Fiebre reumática
Diagnóstico
Síntomas de relevancia diagnóstica
A diferencia de lo que sucede por ejemplo en el caso de la
neumonía neumocócica, que sistemáticamente afecta al pulmón, la fiebre reumática no
tiene un órgano diana obligado, y puede afectar a diversos órganos o tejidos
aisladamente o en combinación. Tampoco existe ninguna manifestación clínica que por sí
misma sea lo suficientemente característica para considerarse diagnóstica, pero cuanto
mayor sea el número de manifestaciones claramente identificables que presente el enfermo,
tanto más firme será su diagnóstico. No hay una sola prueba de laboratorio, signo o
síntoma que sea patognomónico de fiebre reumática.
T. Duckett Jones en 1944 propuso una guía empírica que ha
demostrado su utilidad. El diagnóstico es probable cuando concurren dos criterios
mayores, o uno mayor y dos menores (los menores son menos específicos que los mayores).
La American Heart Association modificó dichos criterios en 1955 y los revisó en 1984, y
atribuyó especial importancia a la evidencia de la infección estreptocócica precedente
mediante la demostración de aumento de anticuerpos estreptocócicos. La necesidad de
demostrar analíticamente una infección estreptocócica previa varía según las
manifestaciones clínicas presentes en cada caso particular. Cuanto más convincente y
característica sea la presentación clínica, menos necesidad habrá de contar con una
demostración analítica, y viceversa. En los casos clínicamente cuestionables, la
exclusión de una infección estreptocócica previa mediante varias determinaciones
repetidas de los niveles de anticuerpos antiestreptocócicos resulta útil para descartar
el diagnóstico de fiebre reumática.
Un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido es que la
demostración de una infección estreptocócica precedente no es sinónimo de una
elevación del título de ASO. No todas las infecciones estreptocócicas condicionan una
respuesta de ASO, solo lo hacen alrededor del 80 por ciento, pero todas ellas, por
definición, condicionan una respuesta de anticuerpos frente a algún producto
estreptocócico que por lo general puede detectarse empleando la prueba de
Antiestreptozima.
Con el fin de clarificar el diagnóstico de fiebre
reumática, la American Heart Association ha asociado y modificado los criterios que se
conocen como criterios de Jones, éstos se recomiendan como orientación del estudio
cuidadoso en los casos dudosos pero no deben sustituir al buen juicio clínico.
TABLA
I
DIAGNÓSTICO DE FIEBRE REUMÁTICA
CRITERIOS MAYORES DE JONES |
| Carditis Artritis
Corea
Eritema marginado
Nódulos subcutáneos |
Criterios de Jones para el
diagnóstico de fiebre reumática (revisados por la AHA)
TABLA
II
Criterios menores de jones |
| Fiebre Artralgia
Fiebre reumática previa
VSG elevada
Proteína C elevada
PR alargado |
Criterios mayores: 1-Carditis. 2-Poliartritis.
3-Corea. 4-Eritema marginado. 5-Nódulos subcutáneos.
Criterios menores:
Clínicos: 1-Fiebre. 2-Artralgias. 3-Fiebre reumática o
cardiopatía reumática previas.
Analíticos: 1-Elevación de la VSG.2- PCR positiva.
3-Leucocitosis. 4-Prolongación del intervalo P-R.
MAS: Datos que evidencien una infección estreptocócica
precedente como la demostración de escarlatina reciente (cada vez más rara), el aumento
de ASO u otros anticuerpos antiestreptocócicos. Cultivo faríngeo positivo para
estreptococos del grupo A.
La concurrencia de dos criterios mayores o de uno mayor y dos
menores indican una gran probabilidad de fiebre reumática, siempre que se demuestre la
existencia de una infección estreptocócica previa, con historia de escarlatina previa,
y/o cultivos faríngeos positivos para estreptococos del grupo A y/o aumento del título
de ASO o de otros anticuerpos antiestreptocócicos.
