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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Fiebre reumática
Anexo I Afectación cardíaca en las
enfermedades reumáticas
Bajo
el término "enfermedades reumáticas" se agrupan una serie de entidades cuyo
denominador común es la aparición de dolor y rigidez articular, como síntomas
prominentes. Entre estas enfermedades se incluyen las denominadas conectivopatías.
Estas enfermedades pueden cursar con manifestaciones sistémicas,
entre las cuales pueden encontrarse distintos tipos de afectación cardíaca.
Repasaremos los posibles tipos de afectación cardíaca en las
conectivopatías más frecuentes.
Espondiloartropatías
Son un grupo de trastornos que comparten
ciertas manifestaciones clínicas y además están asociados con la presencia del
antígeno de histocompatibilidad HLA B27. Se incluyen en este grupo la espondilitis
anquilosante, el síndrome de Reiter, la artritis reactiva, la artritis y espondilitis
psoriásica, la artritis y espondilitis enteropática, la espondiloartropatía de inicio
juvenil y la espondiloartropatía indiferenciada.
Las manifestaciones clínicas similares y la predisposición
genética sugieren que estos trastornos comparten mecanismos patogénicos. Se distinguen
de la artritis reumatoide por la ausencia de las alteraciones serológicas
características de ésta (p.ej., el aumento del factor reumatoide), por la predilección
por las articulaciones sacroilíca, lumbosacra, y apofisaria de la columna vertebral, por
el predominio en hombres sobre mujeres, por la predilección de la afectación de las
entesis (inserciones de ligamentos y cápsulas en el hueso) y por las manifestaciones
extraarticulares de iritis e insuficiencia aórtica debida a una lesión característica
en la raíz aórtica.
Dos de los principales síndromes, la espondilitis anquilosante y la
enfermedad de Reiter, se asocian con uretritis y enteritis. Aunque por lo general no son
evidentes los agentes causales, la enteritis debida a una bacteria específica (Yersinia
enterocolítica, Shigella, Salmonella, y Campylobacter) produce casi todas las
manifestaciones de estos síndromes. La uretritis por Chlamydia trachomatis también se ha
implicado como una de las causas de la enfermedad de Reiter, pero en muchos casos no se ha
identificado el agente etiológico.
El antígeno de histocompatibilidad HLA B27 se presenta con una
frecuencia del 4 al 8 por ciento en la población normal. El 90 por ciento de pacientes
con espondilitis anquilosante o enfermedad de Reiter son HLA B27 positivos. Cuando una
enteropatía inflamatoria se complica con espondiloartropatía, la asociación con HLA B27
es mayor del 80 por ciento. El 50 por ciento de los pacientes psoriásicos con
espondilitis son HLA B27 positivos. El 50 por ciento de enfermos con uveitis anterior
tienen este antígeno. Cuando se produce un brote de enteritis bacteriana específica los
pacientes HLA B27 positivos muestran una mayor tendencia a sufrir artritis que los
negativos. Las manifestaciones más específicas de estos trastornos como son
espondiloartropatía, iritis y afectación cardíaca se suelen dar en individuos que son
HLA B27 positivos.
Espondilitis
anquilosante
Es una enfermedad inflamatoria de causa
desconocida que afecta primariamente al esqueleto axial, las articulaciones periféricas y
diversas estructuras extraarticulares pueden verse afectadas. La enfermedad suele comenzar
en la segunda o tercera década de la vida y la prevalencia en hombres es aproximadamente
tres veces mayor que en mujeres.
Puede cursar con afectación cardiovascular a distintos niveles. La
incidencia de la afectación cardiovascular varía del 3.5 por ciento de casos con una
historia de enfermedad de 15 años de evolución, al 10 por ciento en casos de más de 30
años de enfermedad. En general, en espondilitis anquilosante de más de 10 años de
evolución, en el 29 por ciento de los casos se pueden encontrar alteraciones
cardiológicas, que incluyen insuficiencia aórtica (8 por ciento), alteraciones del
sistema de conducción (33 por ciento) y derrame pericárdico (4 por ciento).
Alteraciones valvulares. Se objetiva lesión valvular aórtica en más del 10 por ciento de
los pacientes con espondilitis anquilosante. Se objetiva dilatación del anillo de la
válvula aórtica, engrosamiento fibroso, cicatrización y lesiones inflamatorias locales
variables de las valvas aórticas, que experimentan protrusión dentro de la cavidad
ventricular también, se produce dilatación de los senos de Valsalva. Se engruesa más la
porción basal que la distal, y la cicatrización densa de la capa adventicia se extiende
al endocardio en la región subaórtica inmediata. Esta extensión afecta a la base de la
valva mitral anterior y a la porción superior del tabique interventricular. Los pacientes
con espondilitis, en base a la entesopatía que caracteriza a esta enfermedad, presentan
tendinitis de inserción en cualquier sitio, y las lesiones de las válvulas cardíacas
pueden ser expresión de la localización de este trastorno en el tejido conjuntivo.
La fibrosis adventicial se extiende hasta la base de la válvula
aórtica, el engrosamiento es más manifiesto detrás de las comisuras de las valvas
aórticas y forma nódulos fibrosos comisurales.
Se produce insuficiencia aórtica como resultado del engrosamiento y
acortamiento de las cúspides valvulares, desplazamiento de las valvas en sentido caudal
por la masa de tejido fibroso nodular, detrás de las comisuras y por la dilatación de la
raíz valvular aórtica a consecuencia de la destrucción del tejido elástico.
La insuficiencia mitral es relativamente infrecuente en la
espondilitis anquilosante y por lo general insignificante. Puede ser secundaria a prolapso
valvular o puede producirse por afectación de la porción basal de la valva anterior
mitral por engrosamientos en forma de cresta o en forma de pequeño nódulo a nivel
subaórtico. También se puede encontrar insuficiencia mitral secundaria a dilatación del
ventrículo izquierdo por la insuficiencia aórtica.
Alteraciones aórticas. La espondilitis anquilosante puede cursar con afectación aórtica
histológicamente similar a la aortitis sifilítica. Se objetiva proliferación de la
íntima con fibrosis de la adventicia y de la capa media. Los vasa vasorum están
estrechados y rodeados de linfocitos y células plasmáticas. Se producen cambios
degenerativos locales de fibras elásticas y musculares de la capa media de la aorta y
lesiones inflamatorias en placas en todas las capas de la aorta, de modo predominante en
la región adyacente al anillo valvular. Las lesiones se parecen a las de la sífilis,
sólo que en la espondilitis anquilosante permanecen cerca del anillo valvular y no
afectan al resto de la aorta.
Alteraciones del sistema de
conducción. Son muy frecuentes en la espondilitis
anquilosante. Aparecen en más del 33 por ciento de los pacientes, y son más frecuentes
en aquellos que presentan afectación valvular aórtica. El nódulo aurículoventricular y
los haces de conducción pueden estar distorsionados por tejido fibroso, por extensión
del mismo proceso fibrótico que afecta a la aorta y a las válvulas, hacia el tabique
interventricular muscular. Hay una amplia variedad de trastornos de la conducción, desde
el síndrome de Wolff-Parkinson-White a distintos grados de bloqueo aurículoventricular.
Estas alteraciones pueden ser intermitentes, asintomáticas, y pueden desaparecer
espontáneamente. Se especula que aunque la fibrosis contribuya a las lesiones del sistema
de conducción, los infiltrados inflamatorios también participan en la fisiopatología de
estos trastornos. En pacientes con bloqueo auriculoventricular completo se debe
administrar tratamiento antiinflamatorio agresivo, para valorar la participación del
proceso inflamatorio y ver si la alteración de la conducción desaparece antes de
implantar un marcapasos definitivo.
Los trastornos de la conducción pueden asociarse con el antígeno
de histocompatibilidad HLA B27. La incidencia de varones sin espondilitis, que son HLA B27
positivos y portadores de marcapasos, es más alta que en los varones que no tienen este
antígeno, lo que sugiere una prevalencia aumentada de bloqueo cardíaco, asociado al
antígeno HLA B27. Los pacientes con enfermedad cardíaca que son HLA B27 positivos y que
no presentan evidencias de espondilitis tienen afectación aórtica idéntica desde el
punto de vista anatomopatológico al de pacientes con espondilitis anquilosante.
Otras alteraciones. Miocardiopatía: es inespecífica. En un estudio ecocardiográfico,
el 53 por ciento de los pacientes con espondilitis anquilosante que estaban asintomáticos
desde el punto de vista cardiológico, tenían alteraciones del ventrículo izquierdo. La
disfunción del ventrículo izquierdo puede deberse a un exceso de tejido conectivo en el
miocardio que produce fibrosis, a infiltración linfocitaria perivascular y aumento del
parénquima. Menos del 1 por ciento de los pacientes presentan disfunción ventricular
significativa.
En necropsias de pacientes con espondilitis, se objetiva
obliteración fibrosa crónica de la cavidad pericárdica, aunque la pericarditis no es
una manifestación clínica frecuente de la enfermedad. Se han descrito roces
pericárdicos y dolor torácico durante los episodios tóxicos agudos y más graves, en
los cuales se observa poliartritis activa en asociación con las fases posiblemente
iniciales de la enfermedad.
Los pacientes con espondilitis anquilosante también pueden cursar
con cor pulmonale o síndrome del arco aórtico, pero estas alteraciones se presentan con
muy poca frecuencia.
