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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Fiebre reumática
Tratamiento
Introducción
No existe tratamiento específico para la
fiebre reumática ni se conocen medidas para cambiar la evolución de la enfermedad. Sin
embargo, el tratamiento de sostén adecuado puede reducir la mortalidad y morbilidad de
esta enfermedad.
Medidas generales
Las medidas generales dependerán en cada caso
de fiebre reumática de las manifestaciones y gravedad del ataque.
Es necesario el reposo en cama durante el período de tiempo que
dure la fase febril y los síntomas agudos de la enfermedad, y hasta que desaparezcan las
evidencias de inflamación en las pruebas clínicas y de laboratorio.
Es conveniente retrasar en cierta medida el inicio de tratamiento
antiinflamatorio o supresor hasta que se haya expresado lo suficiente la enfermedad como
para establecer el diagnóstico. La administración prematura de aspirina o
corticosteroides en un paciente con artralgia o monoartritis inicial y fiebre oscurece el
proceso de la enfermedad y causa confusión diagnóstica.
Cuando se ha establecido el diagnóstico, el tratamiento se inicia
en general con penicilina a dosis adecuadas para erradicar los estreptococos del grupo A
residuales. Esto se seguirá de profilaxis secundaria continua.
Medidas farmacológicas
Tratamiento supresor antirreumático
Los antiinflamatorios son muy eficaces para
suprimir las manifestaciones inflamatorias agudas de la fiebre reumática, hasta tal punto
que se admite como una prueba confirmatoria del diagnóstico la respuesta inmediata de la
artritis a grandes dosis de ácido acetil salicílico. La selección de un fármaco
antirreumático no es decisiva para el resultado de la mayor parte de los ataques de
fiebre reumática.
Los agentes empleados habitualmente son los salicilatos (aspirina) y
los corticosteroides (prednisona). Se consideran un valioso tratamiento sintomático y de
apoyo, pero no son curativos, y en realidad prolongan la evolución de la enfermedad. Sin
embargo, controlan las manifestaciones tóxicas de la enfermedad, disminuyen los síntomas
y por tanto las molestias del paciente, incrementando su bienestar, además combaten la
anemia, la anorexia y otros síntomas generales. En el caso de pacientes con carditis
reumática grave, asociada con insuficiencia cardíaca, los efectos antiinflamatorios de
estos fármacos reducen la carga sobre el corazón y en ocasiones inclinan la balanza a
favor de la supervivencia de un paciente muy grave.
Salicilatos
Dentro de este grupo de compuestos se
encuentra la aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros como el salicilato de colina
magnesiado, el ácido salicilsalicílico y la salicilamida.
La aspirina es el prototipo de AINE. Es un salicilato acetilado, y
el grupo acetil le dota de ciertas características exclusivas que no poseen los demás
salicilatos. Es un inhibidor muy eficaz e irreversible de la ciclooxigenasa a diferencia
de los salicilatos no acetilados que tienen esta acción muy débil. La aspirina acetila
de forma irreversible la ciclooxigenasa plaquetaria, produciendo una inhibición mantenida
de la agregación. También acetila las proteínas plasmáticas, lo cual puede condicionar
reacciones alérgicas en algunos pacientes, el grupo acetil parece guardar relación con
la toxicidad gástrica de la aspirina. En una enfermedad inflamatoria intensa, el nivel
terapéutico de salicilato en suero es de 20 a 30 mg/dl.
El metabolismo del salicilato en el hombre es complejo y tiene lugar
por un mecanismo de limitación de la capacidad y por cinética de primer orden para sus
distintos metabolitos, debido a esto, la vida media del salicilato en el suero no es
constante, como sucede con la mayoría de los fármacos, sino que aumenta al ir creciendo
el nivel sérico de salicilato, debido a que la eliminación de salicilato conjugado es
relativamente más lenta si los niveles en el organismo son altos. Así pues no siempre es
preciso administrar los salicilatos cada 4 horas si la concentración sérica se encuentra
en rango terapéutico. Asimismo hay que ser muy prudente a la hora de aumentar las dosis
de salicilato una vez que se han alcanzado los niveles terapéuticos. Está indicado
esperar de 5 a 7 días entre los cambios de dosis, para dar tiempo a que se estabilicen
los niveles en suero. El salicilato induce su propio metabolismo y, a las 3 semanas de
administración, sus niveles son sustancialmente inferiores a los que se dan al final de
la primera semana. Debido a estas peculiaridades y teniendo en cuenta las importantes
variaciones individuales que presenta el metabolismo del salicilato, hay que monitorizar
cuidadosamente sus niveles plasmáticos durante las primeras 4 semanas de tratamiento,
luego los niveles se mantiene bastante estables para una determinada dosis en un paciente
concreto. El aclaramiento plasmático de salicilato es mayor en la mujer que en el hombre.
Las acciones farmacológicas de los salicilatos son las siguientes:
Analgésica y antitérmica.
Antiinflamatoria y antirreumática. Metabólicas (mas patentes
cuando se produce efecto tóxico), desacoplan la fosforilación oxidativa de las
mitocondrias del músculo esquelético, hígado y riñón, aumentan el catabolismo de las
grasas, proteínas y aminoácidos, inhiben la síntesis de mucopolisacáridos y
mucopéptidos. Alteraciones del equilibrio ácido-básico (alcalosis respiratoria).
Entre los efectos indeseables cabe destacar la intolerancia
digestiva pudiendo llegar a producir erosiones de la mucosa y hemorragia gástrica
secundaria, en lo que participa el efecto antiagregante y un efecto hipoprotrombinémico.
Pueden aparecer cuadros de hipersensibilidad (asma-urticaria) que afectan al 0,9 por
ciento de la población. En tratamientos crónicos con dosis elevadas puede aparecer un
síndrome tóxico denominado salicilismo que cursa con náuseas, vómitos, síntomas
auditivos (tinnitus, sordera) cefalea y confusión mental. No es una reacción grave, y
desaparece por tolerancia o al discontinuar el tratamiento.
