Fiebre reumática
Clínica
Los signos y síntomas de la fiebre reumática aguda son muy
variables y vienen dados por el número de sistemas afectados, por la gravedad de las
lesiones evolutivas y por el estadio de la enfermedad que se objetiva cuando el paciente
es visto por primera vez por el médico.
La historia natural de la fiebre reumática comienza con la
infección estreptocócica que la precede. La infección no tiene por qué ser
sintomática ni detectable clínicamente (hasta el 33 por ciento de los pacientes no
recuerdan haber sufrido ninguna enfermedad en el mes precedente), pero debe localizarse en
la faringe y provocar una respuesta de anticuerpos. Sin esa respuesta, el contacto del
estreptococo con el huésped humano se considera como una simple colonización o como un
estado de portador.
Tras un período de latencia de 2 a 3 semanas (variando entre
1 a 5 semanas), el paciente presenta alguna de las manifestaciones clínicas mayores de la
enfermedad, así llamadas no porque todas ellas tengan importancia fundamental para el
paciente, en cuanto a la gravedad del proceso ni de su actividad, ni tampoco del
pronóstico, sino por su utilidad diagnóstica. Estas manifestaciones, que siguen a la
infección estreptocócica, ocurren simultáneamente, en sucesión estrecha o
aisladamente. El período de latencia no es menor en pacientes con fiebre reumática
previa en comparación con aquellos que no presentan este antecedente.
Las principales manifestaciones clínicas de la fiebre
reumática (manifestaciones mayores) son la poliartritis, la carditis, la corea, el
eritema marginado y los nódulos subcutáneos.
Artritis
Es la manifestación más frecuente, se observa en el 75 por
ciento de los pacientes durante el estadio agudo de la enfermedad. En general, la
afectación articular se vuelve más común con la edad del enfermo, tendencia que
coincide con la disminución de incidencia de carditis y corea. Es benigna pero muy
dolorosa. El episodio clásico de fiebre reumática por lo general afecta a varias
articulaciones, es decir, es una poliartritis; es de carácter migratorio y va acompañada
de síntomas y signos de enfermedad febril aguda. Se afectan con más frecuencia las
grandes articulaciones de las extremidades, más en las piernas (sobre todo las rodillas)
pero se puede afectar cualquier articulación. Puede aparecer artritis en las manos y
pies, aunque tampoco es frecuente que se afecten, pero sólo raras veces se ven en la
columna o a las articulaciones temporomandibulares, articulaciones que se suelen afectar
en otras artritis, en la fiebre reumática aguda suelen quedar casi siempre indemnes.
Puede haber derrame articular, pero no suele ser persistente.
Cada articulación presenta síntomas inflamatorios durante una o dos semanas como
máximo. El proceso va desplazándose de unas articulaciones a otras con cierta
superposición en cuanto al tiempo, mejorando una al ir afectándose la siguiente. De este
modo, la duración total de la artritis si no se trata puede ser de dos a seis semanas.
Cuando cede el dolor y la inflamación en una articulación tienden a inflamarse otras.
Aunque este patrón migratorio es característico, no es constante, y pueden estar
afectadas varias articulaciones a la vez. Para que sea aceptable como criterio de fiebre
reumática, la artritis debe afectar a dos o más articulaciones.
La artritis es extraordinariamente dolorosa, y alcanza
rápidamente su acmé, por lo común en uno o dos días. Se caracteriza por
enrojecimiento, hinchazón y calor local, con limitación de la movilidad, aunque no suele
existir un gran derrame. El dolor es a veces desproporcionado a los signos físicos.
Típicamente la artritis de la fiebre reumática aguda, cura sin dejar secuelas, incluso
sin tratamiento.
Suele ser más frecuente, más grave, menos migratoria y más
duradera en adulto que en el niño, pero conservando las mismas características.
La poliartritis aguda rara vez se presenta durante más de 35
días después de la infección estreptocócica y por esta razón, casi siempre se asocia
con aumento o elevación máxima del título de anticuerpos a estreptococos. Este hecho
ayuda a identificar un brote aislado de poliartritis como la de tipo reumático o a
excluir fiebre reumática como causa de un brote de poliartritis cuando no aumentan los
anticuerpos contra los estreptococos.
Carditis reumática aguda
La carditis es la manifestación más importante de la fiebre
reumática aguda, y cuando es grave puede provocar la muerte por insuficiencia cardíaca.
Sin embargo, en contraste con la gravedad de su pronóstico, lo más frecuente es que no
dé lugar a síntomas y por lo general sea diagnosticada al explorar a un paciente con
artritis o corea, que se sigue de la exploración cardíaca. Con gran frecuencia la
carditis es poco intensa y no es causa de atención médica si no se observan otros
síntomas de fiebre reumática o cuando la carditis no es lo suficientemente grave como
para causar insuficiencia cardíaca, fiebre grave o prolongada, o dolor por pericarditis;
en estas situaciones frecuentes el efecto predominante es la cicatrización de las
válvulas cardíacas. Una carditis reumática asintomática puede aparecer más tarde como
una cardiopatía reumática incluso sin historia de un episodio de fiebre reumática.
Clínicamente el paciente con fiebre reumática aguda puede
presentar endocarditis, miocarditis, pericarditis o cualquier combinación de estas
alteraciones. En los casos más graves pueden aparecer síntomas y signos de pericarditis
e insuficiencia cardíaca congestiva. La carditis puede variar desde una forma leve con
inflamación poco manifiesta hasta una forma fulminante de evolución mortal.
La carditis de la fiebre reumática aguda, se manifiesta por
la aparición de soplos cardíacos orgánicos, que suelen estar casi siempre presentes.