Manifestaciones clínicas. En muchos pacientes hay pruebas de carditis activa antes de que
aparezca la insuficiencia aórtica. Se describen con frecuencia dolor precordial, roces
pericárdicos, taquicardia, cardiomegalia no explicada por hipertensión u otras formas
identificables de cardiopatía. También se objetivan con frecuencia intervalos PR mayores
de 0.240 ms, por lo general cuando los pacientes sufren brotes de artritis periférica
activa, espondilitis con fiebre y aumento de la velocidad de sedimentación eritrocitaria,
o la combinación de las alteraciones anteriores. La miocardiopatía puede preceder a la
alteración valvular. La elevada morbilidad y mortalidad de estas enfermedades se debe a
anomalías miocárdicas cuando no hay valvulopatía.
La insuficiencia aórtica excepcionalmente puede ser la primera
manifestación de la enfermedad. La insuficiencia aórtica puede ser progresiva y requerir
tratamiento quirúrgico de reemplazo valvular. Una complicación poco frecuente es la
endocarditis infecciosa subaguda sobre la válvula aórtica lesionada.
En pacientes con bloqueos AV avanzados, el tratamiento de elección
es la implantación de marcapasos.
Síndrome de Reiter
Forma parte del grupo de trastorno denominados
artritis reactivas, que se caracterizan por la aparición de artritis no purulenta aguda
que aparece como complicación de una infección en alguna otra parte del organismo. Se
trata fundamentalmente de un grupo de espondiloartropatías secundarias a infecciones
entéricas o urogenitales, que aparecen de manera predominante en pacientes con el
antígeno de histocompatibilidad HLA B27. El síndrome de Reiter es una artritis reactiva
que oscila desde casos con monoartritis aislada y transitoria hasta casos de afectación
multisistémica grave. Sus síntomas cardinales son la poliartritis, la conjuntivitis y la
uretritis no gonocócica, que suelen aparecer en la mayoría de los casos después de una
a cuatro semanas tras un proceso infeccioso, habitualmente entérico o urogenital.
Las manifestaciones cardiológicas son equiparables a las de los
pacientes con espondilitis anquilosante. La patología aórtica es similar, y aunque no es
frecuente, puede aparecer aortitis con dilatación aórtica, que produce insuficiencia
aórtica. Se han descrito casos de insuficiencia aórtica fulminante que requirieron
sustitución valvular aórtica. Raramente puede aparecer angina por estrechamiento de los
ostia coronarios, como consecuencia de la aortitis.
Se pueden objetivar diversos grados de bloqueo cardíaco, incluyendo
bloqueo auriculoventricular completo, que es frecuente en el síndrome de Reiter y puede
ser una manifestación temprana de la enfermedad. El 25 por ciento de los pacientes con
síndrome de Reiter desarrollan alteraciones del sistema de conducción.
Es frecuente la afectación cardíaca en los estadios agudos de la
enfermedad y habitualmente consta de pericarditis aguda, soplos sistólicos apicales,
ritmo de galope y anomalías de la conducción, en particular bloqueo AV. Estas
alteraciones por lo general desaparecen con rapidez y no suelen dejar secuelas.
Puede aparecer pericarditis, con mayor frecuencia que en los
pacientes con espondilitis anquilosante.
Artritis psoriásica
Es una artritis inflamatoria que aparece en
los pacientes con psoriasis. El 0.5 al 40 por ciento de los individuos con psoriasis
tienen alguna forma de artritis (el 5 al 7 por ciento tienen artritis psoriásica). Tienen
psoriasis el 2.6 al 7 por ciento de los pacientes con artritis. Se conocen tres tipos
principales de artritis psoriásica: El 47 por ciento tienen una artritis inflamatoria
asimétrica más frecuente en articulaciones interfalángicas proximales y distales. La
psoriasis suele preceder a la artritis durante muchos años. Esta enfermedad aparece con
la misma frecuencia en varones que en mujeres. El 25 por ciento desarrollan una artritis
simétrica afectándose las articulaciones interfalángicas, metacarpofalángicas,
metatarsofalángicas y las grandes articulaciones periféricas. La psoriasis y la artritis
suelen aparecer simultáneamente. Este tipo es dos veces más frecuente en mujeres. La
cuarta parte tienen factor reumatoide positivo. El 23 por ciento tiene espondilitis con o
sin afectación de las articulaciones periféricas. La psoriasis suele preceder a la
artritis durante varios años y es dos veces más frecuente en hombres.
Se ha descrito la aparición de aortitis aislada que ocasiona
insuficiencia aórtica potencialmente subsidiaria de tratamiento quirúrgico de reemplazo
valvular, sin embargo es una complicación excepcionalmente rara.
Se ha descrito también cierto aumento de la incidencia de prolapso
valvular mitral en pacientes con artritis psoriásica.
Artritis reumatoide
Es una enfermedad crónica multisistémica de
causa desconocida. Pese a que presenta una variedad de manifestaciones sistémicas, la
característica destacada es la sinovitis persistente, que normalmente afecta a las
articulaciones periféricas con una distribución simétrica. Es la enfermedad reumática
sistémica más frecuente, afectando al 1 por ciento de la población.
El corazón se halla frecuentemente afectado en el proceso
inflamatorio de la artritis reumatoide, aunque su función rara vez se altera por las
lesiones producidas. La lesión patológica más característica de la artritis
reumatoide, el granuloma nodular, afecta al miocardio, endocardio y válvulas cardíacas.
La extensión de esta alteración es proporcional a la gravedad de la enfermedad, y casi
siempre se asocia con nódulos reumatoides diseminados por el tejido subcutáneo y otras
localizaciones. Estos granulomas rara vez modifican la función del miocardio, ni de las
válvulas cardíacas a menos que sean grandes y en número suficiente como para
distorsionarlas. La arteritis diseminada afecta a vasos de pequeño calibre, causa
infiltración por células redondas, edema, fibrosis y proliferación de la capa íntima.
Esta afectación de los vasos pericárdicos suele ser extensa cuando es expresión de una
forma sistémica intensa de artritis reumatoide. La enfermedad se inicia en el pericardio
antes de que se alteren las articulaciones. A menudo se observa arteritis coronaria en
necropsias de pacientes con artritis reumatoide grave, pero rara vez provoca isquemia
miocárdica clínicamente evidente.
Las manifestaciones cardiológicas de la artritis reumatoide
incluyen: Pericarditis, valvulopatía, arteritis coronaria, miocarditis, alteraciones del
sistema de conducción, enfermedad del arco aórtico e hipertensión pulmonar.
Pericarditis
Es la lesión cardíaca más frecuentemente
observada. Aparece en el 11 al 50 por ciento de los pacientes. El diagnóstico clínico de
pericarditis se hace en el 2 por ciento de casos de artritis reumatoide del adulto y en el
6 por ciento de casos de artritis reumatoide juvenil. Estudios exhaustivos de las formas
más graves de la enfermedad que requieren hospitalización, muestran datos de
pericarditis hasta el 10 por ciento de los pacientes durante toda la evolución de la
enfermedad. El tipo exudativo de la inflamación reumatoide afecta a las superficies
pericárdicas y provoca pericarditis fibrinosa poco intensa y subclínica. La inflamación
pericárdica se hace sintomática y clínicamente significativa en la forma más grave, se
presenta sin relación con la duración de la artritis reumatoide, incluso puede ser la
manifestación inicial de una forma grave de la artritis reumatoide. Se presenta con más
frecuencia en hombres en la edad media de la vida, en los cuales la artritis tuvo un
inicio agudo.
La fisiopatología de la pericarditis fibrinosa no está clara,
aunque en los casos graves el líquido pericárdico, al igual que el sinovial muestra
disminución de los valores de C3 y de la capacidad hemolítica del complemento. Se puede
demostrar infiltración del pericardio por células plasmáticas, y depósitos de IgG,
IgM, IgA ,o C3 en los vasos pericárdicos. También se objetivan niveles de glucosa muy
bajos, como también se aprecia en otros líquidos reumatoides, como el sinovial y el
pleural. Casi la mitad de los enfermos con pericarditis reumatoide tiene también lesiones
reumatoides pleurales y pulmonares. En los pacientes con pericarditis clínicamente
evidente, el síntoma fundamental es el dolor torácico aunque puede estar oculto por
dolores torácicos artríticos o enmascarado por agentes antirreumáticos, o ser
confundido con dolor artrítico de las articulaciones vecinas. Pueden presentar también
edemas periféricos y ortopnea.
El electrocardiograma frecuentemente no es diagnóstico, y puede ser
normal o presentar bloqueo AV de primer grado (lo más frecuente). La radiografía de
tórax normalmente evidencia cardiomegalia y/o derrame pleural. El diagnóstico se suele
confirmar mediante ecocardiografía que muestra derrame pericárdico en más del 30 por
ciento de los pacientes. En los pacientes que tiene nódulos subcutáneos se objetiva
derrame hasta en el 50 por ciento de los casos.
La evolución clínica es frecuentemente benigna, y los síntomas y
signos responden a dosis moderadas de prednisona, sin embargo en ocasiones, la enfermedad
puede ser más prolongada y grave, y puede ocasionar hemopericardio, taponamiento
cardíaco y pericarditis constrictiva. La diferenciación entre pericarditis constrictiva
y taponamiento cardíaco puede ser complicada en pacientes con artritis reumatoide. La
pericarditis constrictiva es más frecuente que el taponamiento cardíaco. La prevalencia
de pericarditis constrictiva en la artritis reumatoide es menor del 1 por ciento. El
diagnóstico se hace generalmente por ecocardiografía, pero puede ser necesario el
cateterismo cardíaco. Cuando se diagnostica pericarditis constrictiva, el tratamiento es
quirúrgico, el tratamiento con esteroides o con fármacos modificadores de la enfermedad
de base no esta indicado. Aunque se han descrito algunos casos graves, incluso mortales
debido a pancarditis, la pericarditis reumática, incluso grave, respeta la función
miocárdica y endocárdica.