La ausencia de evidencias de infección estreptocócica
preexistente debe hacer dudar del diagnóstico, excepto en los casos en los que la fiebre
reumática se descubre tras un largo período latente desde la infección previa (corea de
Sydenham o carditis de bajo grado). En razón de que todos los pacientes con corea de
Sydenham son enfermos reumáticos, se puede establecer el diagnóstico de fiebre
reumática sin detectar signos de evidencia de infección estreptocócica, cuando la corea
sea la única manifestación.
Cuando la poliartritis es la única manifestación, el
diagnóstico de fiebre reumática aguda es menos firme, debido a la frecuencia de artritis
entre la población adolescente y adulta.
La carditis y la poliartritis son las manifestaciones más
comunes en niños y adolescentes, sin embargo en los adultos la poliartritis es
habitualmente el único criterio mayor. Entre el 35-75 por ciento de los niños
desarrollan carditis. En algunas series, la carditis es el más frecuente de los criterios
mayores entre los niños y los adolescentes, mientras que en otras series lo es la
poliartritis.
La manifestación más frecuente, aunque también la menos
específica es la artritis sin carditis, y la mayoría de los problemas diagnósticos
surgen en los pacientes que presentan una poliartritis aguda. Para paliar este problema,
en ocasiones se debe demorar el inicio de tratamiento con fármacos antiinflamatorios
hasta que la enfermedad tenga expresividad clínica suficiente para establecer un
diagnóstico claro.
Como el pronóstico puede ser diferente según las
manifestaciones clínicas principales, para fines estadísticos, el diagnóstico de fiebre
reumática debe indicarse con una lista de las principales manifestaciones, también es
recomendable la indicación de la gravedad de la carditis en cuanto a la presencia o
ausencia de insuficiencia cardíaca congestiva y cardiomegalia.
La disminución de los casos de fiebre reumática se
acompaña de inexperiencia en el diagnóstico de esta enfermedad. En la práctica no son
raros los diagnósticos por exceso o por defecto. Es relativamente frecuente diagnosticar
de fiebre reumática aguda a niños que presentan artralgias o soplo funcional y un
título elevado de ASO y antiDNAsa B. También resulta preocupante la existencia de casos
no detectados, sobre todo aquellos con presentación atípica, que en ocasiones no
responden a salicilatos y que no se ajustan a la enfermedad en su forma clásica. Se trata
de niños y jóvenes con artritis aguda (mono, oligo o poliarticular) no migratoria,
persistente o intermitente, y evidencia de una infección estreptocócica precedente y en
algunos casos con valvulopatía o corea de Sydenham que no se ajusta al cuadro clásico de
fiebre reumática.
TABLA
III
Evidencia de infección estreptocócica |
| Escarlatina reciente Cultivo de garganta positivo a estreptococo Grupo A
Anticuerpo antiestreptolisina
Anticuerpo anti-DNA asa B |
Datos más habituales
En la exploración de un paciente con fiebre reumática aguda
o recurrente podremos objetivar todos o alguno de los siguientes signos:
Artritis: no puede ser diagnosticada solo por dolor articular
(artralgia). El signo más fidedigno de artritis es la hinchazón, si no está presente el
diagnóstico de artritis se establece basándose en dos o más de las siguientes
manifestaciones: dolor, aumento de calor, disminución de la movilidad y enrojecimiento.
Soplos cardíacos, ya descritos.
Fiebre.
Erupción cutánea: ya descrita.
Nódulos subcutáneos: ya descritos.
Síntomas de corea.
Diagnóstico diferencial
Debe establecerse el diagnóstico diferencial de la artritis
de la fiebre reumática aguda con diversas enfermedades que la pueden imitar. El
diagnóstico diferencial varía de acuerdo con la presentación clínica. En la fase
inicial, la fiebre reumática puede confundirse con otras enfermedades que comienzan con
poliartritis. Es conveniente descartar una bacteriemia mediante hemocultivos, sobre todo
porque estas infecciones pueden ser enmascaradas por la penicilina administrada para una
presumible fiebre reumática. La poliartritis debido a endocarditis infecciosa en un
paciente con una cardiopatía reumática previa se puede confundir con una recidiva aguda
del proceso reumático. Si no se elevan los anticuerpos antiestreptocócicos, la
poliartritis debe atribuirse a una causa distinta de la fiebre reumática.
