Fiebre reumática
Etiopatogenia
La fiebre
reumática aguda es una secuela tardía no supurativa de una infección del tracto
respiratorio alto causada por un estreptococo del grupo A.
La evidencia de que el estreptococo del grupo A es el agente
causal inicial y de los ataques recurrentes de fiebre reumática es fuerte pero indirecta.
Las pruebas que relacionan las infecciones faríngeas por estreptococos del grupo A con el
posterior desarrollo de fiebre reumática, y por tanto permiten afirmar que éstos son los
únicos agentes causales son, por necesidad, correlativas y experimentales, ya que los
estreptococos no se pueden recuperar de las lesiones de fiebre reumática, ni se ha
mostrado un modelo experimental satisfactorio de la enfermedad. Desde hace mucho tiempo se
sabe que algunos episodios de fiebre reumática van precedidos por faringitis acompañadas
de erupciones escarlatiformes (escarlatina), posteriormente se demostró que la fiebre
reumática podía tener también como antecedente una faringitis sin erupción, pero de
etiología asimismo estreptocócica demostrada por cultivos.
El microorganismo
Los estreptococos son bacterias esféricas u ovoides (cocos).
La mayor parte de ellos son anaerobios facultativos. Son microorganismos gram positivos,
inmóviles de ordinario, no formadores de esporas y catalasa-negativos.
No hay ningún sistema único de clasificación que pueda
diferenciar este heterogéneo grupo de microorganismos. La clasificación depende de una
serie de hechos, como son los patrones de la hemólisis que acontece en las placas de agar
sangre, su composición antigénica, los caracteres de su multiplicación, las reacción
bioquímicas y los estudios genéticos. Si se cultivan en placas de agar sangre las
colonias de estreptococos pueden dar lugar a una hemólisis completa (beta), parcial
(alfa) o nula (gamma). Se logra una identificación más exacta de los estreptococos
separándolos en serogrupos, como hizo Lancefield por primera vez, basándose en las
diferencias antigénicas de los carbohidratos y los ácidos teicóicos de la pared
celular. Estos serogrupos se denominan de la A a la O.
El estreptococo beta-hemolítico del grupo A de Lancefield
(S. pyogenes) es el serogrupo más patógeno para el hombre; producen la inmensa mayoría
de las faringitis estreptocócicas, y son los precursores de los ataques de fiebre
reumática inicial y recurrente, y de la glomerulonefritis aguda.
Dentro de los estreptococos del grupo A, el 96 por ciento son
beta-hemolíticos y el 4 por ciento restante de las cepas del grupo A que no son
beta-hemolíticos, también son patógenas para el hombre. Los estreptococos del grupo A
crecen en los caldos de cultivo formando parejas o cadenas. Su desarrollo, que se debe la
dehiscencia incompleta de la pared celular durante el proceso de reproducción, se ve
facilitado cuando las condiciones de crecimiento son desfavorables, por ejemplo, si existe
pus.
En las placas de agar sangre de cordero se forman colonias
pequeñas rodeadas de una zona de beta-hemólisis. Las cepas productoras de gran cantidad
de material capsular tienen un aspecto mucoide, mientras que las colonias de organismos no
encapsulados se denominan brillantes.
Los estreptococos del grupo A pueden estar rodeados por una
cápsula compuesta por ácido hialurónico que sólo se puede apreciar en las muestras
frescas, ya que suele perderse en los cultivos menos recientes, tal vez por haber sido
digerida por la hialuronidasa producida por el microorganismo. La pared celular situada
por debajo de la cápsula contiene varias sustancias antigénicas entre las que figuran el
carbohidrato del grupo A y la capa de peptidoglicano (mureína), responsable de su rigidez
característica. El carbohidrato específico de grupo de los estreptococos del grupo A es
un polímero de la ramnosa y N-acetilglucosamina.
Existen aproximadamente 80 serotipos del grupo A conocidos y
provisionales. El método de tipificación se basa en las diferencias antigénicas de un
constituyente de la pared celular conocido como proteína M, que es el principal factor de
virulencia de los estreptococos del grupo A.