El tratamiento de la pericarditis es el mismo que el de la
enfermedad artrítica. La pericarditis generalmente se resuelve con el tratamiento
agresivo de la enfermedad de base. Por lo tanto el tratamiento incluye antiinflamatorios
no esteroideos, corticosteroides, y agentes modificadores de la enfermedad como sales de
oro o metotrexate. La dosis diaria de corticosteroides necesaria para tratar una serositis
(pericarditis, pleuritis) normalmente es menor de 0.5 mg/kg de prednisona pero en
situaciones en las que pueda haber compromiso vital se debe iniciar tratamiento con dosis
altas (1 a 2 mg/kg de prednisona).
Alteraciones del
miocardio
La miocarditis de la artritis reumatoide es
normalmente inespecífica y subclínica, y aparece en el 20 por ciento de los pacientes,
con muy poca frecuencia ocasiona disfunción miocárdica significativa. Las lesiones
histológicas suelen ser infiltraciones locales o generalizadas de linfocitos, células
plasmáticas, histiocitos en empalizada y fibroblastos. En casos raros, habitualmente
asociados a artritis reumatoide muy grave, se produce una miocarditis con granulomas
diseminados. En pacientes con vasculitis de pequeños y grandes vasos, se ha observado
miocarditis e insuficiencia cardíaca congestiva. La incidencia de miocarditis en
necropsias de pacientes que fallecen como consecuencia de un brote agudo de la enfermedad,
es del 19 por ciento. Casi todos estos casos se asocian con artritis grave, vasculitis y
endocarditis o pericarditis.
Con poca frecuencia un depósito amiloide contribuye a la
disfunción miocárdica.
También puede objetivarse disfunción miocárdica inducida por
drogas utilizadas en el tratamiento de la artritis reumatoide, como la cloroquina e
hidroxicloroquina.
Arteriopatía coronaria
Se observa arteritis coronaria en el 20 por
ciento de las necropsias de pacientes con artritis reumatoide. Esta arteritis es una
manifestación de vasculitis generalizada, pero la afectación suele limitarse a las
pequeñas arterias intramiocárdicas. Ha sido descrita intensa infiltración mononuclear
en la arteria descendente anterior en un paciente con pancarditis y en otro paciente la
biopsia endomiocárdica reveló depósitos de IgM en los vasos sanguíneos de pequeño
tamaño que traducían arteritis de los mismos. La inflamación con edema de la capa
íntima de la arteria causa estrechamiento grave u oclusión de la luz, hasta necrosis, y
angina o infarto. Sin embargo, es rara la necrosis miocárdica asociada a esta forma de
arteritis. Aunque esta manifestación es infrecuente, si se confirma el diagnóstico de
arteritis coronaria se recomienda realizar un tratamiento agresivo con corticosteroides
y/o agentes inmunosupre-sores.
La vasculitis reumatoide de las arterias pulmonares causa
hipertensión pulmonar grave e insuficiencia cardíaca derecha.
Lesiones valvulares y
endocárdicas
Igual que en la miocarditis, las válvulas y
áreas endocárdicas adyacentes de enfermos con artritis reumatoide muestran inflamación
inespecífica no granulomatosa, con cambios fibróticos y escleróticos, que producen
engrosamiento de las valvas, así como infiltración de histiocitos, células
plasmáticas, linfocitos y unos cuantos eosinófilos. Sin embargo, las lesiones más
características son granulomas histológicamente semejantes a los nódulos reumatoides
que afectan a las valvas y al anillo valvular. En necropsias, la prevalencia de granulomas
que afectan a las válvulas cardíacas es del 3 al 5 por ciento. Estos granulomas no
interfieren la función valvular, a menos que sean tan grandes como para provocar
insuficiencia valvular franca al destruir la base de la válvula y sus valvas. Esta
insuficiencia puede ser desde el principio tan importante y rápida como para causar
insuficiencia cardíaca aguda grave y muerte, a menos que realice sustitución valvular a
tiempo. Se pueden afectar todas las válvulas, aunque por orden descendente de frecuencia
se suelen afectar la válvula mitral, aórtica, tricúspide y pulmonar, igual que en la
fiebre reumática. El proceso parece comenzar en el centro de la superficie de la valva
respetando las zonas periféricas, a diferencia de la afectación valvular secundaria a
fiebre reumática, que afecta a la totalidad de la valva. En estudios ecocardiográficos
realizados a pacientes con artritis reumatoide, el 13 por ciento presentaba alteraciones
de la válvula mitral incluyendo prolapso mitral y calcificación del anillo mitral. Se ha
observado disminución significativa del movimiento de la válvula mitral que se relaciona
con la duración de la enfermedad y con la extensión de la formación de nódulos
subcutáneos. Sin embargo en determinados casos, las alteraciones histológicas
predominantes son deformidad valvular mitral y aórtica, por nódulos reumatoideos, que
origina insuficiencia importante. Excepcionalmente, aunque también se pueden observar
lesiones estenóticas valvulares.
A pesar de que la insuficiencia valvular hemodinámicamente
significativa es rara, se han descrito muchos casos de insuficiencia aórtica progresiva.
En pocos casos se puede requerir reemplazo mitral y/o aórtico.
Alteraciones del sistema
de conducción
En el 10 por ciento de los pacientes se pueden
encontrar distintos grados de bloqueos cardíacos. El más frecuente es el bloqueo
auriculoventricular de primer grado, pero también se han descrito bloqueos fasciculares y
arritmias auriculares. El bloqueo auriculoventricular completo es poco frecuente. Las
alteraciones del sistema de conducción se producen normalmente por nódulos reumatoides
que afectan al sistema de conducción pero también pueden ser consecuencia de la
extensión de la inflamación desde la válvula aórtica o la mitral, por hemorragia desde
el interior de un nódulo reumatoide o por infiltración amiloide. Puede ser necesaria la
implantación de un marcapasos.
Aortitis
La incidencia de aortitis en la artritis
reumatoide parece más alta de lo que se creía previamente. Se encontró en el 5 por
ciento de estudios necrópsicos de una serie de 188 pacientes con artritis reumatoide. En
algunos de esos casos se objetivó afectación de la íntima por aortitis, y los demás
tenían un infiltrado de linfocitos y células plasmáticas localizado en la media y la
adventicia. La zona más afectada era la aorta torácica, aunque en algunos casos se
apreció afectación de la aorta torácica y abdominal. En tres de los casos se objetivó
la formación de aneurismas, y uno de los pacientes había muerto por rotura de aneurisma
aórtico.
Manifestaciones
cardíacas poco frecuentes
Una complicación poco frecuente de la
artritis reumatoide es la hipertensión pulmonar secundaria a vasculitis pulmonar.
También puede aparecer fibrosis pulmonar probablemente en relación también con la
presencia de vasculitis pulmonar.
Artritis reumatoide juvenil
(Enfermedad de Still)
Este síndrome constituye una de las
enfermedades crónicas más frecuentes de la infancia, generalmente se inicia antes de los
16 años, aunque hay casos que debutan posteriormente a esta edad. Es un cuadro de
sinovitis crónica. Se distinguen cuatro subgrupos de esta enfermedad: Artritis reumatoide
juvenil de comienzo sistémico, forma poliarticular seronegativa, forma poliarticular
seropositiva y forma pauciarticular. Especialmente característica es la afectación de
las superficies serosas, lo que provoca pericarditis y pleuritis, así como artritis y
erupción cutánea característica. La pericarditis se diagnostica clínicamente en el 7
por ciento de los niños con artritis crónica juvenil, aunque los estudios necrópsicos
muestran una incidencia mucho más elevada, igual que ocurre en la artritis reumatoide. Se
han descrito casos de taponamiento cardíaco en niños y adultos con esta enfermedad, pero
es muy raro. La miocarditis es menos frecuente que la pericarditis, pero provoca
miocardiopatía dilatada e insuficiencia cardíaca, especialmente en la enfermedad de
Still del adulto. La cardiopatía valvular es rara, aunque se ha descrito un caso de
insuficiencia aórtica grave en un adulto joven, que requirió reemplazo valvular. El
tratamiento agresivo de la enfermedad de base con corticosteroides y fármacos
modificadores de la enfermedad debe combatir las alteraciones cardiológicas
acompañantes.
Síndrome de Sjörgren
Es un trastorno inmunitario caracterizado por
la destrucción progresiva de las glándulas exocrinas, lo que produce sequedad mucosa y
conjuntival (síndrome seco) acompañada de diferentes fenómenos autoinmunitarios. Puede
aparecer de forma aislada (síndrome de Sjögren primario) constituyendo una
exocrinopatía autoinmune generalizada, o en asociación con otras enfermedades
autoinmunes (síndrome de Sjögren secundario), habitualmente la artritis reumatoide, y
con menos frecuencia el lupus eritematoso sistémico, la esclerodermia, la polimiositis y
la panarteritis nodosa. Algunos autores han clasificado esta enfermedad en dos subtipos:
Glandular, cuando las únicas manifestaciones clínicas se refieren al sistema exocrino, y
extraglandular cuando también se afectan otros tejidos.