Glucocorticoides
Se suelen emplear glucocorticoides de acción
rápida como son la prednisona, y metilprednisolona. A dosis bajas controlan rápidamente
la inflamación, ya establecida. Ejercen su efecto principal en la inflamación,
impidiendo la suelta de los enzimas hidrolásicos de los lisosomas al reforzar sus
paredes, también frenan la liberación de "cininas", amortiguando las acciones
de diversos mediadores químicos (histamina, serotonina, etc.); disminuyen la acumulación
de leucocitos en la zona inflamatoria, también disminuyen la producción de
inmunoglobulinas y suprimen las respuestas de inmunidad celular.
Un serio inconveniente de estas sustancias es la gran cantidad de
efectos secundarios. Los niños y las mujeres postmenopáusicas son los pacientes más
sensibles, y la toxicidad es máxima cuando se administran durante un período de tiempo
prolongado y según una pauta diaria de dosis divididas. La administración de un
preparado de acción corta como la prednisona, a días alternos en una sola dosis
matutina, disminuye enormemente los efectos secundarios, pero esta pauta de tratamiento
aceptable para mantener la remisión de una enfermedad inflamatoria sistémica suele ser
insuficiente para inducirla.
Cabe citar los siguientes efectos secundarios de los corticoides:
Aceleración de los síntomas menopáusicos; acné; aumento de la sudoración; depósito
de grasa (cara de luna llena, "joroba de búfalo", depósitos grasos
supraclaviculares, aumento del perímetro abdominal); desequilibrio hidroelectrolítico;
detención del crecimiento; edema; equímosis y petequias; estrías; fenómenos
tromboembólicos; glaucoma; hiperlipemia; hipertensión; hirsutismo; infecciones;
intolerancia a los carbohidratos; miopatía; necrosis aséptica de los huesos;
osteoporosis y fracturas; pancreatitis; síndrome de abstinencia; supresión del eje
hipófisis-suprarrenal; trastornos de la cicatrización de las heridas; trastornos
psíquicos (insomnio, inquietud, sobreexcitación, euforia, depresión, agitación,
psicosis); úlceras gastrointestinales.
Pautas de actuación
Los pacientes con artritis leves o artralgia
sin carditis pueden tratarse únicamente con analgésicos no antiinflamatorios como la
codeína.
Los salicilatos son preferibles para la fiebre y para la artritis.
Cuando se emplean los salicilatos, la dosis debe incrementarse hasta que el fármaco
produzca efectos clínicos, es decir, hasta que haya alivio completo de los síntomas y
signos de artritis, y hasta que la temperatura haya regresado a la cifra normal, (o hasta
que aparezcan síntomas y signos de toxicidad general, caracterizada por tinnitus,
cefaleas o hiperpnea), luego se reduce la dosis a dos tercios del valor inicial, y puede
mantenerse así hasta que se hallan normalizado las manifestaciones de laboratorio de
enfermedad inflamatoria. Para el resto del tratamiento, la dosis se reduce a la mitad de
la cifra diaria inicial. En caso de pruebas clínicas o de laboratorio de recaída cuando
se reduce la dosis, es recomendable regresar a la dosis previamente mayor que suprimió el
proceso patológico.
Se recomienda una dosis de comienzo de 80 a 125 mg/kg./día en los
niños (en general 80 mg/kg./día durante las dos primeras semanas y 60 mg/kg./día
durante las siguientes seis semanas), y de 6 a 9 g al día en los adultos (y en los
pacientes que pesen más de 70 kg.), administrados en 4 a 5 dosis. De las diversas
preparaciones de salicilatos, la aspirina ordinaria es la más barata y eficaz.
El tratamiento con glucocorticoides es innecesario en los pacientes
sin carditis. Muchos médicos prefieren los glucocorticoides a los salicilatos para el
tratamiento de la carditis, a pesar de la falta de ventajas de estas hormonas en estudios
controlados. A los enfermos con carditis leve se les administran corticosteroides, sin la
convicción de que estos fármacos sean mejores que los salicilatos. Los enfermos con
carditis grave deben tratarse rápidamente con corticosteroides, en especial si se
objetiva fallo cardíaco, sin olvidar las medidas de apoyo con tratamiento diurético y
restricción de sal para combatir la retención de sodio.
La actitud generalizada es administrar salicilatos cuando no hay
evidencias claras de carditis. Si los síntomas y signos no son adecuadamente suprimidos
por salicilato, éstos se deben sustituir por corticosteroides.
Los corticosteroides y salicilatos no acortan la evolución de la
fiebre reumática, por este motivo, la duración del tratamiento se calcula según la
evolución esperada del ataque.
Cuando el proceso inflamatorio está controlado con corticoides o
salicilatos, estos deben seguirse administrando hasta que la velocidad de sedimentación
se aproxime a los niveles normales, después de lo cual se mantiene el tratamiento durante
varias semanas.
La prednisona se administra en dosis de 40 a 60 mg para adultos y
niños por igual, o dosis aún mayores cuando sea necesario, para controlar la
insuficiencia cardíaca, en cuatro tomas al día. En los casos extraordinariamente agudos
y graves puede empezarse el tratamiento con metilprednisolona IV a dosis de 10-40 mg,
pasando a continuación a prednisona oral.
A las dos o tres semanas de tratamiento con corticosteroides hay que
disminuir lentamente las dosis de prednisona a razón de 5 mg cada 2 o 3 días. Con
frecuencia se recomienda reducir la dosis total de esteroides de los pacientes tratados
con dosis altas hasta aproximadamente 20 mg al día antes de iniciar la suspensión
completa de corticoides. Esta suspensión completa se iniciará preferiblemente mediante
una pauta de tratamiento a días alternos. Es importante la pauta de reducción y
supresión del tratamiento con corticosteroides, ya que la supresión brusca del
tratamiento con dichos compuestos deja al paciente en un estado de insuficiencia
suprarrenal temporal como resultado del cese de la actividad cortico-suprarrenal endógena
durante el tratamiento hormonal prolongado.