Pueden no escucharse cuando la frecuencia cardíaca es muy rápida, cuando el gasto
cardíaco es muy bajo en insuficiencia cardíaca congestiva grave, o cuando se dificulta
su audición por la presencia de un roce pericárdico intenso.
Los soplos que indican carditis se presentan durante la
primera semana de la enfermedad en el 75 por ciento de los enfermos en quienes por último
se diagnostica carditis. En la segunda o tercera semana, se pueden objetivar soplos en el
85 por ciento de los pacientes en los que aparecerá este signo en la evolución de la
enfermedad aguda.
Son soplos de insuficiencia mitral o aórtica, siendo más
frecuente la insuficiencia mitral, ya que la válvula mitral es el sitio más común de
inflamación reumática, aproximadamente tres veces más frecuente que la válvula
aórtica.
La insuficiencia mitral aguda puede dar lugar a un soplo
apical de alta frecuencia, y por lo general muy audible. El soplo sistólico se escucha
mejor en la punta, suele ser grado III/VI y lo que es más importante, tiene una calidad
soplante de tono alto. La inflamación (valvulitis) causa edema y engrosamiento de las
valvas, con desarrollo de formaciones verrucosas, lo cual provoca insuficiencia mitral
precoz en la evolución de la enfermedad y a menudo afección cardíaca leve. Dependiendo
de su extensión, el soplo de insuficiencia mitral puede persistir una vez resuelto el
episodio de fiebre reumática aguda, o desaparecer dejando pocas secuelas.
En los pacientes con fiebre reumática e insuficiencia mitral
aguda también suele oírse un soplo mesodiastólico apical (soplo de Carey-Coombs). Este
soplo empieza directamente después del inicio del tercer ruido, antes del primer ruido.
Es transitorio y de tono bajo por lo que fácilmente se pasa por alto. Este soplo no se
debe a una estenosis de la válvula mitral sino que su presencia define el diagnóstico de
"valvulitis mitral" y puede desaparecer al resolverse el edema valvular con
ayuda de agentes antiinflamatorios. Cuando se ausculta este soplo se confirma el
significado del soplo sistólico apical. Su aparición se añade a la gravedad del
pronóstico para una lesión valvular permanente.
La segunda lesión valvular en frecuencia que aparece durante
la fiebre reumática aguda es la insuficiencia aórtica. Este soplo aparece de forma
temprana en la evolución de la enfermedad como expresión de una valvulitis aórtica.
Esta lesión provoca un soplo diastólico suave, blando, de alta frecuencia, tono alto y
de intensidad decreciente, que comienza inmediatamente después del segundo tono. Sólo se
escucha de forma intermitente, dependiendo del gasto cardíaco. Rara vez se escucha un
soplo diastólico de arrullo o de "graznido de gaviota", aunque puede
presentarse durante breve tiempo en la valvulitis aórtica de la carditis aguda. El soplo
diastólico aórtico puede aparecer aisladamente, o con valvulitis mitral. Una vez que ha
aparecido, suele persistir después del episodio agudo.
Los signos de endocarditis casi siempre se asocian con los de
afección de otras capas del corazón, aunque estas últimas pueden no ser clínicamente
evidentes.
Un 5-10 por ciento de los pacientes con fiebre reumática
aguda pueden presentar signos físicos de pericarditis. La pericarditis puede producir
dolor precordial además de un roce pericárdico de fricción. En ocasiones la reacción
pericárdica y el derrame son más llamativos de lo que cabría esperar teniendo en cuenta
el grado de miocarditis del paciente, sin embargo el taponamiento cardíaco es raro en
ausencia de insuficiencia cardiaca grave concomitante.
La insuficiencia cardíaca congestiva es la manifestación
menos frecuente pero la más grave de la carditis reumática. Se presenta en el 5-10 por
ciento de los primeros ataques de carditis reumática, sin embargo es más común
encontrar insuficiencia cardíaca grave y mortal como manifestación de recurrencia
reumática que de un ataque primario. Durante el estadio agudo de la enfermedad puede
producirse la muerte por insuficiencia cardíaca o evolucionar a lesiones valvulares
permanentes.
La insuficiencia cardíaca congestiva suele aparecer en
pacientes que durante el período agudo han sufrido inflamación miocárdica y valvular
graves. La insuficiencia cardíaca aguda en un paciente joven que ha sufrido cardiopatía
reumática y que fue tratada y compensada de forma adecuada, debe siempre despertar la
sospecha de recurrencia de carditis reumática aguda. Los corazones jóvenes con
enfermedad reumática rara vez presentan fallos bruscos motivados exclusivamente por
sobrecargas hemodinámicas, salvo cuando estas sobrecargas son graves y prolongadas.
Además, a veces no es posible detectar carditis durante las recurrencias reumáticas
leves en pacientes con lesiones valvulares reumáticas antiguas, ya que como ya se ha
comentado, la mayor parte de las veces, no se presentan signos de insuficiencia cardíaca
o de pericarditis en los episodios de carditis y en estos casos tampoco se suelen percibir
las modificaciones en los soplos cardíacos, signo que constituye la manifestación más
común de carditis en los primeros ataques reumáticos.
Cuando la carditis es patente, suele existir taquicardia
desproporcionada a la fiebre, se suelen escuchar ritmos de galope y los tonos cardíacos
pueden tener caracteres fetales o de "tic tac". A veces hay arritmias. El
diagnóstico se establece mediante historia clínica y exploración física cuidadosa y
con radiografías de tórax seriadas. La expresión clínica más fiable de miocarditis
reumática desde el punto de vista del diagnóstico y pronóstico es la dilatación, en
particular de las cavidades izquierdas.