La incidencia de afectación miocárdica y pericárdica es baja. El
síndrome de Sjögren primario puede cursar con endocarditis verrucosa similar a la que se
observa en la esclerodermia. También se pueden desarrollar defectos de conducción, y
pueden acontecer bloqueos cardíacos en niños nacidos de madres con síndrome de Sjögren
primario que tienen anticuerpos anti-Ro.
Lupus eritematoso sistémico
Es una enfermedad de causa desconocida, en la
cual se produce daño tisular y celular por anticuerpos patogénicos contra elementos
nucleares y por inmunocomplejos. El 90 por ciento de los casos se presentan en mujeres,
habitualmente durante la adolescencia, pero también puede afectar a hombres, niños y
ancianos.
La lesión anatomopatológica básica del lupus eritematoso
sistémico es una microvasculitis diseminada, por ello en las necropsias, el corazón casi
siempre está afectado. Sin embargo, las manifestaciones clínicas están ocultas por los
síntomas y signos relacionados con la afectación de otros órganos y sólo se repara en
el corazón cuando las lesiones de pericarditis, miocarditis y endocarditis son graves. No
obstante cuando se realizan estudios ecocardiográficos, pueden encontrarse datos de
afectación cardíaca hasta en el 50-60 por ciento de los casos. Las manifestaciones
cardíacas de lupus eritematoso sistémico son variadas. La incidencia de coronariopatía
ha variado desde a era pre-esteroides a la post-esteroides, con una aceleración marcada
de ateroesclerosis coronaria actualmente. Aunque las lesiones cardíacas son
presumiblemente debidas a depósitos de inmunocomplejos en la pared de los vasos
sanguíneos, pericardio y miocardio, recientes estudios han buscado definir la asociación
entre lupus eritematoso y anticuerpos antifosfolípidos.
Pericarditis
Es la lesión cardíaca más frecuente en el
lupus eritematoso sistémico. Aparece en más del 30 por ciento de pacientes con
enfermedad activa. Se encuentra en el 66 al 75 por ciento de las necropsias. La
pericarditis, que a menudo se detecta en pacientes con lupus por medio de la
ecocardiografía tiende a ser episódica al igual que la artritis, y curar en remisiones
más que volverse crónica y esclerosante. Solo el 33 por ciento de los pacientes con
pericarditis tiene síntomas y signos de este trastorno. Puede haber dolor pericárdico
típico, roce pericárdico y taquicardia. Aunque a menudo, cuando no hay síntomas se
pueden detectar roces, cambios electrocardiográficos característicos con elevación
difusa del segmento ST, o crecimiento de la silueta cardíaca en la radiografía de tórax
por derrame pericárdico. Los pacientes sintomáticos normalmente tienen derrame
pericárdico. Los derrames son voluminosos y en ocasiones causan taponamiento. El
taponamiento cardíaco es raro (menos del 1 por ciento), y habitualmente se acompaña de
hipocomplementemia y/o títulos altos de anticuerpos antinucleares y antiDNA. El líquido
pericárdico puede ser claro o sanguinolento, con elevada cantidad de proteínas
(exudado), suele ser hipocomplementémico. Desde el punto de vista histopatológico, el
pericardio presenta degeneración fibrinoide, edema y necrosis del tejido conectivo,
cuando el proceso es agudo, también puede objetivarse vasculitis franca. La inflamación
pericárdica aguda se extiende hacia los nodos sinoauricular y auriculoventricular, con
destrucción de las fibras de conducción. Cuando está en fase de curación o crónica,
se hallan varios estadios de fibrosis con formación de adherencias. No obstante, la
pericarditis constrictiva es rara. El lupus eritematoso inducido por drogas
(p.ej.,procainamida), también causa pericarditis. Se ha descrito la aparición de
taponamiento cardíaco y pericarditis constrictiva, aunque este último trastorno es poco
frecuente, al igual que en el lupus sistémico.
Se debe sospechar y buscar siempre datos de pericarditis en todos
los pacientes con lupus eritematoso sistémico, incluso en aquellos asintomáticos.
Miocarditis
Es frecuente en forma subclínica, manifestada
como disfunción ventricular izquierda en la ecocardiografía (la incidencia de
miocarditis en necropsias se aproxima al 40 por ciento). El diagnóstico clínico de
miocarditis se realiza en más del 10 por ciento de los pacientes. Su gravedad es
proporcional a la del proceso patológico sistémico. Se encuentran depósitos inmunes en
los vasos miocárdicos. Las lesiones observadas son la necrosis fibrinoide que afecta a
tejidos intersticiales y vasos sanguíneos, y sólo rara vez a las miofibrillas
cardíacas. Se objetiva arteriopatía en vasos de pequeño calibre (0.1 a 1.0 mm de
diámetro), con arteritis segmentaria y periarteritis, con oclusiones de la luz arterial,
y pequeñas áreas de fibrosis en posición distal a la oclusión. En varios pacientes con
miocarditis clínicamente evidente, se ha detectado la presencia de anticuerpos
antinucleares contra ribonucleoproteína (¿asociación entre miocarditis y anti-RNA?).
La miocarditis clínicamente evidente, parecida a la de la fiebre
reumática que provoca taquicardia, signo de galope y dilatación cardíaca es una
manifestación de casos muy graves de lupus eritematoso sistémico con fiebre elevada y
otras manifestaciones multisistémicas de vasculitis aguda. La insuficiencia cardíaca
congestiva evidente es rara, excepto cuando se asocia a hipertensión secundaria a
nefropatía.
Endocarditis
Es la lesión cardíaca más característica
del lupus eritematoso sistémico. Se trata de las lesiones valvulares verrucosas de
Libman-Sacks. La endocarditis de Libman-Saks se encuentra en más del 50 por ciento de las
autopsias, pero las manifestaciones clínicas son poco frecuentes. Son lesiones
verrucoides, de tamaño variable entre la cabeza de un alfiler hasta 3-4 mm, que pueden
aparecer en la superficie valvular o en el endocardio mural. Las lesiones son escasas o
están agrupadas, y están formadas por tejido valvular degenerativo, que al parecer se
extiende más allá del endotelio y se acompaña de cierto grado de fibrosis de la valva
subyacente. Las lesiones contienen masas basófilas granulares de restos celulares, los
característicos "cuerpos de hematoxilina"; están compuestos por fragmentos
basófilos en el citoplasma de las células. Se pueden encontrar en cualquier zona de la
superficie endocárdica, pero son más comunes en los ángulos de las válvulas
auriculoventriculares. Se puede afectar cualquier válvula, pero la localización más
frecuente es la valva posterior mitral. También se extienden hacia las cuerdas tendinosas
o músculos papilares. A veces se observa afectación valvular generalizada, con cambios
inflamatorios y fibrosos. La afectación de la válvula aórtica es rara.
A pesar de la frecuencia y extensión de las lesiones endocárdicas,
éstas no afectan profundamente a la función de las válvulas y, a diferencia de la
fiebre reumática, no provocan insuficiencia grave durante la fase aguda de la enfermedad.
Las lesiones clínicas más frecuentes son la insuficiencia mitral y aórtica. También
han sido descritas estenosis mitral, aórtica y tricúspide. A pesar de la apariencia de
fragilidad de las lesiones verrucosas, rara vez embolizan al cerebro o a las arterias
coronarias. Se ha mostrado la naturaleza subclínica de las lesiones valvulares por medio
de estudios clínicos y ecocardiográficos retrospectivos. La frecuencia de afectación
valvular se sitúa en el 18 por ciento cuando se diagnostica con ecocardiografía
transtorácica y aumenta hasta el 74 por ciento usando ecocardiografía transesofágica.
Durante la evolución de la enfermedad se pueden objetivar soplos
sistólico y diastólico en el área mitral y con menor frecuencia en el área aórtica.
Se presentan durante las exacerbaciones agudas de la enfermedad y se deben posiblemente a
la endocarditis de Libman-Sacks, aunque no siempre se confirma en la necropsia la
presencia de estas lesiones y por eso se han considerado otros factores como anemia,
taquicardia fiebre, miocarditis, disfunción transitoria de los músculos papilares y
ruidos adventicios de la pleuropericarditis. Es rara la insuficiencia valvular permanente
y hemodinámicamente significativa. Las lesiones endocárdicas, solo en raras ocasiones
causan cicatrización y deformidad notables durante la curación, lo cual requiere
reemplazo valvular. Los pacientes que presentan engrosamiento y disfunción valvular más
que las lesiones verrucosas clásicas, tienen mayor compromiso hemodinámico e incidencia
más alta de anticuerpos antifosfolípido. Las lesiones endocárdicas que acompañan al
lupus sistémico predisponen a la endocarditis bacteriana.
El patrón y la evolución de los pacientes con endocarditis
secundaria a lupus sistémico, parecen estar cambiando desde el advenimiento del
tratamiento con esteroides, el reemplazo valvular y el aumento de la longevidad de estos
pacientes.
Enfermedad arterial coronaria
En la era pre-esteroides, la arteriopatía
coronaria y el infarto de miocardio eran muy raros. En la era post-esteroides se pueden
encontrar placas de aterosclerosis en alrededor del 40 por ciento de pacientes tratados
durante más de un año. La aterogénesis puede estar aumentada por la hipertensión,
hiperlipemia, y por la prolongación de la supervivencia, todo ello posiblemente
relacionado con el uso de corticosteroides.