Rebotes de actividad
reumática
Cuando se suprime el tratamiento con
antiinflamatorios, las pruebas clínicas o de laboratorio de actividad reumática
reaparecen. Esta reactivación se denomina rebote y se debe diferenciar claramente de una
recurrencia.
Los rebotes espontáneos no se presentan después de cinco semanas
de la supresión completa de todo tratamiento antirreumático. Muchos rebotes aparecen en
las dos primeras semanas, aunque la mayoría aparecen en los primeros días o mientras la
dosis se reduce. Los rebotes cesan espontáneamente en una semana o dos y no requieren
tratamiento médico.
Para prevenir los rebotes, cuando se han empleado corticosteroides,
se puede añadir un tratamiento superpuesto de salicilatos a las dosis habituales,
mientras se van retirando los corticoides durante 2 semanas, manteniendo el tratamiento
con salicilatos durante 3 o 4 semanas después de haber suspendido la prednisona. Mediante
esta pauta de solapamiento se reduce la incidencia de rebotes posterapéuticos. Los
glucocorticoides son agentes con mayor potencia antiinflamatoria, pero causan más
"rebotes" tras el tratamiento y tienen además la desventaja de tener más
efectos colaterales, especialmente acné, hirsutismo y cambios cushingoides en la cara y
el cuerpo. Por esta razón, es preferible comenzar el tratamiento de la carditis con
salicilatos y si estos no reducen la fiebre ni mejoran la insuficiencia cardíaca se
iniciará rápidamente el tratamiento con glucocorticoides.
Antes de iniciar el tratamiento con glucocorticoides es necesario
descartar la existencia de tuberculosis o cualquier otra infección crónica. Además los
corticoides a dosis altas reducen la respuesta a la tuberculina. El tratamiento
glucocorticoideo prolongado puede desenmascarar una diabetes mellitus latente o agravar la
enfermedad previa. La duración del tratamiento con corticoides no suele ser tanta como
para producir osteoporosis que es un efecto secundario que aparece con tratamientos
prolongados. A dosis terapéuticas habituales (equivalentes a 15 mg/día de prednisona o
menos) los glucocorticoides probablemente no causan ulceración péptica. No obstante los
pacientes con úlcera sufren un empeoramiento de sus síntomas. Hay que vigilar la posible
elevación de cifras tensionales y la retención de sodio, y restringir la ingesta de sal
e incluso administrar diuréticos si fuere necesario. Por último otro posible efecto del
tratamiento con glucocorticoides son las alteraciones psicológicas de intensidad leve o
grave. El insomnio es la alteración más frecuente.
El tratamiento con corticosteroides suele controlar la pericarditis
y la insuficiencia cardíaca congestiva de la carditis aguda, pero lamentablemente no
tiene ninguna influencia sobre la incidencia de cardiopatía reumática residual.
Aunque algunos pacientes con carditis grave muestran una cierta
sensibilidad a la digital, la utilización prudente de la digoxina es muy eficaz para
tratar la insuficiencia cardíaca de la carditis reumática.
Las reapariciones de la fiebre reumática suelen ser de corta
duración, y cuando son leves es preferible tratarlas sin antiinflamatorios debido a que
puede producirse un segundo y tercer rebote cuando se interrumpe el tratamiento. Alrededor
del 5 por ciento de los episodios persisten durante 6 meses o más en forma de
recrudescencias agudas espontáneas o como rebotes posteriores al tratamiento. Estos
episodios "crónicos" son más frecuentes en los pacientes con lesiones
cardíacas o episodios reumáticos previos. Para el seguimiento del proceso de curación
es conveniente la determinación semanal de proteína C reactiva y de la velocidad de
sedimentación, especialmente cuando se está retirando el tratamiento con corticoides y
salicilatos.
Tratamiento de la corea
Los signos y síntomas de la corea no suelen
responder bien al tratamiento con fármacos antirreumáticos, los salicilatos y los
corticoides tienen poco o ningún efecto sobre la corea. El paciente con corea suele ser
emocionalmente inestable, y las manifestaciones de la enfermedad pueden exagerarse con el
estrés emocional, por lo que es necesario el reposo físico y mental completo. Los
pacientes deben estar en una habitación tranquila y cuidados por personas agradables. Son
útiles los sedantes y tranquilizantes especialmente el diacepam y la clorpropamida. Con
independencia de su intensidad, la corea aparece durante el sueño, por lo cual es
necesario asegurar una sedación adecuada. Puede ser necesario colocar almohadas a los
lados de la cama para evitar que el paciente se lesione. Es recomendable retomar
gradualmente la actividad cuando se produzca la mejoría en lugar de esperar a que
desaparezcan todos los movimientos coreicos, lo cual puede llevar varios meses
Debido a la gran variabilidad de la evolución de la corea, es
difícil valorar la eficacia de las distintas medidas terapéuticas. La corea es una
enfermedad autolimitada que habitualmente no causa secuelas neurológicas importantes y
que suele obtener buenos resultados con una buena atención de enfermería y con
tratamiento médico conservador.
Tratamiento
etiopatogénico
Cuando se diagnostica por primera vez una
fiebre reumática, hay que administrar penicilina para eliminar los estreptococos del
grupo A. Esta medida es recomendable incluso en ausencia de cultivos de faringe positivos
para la presencia de estreptococos, ya que los microorganismos pueden estar en zonas
inaccesibles a la torunda.