Cerca de la membrana plasmática, las fimbrias se proyectan a
través de la pared celular y de la cápsula, y cuentan con componentes de superficie de
gran importancia. El ácido lipoteicoico de las fimbrias es una sustancia con marcada
afinidad por las membranas biológicas, que juega un papel decisivo en la colonización,
al permitir la fijación de los estreptococos del grupo A las zonas de fibronectina que
existen en la superficie de las células epiteliales humanas (adhesión del
microorganismo). También pueden hallarse en las fimbrias los antígenos M y R, similares
desde el punto de vista estructural, pero inmunológicamente diferenciables. El antígeno
R no tiene una función biológica conocida, sin embargo se sabe que la proteína M
constituye un importante factor de virulencia de los estreptococos pyogenes ya que inhibe
la fagocitosis. Por otra parte la proteína M proporciona inmunidad tipoespecífica frente
a los estreptococos del grupo A. La proteína M constituye la base de una
subclasificación de los estreptococos del grupo A en más de 60 serotipos M. Las cepas
ricas en proteína M son muy resistentes a la fagocitosis in vitro por los leucocitos
mononucleares. Las cepas sin proteína M carecen de virulencia. El efecto antifagocitario
de la proteína M se debe, al menos en parte, a su capacidad para impedir la opsonización
del microorganismo por el sistema del complemento. En el ser humano, la inmunidad
adquirida a la infección estreptocócica se basa en la aparición de anticuerpos
opsónicos dirigidos contra la porción antifagocitaria de la proteína M. La inmunidad es
tipoespecífica y dura muchos años, quizá indefinidamente.
Las proteínas M de ciertos tipos de estreptococos tienen los
mismos determinantes que algunos componentes del corazón humano como la membrana
sarcolémica y la miosina cardíaca. En estrecha relación con la proteína M de 16
serotipos hay una alfa-lipoproteinasa denominada "factor de opacidad" (OF) por
su capacidad para opacificar el suero de caballo. Las cepas OF positivas se asocian a una
respuesta inmune de tipo humoral menos intensa tras sufrir una faringitis, y al parecer,
tiene menos tendencia a producir fiebre reumática que las cepas OF negativas.
El antígeno T es otra proteína antigénica de superficie.
La proteína T sirve de base a un sistema subsidiario de tipificación, que ha sido útil
para clasificar las cepas no tipificables por el sistema M; a diferencia de la proteína
M, el antígeno T no interviene para nada en la virulencia.
Se han descrito varias estructuras antigénicas en la
membrana celular de los estreptococos, alguna de las cuales comparte determinantes con los
componentes del corazón y de la membrana basal del glomérulo renal en los seres humanos.
Durante la fase logarítmica inicial de la multiplicación,
los estreptococos están envueltos en una cápsula de ácido hialurónico que retrasa la
fagocitosis y evita asimismo la pérdida de la proteína M, por tanto dicha cápsula
constituye un factor accesorio de virulencia. El ácido hialurónico de la cápsula no es
antigénico en el hombre, ya que es idéntico al encontrado en el tejido conectivo humano.
Las cepas muy encapsuladas de estreptococos del grupo A producen colonias mucoides en las
placas de agar sangre de carnero.
A medida que proliferan in vivo o in vitro, los estreptococos
elaboran varios productos extracelulares, importantes en la patogenia y en el diagnóstico
serológico de las enfermedades estreptocócicas, ya que la respuesta de anticuerpos
frente a estas sustancias indica la existencia de una infección estreptocócica reciente.
Las exotoxinas pirógenas estreptocócicas (toxinas eritrogénicas) que son inducidas por
lisogenia de bacteriófagos autocontrolados son responsables del eritema de la
escarlatina. Hay tres toxinas serológicamente distintas cuyos efectos pueden ser
neutralizados por los anticuerpos.
La mayor parte de las cepas de estreptococos del grupo A
también elabora dos hemolisinas diferentes, la estreptolisina O es elaborada por casi
todas las cepas del estreptococo del grupo A, se une a los esteroles de la membrana del
hematíe y provoca una redistribución esteárica; esta reorganización, produce orificios
submicroscópicos en la membrana celular, a través de los cuales, la hemoglobina sale
fuera del hematíe. La estreptolisina O tiene carácter antigénico y en la clínica, la
técnica serológica más utilizada para detectar la infección estreptocócica del grupo
A, es la titulación de los anticuerpos antiestreptolisina O (ASO) en el suero del ser
humano.