La afectación coronaria puede deberse también a arteritis activa.
Otras causas de lesión incluyen el espasmo coronario, y el estado de hipercoagulabilidad
secundario a los anticuerpos antifosfolípidos. Se han descrito casos raros de infarto de
miocardio, debido probablemente a arteritis de los vasos coronarios más grandes.
El tratamiento de los pacientes con coronariopatía y lupus debe ir
encaminado al control de la dosis de corticoides en la medida de lo posible, y al control
de la hipercolesterolemia, hipertensión, obesidad y otros factores de riesgo coronario.
Alteraciones del sistema de
conducción
Los bloqueos cardíacos de cualquier grado son
relativamente infrecuentes. Arritmias auriculares y ocasionalmente ventriculares pueden
aparecer en caso de miocarditis, coronariopatía o pericarditis. En las necropsias se
encuentra afección del nódulo auriculoventricular y del sinoauricular, los distintos
grados de bloqueo auriculoventricular se asocian con miocarditis y anticuerpos circulantes
contra la ribonucleoproteína. Las arritmias también son bastante raras y comprenden
flutter auricular y fibrilación auricular con grados diversos de bloqueo
auriculoventricular.
El lupus neonatal puede manifestarse con el desarrollo de bloqueo
cardíaco completo congénito, en un síndrome lupus-like con pericarditis, que aparece en
recién nacidos, hijos de madres con lupus eritematoso sistémico activo. Esto indica la
trasferencia trasplacentaria de anticuerpos anómalos o de complejos inmunitario
pequeños. Se produce por inflamación miocárdica y fibrosis del sistema de conducción.
Los anticuerpos maternos que dañan al feto parecen ser del sistema anti-Ro y anti-La. El
tratamiento debe consistir en administrar a la madre corticosteroides y/o gammaglobulina,
y la implantación de un marcapasos provisional o definitivo al neonato. Aunque el riesgo
de desarrollo de bloqueo auriculoventricular completo en nacidos de madres anti-Ro
positivas es muy bajo, las embarazadas de riesgo deben ser monitorizadas estrechamente
mediante el uso de ultrasonidos fetales para detectar bloqueo completo (bradicardia fetal)
o miocarditis como una complicación posible del lupus, antes del parto.
Otras alteraciones
Puede producirse hipertensión pulmonar en
más del 5 por ciento de los pacientes, puede ser el resultado de vasoespasmo y/o
vasculitis, y puede ocasionar cor pulmonale.
Tratamiento
Para controlar los casos de afectación
cardíaca grave, es necesario administrar corticosteroides. Es importante el control de la
hipertensión en el tratamiento y prevención de la insuficiencia cardíaca congestiva. No
existen evidencias de que el tratamiento con corticosteroides evite los casos raros de
pericarditis constrictiva o la deformidad valvular. Los corticoides no juegan ningún
papel en el tratamiento de la enfermedad valvular per se, de hecho pueden exacerbar las
lesiones. El tratamiento inmunosupresor se reserva para las formas más graves,
resistentes a esteroides, en especial cuando hay afectación renal. La muerte por
enfermedad cardíaca es rara, por lo que las manifestaciones cardíacas, en general no
determinan la selección del tratamiento.
Síndrome de anticuerpos
antifosfolípido
Entre los anticuerpos que se pueden detectar
en pacientes con lupus eritematoso sistémico, hay diversos anticuerpos antifosfolípido,
que incluyen el anticoagulante lúpico, anticuerpos que positivizan la prueba de VDRL, y
anticuerpos antifosfolípido más específicos como el anticuerpo anticardiolipina. Los
valores elevados de estos anticuerpos antifosfolípido se asocian con un síndrome que
consta de trombosis venosa o trombosis arterial recurrentes, trombosis placentaria que
provoca aborto al final del primer trimestre, trombocitopenia, accidentes
cerebro-vasculares precoces, anomalías vasculares cutáneas como livedo reticularis y
otras alteraciones cardíacas y neurológicas.
En algunas ocasiones este complejo clínico se manifiesta en
pacientes sin lupus.
Los pacientes con lupus eritematoso sistémico que tienen
anticuerpos antifosfolípido o anticoagulante lúpico, tienen aparentemente un riesgo
elevado de presentar alteraciones cardíacas, especialmente cardiopatía valvular,
predominando las regurgitaciones valvulares (en el lupus sistémico las lesiones tienden a
ser regurgitantes y estenóticas). Existe un riesgo elevado de complicaciones
cerebrovasculares embólicas. Aproximadamente el 5 por ciento de los pacientes con
síndrome de anticuerpos antifosfolípido pueden desarrollar infarto de miocardio,
especialmente en menores de 45 años. Otras manifestaciones cardíacas de este síndrome
incluyen hipertensión pulmonar y miocardiopatía con oclusiones de la microcirculación
por trombos blandos sin vasculitis. Está indicada la anticoagulación cuando se objetiva
hipertensión pulmonar, regurgitación valvular, o infarto de miocardio, recomendándose
mantener la relación internacional normalizada (INR) por encima de 3.0.
Esclerodermia (esclerosis sistémica)
Es una enfermedad multisistémica de causa
desconocida, es un trastorno insidioso, crónico y fibrosante que se caracteriza por
fibrosis de la piel, vasos sanguíneos, y vísceras, incluyendo el tracto
gastrointestinal, pulmones, corazón y riñones. El grado y rapidez de la afectación de
la piel y otros órganos, varía en cada paciente. Se pueden diferenciar dos subgrupos:
Uno está caracterizado por esclerodermia cutánea difusa, en el que se produce un
engrosamiento cutáneo simétrico de rápida evolución, en las extremidades (a nivel
proximal y distal), cara y tronco; estos pacientes tienen alto riesgo de desarrollar
afectación renal y de otros órganos viscerales en el curso de la enfermedad, de forma
precoz. El otro subgrupo es la esclerodermia cutánea limitada, caracterizada por
engrosamiento simétrico de la piel limitado a la zona distal de las extremidades y la
cara. Este subgrupo presenta con frecuencia manifestaciones de síndrome CREST
(calcinosis, fenómeno de Raynaud, alteración de la movilidad esofágica, esclerodactilia
y telangiectasias). El pronóstico en la esclerodermia cutánea limitada es mejor que en
el otro subgrupo, excepto para algunos pacientes que, después de muchos años,
desarrollan hipertensión pulmonar o cirrosis biliar primaria. La supervivencia está
determinada por la severidad de la afectación visceral, especialmente la afectación
cardíaca, pulmonar y renal.
La esclerodermia puede presentarse en formas localizadas limitadas a
la piel, tejido celular subcutáneo y músculo, sin afectación sistémica. Hay dos formas
de esclerodermia localizada, la morfea, que se caracteriza por una o múltiples placas de
induración de la piel y la esclerodermia lineal que afecta a la cara o a una extremidad.
La esclerodermia puede acontecer en asociación con manifestaciones
de otras conectivopatías. Esta condición clínica se denomina síndrome overlap
(solapamiento). Se ha propuesto el término de enfermedad del tejido conectivo
indeterminada, para designar a los pacientes que no cumplen criterios de ninguna otra
conectivopatía.
En contraste con las formas exudativas agudas de vasculitis
asociadas con lesiones necrotizantes, la esclerodermia parece ser una enfermedad que se
halla en el extremo opuesto de la escala inflamatoria, con cicatrización y fibrosis de
muy lenta evolución, debida a obliteración de vasos de pequeño calibre. La enfermedad
es aparentemente resultado de lesión o espasmo en arterias de pequeño calibre y de
obliteración gradual de capilares. Al principio de la evolución de las lesiones hay
infiltrados de células mononucleares alrededor de arterias de pequeño calibre y en el
intersticio. La membrana basal de los capilares se engruesa. La proliferación
fibroblástica y la hiperproducción de colágena da como resultado un proceso
inflamatorio poco intenso. El estrechamiento y obliteración de las arterias de pequeño
calibre causa disminución de la vascularización de la piel, músculo esquelético,
pulmón y corazón seguida de fibrosis. Las arterias interlobulares del riñón son
afectadas por proliferación intensa de la capa íntima, que causa insuficiencia renal
rápida, a menudo con hipertensión grave.
La afectación del corazón es una causa frecuente de muerte, y
ocupa el segundo lugar como factor pronóstico en cuanto a la supervivencia, después de
la afectación renal.
Los estudios anatomopatológicos muestran lesiones miocárdicas
primarias significativas, con un claro aumento de la fibrosis miocárdica. Puede
objetivarse vasoespasmo coronario grave. La patogenia de las lesiones cardíacas es
controvertida. Las alteraciones observadas son similares a las que se encuentran en
corazones sometidos a isquemia prolongada y reperfusión posterior; parece existir un
componente de déficit de perfusión miocárdica, y los agentes bloqueantes de los canales
del calcio pueden de alguna manera abolir esta alteración.
Afectación pericárdica
En estudios necrópsicos se ha encontrado
afectación pericárdica en más del 50 por ciento de los pacientes. Es frecuente la
pericarditis aguda y crónica, que suele ser asintomática, solo se presentan síntomas de
pericarditis en el 16 por ciento de los casos, pero esta incidencia aumenta hasta el 30
por ciento en pacientes con síndrome CREST o esclerodermia localizada. Suele tratarse de
una pericarditis fibrinosa, con adherencias pericárdicas y derrame pericárdico. El
líquido pericárdico tiene datos de exudado, pero carece de datos de autoanticuerpos,
complejos inmunes, o deficiencia de complemento, datos que se observan en la artritis
reumatoide o en el lupus eritematoso sistémico. En raras ocasiones se produce
taponamiento cardíaco y/o pericarditis constrictiva. El tratamiento de la pericarditis
aguda se realiza con antiinflamatorios no esteroideos, vigilando la función renal. los
pacientes excepcionalmente precisan pericardiocentesis o intervención quirúrgica.