Penicilina
Bajo este término genérico se agrupa un amplio espectro de
agentes: Penicilina G, penicilina V, meticilina, oxacilina, cloxacilina, dicloxacilina,
mexlocilina, nafcilina, ampicilina, amoxicilina, azlocilina, piperacilina, carbenicilina,
etc. Son agentes bactericidas cuyo mecanismo de acción no está claro ya que la
inhibición de la síntesis de la pared celular es un concepto simplista. Estos agentes
alcanzan buenos niveles terapéuticos en suero, orina, y en los líquidos sinovial,
pleural y pericárdico. La penetración en el líquido cefalorraquideo es relativamente
limitada.
Las penicilinas son eliminadas principalmente por el riñón.
Penicilina G (bencilpenicilina)
Sigue siendo el medicamento de elección para muchas infecciones,
entre las que se encuentran las producidas por:
Cocos aeróbicos gram-positivos: Estreptococo pneumoniae,
Estreptococo pyogenes (grupo A), Estreptococos víridans y bovis y los Estafilococos
aureus sensibles a penicilina. Frente a estos microorganismos la penicilina es muy activa.
Como agente único no es eficaz frente a los Enterococos.
Aerobios gram-negativos: Sigue siendo el tratamiento de elección
para el Meningococo y la Pasteurella multocida. Asimismo sigue siendo un agente importante
frente al Gonococo.
Anaerobios: la penicilina es muy activa contra los Clostridium
incluido el perfringens y las Fusobacterium. No es activa frente al Bacteroides frágilis
y en infecciones pélvicas e intraabdominales en las que se sospeche que sean los agentes
causales debe emplearse otro antibiótico. También sigue siendo el antibiótico de
elección frente al Actinomyces israelii (actinomicosis).
Es el medicamento de elección frente al Treponema pallidum
(sífilis).
Preparaciones parenterales: Hay tres formas principales de
penicilina G parenteral. La farmacocinética es muy diferente:
A- Penicilina G acuosa: Disponible en sus formas de sales sódicas y
potásicas para uso intravenoso e intramuscular. Generalmente se utiliza la sal potásica
aunque existe una preparación de sal sódica para circunstancias especiales en las que se
intenta evitar cualquier carga de potasio adicional, por ejemplo en la insuficiencia
renal. Esta forma de penicilina producirá elevados niveles sanguíneos rápidamente, pero
no habrá penicilina detectable en la sangre 4 horas después de una dosis. Por
consiguiente la forma acuosa en las infecciones graves debe darse por lo menos cada 4
horas.
B- Penicilina G procaína: Se han desarrollado formas de depósito
para prolongar la duración de la penicilina G en la sangre. Estas formas pueden retrasar
la absorción del depósito intramuscular. Una de las formas más usadas es la penicilina
G procaína, que se absorbe lentamente ya que se compone de una sal cristalina insoluble
equimolar de penicilina G y procaína. Los niveles pico se alcanzan a las 2-4 horas y
están presentes niveles detectables durante 12-24 horas. La dosis suele administrarse
cada 12 horas, intramuscular, no debe administrarse intravenosamente debido al riesgo de
toxicidad de la procaína. No hay correlación directa entre aumentar la dosis en un solo
lugar intramuscular y elevar el nivel en el suero, es decir, al doblar la dosis no se
doblará el nivel sérico. Para aumentar los niveles pico del suero, deben administrarse
dos inyecciones intramusculares separadas simultaneas.
En ocasiones se pueden evidenciar conductas extrañas y/o síntomas
neurológicos, inmediatamente después de la inyección de penicilina procaína. Los
pacientes se pueden quejar de mareo, palpitaciones, sabores raros, trastornos visuales o
auditivos o temor a una muerte inminente. Pueden presentar conductas agresivas, tener
sacudidas neuromusculares o crisis de gran mal. Estos síntomas y signos desaparecen
espontáneamente en 5-10- minutos. Este tipo de reacción se observa en menos del 1 por
ciento de los pacientes sometidos a terapia con altas dosis de penicilina procaína y
probablemente es debido a la liberación de cantidades tóxicas de procaína.
C- Penicilina G benzatina (de acción prolongada): Es una sal
insoluble, obtenida por la combinación de una base de amonio con la penicilina G. Se
obtienen muy bajos niveles en sangre, pero duran períodos de tiempo prolongados,
aproximadamente 3-4 semanas. Es la penicilina que se usa más frecuentemente en la
sífilis (primaria, secundaria y latente); también es la más usada en la profilaxis de
la fiebre reumática ya que una inyección mensual (1.2 millones de unidades IM)
suministrará un nivel sérico por encima del necesario para inhibir los estreptococos de
grupo A. Este régimen es el más eficaz en los pacientes con enfermedad cardíaca
reumática subyacente, y evita el problema del cumplimiento con las medicaciones orales.
Es un tratamiento óptimo de las faringitis estreptocócicas, ya que muchos pacientes con
faringitis por estreptococo del grupo A, no completan sus cursos de antibióticos orales.
En el paciente de alto riesgo (con fiebre reumática previa por ejemplo) o en el paciente
que no obedece adecuadamente a la prescripción oral, el uso de la penicilina benzatina
asegurará el mantenimiento de niveles adecuados.
Preparaciones orales: La penicilina G oral es parcialmente
inactivada por el jugo gástrico; con una modificación menor de la cadena lateral se
forma la penicilina V (fenoximetil penicilina) que resiste la desintegración por el jugo
gástrico, y es, por tanto, mejor absorbida por el tracto gastrointestinal. En cuanto a
dosis, 250 mg de penicilina V son equivalentes a 400.000 de penicilina G.
La terapia oral es útil en la faringitis, las infecciones orales
menores, en las infecciones menores de los tejidos blandos debidas a microorganismos
sensibles, y para completar los cursos de tratamiento después de una terapia intravenosa
inicial.
