de concentración favorable. En cualquier caso, para que
las HDL puedan recoger el colesterol celular, éste debe localizarse en la cara externa de
la membrana plasmática, proceso que, como hemos visto anteriormente, corre a cargo de la
proteína ABC-1. En cuanto a la captura de colesterol, las partículas conocidas como
preß1-HDL, pequeñas y ricas en apo A-I, parecen ser las más eficaces pero, en general,
todas las HDL son capaces en mayor o menor medida de recoger colesterol libre. Ahora la
LCAT se adhiere físicamente a estas partículas y se esterifica el colesterol. Los
ésteres de colesterol que se forman ocupan el núcleo de la lipoproteína y en sucesivos
ciclos, la partícula va agrandándose y adopta forma esférica, transformándose en una
HDL3. Las HDL3 constituyen una población heterogénea, que en promedio contiene 3 ó 4
moléculas de apo A-I por partícula, pero coexisten partículas que contienen también
apo A-II. Aunque se ha propuesto que estas últimas interaccionan peor con el hipotético
receptor para apo A-I, realmente el significado fisiológico de la existencia de ambos
tipos de HDL y los factores que determinan el trasiego de apo A-II entre las
lipoproteínas no se conocen. Las HDL3 pueden seguir aceptando colesterol y también
fosfolípidos y apolipoproteínas de las otras lipoproteínas, todo lo cual hace que
aumenten de tamaño, transformándose en HDL2. Todas las HDL, si bien las HDL2 con mayor
eficacia, son sustratos para la CETP, con lo que ceden ésteres de colesterol a las
lipoproteínas que contienen apo B al tiempo que adquieren triglicéridos de ellas. Así
pues, el colesterol celular recogido por las HDL acaba en las VLDL/LDL, desde donde puede
ser cedido a los tejidos, fundamentalmente al hígado. Ésta es la rama indirecta del
transporte reverso de colesterol, que en la especie humana es la mayoritaria por la alta
actividad relativa de CETP. La rama directa estaría delimitada por la cesión de
colesterol de las HDL a los tejidos directamente. Por ejemplo, la pequeña fracción de
las HDL2 que han adquirido apo E, bien de las lipoproteínas bien de los macrófagos, les
permite ser reconocidas por el receptor LRP o por el receptor LDL y ser captadas por
endocitosis. Otras pueden interaccionar con el receptor SR-B1 (o CLA-1) y ceder
selectivamente los ésteres de colesterol sin ser internalizadas. Para completar el
metabolismo de las HDL hay que considerar el destino de los triglicéridos y de los
fosfolípidos. La HL hidroliza preferentemente los fosfolípidos y transforma las HDL2 en
HDL3, permitiendo el reciclado de estas lipoproteínas. La hidrólisis de los
triglicéridos, por su parte, por acción de la HL o de la LPL, al parecer determina la
pérdida de apo A-I de la partícula. Esta proteína se constituye en aceptor de
colesterol libre, reiniciando un nuevo ciclo o bien es eliminada por el riñón. El tiempo
medio de residencia de una HDL en el plasma humano (en realidad, de la apo A-I), es de
unos 5 días pero hay que reconocer que el metabolismo integral de las HDL es muy complejo
y no se conocen con exactitud todas las transformaciones que sufren estas partículas ni
los factores que las controlan.
Las alteraciones primarias que afectan al metabolismo de las HDL son
muy raras. La deficiencia de apo A-I se asocia con niveles de cHDL muy bajos, pero no
implica la ausencia total de HDL porque persisten lipoproteínas con apo A-II y apo E. En
la deficiencia de LCAT las HDL son anormales: discoidales, carentes de ésteres de
colesterol y relativamente ricas en fosfolípidos y proteína, lipoproteínas que
recuerdan a la LpX, lipoproteína que aparece en las colestasis, donde aparte de una
regurgitación de bilis hacia el plasma se presenta también una cierta deficiencia de
LCAT. En la enfermedad del ojo de pescado, la ausencia de actividad a-LCAT determina
también un descenso del número de partículas de HDL, aunque menos acusado que en el
caso anterior. Otra alteración es la enfermedad de Tangier, donde la concentración de
HDL plasma es muy baja al parecer por una aumentada degradación de las mismas, que tiene
como causa última la deficiencia de ABC-1, que impide el abastecimiento de colesterol a
las HDL. Aunque el defecto no afecta primariamente a las HDL, en este apartado de
hipoalfalipoproteinemias también debe mencionarse la deficiencia de LPL, que en su
condición homocigótica cursa con niveles extremadamente bajos de HDL, probablemente
debido al enriquecimiento de triglicéridos de las HDL, lo cual acelera su catabolismo.
Más frecuentes son los descensos moderados de las HDL que, resumidamente, pueden tener
origen en una disminuida actividad de LPL o una hipertrigliceridemia por otras causas,
donde también se estimula la transferencia de triglicéridos a las HDL por acción de la
CETP y aumenta su degradación. En el otro extremo tenemos la deficiencia de CETP, donde
se produce hiperalfalipoproteinemia. En este caso es fácil entender el aumento de la
concentración de cHDL, ya que los ésteres de colesterol quedan confinados a las HDL,
donde se forman. Menos evidente es la causa del aumento de la concentración de apo A-I,
en definitiva, del número de partículas de HDL; en el terreno de la especulación
podría decirse que la falta de transferencia de triglicéridos desde las VLDL/IDL a las
HDL, evita la acción de las lipasas sobre estas últimas y, con ello, aumenta el tiempo
de residencia de la apo A-I en el plasma. Estas alteraciones dan luz sobre algunos de los
pasos metabólicos que sufren estas lipoproteínas pero son muchos aún los aspectos que
están por descifrar, como el significado de las diferentes subpoblaciones de HDL o los
factores que controlan el trasiego de apolipoproteínas entre ellas.
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