Un riesgo es el hiperdiagnóstico de fiebre reumática. Si un
síndrome febril mal definido no puede asociarse claramente a una manifestación clínica
importante de fiebre reumática, no debe hacerse el diagnóstico de esta enfermedad. Un
error frecuente es la administración prematura y enérgica de glucocorticoides o
salicilatos, antes de que aparezcan de forma inequívoca los síntomas y signos de fiebre
reumática. En ausencia de un agente curativo, no se debe suprimir la aparición de dichos
signos y síntomas antes de que se manifiesten con claridad.
Hay una serie de errores que se cometen con frecuencia ante
el planteamiento diagnóstico de un paciente en el que cabe la sospecha de fiebre
reumática aguda:
Diagnosticar de fiebre reumática a pacientes con artralgias
y un título elevado de anticuerpos antiestreptocócicos (ASO o antiDNAsa B).
Diagnosticar erróneamente de artritis lo que son en realidad
artralgias.
Diagnosticar de carditis a pacientes con soplos cardíacos
funcionales.
Etiquetar de eritema marginada lo que no son más que
erupciones inespecíficas.
Confundir corea con otras alteraciones que cursan con
movimientos anómalos, como los tics.
El diagnóstico diferencial debe incluir aquellas entidades
cuyas manifestaciones puedan semejar las de la fiebre reumática aguda:
Carditis
Si la manifestación principal es la carditis, hay que
excluir las enfermedades que afectan al corazón incluyendo las carditis víricas. La
miocarditis y pericarditis de la fiebre reumática, asociadas a cardiomegalia e
insuficiencia cardíaca, se asocian casi invariablemente a lesiones valvulares que
producen soplos importantes.
Realizaremos el diagnóstico diferencial en primer lugar con
los soplos funcionales. Los soplos sistólicos normales (inocentes), con la excepción del
soplo sistólico mamario, son mesosistólicos. El soplo mesosistólico vibratorio
(descrito por Still) es breve, como un zumbido, puro y de frecuencia media. Se considera
originado por las vibraciones periódicas de baja frecuencia, de las valvas pulmonares
normales a nivel de su inserción. Un segundo tipo de soplo mesosistólico pulmonar
inocente se manifiesta en niños, adolescentes y adultos jóvenes, y constituye una
exageración de las vibraciones normales de expulsión dentro del tronco pulmonar. Este
soplo es relativamente impuro, y se escucha mejor en el segundo espacio intercostal
izquierdo, a diferencia del soplo mesosistólico vibratorio de Sill, que de manera
característica se escucha en el borde esternal izquierdo inferior y en la punta. Los
soplos mesosistólicos pulmonares normales se escuchan en pacientes delgados con
disminución del diámetro anteroposterior del tórax. El soplo mamario es un soplo
sistólico o continuo que se escucha en las mamas de embarazadas, o en periodo de
lactancia. Supuestamente está producido por el aumento del flujo sanguíneo a través de
las mamas ingurgitadas, suele iniciarse después del primer ruido cardíaco, se ausculta
mejor con la paciente en posición supina y puede desaparecer al adoptar la posición
erecta o al hacer presión con el estetoscopio. Sin embargo, a veces, un soplo no muy
claro, sobre todo en una persona obesa o de tórax robusto, puede ser difícil de
distinguir y requerir estudios repetidos u otras pruebas (valoración mediante
ecocardiograma-Doppler).
Miocarditis
En su forma grave crónica, la miocarditis de otra etiología
puede ser imposible de distinguir de la carditis reumática crónica, si el corazón está
dilatado y si es importante la insuficiencia mitral. Esta situación se presenta cuando
los pacientes con fiebre reumática aguda sufren de insuficiencia cardíaca sin
manifestaciones extracardíacas que proporcione orientación diagnóstica. En la carditis
reumática, a medida que mejora la función cardíaca, las lesiones valvulares persisten y
los soplos se vuelven más intensos. La etiología más frecuente es la vírica, y se
puede presentar a cualquier edad. No suelen objetivarse soplos significativos, y son
frecuentes las arritmias ventriculares y supraventriculares.