Reacciones tóxicas y
secundarias a las penicilinas
Alergia y reacciones de hipersensibilidad:
Ocurren en el 1-10 por ciento de los pacientes que reciben penicilina. La muerte por una
reacción a la penicilina ocurre en el 0.002 por ciento de los pacientes. Pueden
clasificarse en: Reacciones alérgicas inmediatas (2-30 minutos después), pudiendo
aparecer eritema o prurito, urticaria, angioedema, sibilancias y rinitis, hipotensión o
shock. Reacciones alérgicas aceleradas (1-72 horas) se pueden observar las
manifestaciones de las reacciones inmediatas salvo la hipotensión y el shock, además
puede aparecer edema laringeo. Reacciones tardías (más de 72 horas) que se caracterizan
por la aparición de erupciones morbiliformes, urticaria-angioedema, urticaria-artralgia o
enfermedad del suero. También se pueden observar otras reacciones menos comunes como
anemia hemolítica inmune, infiltrados pulmonares con eosinofilia, nefritis intersticial
(rara vez se presenta con la penicilina G), granulocitopenia, trombocitopenia, fiebre
medicamentosa que puede ser la única manifestación de una alergia a la penicilina,
vasculitis de hipersensibilidad, eritema multiforme y lupus eritematoso inducido por
medicamentos.
La eosinofilia sóla puede presentarse con el uso de la penicilina.
Si el nivel está por encima del 15 por ciento del recuento leucocitario, probablemente se
debe suspender el medicamento.
Toxicidad para el sistema nervioso central: pueden producirse
sacudidas mioclónicas como indicio precoz de toxicidad de la penicilina sobre el sistema
nervioso central.
Pautas de tratamiento
Es preferible administrar la penicilina por
vía parenteral. Un tratamiento efectivo es la administración de 1.2 millones de unidades
de penicilina benzatina en inyección intramuscular o 600.000 unidades de penicilina
procaína en inyecciones intramusculares diarias, durante 10 días. No han tenido éxito
los intentos de reducir las lesiones cardíacas tardías mediante la administración
precoz de penicilina a dosis altas. Tras completar el tratamiento con penicilina, hay que
llevar a cabo la prevención de las reinfecciones estreptocócicas mediante las pautas
recomendadas más adelante.
Situaciones especiales
Prevención
Las medidas preventivas más eficaces contra
la fiebre reumática son probablemente socioeconómicas. Así lo hace pensar la práctica
ausencia de la enfermedad en los sectores ricos de las ciudades occidentales.
No obstante se puede alterar la historia natural de la enfermedad,
mediante el uso de agentes antimicrobianos. La profilaxis con penicilina en masa, detiene
epidemias de faringitis estreptocócica. El tratamiento adecuado con penicilina de la
faringoamigdalitis estreptocócica aguda aborta el ataque inicial y, con menos frecuencia,
las recurrencias reumáticas. La administración continua de penicilina o sulfadiazina
evita los ataques recurrentes en los enfermos reumáticos.
Prevención primaria
Consistiría en la prevención de los
episodios reumáticos iniciales. El diagnóstico y tratamiento precoz y adecuado de las
infecciones faríngeas por estreptococos del grupo A evita los episodios iniciales de
fiebre reumática. La aparición de fiebre reumática en una comunidad es señal de la
presencia de estreptococos reumatogénicos, cuya diseminación debe interrumpirse con el
uso de regímenes con penicilina que erradican la situación de portador faríngeo o
atenúan las cepas sobrevivientes, que se propagan de manera menos peligrosa. En
poblaciones militares con elevada frecuencia de faringitis estreptocócica grave, el
tratamiento con penicilina reduce la tasa de ataques de fiebre reumática del 30 por
ciento al 0.35. La aplicación de prevención primaria en poblaciones civiles, en
particular niños con infecciones estreptocócicas, esporádicas o endémicas, ha sido
más difícil. El diagnóstico clínico, por sí solo es insuficiente para distinguir de
forma terminante las infecciones de vías respiratorias altas, causadas por el
estreptococo del grupo A, de las infecciones producidas por otros agentes como los virus,
es decir, el diagnóstico clínico de faringitis estreptocócica carece de sensibilidad y
especificidad. Además la exposición estreptocócica frecuente en niños tiende a
mantener elevados los títulos de anticuerpo antiestreptocócico. Otra razón de la menor
eficacia de estos métodos radica en que las infecciones estreptocócicas no producen a
veces síntomas, y sin embargo sí pueden condicionar un episodio de fiebre reumática. Si
las infecciones estreptocócicas se detectaran adecuadamente con cultivos faríngeos y se
trataran correctamente, se impediría la diseminación de esta enfermedad en una
determinada población, se modificaría en gran medida la epidemiología de la enfermedad
y disminuiría la incidencia de fiebre reumática en dicha población, pero incluso con el
resultado de un cultivo faríngeo puede no distinguirse entre una infección y una simple
colonización, las cuales solo se pueden diferenciar retrospectivamente mediante
determinaciones de anticuerpos estreptocócicos. Por tanto, resulta inevitable tratar
innecesariamente algunos casos de colonización simple. Cuando los cultivos de garganta
son negativos, se elimina la necesidad de tratamiento intensivo con penicilina en
pacientes con infección no debida a estreptococos.
En las comunidades en las que la infección estreptocócica se ha
diagnosticado precozmente y se ha tratado de forma adecuada y en las que el estatus
socioeconómico es alto, los estreptococos del grupo A que se suelen aislar en la faringe
de los escolares pueden tener una virulencia relativamente baja y causar fiebre reumática
con una frecuencia mucho menor que las cepas más virulentas prevalentes en muchas
epidemias. No obstante, la aparición de fiebre reumática en una comunidad indica la
presencia de estreptococos reumatógenos cuya diseminación se debe interrumpir mediante
el empleo de regímenes eficaces con penicilina. En una población cerrada como un cuartel
o un internado, un brote de fiebre reumática se debe tratar preferiblemente con
profilaxis masiva con penicilina, es decir, tratando a todos los individuos expuestos,
sean o no sintomáticos.
El esquema terapéutico de la faringitis estreptocócica es como
sigue:
1. Penicilina benzatina: Inyección intramuscular única de 600.000
unidades de penicilina benzatina en los niños de menos de 27 kg. de peso (hasta 12
años), y con 1.2 millones de unidades en todos los demás casos.