La otra hemolisina, la hemolisina S es la mayor responsable
de la hemólisis que tiene lugar en la superficie de la placa de agar sangre, rompe la
permeabilidad selectiva de la membrana del hematíe y provoca una lisis de tipo osmótico.
No tiene carácter antigénico. Ambas pueden lesionar las membranas de los leucocitos
polimorfonucleares, las plaquetas y mitocondrias, así como los eritrocitos.
Otros productos extracelulares diferentes poseen efectos que
podrían favorecer la supervivencia de los microorganismos in vivo licuando el pus (como
la estreptocinasa que transforma el plasminógeno en plasmina para facilitar la
disolución de los coágulos y las desoxirribonucleasas A, B, C y D que degradan el ácido
desoxirribonucleico) o permitiendo la difusión de los microorganismos por los planos
tisulares (hialuronidas, proteinasa, NADasa,esterasa y amilasa) todas ellas capaces de
provocar una respuesta antigénica. No se conoce la importancia de estas sustancias en la
virulencia de los estreptococos.
Los estreptococos del grupo A son capaces de producir tres
toxinas eritrogénicas serológicamente diferentes, por un fenómeno de lisogénesis a
partir de un bacteriófago poco agresivo; este fenómeno no se relaciona con la virulencia
del germen. La presencia de anticuerpos homólogos dirigidos contra la toxina impide que
se produzca el eritema de la escarlatina.
Los dos tipos mas frecuentes de infección estreptocócica
del grupo A son la faringitis y la pioderma.
Varias líneas de evidencia sostienen firmemente la
conclusión de que la fiebre reumática se produce como consecuencia de una infección del
tracto respiratorio alto por estreptococos del grupo A. Entre las observaciones que
permiten relacionar a los estreptococos del grupo A con la fiebre reumática encontramos
evidencias clínicas: Una faringoamigdalitis por estreptococo del grupo A no tratada es el
hecho antecedente que precipita los episodios de fiebre reumática. La mayoría de los
pacientes con fiebre reumática aguda tienen antecedentes de faringitis previa. Existe una
relación temporal próxima entre epidemias de faringitis y escarlatina, y epidemias de
fiebre reumática aguda. La fiebre reumática no se produce tras una infección
estreptocócica de otra localización, por ejemplo cutánea (impétigo).
Aunque la frecuencia con la cual la infección de garganta
precede a la fiebre reumática aguda se ha identificado durante más de 100 años, se
afirma repetidamente que hay inconsistencia en esta relación.
Casi el 33 por ciento de los pacientes con fiebre reumática
aguda niega el antecedente de faringitis precedente. Los cultivos faríngeos y de sangre
en estos pacientes muestran que el primero es frecuentemente negativo y el segundo
estéril en el inicio del ataque reumático. Las recurrencias de la fiebre reumática
fueron aún más misteriosas cuando el antecedente de infección faríngea estreptocócica
no se identificó, en particular cuando la cronicidad de un ataque reumático y las
complicaciones hemodinámicas de la cardiopatía reumática hicieron difícil distinguir
entre la carditis reumática persistente y la reactivada. La ausencia de faringitis
asintomática ha sido particularmente llamativa en la mayoría de los casos de fiebre
reumática aguda más recientes, en los que la mayor parte de los pacientes (58 por
ciento), no tenían historia de faringitis. Esto supone una observación alarmante ya que
la prevención primaria de la fiebre reumática aguda está cimentada en la
identificación y tratamiento adecuado de la faringitis estreptocócica. Con bases
únicamente clínicas, es difícil establecer que el estreptococo del grupo A sea el
único agente etiológico.
Los factores epidemiológicos muestran relación entre los
brotes de faringitis estreptocócica y la fiebre reumática, como son latitud, altitud,
humedad, hacinamiento, edad epidémica, así como la gravedad de la infección
estreptocócica en general. En las situaciones que predisponen a faringitis
estreptocócica epidémica alrededor del 3 por ciento de las infecciones no tratadas
pueden continuarse de fiebre reumática. En caso de infecciones endémicas la tasa de
ataque es mucho menor.