Afectación miocárdica
La afectación cardíaca en la esclerodermia
suele caracterizarse por una enfermedad miocárdica, en la cual los vasos de pequeño
calibre del corazón se ven afectados por el proceso esclerosante. En los pacientes con
esclerodermia se objetiva mayor esclerosis de la íntima de las arterias coronarias que en
los controles, y esta alteración causa isquemia, infartos pequeños y fibrosis. Las
lesiones son parcheadas y están presentes en los dos ventrículos. Se encuentran lesiones
y fibrosis miocárdica en el 80 por ciento de los estudios necrópsicos de pacientes con
esclerodermia.
La combinación de insuficiencia vascular y fibrosis da origen a
miocardiopatía, con insuficiencia cardíaca congestiva y anomalías en el sistema de
conducción. Aunque la disfunción miocárdica es frecuente, sólo se objetiva
insuficiencia cardíaca congestiva en menos del 5 por ciento de los pacientes. En el 67
por ciento de los pacientes se pueden objetivar extrasístoles ventriculares, y en el 25
por ciento arritmias ventriculares más graves. Estas arritmias son más graves en
enfermos con alguna evidencia de enfermedad cardíaca y son un factor de riesgo
independiente de muerte. Se pueden detectar defectos de perfusión miocárdica en más del
75 por ciento de los casos, utilizando técnicas no invasivas. La miocardiopatía
restrictiva y la dilatada aparecen con muy poca frecuencia en niños y adultos con
esclerodermia. Puede aparecer miocarditis inflamatoria aunque es muy rara.
Alteraciones del sistema
de conducción
El electrocardiograma puede estar alterado en
el 50 por ciento de los pacientes con esclerodermia. Se han descrito una amplia variedad
de alteraciones electrocardiográficas que incluyen todos los grados de bloqueo cardíaco,
patrón de infarto septal, taquicardia ventricular y taquicardias supraventriculares. La
extensión de las alteraciones electrocardiográficas se relaciona con el grado de la
supuesta fibrosis miocárdica.
Otras manifestaciones
Se puede desarrollar cardiopatía hipertensiva
como resultado de la hipertensión grave por afectación renal. La afectación
endocárdica es rara, aunque se han informado engrosamiento inespecífico de las válvulas
mitral y aórtica que probablemente tiene escasa repercusión hemodinámica.
La hipertensión pulmonar es una causa principal de mortalidad y
morbilidad en pacientes con esclerodermia difusa y localizada.
Las manifestaciones clínicas principales de la esclerodermia son la
pericarditis y la insuficiencia cardíaca congestiva. Por regla general la cardiopatía
evidente no forma parte del cuadro clínico de la esclerodermia, hasta fases tardías de
la enfermedad, cuando la afectación cardíaca y la insuficiencia cardíaca resultante
indican un pronóstico desfavorable. Los hombres tienen tasa de supervivencia
significativamente peores que las mujeres. La pericarditis puede ser sintomática de
manera intermitente durante largos períodos. Puede haber dolor torácico que simula
cardiopatía isquémica y dolor torácico característico de pericarditis. Cuando hay
disnea de esfuerzo o de reposo, se debe distinguir la insuficiencia miocárdica primaria
de la insuficiencia cardíaca secundaria a hipertensión por nefropatía o a insuficiencia
respiratoria por fibrosis pulmonar. Los soplos cardíacos no se deben a deformidad
valvular, sino a dilatación cardíaca y a anemia o debilidad de los músculos papilares.
La radiografía de tórax suele poner de manifiesto crecimiento
cardíaco por derrame pericárdico, miocardiopatía o hipertensión. Los datos
electrocardiográficos también son inespecíficos.
Tratamiento
No difiere del tratamiento de la insuficiencia
cardíaca congestiva de otra etiología. Los corticoides no se utilizan en casos de
esclerodermia severa, por temor a que puedan potenciar crisis de insuficiencia renal, pero
en el contexto de una miocarditis demostrada, pueden salvar la vida del paciente. No hay
evidencia de que agentes inmunosupresores (metotrexate o azatioprina) o la D-penicilamina
puedan prevenir el daño cardíaco. El principal avance en el tratamiento de la
disfunción miocárdica de la esclerodermia, ha sido el control agresivo de la
hipertensión, especialmente con IECA, los calcioantagonistas han demostrado mejoría de
los defectos de perfusión.
Polimiositis-dermatomiosistis
Son enfermedades inflamatorias diseminadas de
causa desconocida, de probable etiología autoinmune, en las que el músculo esquelético
se ve dañado por un proceso inflamatorio no supurativo dominado por infiltración
linfocítica. Además del músculo estriado, se afectan otros tejidos, en especial la piel
y las articulaciones. El término polimiosistis se utiliza cuando la enfermedad no afecta
a la piel, y el término dermatomiositis cuando la polimiositis se asocia con lesiones
cutáneas características. Una tercera parte de los casos van asociados a otra
conectivopatía, ya sea artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, enfermedad
mixta del tejido conectivo o esclerodermia. Una décima parte de los casos se asocia a
neoplasias.
Las principales alteraciones del tejido muscular constan de
destrucción generalizada de fibras musculares con fagocitosis de las células destruidas.
Puede haber infiltrados locales de células inflamatorias como linfocitos, leucocitos
mononucleares, células plasmáticas y rara vez neutrófilos. Mediante microscopía
electrónica se han objetivado cambios significativos en el endotelio y la membrana basal
de capilares y arteriolas de pequeño calibre, muy parecidos a los descritos en
esclerodermia y lupus eritematoso sistémico.
Las lesiones cardíacas afectan predominantemente al sistema de
conducción, aunque también provocan miocardiopatía, insuficiencia cardíaca congestiva
secundaria a miocarditis aguda y/o fibrosis miocárdica residual. Otras manifestaciones
poco frecuentes incluyen vasculitis coronaria, pericarditis aguda y taponamiento
cardíaco. Las válvulas cardíacas y las arterias coronarias suelen estar respetadas
excepto en los síndromes de solapamiento.
La afectación cardíaca es frecuente en la polimiositis y está
asociada con peor pronóstico.
Alteración del sistema
de conducción
El nodo sinoauricular muestra fibrosis
intensa, edema y regeneración de colágena con reemplazo parcial o completo. La fibrosis
se extiende hacia el miocardio adyacente de la aurícula derecha. El nodo
auriculoventricular, el haz de His y sus dos ramas pueden estar afectadas e el proceso
degenerativo y fibrótico. Pueden encontrarse grados variables de bloqueo
auriculovenricular e intraventricular, y síndrome del seno enfermo. Se han descrito
taquiarritmias auriculares y ventriculares pero éstas alteraciones no suelen ser causa de
muerte.
Miocardiopatía
Puede afectarse el músculo cardíaco de forma
similar al esquelético, originando insuficiencia cardíaca congestiva, que sólo rara vez
causa la muerte. También puede producirse fallo cardíaco por enfermedad aterosclerótica
y/o por corticoides, por miocarditis o por enfermedad hipertensiva.
Las fibras del músculo cardíaco en aurículas y ventrículos son
desplazadas en áreas dispersas, por fibrosis y en algunos casos, el patrón de necrosis
miocárdica local y de inflamación (miocarditis), es el mismo que el que se observa en el
músculo esquelético. En pocas ocasiones se puede objetivar una vasculitis que afecta a
vasos pequeños.
Si se confirma la miocarditis, se recomienda tratamiento con
corticosteroides (prednisona a dosis de 1 a 5 mg/kg al día) durante al menos 6 a 8
semanas. Si no hay respuesta se puede añadir metotrexate. También se han utilizado otras
drogas como la azatioprina, ciclofosfamida y ciclosporina. Si la miocarditis es la
manifestación inicial, se debe realizar biopsia endomiocárdica, para aclarar el grado de
inflamación y fibrosis miocárdica, ya que si predomina la fibrosis, no se deben emplear
corticoides ni inmunosupresores para controlar las manifestaciones de la cardiopatía.
Otras alteraciones
cardíacas
Se puede detectar pericarditis y/o derrame
pericárdico por ecocardiografía, en el 25 por ciento de los pacientes. La pericarditis
se describe más a menudo desde el punto de vista clínico que histopatológico. La
incidencia de pericarditis es mayor en pacientes con síndrome overlap y en niños con
dermatomiositis. Se han descrito casos de asociación entre dermatomiositis y taponamiento
cardíaco y pericarditis constrictiva, aunque es muy poco frecuente. El tratamiento de la
pericarditis se realiza con antiinflamatorios no esteroideos y/o corticosteroides (a dosis
menor de 0.5 mg/kg/día).
Otras manifestaciones incluyen prolapso mitral, insuficiencia
cardíaca con aumento del gasto cardíaco de causa inexplicada, hipertensión pulmonar y
vasculitis sistémica. Ha sido descrito el bloqueo completo secundario a polimiositis
inducida por D-penicilamina. La muerte súbita no es rara, en especial en pacientes con
bloqueo cardíaco demostrado.