2. Penicilina procaína: 300.000 UI/24 horas durante diez días en
niños y 300.000 UI/12 horas durante 10 días en adultos.
3. Penicilina oral: penicilina V: 250 mg/8 horas durante 10 días.
4. En los individuos sensibles a la penicilina se puede administrar
eritromicina, en dosis diarias de 1 gramo durante diez días (250 mg/6 horas) o 30-40
mg/kg./ día (cada 6-8 horas)en niños más pequeños, tomada en ayunas.
La Eritromicina es un
antibiótico del grupo de los macrólidos. Se piensa que es uno de los antibióticos más
seguros en el uso clínico. Inhibe la síntesis de la proteína a nivel ribosómico.
Aunque se considera generalmente como agente bacteriostático, a altas concentraciones y
con un inóculo pequeño de bacterias, puede ser bactericida. Es un agente de amplio
espectro. Es activa frente a la mayoría de los estreptococos del grupo A en Estados
Unidos, en Japón el 20-30 por ciento de los aislamientos son resistentes a la
eritromicina, debido presumiblemente al uso excesivo de este agente en aquel país. Es
activa contra Estreptococo pneumoniae, Estafilococo aureus, Bordetella pertussis, C.
Diphtheriae y contra la Legionella pneumophila. Es muy activa contra el Mycoplasma
pneumoniae. Se elimina principalmente por el hígado, por lo que debe evitarse o usarse
cuidadosamente en pacientes con enfermedad hepática. No es necesario reducir la dosis en
la insuficiencia renal. El uso concomitante de teofilina oral a altas dosis puede producir
aumento de los niveles de eritromicina o niveles tóxicos de teofilina. La eritromicina
también puede aumentar los efectos y posiblemente la toxicidad los anticoagulantes
orales, la carbamazepina y la digoxina. La eritromicina se considera uno de los
antibióticos menos tóxicos, con el uso oral son frecuentes las molestias gástricas y la
diarrea. Las reacciones alérgicas son infrecuentes (exantema, fiebre y eosinofilia) puede
asimismo producir hepatitis colestática.
Muchos pacientes no completan el tratamiento después de unos
cuantos días si remiten los síntomas agudos de la faringitis estreptocócica, por lo que
la inyección intramuscular única de penicilina G benzatina es el mejor tratamiento
cuando todavía existe riesgo de fiebre reumática. La penicilina por vía oral se
prefiere para tratar infecciones estreptocócicas en paciente con riesgo muy bajo de
fiebre reumática.
Son fármacos eficaces, aunque no se suelen recomendar la
ampicilina, la amoxicilina, las cefalosporinas, la dicloxacilina y la clindamicina. No se
recomienda la tetraciclina porque la mayoría de las cepas del estreptococo del grupo A
han adquirido resistencia a este fármaco. No son eficaces o están contraindicados las
sulfamidas, el cloramfenicol y el cotrimoxazol. Todos los estreptococos del grupo A siguen
siendo muy sensibles a la penicilina. Cuando se ha utilizado ampliamente la eritromicina,
en lugar de penicilina, han aparecido con gran frecuencia estreptococos A resistentes a la
misma, cabe destacar la aparición de resistencias a eritromicina, especialmente en el
sudeste asiático, por lo tanto, la penicilina sigue siendo el tratamiento de elección de
la faringitis estreptocócica.
La profilaxis primaria es eficaz para prevenir la fiebre reumática
y se recomienda en especial para los pacientes con faringitis estreptocócicas. En cambio,
la profilaxis primaria para toda la comunidad es más discutible. Aunque se han ensayado
varios tipos de profilaxis primaria en la comunidad (profilaxis estacional, programas
escolares), estos programas son difíciles de ejecutar en muchos países excepto con
programas limitados en poblaciones cuidadosamente seleccionadas.
Prevención secundaria
Prevención de las recidivas: Se trata de las
estrategias para proteger contra recurrencias reumáticas por medio de la quimioprofilaxia
continua. Es de especial importancia en el caso de fiebre reumática y cardiopatía
reumática crónica. Consiste en la administración periódica de un antibiótico
(generalmente penicilina) a un enfermo que ha tenido fiebre reumática. Después de
establecer el diagnóstico de fiebre reumática, deben erradicarse los estreptococos
residuales, detectables o no en cultivos de exudado faríngeo.
La aparición de brotes localizados de fiebre reumática en los
últimos años se ha atribuido en parte a un menor cumplimiento de las recomendaciones
convencionales de los regímenes de penicilina que se ha demostrado que son eficaces en la
prevención de los episodios reumáticos primarios y secundarios. Por lo tanto se aconseja
seguir estos regímenes terapéuticos. Ya se ha mencionado que la recurrencia de fiebre
reumática, tras una nueva infección estreptocócica, es del 50 por ciento. Las recaídas
pueden significar el establecimiento o agravamiento de una cardiopatía reumática.
La profilaxis secundaria reduce las recidivas, y se ha comprobado
que, en el 70 por ciento de los enfermos que han padecido un ataque inicial de carditis
reumática, los soplos cardíacos desaparecen si se les aplica una profilaxis secundaria
eficaz. Un estudio de la OMS ha mostrado que la relación costo-eficacia es satisfactoria
como medio de reducir la morbilidad y mortalidad causadas por la fiebre reumática.
Hay varios esquemas de tratamiento:
1. La forma más eficaz, y que proporciona los mejores resultados
para la profilaxis continua contra los estreptococos del grupo A, es la inyección
intramuscular mensual de penicilina G benzatina, a dosis de 600.000 UI en menores de 12
años y de 1.2 millones de unidades en adultos. En pacientes con antecedentes de alto
riesgo (p.ej.carditis) la inyección se administrará cada 3 semanas. Según estudios
amplios informados por el grupo Irvington House, en pacientes que emplearon esta pauta de
profilaxis, se encontró una tasa de ataque de menos de 1 recurrencia por 250 pacientes al
año.