Desde el punto de vista inmunológico, siempre se comprueba
la presencia de anticuerpos contra el estreptococo en todos los casos de fiebre reumática
inicial o recurrente, además la magnitud de la respuesta inmunológica determina la tasa
de ataques de fiebre reumática, aunque no la gravedad ni la duración de los mismos,
después de una faringitis estreptocócica. Incluso en pacientes con fiebre reumática
aguda sin claros antecedentes de faringitis estreptocócica, las pruebas de determinación
de anticuerpos antiestreptocócicos siempre proporcionan evidencias de infección
estreptocócica reciente.
La evidencia definitiva en cuanto a la implicación del
estreptococo como agente etiológico de la fiebre reumática inicial, y de los brotes
recurrentes, es la prevención de los mismos con penicilina en el caso del brote inicial y
con quimioprofilaxia continua contra las infecciones estreptocócicas para prevenir los
ataques recurrentes. La completa eficacia del tratamiento profiláctico de las infecciones
estreptocócicas en sujetos reumáticos permite inferir que la fiebre reumática no se
desencadena por ninguna otra infección ni enfermedad.
Patogenia
Los factores que contribuyen a la patogénesis de la fiebre
reumática están relacionados con el agente causal, es decir el estreptococo del grupo A,
y con el huésped.
Por parte del estreptococo hay que considerar los siguientes
aspectos: La infección ha de ser faringoamigdalar, no de otra localización. La severidad
de la infección debe ser grande, con una respuesta inmunológica enérgica de anticuerpos
contra el estreptococo, que indiquen infección reciente. El germen debe persistir en la
faringe durante un período de tiempo suficiente.
Un aspecto intrigante y aún no del todo explicado de la
relación entre el huésped y el parásito es el hecho de que, hasta donde conocemos en la
actualidad, las infecciones estreptocócicas de otras localizaciones como las cutáneas,
neumonía o la sepsis puerperal no desencadenan fiebre reumática aguda. Esto puede
indicar el requerimiento de mayor cantidad de tejido linfoide, del cual está dotado la
región faríngea, para el inicio del proceso patológico, o puede ser el resultado de la
ausencia de reumatogenicidad de las llamadas cepas piodérmicas del estreptococo del grupo
A.
Existen claras evidencias acerca de que dentro del grupo de
los estreptococos del grupo A se dan diferencias, en cuanto a su potencial capacidad
reumatogénica. Las cepas de estreptococos del grupo A claramente asociadas con la fiebre
reumática tienen una gran virulencia, son las denominadas reumatogénicas y comparten las
siguientes características: Son de los serotipos M 1, 3, 5, 6, 14, 18, 19, 27 y 29.
Tienen un rico contenido en proteína M específica de la superficie, con características
estructurales distintivas de esta proteína M, varios hallazgos incrementan la
probabilidad de que la proteína M ejerza un papel fundamental en la patogenia de la
fiebre reumática. La proteína M tiene un dominio antigénico terminal largo, expuesto en
la superficie, y contienen epitopes que presenten reacciones cruzadas con tejidos del
corazón humano particularmente con proteínas de la membrana sarcolémica y con la
miosina cardíaca. Todavía se desconoce si cada cepa exhibe un único antígeno
reumatogénico. Están fuertemente encapsuladas con grandes cápsulas de hialuronato,
responsable de la formación de colonias "mucoides". Estas propiedades les hacen
muy resistentes a la fagocitosis y provocan fuertes respuestas inmunológicas. No producen
factor de opacificación.
Sin embargo, cepas de otros tipos igualmente prevalentes
pueden iniciar la enfermedad o incluso reactivarla en un huésped especialmente
susceptible.
El papel de la cápsula de hialuronato del estreptococo como
factor de virulencia y su participación en la patogénesis de la enfermedad han sido
repetidamente señalados. Los casos más recientes de fiebre reumática en Estados Unidos
estaban asociados con cepas mucoides (altamente encapsuladas) de M3 y M18. Tales cepas
fueron encontradas frecuentemente en las epidemias de los campamentos militares durante y
después de la Segunda Guerra Mundial.