La afectación cardíaca es uno de los factores clínicos más
significativos, asociados a mal pronóstico, en la polimiositis.
Tratamiento
Los corticosteroides e inmunosupresores son
útiles en el tratamiento, aunque puede que no logren modificar la evolución de la
enfermedad, sí atenúan las complicaciones como la debilidad muscular, en particular de
los músculos respiratorios y de la deglución, lo que puede evitar la enfermedad pulmonar
(broncoaspiración) y muerte, al lograr mejoría de la fuerza muscular.
Si no hay neoplasias malignas las estadísticas de supervivencia son
favorables
Enfermedad mixta del tejido conectivo
La enfermedad mixta del tejido conectivo es un síndrome que
comprende manifestaciones clínicas del lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide,
esclerodermia, polimiositis y artritis reumatoide, con títulos muy elevados de
anticuerpos frente a un antígeno ribonucloproteico nuclear (RNP).
La afectación cardíaca es similar a la que aparece en la
esclerodermia. Estos pacientes desarrollan frecuentemente hipertensión pulmonar
significativa, como resultado de una vasculopatía pulmonar subyacente con proliferación
intimal marcada y estrechamiento de la luz de las pequeñas arteriolas pulmonares. Pueden
también aparecer pericarditis, con derrame pericárdico (a veces severo) y engrosamiento
del pericardio, pleuritis, miocarditis, e insuficiencia valvular, por lo general mitral.
Vasculitis sistémicas
Son procesos patológicos caracterizados por
inflamación y lesión (necrosis) de los vasos sanguíneos. La luz del vaso habitualmente
está comprometida, y esto produce isquemia en los tejidos irrigados por el vaso afectado.
Este proceso puede originar un amplio y heterogéneo grupo de síndromes, ya que se pueden
afectar vasos de cualquier tipo, tamaño y localización. La vasculitis puede ser la
principal o la única manifestación de la enfermedad, o puede ser un componente
secundario de otra enfermedad primaria. La vasculitis puede afectar solamente a un
órgano, como la piel, o afectar simultáneamente a varios órganos y sistemas.
Poliarteritis nodosa
Es una vasculitis necrotizante
multisistémica. Se puede presentar a cualquier edad. Provoca fiebre y afectación
multisistémica, y persiste durante meses o años. La inflamación necrosante afecta a
varias arterias musculares, las venas adyacentes y ocasionalmente las arteriolas y
vénulas (aunque no los capilares). La alteración afecta a segmentos de vasos, a veces
únicamente en parte de la circunferencia, en especial en la bifurcación de arterias. Se
pueden formar y romper pequeños aneurismas. En el estadio agudo de la inflamación, las
lesiones contienen leucocitos polimorfonucleares, mientras que en las lesiones crónicas
son evidentes la inflamación de células mononucleares y la curación parcial. Sin
embargo ambas fases están presentes de modo simultaneo, lo cual indica agresiones
repetidas o continuas. Las lesiones habitualmente se localizan en las arterias coronarias,
los vasos de los riñones, músculos y vasa nervorum. Es característica la afectación
renal y de arterias viscerales. La poliarteritis nodosa clásica no afecta a las arterias
pulmonares, aunque sí se pueden alterar los vasos bronquiales. No forman parte del
síndrome clásico, los granulomas, la eosinofilia importante, ni la diátesis alérgica.
La incidencia de afectación cardíaca no es bien conocida. En un
estudio clínico-patológico de poliarteritis nodosa, el 50 por ciento de los pacientes
tenían evidencias de arteritis coronaria activa o cicatricial. En este grupo, solamente
el 19 por ciento de los pacientes tenían evidencia de arteritis coronaria de múltiples
vasos.
Se afectan sobre todo las pequeñas arterias subepicárdicas más
que las arterias intramiocárdicas profundas. También se puede apreciar la formación de
aneurismas. El infarto de miocardio es bastante común, esto causa fibrosis miocárdica en
algunas áreas y crecimiento del ventrículo izquierdo. Esta última alteración también
es secundaria a hipertensión, que se produce por alteración renal. El dolor por angina
de pecho genuina es más o menos raro a pesar de la presentación de infarto de miocardio.
La arteritis observada en el corazón fue más leve que la que afectaba a otros órganos.
Ocasionalmente se produce miocarditis intersticial. En el 19 por ciento de los pacientes
apareció pericarditis, pero todos ellos tenían afectación renal (pericarditis
urémica). Puede cursar con pericarditis inflamatoria, la pericarditis suele ser
clínicamente evidente y a menudo se asocia con pleuritis. Puede aparecer hemorragia del
saco pericárdico con taponamiento y muerte. No hay lesiones endocárdicas ni valvulares,
a menos que la isquemia haya dañado los músculos papilares. Puede haber arritmias
cardíacas sobre todo fibrilación y flutter auricular. En el pasado se consideraba que la
afectación cardíaca de la poliarteritis nodosa era una causa importante de muerte en
estos pacientes. Estudios recientes descartan lo anterior. Es posible que el uso combinado
de esteroides e inmunosupresores así como la mejoría en el tratamiento de la
hipertensión, la insuficiencia cardíaca y la insuficiencia renal, han contribuido a
prolongar la supervivencia. En frecuente la muerte por rotura de aneurismas y por
hemorragia gastrointestinal.
El pronóstico de la poliarteritis nodosa es grave. El 56-66 por
ciento de los pacientes (considerando casos hospitalizados) fallecen en el plazo de un
año. El tratamiento con corticoides a dosis de 40 a 60 mg/24 h de prednisona o
prednisolona oral a menudo es seguido por una mejoría temporal. Se calcula que la
supervivencia en pacientes no tratados es del 13 por ciento a los cinco años.
Granulomatosis
alérgica o Síndrome de Churg-Strauss
Se caracteriza por una vasculitis
granulomatosa de múltiples órganos y sistemas, en especial del pulmón. Existe mayor
frecuencia de afectación pulmonar que en la panarteritis nodosa; la alteración pulmonar,
en especial el asma, domina el cuadro clínico. Los pacientes tienden a presentar cuadros
de infección respiratoria y fiebre, a menudo con eosinofilia periférica intensa. Se
puede encontrar vasculitis de vasos de diferentes tipos y tamaños como vénulas y venas,
formación de granulomas intra y extravasculares junto con infiltración tisular por
eosinófilos, y una estrecha asociación con asma grave y eosinofilia periférica.
El corazón puede ser el órgano principalmente afectado. La
frecuencia de afectación cardíaca en la era de los esteroides es probablemente mayor del
50 por ciento. La enfermedad cardíaca está presente en la mitad de los pacientes que
fallecen por esta enfermedad. Los vasos del corazón se afectan de la misma forma que la
poliarteritis nodosa, aunque los eosinófilos tienden a ser más abundantes en las
lesiones y se forman colecciones granulomatosas de células epitelioides y gigantes, las
que dan el nombre al trastorno. La alteración de las arterias coronarias puede producirse
en el síndrome de Churg-Strauss en el seno de una vasculitis sistémica, o como una
arteritis coronaria eosinofílica aislada.
Se han descrito pericarditis aguda, pericarditis crónica
constrictiva, taponamiento cardíaco, arritmias, miocarditis con insuficiencia cardíaca
aguda, e infarto de miocardio. La afectación miocárdica incluye un tipo de
miocardiopatía restrictiva y obliterativa que puede desarrollar tardíamente fibrosis
endomiocárdica. El miocardio también puede sufrir miocarditis eosinofílica, vasculitis
o fibrosis. La biopsia endomiocárdica puede ayudar a determinar el grado de inflamación
o fibrosis presente, y servir de guía para el tratamiento. Un tratamiento adecuado con
corticosteroides e inmunosupresores (ciclofosfamida) puede resolver el daño miocárdico.
Granulomatosis de
Wegener
Se caracteriza por una vasculitis
granulomatosa de las vías respiratorias superiores e inferiores, junto con
glomerulonefritis. Se producen granulomas necrotizantes, que ocasionan lesiones
destructivas, a distintos niveles, se afectan en especial la nasofaringe, senos
paranasales, oído medio y árbol bronquial. Además se pueden producir grados diferentes
de vasculitis diseminada con afectación de arterias y venas de pequeño calibre. La
inflamación se extiende a los vasos pulmonares de pequeño calibre y a otros órganos, en
particular los riñones. El cuadro clínico está dominado por la afección renal y
respiratoria, sin la cual no se puede establecer el diagnóstico.
Las complicaciones cardíacas son poco frecuentes, aunque se han
hallado hasta en el 12 por ciento de algunas series recientes. En el 6 por ciento de los
pacientes puede aparecer pericarditis aguda y pericarditis constrictiva, que solo rara vez
requieren pericardiocentesis o pericardiectomía. Se han informado casos esporádicos que
incluyen bloqueo auriculoventricular avanzado, taquicardia supraventricular y
complicaciones secundarias a la afectación de las arterias coronarias. Con el
advenimiento de métodos de diagnóstico temprano (detección de anticuerpos contra el
citoplasma de neutrófilos-C denominados C-ANCA) y de tratamiento agresivo con
ciclofosfamida, las manifestaciones cardíacas son muy raras.