Las desventajas y molestias de este régimen deben ser sopesadas
frente a la susceptibilidad individual a las recidivas. Este es el tratamiento de
elección en los pacientes de alto riesgo, es decir los pacientes con cardiopatía
reumática, fiebre reumática reciente (hace menos de tres años), o que hayan presentado
varios ataques, y aquellos expuestos a un ambiente en el que la incidencia de infecciones
estreptocócicas sea alta (niños y adolescentes, personas en estrecho contacto con
personas jóvenes y el hacinamiento) y que por lo tanto merecen la protección más
efectiva. También es recomendable esta pauta de tratamiento en aquellos casos en los que
no se tiene la certeza de que el paciente va a tomar diariamente la medicación.
Sin embargo, en sociedades ricas, y en países en los cuales la
fiebre reumática se ha vuelto rara, es improbable que se emplee esta forma de profilaxis
excepto cuando coexistan factores principales de riesgo.
2. Como segunda elección, en los pacientes con intolerancia a la
profilaxis con penicilina benzatina, se puede realizar profilaxis por vía oral continua,
cuyo éxito depende del cumplimiento de este tratamiento por parte del paciente, aunque a
veces el éxito es escaso pese al correcto cumplimiento. La dosis de penicilina oral
recomendada es de 200.000 a 250.000 unidades diarias de penicilina G, o de 250 mg/12 horas
en menores de 12 años y, 250 mg/6 horas en adultos de penicilina V, tomada con el
estómago vacío.
Se puede administrar sulfadiacina en una dosis única diaria de 0,5
g en niños menores de 27 kg y 1 gramo en los demás. Con este fármaco se han descubierto
cepas de estreptococos resistentes a sulfonamidas en la profilaxia en masa en poblaciones
militares, pero no ha sido un problema en la profilaxis secundaria de individuos
reumáticos.
La administración de penicilina oral no ha mostrado superioridad
sobre la sulfadiazina, ambas pautas tienen una eficacia similar. En los estudios de
Irvington House, se observó una tasa de recurrencia de casi 1 por 25 pacientes al año
(10 veces mayor que con la penicilina G benzatina intramuscular) en los pacientes que
recibieron medicación por vía oral. En los estudios de Irvington House, se observó una
tasa de recurrencia de casi 1 por 25 pacientes al año (10 veces mayor que con la
penicilina G benzatina intramuscular) en los pacientes que recibieron medicación por vía
oral.
La sulfadiazina
pertenece al grupo de las sulfonamidas, pudiéndose considerar como la sulfonamida modelo.
Las sulfonamidas son fármacos bacteriostáticos que inhiben el crecimiento y
reproducción bacterianas interfiriendo en la síntesis bacteriana del ácido fólico; a
altas concentraciones, que sólo se alcanzan en la orina, se comportan como bactericidas.
Se usan generalmente por vía oral. Son metabolizadas por el hígado y sus metabolitos se
eliminan por el riñón. Su espectro de actividad abarca el E. coli especialmente a los
niveles que se alcanzan en orina. También son activas frente al Estreptococo pyogenes y
muchas cepas de Neisseria meningitidis. Son activas frente a Chlamydia, Toxoplasma y
Nocardia. Constituyen el tratamiento de elección de las infecciones del tracto urinario
no complicadas, generalmente debidas a E. Coli. Las infecciones por Nocardia asteroides
responden bien a las sulfonamidas. También juegan un papel importante en el tratamiento
de las infecciones por Toxoplasma gondii.
Son útiles en la profilaxis de la fiebre reumática (la
sulfadiazina o el sulfisoxazol) aunque estos agentes no son útiles en las infecciones
faríngeas establecidas por estreptococos, y en la profilaxis de los contactos cercanos de
pacientes con meningitis debida a cepas de Neisseria meningitidis sensibles a
sulfonamidas.
La sulfadiazina es menos soluble en la orina que el sulfisoxazol y
por consiguiente es menos apropiada para el uso en las infecciones del tracto urinario, se
pueden lograr buenos niveles sanguíneos.
Dentro de la toxicidad de las sulfonamidas cabe destacar sus efectos
hematológicos por depresión de la médula ósea con aparición de anemia, leucopenia y/o
trombopenia. En estos pacientes se debe vigilar la aparición de neutropenia, mediante
realización de un recuento sanguíneo a las dos semanas de tratamiento o en cualquier
momento si aparece una erupción cutánea asociada con fiebre o faringitis. Si la cifra de
leucocitos desciende por debajo de 4000/mm3 o la proporción de neutrófilos es inferior
al 35 por ciento hay que suspender este tratamiento.
En pacientes con déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa puede
producirse hemólisis. Pueden ocurrir reacciones de hipersensibilidad con exantemas,
vasculitis, eritema nodoso, eritema multiforme y síndrome de Stevens-Johnson. No deben
ser usadas en el último trimestre del embarazo, ni en neonatos o madres en lactación.
En los casos excepcionales en los que el paciente presente
hipersensibilidad tanto a las sulfamidas como a las penicilinas, puede prescribirse
eritromicina a dosis de 250 mg dos veces al día.
No hay que olvidar que la profilaxis antiestreptocócica no tiene
una eficacia del 100 por ciento, sobre todo la profilaxis oral, de forma que ante
cualquier faringitis en un paciente sometido a profilaxis hay que practicar inmediatamente
un cultivo faríngeo y prescribir el tratamiento adecuado.
Duración de la
profilaxis secundaria
Es difícil establecer una recomendación
general con respecto a la duración de la profilaxis, debido a las variables que influyen
en la tasa de ataques de recurrencia subsiguientes a infecciones estreptocócicas. El
riesgo de recurrencia disminuye con la edad y con la prolongación del intervalo de tiempo
desde el último ataque reumático, por ello, persiste una tasa de recurrencia bastante
elevada durante un tiempo muy largo, como de 5 a 10 años o más.