Es probable que no todos los serotipos reumatogénicos sean
igual de peligrosos; la facilidad de un serotipo determinado para desencadenar fiebre
reumática aguda también dependerá de la fase de virulencia que es reflejo de factores
cuantitativos, como la expresión de la proteína M, el hialuronato, o de otras
propiedades biológicas peor definidas. La virulencia parece estar incrementada en
situaciones epidémicas favoreciendo el contagio rápido de persona a persona.
Los factores más importantes, en relación con el riesgo de
desencadenar fiebre reumática, son la magnitud de la respuesta inmunológica tras una
faringoamigdalitis, y la permanencia del microorganismo durante la convalecencia. La
variación en la reumatogenicidad de la cepa de estreptococo es un factor que influye en
la tasa de ataque de la fiebre reumática.
Por parte del huésped, hay que considerar cierta
predisposición, ya que aunque sólo una pequeña proporción de faringitis
estreptocócica no tratada desarrolla fiebre reumática (alrededor del 3 por ciento), la
incidencia de fiebre reumática recurrente tras faringitis estreptocócica en pacientes
que han tenido un episodio previo de fiebre reumática es sustancialmente mayor (alrededor
del 50 por ciento). Muchos estudios epidemiológicos indican predisposición familiar a
esta enfermedad, sugieren una base genética, en la susceptibilidad a la fiebre
reumática. Patarroyo y colaboradores han comunicado un aloantígeno de la célula B (883)
que se detecta con frecuencia significativamente alta (70-75 por ciento) en los pacientes
con fiebre reumática. Posteriormente, Zabriskie y colaboradores describieron dos
anticuerpos monoclonales contra las células B de los pacientes con fiebre reumática
aguda (el primero era superponible al anticuerpo 883). La presencia de estos aloantígenos
específicos de las células B, identificados mediante anticuerpos monoclonales, ha sido
descrita en casi todos los pacientes (99 por ciento) y en un pequeño número de controles
(14 por ciento).
Además la susceptibilidad a la fiebre reumática se ha
asociado con una alta incidencia de determinados antígenos de clase II como el HLA-DR4,
DR3, B35, DR1 y B5 y cuatro haplotipos en varios grupos étnicos. No hay ningún antígeno
que sea común a todos los enfermos.
En 1985 se describió un paralelismo entre la disminución de
la fiebre reumática y el aumento de la vacunación contra la rubeola y el sarampión.
Este hallazgo podría ser un índice indirecto de la mejoría de las condiciones
sociosanitarias, aunque no puede ser del todo excluida la contribución de esos dos virus
al desarrollo de la fiebre reumática aguda.
A pesar de que se sabe que los estreptococos del grupo A son
los agentes causales de la fiebre reumática, el mecanismo exacto, por el cual el
microorganismo induce la enfermedad, permanece sin explicación.
Se han propuesto varias teorías patogénicas: 1- Los efectos
tóxicos de los productos del estreptococo particularmente las estreptolisinas S y O, las
cuales son capaces de inducir daño tisular. 2- Reacción inmunológica similar a la
enfermedad del suero, mediada por complejos antígeno-anticuerpo, probablemente
localizados en las zonas de daño tisular y 3- Fenómenos autoinmunes inducidos por
igualdad o similitud entre ciertos antígenos estreptocócicos y una amplia variedad de
antígenos tisulares humanos. Sin embargo ninguna de estas teorías ha sido probada o
refutada definitivamente.
Solo un porcentaje pequeño de pacientes con faringitis
desarrolla posteriormente fiebre reumática. El microorganismo no se demuestra en las
lesiones cuando la fiebre reumática aparece varios días o semanas después de la
infección estreptocócica aguda. No existe ningún producto estreptocócico que haya sido
implicado como causa de las lesiones, ya sea como toxina tisular directa o como un
antígeno que induzca hipersensibilidad.