Arteritis de
células gigantes o arteritis temporal
Afecta principalmente a ancianos. Consiste en
la inflamación de arterias de mediano y gran calibre, sin lesionarse los vasos de
pequeño calibre ni los capilares. Afecta de forma característica a una o más ramas de
la arteria carótida, especialmente la arteria temporal. No obstante es un proceso
sistémico y puede afectar a arterias de múltiples localizaciones. Las lesiones son por
lo general celulares y granulomatosas, y contienen células gigantes multinucleadas. La
afectación de las arterias ocurre en áreas pequeñas y segmentos, y tiende a provocar
trombosis en el sitio de la afección. Las arterias carótidas externa e interna y las
vertebrales pueden estar afectadas; la trombosis de la arteria oftálmica o central de la
retina causa ceguera. La trombosis de las arterias ilíaca, femoral y mesentérica provoca
isquemia e infartos.
La afectación cardíaca incluye inflamación de la aorta, pudiendo
producirse aneurismas y disección, dilatación y/o inflamación de la válvula aórtica,
arteritis coronaria y también pericarditis y miocarditis. La incidencia de afectación
aórtica o sus ramas principales es aproximadamente del 13 por ciento. La inflamación de
la pared de los vasos puede llegar a ser tan extensa que debilite la pared y produzca
aneurisma de la aorta torácica y la subsecuentemente dilatación puede originar
insuficiencia aórtica. La inflamación prolongada de la pared vascular puede causar
rotura aórtica y muerte. La oclusión de la aorta o de sus ramas puede ocurrir a lo largo
del curso de la aorta ascendente, torácica o descendente, produciendo el síndrome del
arco aórtico. Los síntomas iniciales del aneurisma de la aorta torácica secundario a
arteritis de células gigantes, incluyen disnea de esfuerzo y otros síntomas de
insuficiencia cardíaca congestiva, dolor torácico secundario a disección aórtica,
angina y claudicación de miembros. En un estudio de pacientes con aneurisma de la aorta
torácica, el 34 por ciento eran asintomáticos en el momento de diagnosticarse el
aneurisma, la inmensa mayoría tenían arteritis temporal alrededor de dos años de
evolución. La mortalidad por disección aórtica fue del 50 por ciento. Los pacientes con
arteritis temporal o polimialgia reumática deberían ser examinados cuidadosamente para
descartar defectos en los pulsos, síntomas torácicos o signos de isquemia en los
miembros.
La insuficiencia aórtica puede ocurrir, aunque es poco frecuente,
en la arteritis temporal como complicación inicial o tardía. La insuficiencia aórtica
se debe normalmente a aortitis que produce destrucción de las fibras elásticas dentro de
la pared arterial con inflamación marcada y/o células gigantes. Esta inflamación
origina dilatación y distorsión del anillo valvular y de la raíz aórtica produciendo
insuficiencia aórtica. Cuando la insuficiencia aórtica es severa es necesaria la
sustitución valvular.
Puede aparecer vasculitis coronaria, aunque con muy poca frecuencia.
Los hallazgos histológicos muestran arteritis granulomatosa de las arterias coronarias
epicárdicas y de las ramas intramurales de las arterias coronarias y arteriolas. La
pericarditis y la miocarditis son manifestaciones raras de la arteritis temporal. El
tratamiento de las manifestaciones cardíacas es el de la enfermedad de base. Consiste en
corticoides a dosis altas (1 a 1.5 mg/kg/día de prednisona) y si no hay signos de
mejoría en un período de 6 a 8 semanas y si se sospecha afectación de grandes vasos se
debe administrar tratamiento citotóxico.
Arteritis de Takayasu
Es un proceso inflamatorio y estenosante que
afecta a las arterias de mediano y gran calibre y se caracteriza por predilección por el
cayado aórtico y sus ramas. Por esta razón se suele denominar síndrome del cayado
aórtico.
Vasculitis por
hipersensibilidad (leucocitocástica)
Se trata de un grupo heterogéneo de
trastornos que se caracterizan por un síndrome vasculítico supuestamente asociado a una
reacción de hipersensibilidad tras la exposición a un antígeno como un agente
infeccioso, un fármaco o una sustancia extraña o endógena. Su denominador común es la
afectación de los vasos de pequeño calibre, arteriolas, vénulas y capilares
únicamente. Los complejos antígeno-anticuerpo presentes en las lesiones, tienden a ser
del mismo grado de evolución. Es difícil predecir al principio de la enfermedad, si
ésta es parte de un síndrome más amplio como esclerodermia, endocarditis infecciosa
subaguda, crioglobulinemia mixta, púrpura de Henoch-Shonlein, o una reacción
farmacológica, excepto por la evolución y elementos distintivos de otros síndromes. La
vasculitis por hipersensibilidad es la forma más frecuente de las enfermedades por
complejos autoinmunes. Se respetan las arterias musculares y las de gran calibre, de forma
que las lesiones hísticas se deben a microinfartos y a reacciones hemorrágicas y
exudativas a nivel capilar, más que a trombosis de vasos de gran calibre con isquemia y
necrosis resultantes. Aunque en este tipo de vasculitis se puede afectar cualquier
órgano, la afectación cutánea suele dominar el cuadro clínico, y la afectación
extracutánea suele ser menos grave que en las vasculitis sistémicas.
La manifestación cardíaca más frecuente es la pericarditis,
aunque esta alteración se presenta junto con la de muchos otros órganos (piel, mucosas,
articulaciones, etc).
Enfermedad de
Behçet
Es un trastorno multisistémico que cursa con
úlceras orales y genitales de repetición (habitualmente dolorosas) y afectación ocular
(iritis, uveitis posterior, oclusión de vasos retinianos y neuritis óptica). La
etiopatogenia de esta enfermedad es desconocida, está considerada una enfermedad
autoinmune, ya que la vasculitis es la lesión patológica principal, suele ser una
venulitis leucocitoclástica, aunque se pueden afectar vasos de cualquier calibre,
prácticamente en cualquier órgano. Se encuentran autoanticuerpos contra la membrana de
la mucosa oral en el 50 por ciento de los casos aproximadamente. Una manifestación
frecuente y específica de esta enfermedad es la reactividad inflamatoria inespecífica de
la piel ante cualquier arañazo o ante la inyección intradérmica de suero salino (test
de patergia).
Hay manifestaciones cardíacas en aproximadamente el 5 por ciento de
los pacientes. Las manifestaciones cardíacas de la enfermedad de Behçet incluyen
oclusión de la arteria subclavia, aneurismas de la arteria carótida común, síndrome
del arco aórtico y aneurismas de la aorta abdominal. Puede producirse una aortitis difusa
que causa insuficiencia aórtica severa que requiera sustitución valvular. Las
alteraciones anatomopatológicas de la pared aórtica revelan endarteritis obliterante,
con normalidad de los velos valvulares. Otras manifestaciones de la enfermedad de Behçet
incluyen pericarditis, miocarditis, insuficiencia aórtica y mitral, fibrosis
endomiocárdica que afecta al hemicardio derecho, alteraciones del sistema de conducción
y con poca frecuencia, aneurismas arteriales espontáneos que pueden producir infarto de
miocardio. La incidencia de alteraciones cardíacas en esta enfermedad es poco conocida.
Recientes estudios mediante ecocardiografía en 65 pacientes, no mostraron diferencias
significativas en la prevalencia de hallazgos cardíacos frente a un grupo control,
poniendo en duda la verdadera incidencia de afectación cardíaca en la enfermedad de
Behçet.
Síndrome de Cogan
Es una enfermedad rara que afecta a individuos
jóvenes y se caracteriza por la presencia de una queratitis intersticial no sifilítica,
acompañada de sintomatología vestíbuloauditiva (pérdida de audición, tinnitus y
vértigo) y frecuentemente manifestaciones sistémicas. Se puede asociar con una
vasculitis sistémica con afectación de vasos de distinto calibre (pequeño, mediano y
grande).
Puede aparecer valvulitis o aortitis en el 10 por ciento de los
casos. La insuficiencia aórtica es la lesión cardíaca más severa. Algún caso de
aortitis, se ha asociado con infarto de miocardio debido a vasculitis o embolización.
Policondritis recurrente
Se trata de una enfermedad poco conocida y
extremadamente rara. También se denomina vasculitis reumática. Se caracteriza por la
inflamación recurrente de cartílagos, con mayor frecuencia los cartílagos auriculares y
nasales y por artritis seronegativa. Puede afectar a tejidos no cartilaginosos como la
aorta o la esclera, que tiene alto contenido en mucopolisacáridos. Cursa con dolor
eritema e inflamación de orejas, nariz, ojos, articulaciones, árbol respiratorio,
corazón y vasos sanguíneos. Los cartílagos tisulares son destruidos. La pérdida del
soporte estructural, y del tejido elástico de la raíz aórtica, produce dilatación
aneurismática de la aorta, con dilatación del anillo valvular e insuficiencia aórtica
secundaria. La policondritis recidivante puede asociarse con inflamación arterial
significativa, aneurismas aórticos y vasculitis sistémicas.
Las manifestaciones cardíacas más significativas de la
policondritis recidivante son los aneurismas aórticos y la insuficiencia aórtica.
También puede acontecer inflamación necrotizante de las válvulas cardíacas y
vasculitis arterial coronaria. La insuficiencia aórtica puede aparecer en más del 6 por
ciento de los pacientes y puede ser progresiva requiriendo sustitución valvular. Esto
puede ocurrir cuando la enfermedad está inactiva. Puede objetivarse degeneración
mixomatosa de la válvula mitral que origina insuficiencia mitral, miocarditis, isquemia
miocárdica y bloqueo cardíaco, aunque estas manifestaciones aparecen con poca
frecuencia.
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