La mayoría de los pacientes con carditis no tiene síntomas
atribuibles al corazón. Solo se producen síntomas característicos en los casos más
graves de pericarditis o insuficiencia cardíaca, por lo que en los pacientes que no
presentan manifestaciones extracardíacas, y la fiebre reumática solo se manifiesta como
carditis, no se suele realizar el diagnóstico, y posteriormente presentan una
cardiopatía reumática sin antecedentes definidos de fiebre reumática.
Durante la fiebre reumática aguda existe con frecuencia un
retraso de la conducción A-V expresada como prolongación del intervalo P-R. Esta
manifestación es tan frecuente como la poliartritis de la fiebre reumática aguda, aún
en ausencia de signos claros de carditis, por tanto no indica necesariamente que exista
carditis clínica, y por tanto no tiene ninguna significación pronóstica. La
prolongación del tiempo de conducción con grados variables de bloqueo, generalmente de
primer y segundo grado y rara vez de tercero, puede producir ausencia de latidos. Cuando
aparece bloqueo de tercer grado, generalmente es de breve duración y desaparece
espontáneamente. La prolongación del intervalo P-R en el EKG en ausencia de carditis
tiene un pronóstico benigno, por tanto, las alteraciones electrocardiográficas en
ausencia de soplos o cardiomegalia significativa no constituyen por sí mismos un criterio
aceptable de carditis reumática. La prolongación de la conducción AV se revierte
fácilmente con la administración de atropina, lo que lleva a pensar que esta
manifestación se debe a efectos funcionales de la enfermedad sobre la conducción AV,
más que a inflamación y fibrosis directa del sistema de conducción.
La miocarditis grave, con pericarditis o sin ella puede
condicionar diversas alteraciones del ritmo, pero la carditis reumática aguda rara vez
produce fibrilación auricular, al contrario de lo que sucede en la valvulopatía mitral
crónica.
El diagnóstico de carditis reumática puede establecerse si
se demuestran uno o más de los siguientes signos:
Aparición de uno o varios soplos orgánicos no
existentes previamente o cambio de carácter de soplos orgánicos, la carditis reumática
casi siempre se asocia a un soplo significativo.
Aumento claro del tamaño del corazón demostrado
mediante radiología.
- Roces pericárdicos o signos de derrame pericárdico
demostrado por ecocardiografía.
Signos de insuficiencia cardíaca congestiva.
Si alguno de los cuatro signos anteriores es
patente en un paciente con fiebre reumática activa, se puede establecer el diagnóstico
de carditis.
Nódulos subcutáneos
Suelen ser pequeños y redondeados, de 0.5 a 2 cm de
diámetro (como un guisante), indoloros, de consistencia firme, localizados sobre las
prominencias óseas, y por tanto a menudo pasan inadvertidos para el paciente. No están
adheridos a la piel, que se desplaza libremente sobre ellos, y que presenta un aspecto
normal sin signos inflamatorios. Su diámetro varía de unos cuantos milímetros a 1,5 cm.
Tienden a localizarse directamente sobre prominencias óseas o cerca de las
articulaciones. Las localizaciones más características son los tendones extensores de
las manos y pies, y los tendones flexores de las muñecas, los codos, los bordes de la
rótula, el cuero cabelludo, la escápula y las apófisis espinosas de las vértebras. Se
presentan en grupo, y varían de una a tres o cuatro docenas. Cuando son numerosos,
tienden a ser simétricos.
Casi nunca constituyen una manifestación aislada y a menudo
se asocian con carditis grave, apareciendo varias semanas después del inicio de la
carditis.
Son evanescentes, a veces duran pocos días, pero lo habitual
es que persistan durante una semana o dos, y rara vez duran más de un mes.
No son patognomónicos, ya que se presentan también en la
artritis reumatoide y en el lupus eritematoso sistémico, aunque los nódulos reumatoideos
tienden a ser más grandes y más persistentes que los de la fiebre reumática aguda.
Corea de Sydenham
También denominada corea menor o baile de San Vito. Consiste
en una afectación del sistema nervioso caracterizada por movimientos irregulares, de
instauración súbita, bruscos, repetitivos, no intencionales (involuntarios),
frecuentemente acompañados de debilidad muscular e inestabilidad emocional. La corea es
bastante rara en nuestros días. Es una manifestación tardía de la fiebre reumática,
aparece típicamente varios meses después de la infección estreptocócica inicial y no
varias semanas después como el resto de las manifestaciones; cuando aparece pueden haber
desaparecido otras manifestaciones de la misma. Cuando la poliartritis constituye un
síntoma de fiebre reumática, siempre desaparece antes de aparecer la corea (nunca se
observa simultáneamente con la artritis). Con frecuencia la carditis se descubre por
primera vez cuando el síntoma de presentación de la fiebre reumática es la corea, ya
que a menudo coexisten carditis y corea.
Cuando no ha habido otros síntomas de fiebre reumática
aguda, y se presenta como manifestación única de la enfermedad, se denomina corea pura.
En estos casos, los signos menores, clínicos y de laboratorio de fiebre reumática aguda
están por completo ausentes. La velocidad de sedimentación eritrocitaria y la tasa de
proteína C reactiva son normales. El ASO y otros títulos de anticuerpos
antiestreptocócicos pueden no estar aumentados, ya que la corea aparece sólo después de
un período de latencia más o menos largo (de uno a seis meses) después de la infección
estreptocócica antecedente, y después del período latente más prolongado, pueden haber
regresado a la normalidad los reactantes de fase aguda y los títulos de anticuerpos
antiestreptocócicos.
Después de la pubertad se presenta casi exclusivamente en
mujeres, y después de la adolescencia la incidencia de corea disminuye rápidamente. Su
frecuencia ha descendido considerablemente en comparación con la de artritis y carditis.