Diversos antígenos estreptocócicos muestran reacciones
cruzadas con el tejido cardíaco y con otros tejidos, sin embargo su relación patogénica
no se ha demostrado, y la autoinmunidad por el estreptococo, como mecanismo para explicar
el proceso reumático, sigue siendo muy popular pero no está comprobada.
La teoría patogénica más extendida es la que propone que
la fiebre reumática se produce por algún tipo de reacción hiperinmune por alergia
bacteriana o por autoinmunidad. Esto parece respaldado por el hecho comprobado de que los
pacientes con fiebre reumática en general son los que presentan respuestas inmunes mas
intensas a todos los productos estreptocócicos dentro de la población general. Durante
la fase aguda de la fiebre reumática, el título promedio de anticuerpos para casi cada
uno de los antígenos estreptocócicos está aumentado, sin embargo no se ha definido
ningún mecanismo de lesión hística. Los valores del complemento están aumentados y no
se encuentran los autoanticuerpos asociados con la enfermedad por complejos inmunes como
es el factor reumatoide, el antiDNA etc. Los anticuerpos anticorazón son inmunoglobulinas
con especificidad para componentes cardíacos que reaccionan en primer lugar con el
sarcolema, su unión se asocia con depósito de grandes cantidades del componente C3 del
complemento.
Los estreptococos del grupo A tienen varios componentes
estructurales relacionados con tejidos de mamíferos, por ejemplo, el ácido hialurónico
de la cápsula del microorganismo es similar al ácido hialurónico humano. Los
anticuerpos para polisacárido de la pared del estreptococo del grupo A reaccionan de
forma cruzada con glucoproteínas de las válvulas cardíacas. Los antígenos de membrana
del germen reaccionan de forma cruzada con el sarcolema del músculo liso de arterias
endocárdicas y miocárdicas, así como con el endocardio. El ataque de fiebre reumática
aguda viene precedido a menudo de una elevación sostenida en el título de anticuerpos
que reaccionan de manera cruzada con el tejido cardíaco, aunque estos anticuerpos no se
correlacionan claramente con la presencia ni con la gravedad de carditis reumática, y no
se ha mostrado que sean citotóxicos. El anticuerpo para el polisacárido de estreptococos
del grupo A, persiste a títulos altos de forma prolongada en el suero de pacientes con
valvulopatía mitral reumática, en contraste con su rápido descenso en pacientes con
fiebre reumática sin afectación cardíaca y en enfermos con insuficiencia mitral
transitoria, y en los que tienen prolapso de la válvula mitral; este antígeno desciende
marcadamente si se realiza resección de la válvula afectada por la lesión reumática
(pero no desciende tras valvulotomía). Estos antígenos también están presentes, aunque
a títulos más bajos, en el suero de pacientes con faringitis estreptocócica no
complicada.
Se han observado lesiones nodulares intermitentes crónicas
en el tejido conjuntivo dérmico después de inyección del complejo mucopéptido
polisacárido de la pared celular en animales de experimentación. En pacientes con corea
de Sydenham se han encontrado con más frecuencia anticuerpos que reaccionan con el
citoplasma de neuronas de los núcleos subtalámicos y caudados y no se han encontrado en
los pacientes que no presentan esta manifestación.
Recientemente, mediante la delineación de la estructura
molecular de la proteína M, se ha objetivado la presencia de epitopes de reacción
cruzada con la miosina en los serotipos reumatogénicos de los estreptococos del grupo A.
También han sido identificados epitopes que comparten determinantes antigénicos con la
membrana sinovial y con el cartílago articular.
Además se ha demostrado que la proteína M es una molécula
muy grande que contiene no solamente los epitopes específicos de tipo que la hacen capaz
de producir anticuerpos opsónicos protectores, sino que también tiene porciones
blastógenas de linfocitos T humanos; a estas porciones se las denomina
"superantígenos" y pueden estimular subgrupos de células T con especificidad
para autoantígenos, como por ejemplo los tejidos cardíacos, por encima de un umbral de
tolerancia para permitir una repuesta autoinmunitaria. Aún no se ha demostrado que
realmente los antígenos estreptocócicos compartidos con el miocardio humano sean los
causantes de la lesión tisular y por tanto que estén relacionados con la patogenia de la
fiebre reumática.
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