Pericarditis
La carditis reumática no provoca pericarditis aislada, pero
al inicio de la fiebre reumática aparece la pericarditis antes de que sean evidentes la
vasculitis y la miocarditis. La pericarditis viral es la entidad etiológica con la que se
debe realizar el diagnóstico diferencial en niños. Cursa con dolor característico y
roce pericárdico.
Endocarditis infecciosa aguda
Los estreptococos del grupo A y B provocan menos del 5 por
ciento de las endocarditis sobre válvulas naturales. En el curso clínico suele aparecer
fiebre, soplos cardíacos y pueden aparecer artralgias o artritis. La complicación más
frecuente es la insuficiencia cardíaca congestiva. El diagnóstico se realiza demostrando
la presencia del agente etiológico mediante hemocultivos y las lesiones valvulares
características de endocarditis.
Artritis
La artritis de la fiebre reumática suele tener un patrón
migratorio característico en los niños, pero en los adultos no es tan característica,
pudiendo confundirse con otros procesos patológicos. En los adultos, el patrón
migratorio no es frecuente, y la respuesta a aspirina es menos dramática que en los
niños. En adultos no son frecuentes la carditis, corea y el rash cutáneo, y los nódulos
subcutáneos son raros. La fiebre reumática en el adulto tiene unas manifestaciones menos
agudas, con un desarrollo más insidioso de la artritis. Ante la presencia de artritis
habrá que hacer el diagnóstico diferencial con una serie de enfermedades:
Poliartritis gonocócica
Se observa en adolescentes, puede ser a menudo migratoria. Es
la primera causa de artritis bacteriana en los jóvenes. La fase precoz se caracteriza por
síntomas generales, tenosinovitis, artralgias migratorias, lesiones cutáneas
vesiculopustulosas y mínimo derrame articular. Puede diferenciarse de la fiebre
reumática por su respuesta espectacular al tratamiento con penicilina. Si no se trata,
los síntomas generales y la dermatitis suelen ceder, pero la afectación articular
empeora, hasta una artritis purulenta mono o pauciarticular. El diagnóstico se hace por
cultivo del gonococo a partir de la sangre, tracto genitourinario, lesiones dérmicas o
líquido sinovial.
Artritis infecciosas no gonocócicas
La enfermedad de Lyme (infección por Borrelia burgdorferi)
puede presentar síntomas de artritis intermitente con patrón de dolor musculoarticular
migratorio, fiebre y lesiones eritematosas (eritema crónico migratorio). El diagnóstico
se realiza por demostración del microorganismo en la sangre de los pacientes.
Artritis reumatoide/artritis reumatoide juvenil
La enfermedad de Still en su forma de comienzo sistémico
puede iniciarse a cualquier edad (por debajo de los 16 años generalmente) cursa con
fiebre elevada e intermitente, erupción cutánea típica y otras manifestaciones como
poliserositis, y en los casos graves puede cursar con miocarditis. No se detecta factor
reumatoide ni anticuerpos antinucleares en el suero. En la forma pauciarticular se afectan
pocas articulaciones (rodillas, tobillos y codos o caderas y cintura pelviana). La
afectación articular es persistente y aparecen deformidades articulares típicas que no
se presentan en la fiebre reumática. En algunos casos se añaden síntomas de vasculitis,
iridociclitis, nódulos etc. El factor reumatoide, tan característico de la artritis
reumatoide, no está presente en la fiebre reumática. Los anticuerpos antinucleares y
otros autoanticuerpos también están ausentes en la fiebre reumática. Puede parecer
prolongación del PR en la enfermedad de Still.