El inicio de la corea suele ser gradual, los movimientos son
abruptos y erráticos, no son rítmicos ni repetitivos. Los pacientes se encuentran
nerviosos e inquietos, y pueden presentar incapacidad para realizar tareas manuales
(escribir, pintar etc.), pueden tropezar con facilidad, caerse o dejar caer objetos de las
manos, así como hacer muecas. A medida que empeoran los síntomas, aparecen movimientos
espasmódicos generalizados, y la debilidad muscular se hace tan marcada son incapaces de
andar, hablar o levantarse. A veces la debilidad es tan marcada que simula una parálisis.
Los movimientos espasmódicos pueden ser tan violentos que pueden llegar a lesionarse. Los
síntomas aumentan con la excitación, esfuerzos y fatiga y desaparecen durante el sueño.
Casi siempre presentan inestabilidad emocional, pueden reír o llorar sin causa aparente.
También pueden observarse distintos grados de alteración del lenguaje, el habla puede
ser entrecortada, explosiva o arrastrada. Los estimulantes del sistema nervioso central
aumentan la actividad coreiforme y los sedantes la deprimen.
La corea puede persistir durante un período de tiempo que
varía entre una semana hasta por más de dos años, aunque por lo general dura de ocho a
quince semanas. Todas estas alteraciones desaparecen sin secuelas.
Eritema marginado
Es la manifestación menos frecuente de la fiebre reumática,
pero muy característica. Es una erupción de color rojo brillante, indolora, macular, con
una forma similar a los anillos de humo, que se expande aclarándose por el centro y que
desaparece rápidamente (evanescente). Las zonas eritematosas tienen un área central
clara y los bordes redondeados y serpiginosos. Son de tamaño muy variable y se localizan
preferentemente en el tronco y zonas proximales de las extremidades, y nunca en la cara,
rara vez se extiende más allá de codos y rodillas. El eritema es transitorio,
migratorio, y se puede provocar por la aplicación de calor. No es pruriginoso ni está
indurado, y desaparece con la presión. Estas lesiones duran unas cuantas horas o varios
días. El eritema marginado recurre de forma intermitente durante meses, cuando los otros
signos de actividad reumática han desaparecido y su persistencia no implica riesgo de
recaída Su evolución no se ve influida por la medicación antirreumática.
No se puede considerar patognomónico de fiebre reumática
aguda, ya que también aparece en la septicemia especialmente de etiología
estafilocócica, en reacciones medicamentosas, en enfermos con glomerulonefritis y en
niños sin factor etiológico identificable.
La artritis, la carditis y la corea pueden aparecer por
separado o en combinación, pero los nódulos y el eritema marginado casi nunca se
observan aislados o sin carditis.
Criterios clínicos menores
Las manifestaciones menores de fiebre reumática aguda se
presentan con frecuencia y son útiles al diagnosticar la enfermedad, si embargo no son
muy específicas como para que tengan una importancia mayor para el diagnóstico.
Son los siguientes: Fiebre, artralgia, reactantes de fase
aguda en sangre, bloqueo cardíaco y antecedente de fiebre reumática previa o
cardiopatía reumática.
Los pacientes con fiebre reumática suelen presentar fiebre
al principio de casi todos los ataques reumáticos. La fiebre suele ser moderada,
alcanzando cifras de 38,4 a 40º y no tiene un patrón característico. No presenta
grandes ondulaciones, al igual que sucede típicamente en la forma sistémica de la
poliartritis juvenil (enfermedad de Still). En el ataque común, la fiebre disminuye en
una semana, sin tratamiento antipirético y puede ser de bajo grado durante otra semana u
otras dos semanas. Raramente dura más de cuatro semanas, sin embargo cuando se emplean
agentes antirreumáticos puede haber un "rebote" de fiebre después de cuatro a
seis semanas de tratamiento, desapareciendo de forma espontánea en unos cuantos días,
excepto en algunos ataques inusualmente persistentes.
También pueden presentar malestar general, fatigabilidad
(sobre todo cuando sufren carditis e insuficiencia cardíaca) taquicardia y artralgias. En
menos del 5 por ciento de los pacientes se presenta dolor abdominal semejante al de otros
trastornos en los que existe enfermedad mesentérica microvascular aguda, como las crisis
drepanocíticas, sepsis, shock endotóxico o anafiláctico, reacciones de transfusión y
púrpura anafilactoide. Pueden objetivarse epixtasis y en algún caso aislado eritema
nodoso.
No obstante, estas manifestaciones son tan frecuentes en
otras enfermedades, que tienen escaso valor diagnóstico.
Miocarditis reumática crónica
En este síndrome, la forma de presentación es una
insuficiencia cardíaca crónica en un paciente con marcada dilatación cardíaca y datos
físicos, radiológicos y electrocardiográficos de insuficiencia mitral, aórtica y a
veces tricuspídea.
Cuando no existen manifestaciones extracardíacas de fiebre
reumática (corea, poliartritis u otras) puede ser muy difícil o imposible la
diferenciación de este síndrome de otras formas de miocarditis crónica. Aunque la
fiebre reumática no produce una miocarditis aislada y casi siempre existe una
pancarditis, a veces no es muy evidente la inflamación pericárdica y la valvulitis
mitral no se distingue de la insuficiencia debida a la dilatación del anillo mitral. En
estos hay que investigar con todo cuidado, la presencia de un roce que desaparece con
rapidez, signos de derrame pericárdico, un soplo de insuficiencia aórtica y signos
extracardíacos como fiebre que responde con rapidez a salicilatos, artralgias, nódulos
subcutáneos transitorios, eritema marginado evanescente y síntomas leves de corea.