Para que la protección sea máxima, el paciente debe recibir
profilaxis continua a lo largo de toda su vida, lo cual es particularmente importante en
los casos de cardiopatía reumática. Cuanto más pequeño es el niño en el momento del
ataque inicial, mayores son las posibilidades de recidiva, y la mayoría de recidivas se
producen dentro de los primeros 5 años subsiguientes al ataque precedente.
En los pacientes menores de 18 años deben recibir
tratamiento profiláctico continuo. Los enfermos sin carditis residual después de un
ataque anterior deben seguir la profilaxis durante 5 años al menos, y como mínimo hasta
los 18 años y a veces aún más. Si existe afectación cardíaca residual se recomienda
continuar hasta los 25 años. En los pacientes con cardiopatía reumática valvular
crónica se ha recomendado la profilaxis secundaria durante períodos más prolongados,
incluso durante toda la vida.
- En los mayores de 18 años que padecen una fiebre reumática sin
carditis, la profilaxis se debe mantener durante un tiempo mínimo de 5 años. La
decisión de continuar la profilaxis más allá de este período debe tomarse teniendo en
cuenta una serie de variables. Los pacientes con cardiopatía reumática son más
susceptibles a las reactivaciones cuando contraen una nueva infección estreptocócica.
Además los enfermos que han sufrido carditis en un episodio previo son mucho más
proclives a volverla a padecer en episodios posteriores. El clima, la edad, la vivienda,
la profesión, el estado del corazón y el tiempo transcurrido desde el episodio previo
son factores que influyen en el riesgo de sufrir recidivas. La disminución de la
incidencia al aumentar la edad se debe a la disminución de las infecciones
estreptocócicas y a la disminución de las reactivaciones en los pacientes reumáticos de
más edad. Sin embargo, a pesar de esta disminución de la incidencia, el riesgo de
recidiva en los adultos sigue siendo relativamente alto cuando la infección
estreptocócica es grave o epidémica, y sobre todo cuando existe fiebre reumática en la
población a la que el individuo está expuesto. Hay que valorar el riesgo de alta
exposición a infección estreptocócica como se dan en personas que trabajan con niños
en edad escolar, en el servicio militar o en actividades médicas o relacionadas con la
salud. Los factores de riesgo de la recidiva reumática (edad, último ataque muy
reciente, cardiopatía reumática etc.) pueden servir al médico como guía para presionar
y persuadir al paciente según cual sea la indicación de profilaxis en cada caso
concreto.
En general y como resumen, la duración del tratamiento
profiláctico secundario debe ser de por vida en pacientes con carditis, y durante cinco
años tras el último episodio de fiebre reumática o hasta el final de la
adolescencia(18-20 años de edad) en pacientes sin carditis.
Todos los pacientes con evidencia de valvulopatía reumática que
sean sometidos a intervenciones quirúrgicas, instrumentales o tratamientos dentales,
requieren una profilaxis antibiótica adicional, de corta duración para prevenir el
desarrollo de una endocarditis bacteriana (estreptococo viridans, estreptococo faecalis,
estafilococo aureus) secundaria a una posible bacteriemia transitoria provocada por la
intervención sobre superficies mucosas o tejidos contaminados, debido a que es imposible
predecir que pacientes van a desarrollar dicha enfermedad. Las pautas de tratamiento
profiláctico de la fiebre reumática inicial o recurrente son inadecuadas para la
prevención de la endocarditis bacteriana, siendo necesaria la administración de
tratamiento antibiótico adicional, inmediatamente antes y después de la intervención de
riesgo para presentar endocarditis.
El comité de Fiebre Reumática y Endocarditis Bacteriana de la AHA
estableció las recomendaciones de tratamiento profiláctico de la endocarditis bacteriana
y las situaciones en las cuales se aconseja la realización de este tratamiento:
Intervenciones dentales que puedan producir sangrado, cirugía o
intervencionismo del tracto respiratorio superior (amigdalectomía, adenoidectomía,
cirugía o biopsia del aparato respiratorio, broncospia), procedimientos menores
gastro-intestinales o génito-urinarios (cualquier endoscopia digestiva con biopsia,
colonoscopia, sondaje uretral, cistoscopia, colposcopia):
Amoxicilina: 3 gramos vía oral una hora antes del procedimiento, y
1,5 gramos seis horas después del mismo.
Alergia a penicilina: eritromicina: 1 gramo una hora antes del
procedimiento y 0,5 gramos seis horas después.
Cirugía mayor génito-urinaria o gastro-intestinal (histerectomía
vaginal, cirugía del tracto urinario, cirugía de próstata, cirugía de vesícula
biliar, cirugía de cólon y recto):
Ampicilina o amoxicilina: 2 gramos por vía intramuscular y
gentamicina: 120 miligramos por vía intramuscular (inyecciones separadas), administradas
treinta minutos antes del procedimiento, seguido de ampicilina o amoxicilina: 0.5 gramos
intramusculares seis horas después.
Alergia a penicilina: vancomicina: 1gramo en inyección intravenosa
lenta (a pasar en 20 minutos diluida en 100cc.de suero salino), treinta minutos antes del
procedimiento, inmediatamente seguida de gentamicina: 120 miligramos en inyección
intravenosa.
Indicaciones de derivación
Servicio de Urgencia
Será preciso acudir ante síntomas de
sospecha de insuficiencia cardíaca, con objeto de realizar una valoración rápida y
precisa, e indicar la hospitalización si se considera necesaria.
Atención especializada
Los pacientes con antecedentes de fiebre reumática
debieran someterse a estudio de posible valvulopatía residual, por lo que sería
conveniente que fueran valorados mediante exploración exhaustiva y ecocardiografía. Si
se confirma la presencia de cardiopatía reumática, estos pacientes deben seguir
revisiones cardiológicas periódicas.
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