Artritis reactivas
Son cuadros de artritis no purulentas debidas a una
infección en alguna otra parte del organismo. Afectan de manera predominante a pacientes
portadores del antígeno HLA B27. Las bacterias desencadenantes suelen ser Salmonela,
Shigela, Yersinia enterocolítica y Campilobacter jejuni (también existen datos de
infección por Brucella, Yersinia pseudotuberculosis, Clostridium difficile, y patógenos
genitourinarios como Chlamydia trachomatis, Neisseria gonorrhoeae, Ureaplasma urealyticum
y Streptococcus pyogenes). Las manifestaciones clínicas constituyen un espectro que
oscila entre casos de monoartritis aislada y transitoria y casos de afectación
multisistémica grave. Son frecuentes los síntomas generales como fiebre, fatiga,
malestar y pérdida de peso. La artritis suele ser asimétrica y de carácter aditivo, con
afectación de nuevas articulaciones en un período de varios días a 1 o 2 semana. Las
articulaciones más afectadas suelen ser de las extremidades inferiores, sobre todo
rodillas, tobillo, metatársicas, metatarsofalángicas e interfalángicas de los dedos. La
artritis suele ser muy dolorosa y no son infrecuentes los derrames articulares a tensión.
Son muy frecuentes los dolores en columna vertebral y en región sacra. En estos casos,
otras manifestaciones clínicas tales como diarrea, lesiones urogenitales, conjuntivitis,
exantema y uretritis, así como datos de laboratorio (coprocultivo y estudios
serológicos) ayudan al diagnóstico. La separación entre la fiebre reumática aguda y la
artritis reactiva postestreptocócica a veces es muy difícil y esta última enfermedad
puede ser considerada una variante de la fiebre reumática aguda.
Espondiloartropatias (espondilitis anquilosante,
síndrome de Reiter, artritis psoriásica, artritis enteropáticas)
Suelen cursar con artritis pauciarticular (cuatro
articulaciones o menos) asimétrica con predilección por las articulaciones de los
miembros inferiores. Además la espondilitis anquilosante y el síndrome de Reiter pueden
cursar con prolongación del intervalo PR en el electrocardiograma. Estos procesos suelen
tener un comienzo insidioso, suelen cursar con tendinitis de inserción, periostitis y
dactilitis (dedos en salchicha). Existe asociación significativa con la presencia del
antígeno HLA B27.
Gota poliarticular
Se observa en el 3 al 14 por ciento de los casos. Se suelen
afectar las articulaciones de las extremidades inferiores, en forma de ataques
migratorios. Pueden cursar con fiebre. El diagnóstico se realiza mediante la
demostración de cristales de urato en el líquido sinovial.
Lupus eritematoso sistémico
Suele debutar en la adolescencia. Puede cursar con
poliartritis periférica transitoria, con afectación simétrica de grandes y pequeñas
articulaciones, con miocarditis y endocarditis de Libman-Sacks que producen soplos a la
auscultación. El diagnóstico del lupus sistémico se realiza en base a los criterios
diagnósticos establecidos al efecto.
Endocarditis bacteriana subaguda
En el 30 por ciento de los pacientes se objetiva artritis,
artralgias y mialgias. Se pueden afectar una o varias articulaciones, normalmente
articulaciones grandes proximales. También suele cursar con fiebre y leucocitosis, y se
pueden evidenciar soplos cardíacos. El diagnóstico se realiza mediante hemocultivos y
por valoración de lesiones valvulares mediante ecocardiografía.
Enfermedad de Behçet
Cursa con sinovitis oligoarticular que afecta a
articulaciones grandes y pequeñas, con más frecuencia rodillas y hombros. El
diagnóstico se establece en base a seis criterios: estomatitis aftosa recurrente,
úlceras aftosas genitales, vasculitis cutánea, uveitis, sinovitis y meningoencefalitis.
Corea
En la enfermedad de Huntington el comienzo es relativamente
tardío (35-40 años), la evolución lentamente progresiva, y la aparición de demencia
con evolución paralela al resto de los síntomas.
Existe un tipo especial de corea paroxística, que en
ocasiones se asocia con características atetósicas o distónicas. Aparece de forma
esporádica o con transmisión autosómica dominante. Habitualmente estos trastornos se
inician durante la infancia o la adolescencia y continúan durante toda la vida. Los
pacientes presentan crisis paroxísticas que duran minutos u horas.