La evolución de la carditis reumática puede ser resistente
al tratamiento, y resultar mortal en meses o incluso varios años. Sin embargo, a menudo,
el paciente mejora con bastante rapidez, incluso recupera de forma espectacular la reserva
cardíaca, a la vez que desaparecen las manifestaciones sistémicas del proceso
inflamatorio. El corazón puede seguir agrandado, disminuir de tamaño, o en algunos casos
volver a su tamaño normal con grados variables de deformidad residual. Esta evolución
indica el final de la fase "tóxica" del proceso reumático, momento a partir
del cual la evolución depende de las variables de la cicatrización previamente
mencionadas.
Carditis reumática crónica y evolución de la cardiopatía
reumática
La notable variabilidad de la evolución de la carditis
reumática y de la valvulopatía reumática depende de varios factores: 1) La variabilidad
de la duración y gravedad de la inflamación reumática. 2) La cuantía de la
cicatrización de las válvulas y del miocardio tras el cese de la inflamación aguda. 3)
La localización y gravedad de la lesión hemodinámica debida a insuficiencia o estenosis
valvular. 4) La frecuencia de brotes recidivantes de carditis y 5) La progresión de la
calcificación y esclerosis valvular, que se produce como un fenómeno secundario en una
válvula lesionada o deformada sin inflamación reumática recurrente ni persistente (como
se observa en las lesiones valvulares congénitas o tras la endocarditis bacteriana
curada). Estos factores y posiblemente otros que todavía se desconocen son la causa de
las múltiples variaciones del síndrome clínico de la cardiopatía reumática.
Repasaremos las cardiopatías valvulares que pueden derivar
de la carditis reumática crónica:
Estenosis mitral
La fiebre reumática es la causa más frecuente de estenosis
mitral. El 25 por ciento de todos los enfermos con cardiopatía reumática, presentan
estenosis mitral pura, el 40 por ciento tienen doble lesión mitral con estenosis e
insuficiencia.
El 66 por ciento de todos los pacientes con estenosis mitral
reumática son mujeres.
La fiebre reumática puede llegar a producir estenosis mitral
a través de varios mecanismos patológicos, como son la fusión de las comisuras (30 por
ciento), la fusión de los velos valvulares (15 por ciento), fusión de las cuerdas (10
por ciento) o por combinación de varias de las alteraciones anteriores (45 por ciento).
Cuando la fiebre reumática da como resultado la fusión y acortamiento de las cuerdas
tendinosas, de forma predominante, se observa insuficiencia mitral como manifestación
principal.
Es probable que para el desarrollo de una estenosis mitral
grave, se requiera un periodo de tiempo mínimo de dos años después del inicio de la
fiebre reumática aguda, además, la mayoría de los pacientes permanecen asintomáticos
durante diez años o más, especialmente los que viven en climas templados. Aún sigue sin
dilucidarse si los cambios anatómicos de la válvula se producen como consecuencia de un
proceso reumático latente, o si una vez que la válvula ha sido deformada por el episodio
inicial, el traumatismo constante producido por el flujo turbulento de sangre causa
fibrosis progresiva, engrosamiento y calcificación del aparato valvular.
El orificio de la válvula mitral en adultos normales es de 4
a 6 cm2, cuando se reduce a 2 cm2 se considera estenosis leve y la sangre circula desde la
aurícula izquierda al ventrículo izquierdo impulsada por un gradiente de presión
anormal, aunque pequeño. Se considera una estenosis moderada cuando el área está
comprendida entre 1.1 y 1.4 cm2. Cuando la estenosis es severa (área de 1 cm2 o menos),
se requiere un gradiente aurículoventricular de alrededor de 20 mmHg, y este gradiente se
consigue, en presencia de una presión telediastólica del ventrículo izquierdo normal, a
expensas de una elevación de la presión de la aurícula izquierda al menos de 25 mmHg
para mantener el gasto cardíaco normal en reposo. La elevación de la presión en la
aurícula izquierda eleva retrogradamente la presión capilar pulmonar y la presión
venosa pulmonar. El primer síntoma suele ser disnea con el esfuerzo o en situaciones que
produzcan aumento de la frecuencia cardíaca. En estas situaciones, la velocidad de flujo
sanguíneo a través del orificio mitral aumenta, la duración de la diástole se acorta y
disminuye el tiempo disponible para que la sangre pase a través de la válvula mitral.
Esto desemboca en el aumento de la presión en la aurícula izquierda y en el aumento del
gradiente diastólico aurículoventricular. Para valorar la gravedad de la obstrucción de
una válvula, es necesario medir el gradiente de presión transvalvular y la velocidad de
flujo, que depende del gasto cardíaco y de la frecuencia cardíaca. Dado un gasto
cardíaco determinado, el aumento de la frecuencia cardíaca y por tanto de la velocidad
del flujo a través de la mitral, provoca un aumento de la presión auricular y del
gradiente diastólico transmitral, y puede desencadenar el desarrollo súbito de disnea y
edema pulmonar.
La contractilidad miocárdica en la mayoría de los enfermos
es normal o solo está un poco alterada. El crecimiento de la aurícula izquierda, con la
subsiguiente aparición de fibrilación auricular, provoca elevación del bronquio
principal izquierdo; puede también desarrollarse calcificación de la pared de la
aurícula izquierda, trombos murales y cambios obstructivos de la trama vascular pulmonar.
El síntoma principal de la estenosis mitral es la disnea. La
capacidad vital se reduce debido a la plétora pulmonar y al edema intersticial. Los
pacientes con obstrucción mitral crítica y disnea de pequeños-moderados esfuerzos
(clase funcional III de la NYHA) suelen tener ortopnea y riesgo de presentar episodios de
edema pulmonar franco, precipitado por esfuerzos, estrés emocional, infección
respiratoria, coito, gestación, fibrilación auricular con respuesta ventricular rápida
o en definitiva, ante cualquier situación que aumente la velocidad de flujo sanguíneo a
través de la válvula mitral estenótica. En pacientes con aumento importante de la
resistencia vascular pulmonar, con frecuencia se altera la función ventricular derecha, y
por esta razón sufren con menor facilidad elevaciones bruscas de la presión capilar
pulmonar y por tanto menor incidencia de episodios de edema pulmonar.
Otra de las manifestaciones clínicas que pueden presentar
los pacientes con estenosis mitral es la hemoptisis, que abarca desde la aparición de
esputos hemoptóicos (asociados o no con ataques de disnea nocturna) hasta la hemorragia
súbita (apoplejía pulmonar), que rara vez pone en peligro la vida del paciente. Puede
producirse infarto pulmonar, como complicación tardía de estenosis mitral asociada a
insuficiencia cardíaca. También se observa con frecuencia bronquitis crónica por edema
crónico de la mucosa bronquial.
Algunos pacientes con estenosis mitral (alrededor del 15 por
ciento) presentan dolor precordial indistinguible de la angina de pecho. Este síntoma
puede estar causado por hipertensión ventricular derecha, por aterosclerosis coronaria
coincidente, o por obstrucción coronaria secundaria a embolia coronaria. Sin embargo en
muchos de estos pacientes, tras estudios completos hemodinámicos y angiográficos, no se
encuentra una explicación concluyente.
Una manifestación importante por las consecuencias que puede
acarrear es la tromboembolia. Puede ser la primera manifestación de la estenosis mitral,
y presentarse en pacientes con estenosis incluso leve, aún antes del desarrollo de
disnea. Los pacientes que presentan un riesgo mayor de sufrir embolias son aquellos
mayores de 35 años, con fibrilación auricular, sobre todo si tienen disminución del
gasto cardíaco y dilatación de la orejuela izquierda. En estos pacientes debe plantearse
el tratamiento anticoagulante profiláctico. Prácticamente el 50 por ciento de las
embolias clínicamente evidentes acontecen en los vasos cerebrales. Los émbolos son
recurrentes y múltiples en el 25 por ciento de los pacientes que presentan esta
complicación.
Las válvulas que tienen alteraciones estructurales son
asiento frecuente de infecciones. La endocarditis infecciosa es más común en pacientes
con estenosis mitral leve que en estenosis grave, ya que acontece con mucha menor
frecuencia en el caso de válvulas calcificadas y rígidas.
La estenosis mitral se diagnostica generalmente con facilidad
mediante ecocardiografía.
La evolución de la estenosis mitral es la siguiente: Tras un
periodo de latencia de unos 20-25 años después de un ataque de fiebre reumática aguda,
durante el cual el paciente se encuentra asintomático, comienza a aparecer
sintomatología, por lo general disnea de esfuerzo. En un intervalo de tiempo de alrededor
de 5 años desde el inicio de los síntomas la mayor parte de los pacientes evolucionan
desde una incapacidad leve (clase II) a una incapacidad grave (clase III-IV). Una vez que
los síntomas se hacen más graves, la enfermedad avanza con bastante rapidez hacia la
muerte. Por lo tanto en pacientes sintomáticos con estenosis moderada o grave (tamaño
del orificio menor de 1 cm2/m2 de superficie corporal), se debe realizar tratamiento
quirúrgico (comisurotomía mitral cerrada, comisurotomía abierta o sustitución de la
válvula por una prótesis valvular) o angioplastia con balón en los casos en los que
esté indicada.
Insuficiencia mitral
Cualquier anomalía del aparato valvular mitral causa
insuficiencia mitral. En la cardiopatía reumática crónica, la insuficiencia mitral
aparece con más frecuencia por afectación de las valvas, como consecuencia del
acortamiento, rigidez, deformidad y retracción de una o ambas valvas. Es más frecuente
en hombres que en mujeres. Cuando la fiebre reumática aguda se acompaña de insuficiencia
mitral grave, generalmente en niños o en adolescentes, suele deberse a una combinación
de prolapso de la valva anterior, alargamiento de las cuerdas y dilatación del anillo.
Otra causa de insuficiencia mitral secundaria a fiebre reumática es la rotura secundaria
de las cuerdas tendinosas.
Los pacientes con valvulopatía mitral reumáticapueden
presentar insuficiencia mitral pura o asociada a distintos grados de estenosis mitral.
La clínica de los pacientes con insuficiencia mitral está
en función de la magnitud de la insuficiencia, la rapidez de su avance y el nivel de la
presión de la arteria pulmonar (que se eleva en el curso evolutivo de la enfermedad). En
los pacientes con insuficiencia mitral crónica, los síntomas aparecen cuando falla la
contractilidad del ventrículo izquierdo por lo que el intervalo de tiempo entre el ataque
inicial de fiebre reumática aguda y la presentación de los síntomas, es mayor en la
insuficiencia mitral que en la estenosis mitral. El edema pulmonar se presenta con menos
frecuencia en casos de insuficiencia mitral crónica que en la estenosis mitral,
probablemente debido a que los cambios de presión auricular son menos bruscos en la
insuficiencia que en la estenosis.
Los enfermos con insuficiencia mitral leve permanecen
asintomáticos toda su vida. La mayoría de los pacientes con enfermedad de origen
reumático presentan solo incapacidad leve a no ser que la insuficiencia esté producida
por actividad reumática crónica, endocarditis infecciosa o rotura de las cuerdas
tendinosas.