Eritema marginado
Se debe hacer el diagnóstico diferencial con lesiones
cutáneas figuradas (lesiones eritematosas que forman anillos y arcos) migratorias:
El eritema gyratum repens es una manifestación que suele
acompañar a un tumor maligno subyacente. Se caracteriza por centenares de arcos rosados y
oleadas concéntricas que recuerdan a la madera.
El eritema crónico migratorio es la manifestación cutánea
de la enfermedad de Lyme (infección por la espiroqueta Borrelia burgdorferi). En el
estadio inicial (de 3 a 30 días después de la mordedura de la garrapata) habitualmente
se observa una lesión anular única, que puede ser mayor o igual a 10 cm. De diámetro. A
los pocos días, la mitad de los pacientes desarrollan lesiones eritematosas múltiples,
más pequeñas. Puede haber fiebre, cefalea, mialgias, fotofobia, artralgias y erupción
malar. Un 8 por ciento de los pacientes, unas semanas después del comienzo de la
enfermedad, presentan distintos grados de bloqueo auriculoventricular (de primer grado, de
Wenckebach, o bloqueo completo). Algunos enfermos tienen una afectación cardíaca más
difusa, con cambios electrocardiográficos de miopericarditis aguda, alteraciones de la
función ventricular izquierda o pancarditis. La afectación cardíaca suele durar unas
semanas solamente, pero puede recidivar. El diagnóstico se establece por la detección de
signos de picadura de garrapata, y por la demostración de Borrelia en sangre.
Es característico de la fiebre reumática la rapidez con que
los salicilatos controlan la artritis y otros síntomas, no obstante, la respuesta a los
salicilatos no establece por sí misma el diagnóstico de fiebre reumática.
Puede causar confusión en el diagnóstico diferencial de la
fiebre reumática la sensibilidad medicamentosa, con fiebre y poliartritis, que puede
aparecer tras la administración de penicilina por una faringitis previa. La aparición de
angioedema o urticaria son útiles para identificar la hipersensibilidad a la penicilina.
El dolor abdominal de la fiebre reumática puede confundirse
con una apendicitis aguda.
Las crisis de anemia de células falciformes también pueden
asociarse a dolor articular, cardiomegalia y soplos cardíacos.
Para el diagnóstico diferencial de un paciente con sospecha
de fiebre reumática aguda de comienzo reciente se deben cumplir las siguientes pautas:
Interrogar sobre la presencia y naturaleza de los
ataques de artritis previos, sobre las anteriores auscultaciones practicadas por otros,
sobre el estado socioeconómico, hacinamiento en el domicilio del paciente y la existencia
de antecedentes de fiebre reumática en la familia.
Practicar hemocultivos para excluir la
endocarditis infecciosa, ya que los pacientes con cardiopatía reumática tienen
predisposición y que puede causar artritis aguda. Mediante hemocultivos también puede
detectarse la fase bacteriémica de la artritis gonocócica.
En los pacientes sexualmente activos, practicar
cultivos de todos los orificios (uretra, recto, faringe) en busca de gonococos (en medio
de Martin-Thayer).
Siempre que sea posible, obtener líquido
sinovial para tinción de gram y cultivo (en medio de Martin-Thayer), también para
recuento diferencial de células (aunque esto es menos importante). Con fines de
investigación pueden determinarse los niveles de complemento, y en los pacientes de más
de 30 años hay que buscar cristales, especialmente si la artritis afecta sólo a una o
pocas articulaciones.
En todos los pacientes hay que practicar cultivos
faríngeos para estreptococos beta hemolíticos del grupo A.
En todos los pacientes hay que determinar los
títulos de ASO y Antiestreptozima, así como la velocidad de sedimentación globular.
Se debe auscultar cuidadosamente el corazón
todos los días.
Se deben practicar radiografías de tórax para
comprobar si existe aumento de tamaño del corazón, y ECG para comprobar si hay
prolongación del intervalo P-R.
Ante cualquier signo clínico que sugiera lupus
eritematoso sistémico hay que determinar la existencia de anticuerpos antinucleares.
| Sumario |