Los síntomas más importantes son secundarios a la
disminución del gasto cardíaco, astenia, disnea y debilidad crónicas.
Pueden presentarse también hemoptisis y embolias
sistémicas, aunque con menor frecuencia que en la estenosis mitral.
La evolución de los pacientes con insuficiencia mitral
crónica tiende a ser menos llamativa y con menos complicaciones agudas que la de los
enfermos con estenosis mitral. Sin embargo, cuando aparecen los síntomas secundarios a
reducción del gasto cardíaco y/o congestión pulmonar, la alteración de la función
ventricular puede ser ya grave y a veces irreversible. Pese a que en los pacientes con
insuficiencia mitral de evolución crónica no suelen elevarse las resistencias
pulmonares, suelen aparecer síntomas de insuficiencia cardíaca derecha con hepatomegalia
congestiva, edema de tobillos y ascitis.
El pronóstico empeora en los casos de coexistencia de
insuficiencia y estenosis mitral.
El tratamiento de la insuficiencia mitral significativa,
incluye medidas que reduzcan la postcarga, con objeto de mejorar el gasto cardíaco, así
pues se emplean fármacos vasodilatadores (en los casos crónicos con IECA o hidralacina
por vía oral), también se utilizan los diuréticos y los glucósidos cardíacos, estos
últimos particularmente en casos de fibrilación auricular. Con el tratamiento médico se
puede estabilizar al paciente, con objeto de que pueda someterse al tratamiento
quirúrgico en óptimas condiciones. Está indicado el tratamiento quirúrgico
(sustitución valvular mitral o anuloplastia reparadora), en pacientes con insuficiencia
mitral severa que presentan síntomas con actividad física intensa y con grados menores
de esfuerzo (clase II,III y IV). Se plantea el problema ante el paciente con insuficiencia
mitral severa que está asintomático, en estos casos si se objetiva función ventricular
normal (fracción de eyección mayor del 70 por ciento, ya que hay que considerar el
aumento de la fracción de eyección secundario al aumento de la precarga por la
insuficiencia mitral) se debe realizar un control y valoración estrecha del paciente y
plantearse la cirugía cuando se objetive deterioro de los índices de contractilidad del
ventrículo izquierdo.
Estenosis aórtica
La estenosis aórtica valvular sin valvulopatía mitral
acompañante rara vez es de etiología reumática. La estenosis aórtica reumática se
debe a adherencias y fusión de las comisuras y las valvas, así como vascularización de
las valvas y del anillo valvular, lo que causa retracción y rigidez de los bordes libres
de las valvas, con nódulos calcificados en ambas superficies, quedando reducido el
orificio valvular a una pequeña apertura. La válvula aórtica reumática suele ser
insuficiente además de estenótica, y suele coexistir con otros signos de cardiopatía
reumática, fundamentalmente con la afectación de la válvula mitral. Al igual que en el
caso de la afectación mitral reumática, la endocarditis infecciosa es un riesgo mayor en
pacientes jóvenes con deformidad valvular más leve que en pacientes ancianos con
deformidades aórticas calcificadas.
Los síntomas de la estenosis aórtica en los adultos,
aparecen después de un largo periodo de latencia, en el cual se produce una obstrucción
gradual progresiva. Los síntomas cardinales de la estenosis aórtica son la angina de
pecho, el síncope y la insuficiencia cardíaca. En general el gasto cardíaco se conserva
durante muchos años en pacientes con estenosis aórtica grave, por esta razón, hasta muy
tarde en la evolución de la enfermedad, no se manifiestan síntomas como debilidad,
fatiga notable, cianosis periférica y otros síntomas de gasto cardíaco bajo.
Una vez que los síntomas son manifiestos, el pronóstico es
malo (aproximadamente 50 por ciento de supervivencia a los 2 años desde el inicio de los
síntomas). En más de la mitad de los pacientes que fallecen, la causa es la muerte
súbita.
Se debe realizar tratamiento quirúrgico mediante
sustitución de la válvula aórtica en los siguientes casos: Pacientes sintomáticos con
estenosis severa (orificio menor de 0.75 cm2 o menor de 0.4 cm2/m2 de superficie
corporal), también en pacientes asintomáticos con estenosis severa y probablemente
también en casos de estenosis moderada, que precisen cirugía de revascularización
miocárdica o cirugía de la aorta o de otras válvulas cardíacas; pacientes
asintomáticos con disfunción grave del ventrículo izquierdo y cardiomegalia progresiva,
o con respuesta al ejercicio anormal (por ejemplo hipotensión).
Insuficiencia aórtica
La fiebre reumática es una causa común de enfermedad
primaria de la válvula que provoca insuficiencia. Las valvas se infiltran con tejido
fibroso y se retraen, con lo que las valvas se vuelven incompetentes, en general por un
orificio en el centro de la válvula. Con frecuencia, la fusión asociada de las
comisuras, también limita la apertura valvular, lo que da como resultado una combinación
de estenosis e insuficiencia, es habitual cierto grado de afectación asociada de la
válvula mitral.
En los pacientes con insuficiencia aórtica grave crónica el
ventrículo izquierdo aumenta de tamaño progresivamente, mientras que el paciente
permanece asintomático o casi asintomático. La sintomatología secundaria a disminución
de la reserva cardíaca o a isquemia miocárdica suelen aparecer después de que se ha
presentado cardiomegalia importante y disfunción miocárdica. Cuando aparecen los
síntomas, éstos suelen ser disnea de esfuerzo, ortopnea y disnea paroxística nocturna.
Al igual que sucede en la estenosis aórtica severa, una vez que el paciente se vuelve
sintomático, el trastorno empeora rápidamente y puede haber muerte súbita. Sin
tratamiento quirúrgico, la muerte se presenta en los cuatro años que siguen a la
aparición de angina de pecho o en los dos años que siguen al inicio de la insuficiencia
cardíaca.
Los pacientes con insuficiencia aórtica leve o moderada, que
están asintomáticos, con dimensiones cardíacas normales o mínimamente aumentadas, no
requieren tratamiento, pero deben seguir revisiones mediante ecocardiografía. Los
pacientes asintomáticos en reposo con insuficiencia aórtica severa, sin criterios aún
de tratamiento sustitutivo valvular, pueden mantenerse con tratamiento vasodilador
(hidralacina, nifedipina, IECA) glucósidos digitálicos y diuréticos, y deben ser
seguidos periódicamente en intervalos de tres a seis meses. Aún durante el período
asintomático puede presentarse deterioro gradual de la función del ventrículo
izquierdo, por lo tanto, es importante intervenir quirúrgicamente antes de que esos
cambios se hagan irreversibles.
Las indicaciones quirúrgicas en pacientes con insuficiencia
aórtica son las siguientes: Pacientes con insuficiencia aórtica severa, con síntomas de
disnea de reposo (clase funcional IV de la NYHA)y aquellos que presentan síntomas con la
actividad cotidiana (esfuerzos pequeños-moderados, clase III), con función sistólica
conservada, definida como fracción de eyección normal en reposo (fracción de eyección
mayor o igual del 50 por ciento). Pacientes en clase II (síntomas con el esfuerzo),
fracción de eyección conservada pero dilatación progresiva del ventrículo izquierdo o
deterioro de la función ventricular en estudios seriados, pacientes con disminución de
la tolerancia al esfuerzo en la ergometría. Pacientes con clase funcional II o más para
angina con o sin enfermedad de las arterias coronarias. Pacientes sintomáticos o
asintomáticos con disfunción ligera o moderada del ventrículo izquierdo en reposo
(fracción de eyección de 35 a 49 por ciento). Pacientes que requieren cirugía de
revascularización miocárdica, de la aorta o de las válvulas cardíacas. También hay
que plantearse el tratamiento quirúrgico en pacientes con insuficiencia aórtica severa
asintomáticos, con función ventricular normal pero dilatación severa del ventrículo
izquierdo (diámetro telediastólico mayor de 75 mm o telesistólico mayor de 55 mm).
También son candidatos potenciales aquellos en clase II con función sistólica normal,
dimensiones del ventrículo izquierdo estables y estabilidad durante la prueba de
esfuerzo.
Estenosis tricuspídea
Casi siempre es de origen reumático. La estenosis
tricuspídea reumática casi nunca se presenta como lesión aislada, y en general se
acompaña de valvulopatía mitral. Se encuentra en el 15 por ciento de las necropsias de
pacientes con cardiopatía reumática, pero es de importancia clínica solamente en el 5
por ciento de los casos. Se produce dilatación de la aurícula derecha, puede haber datos
de congestión pasiva grave, con crecimiento del hígado y del bazo. El gasto cardíaco
bajo característico de la estenosis tricuspídea causa fatiga y además los pacientes se
quejan de malestar por la hepatomegalia y ascitis. El tratamiento es quirúrgico
(comisurotomía o sustitución valvular).
Insuficiencia tricuspídea
La causa más frecuente es la dilatación del ventrículo
derecho y del anillo tricuspídeo, que en el caso de la valvulopatía reumática, pueden
ser secundarios a sobrecarga del ventrículo izquierdo, por hipertensión pulmonar
secundaria a valvulopatía mitral (insuficiencia tricúspide funcional). También se puede
producir insuficiencia tricuspídea por alteración estructural de la válvula tricúspide
por la fiebre reumática. Cuando no hay hipertensión pulmonar, la insuficiencia
tricúspide suele ser bien tolerada, sin embargo, cuando coexisten hipertensión pulmonar
y regurgitación tricúspide disminuye el gasto cardíaco y se intensifican las
manifestaciones de insuficiencia cardíaca derecha. En ausencia de hipertensión pulmonar,
la insuficiencia tricúspide por lo general no requiere tratamiento quirúrgico. En los
casos de insuficiencia grave con hipertensión pulmonar, se puede realizar tratamiento
quirúrgico, la técnica habitual es la valvuloplastia (con o sin anillo preformado) y en
los casos en los que no sea posible esta técnica, se realizará sustitución valvular.
Enfermedad de la válvula pulmonar
La inflamación reumática de la válvula pulmonar se asocia
generalmente con la afectación de las otras válvulas, y rara vez produce deformidad
grave. Sin embargo, se ha informado que en la ciudad de México existe una alta incidencia
de afectación significativa de la válvula pulmonar secundaria a fiebre reumática,
relacionada tal vez con la hipertensión pulmonar que se presenta a alturas elevadas y la
mayor tensión resultante sobre la válvula pulmonar. Para que las alteraciones de la
válvula tengan repercusiones hemodinámicas, deben ser severas, en cuyo caso producirán
dilatación e insuficiencia del ventrículo derecho.
Fiebre reumática y embarazo
En mujeres embarazadas, la fiebre reumática que cursa con
carditis e insuficiencia cardíaca congestiva puede ser mortal. La incidencia de corea de
Sydenham también aumenta durante el embarazo, denominándose corea de la gravidez. La
corea de la gravidez origina trabajo del parto prematuro, y muerte fetal y materna. Por lo
tanto, en mujeres con fiebre reumática recurrente es fundamental continuar el tratamiento
profiláctico contra la infección estreptocócica (según la pauta expuesta más
adelante), y más aún en la mujer embarazada con antecedentes de fiebre reumática.
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