El carcinoma colorrectal es una neoplasia frecuente.
En muchos ámbitos, la segunda o tercera en frecuencia. Su incidencia es parecida en el
varón y en la hembra. Concurren en ella varias razones para que el médico de asistencia
primaria se familiarice con las posibilidades de diagnóstico precoz que existen.
Por una parte, en estadios precoces su abordabilidad quirúrgica y
su pronóstico son excelentes. Además, se está ampliando aún más este espectro de
tratabilidad con la aplicación de quimioterapias de consolidación en estadios tumorales
que antes se trataban sólo por resección.
Otro factor es la tendencia de esta neoplasia a presentarse en
agregación familiar más o menos estrecha. Esto se observa por supuesto en las formas
hereditarias, como el carcinoma colorrectal no polipósico o la poliposis adenomatosa
familiar. Pero también en el carcinoma colorrectal esporádico la historia familiar es
muy importante.
También es favorable a la existencia de políticas de cribado, el
que el carcinoma colorrectal surge sobre una lesión benigna previa (el pólipo
adenomatoso) en la inmensa mayoría de los casos. Esta secuencia adenoma-carcinoma permite
dirigir los esfuerzos preventivos, aumentando su rendimiento.
Por último, existen numerosas técnicas que permiten detectar o
sospechar la existencia de un carcinoma colorrectal. Varias de ellas están a disposición
del médico de asistencia primaria. En el resto, el papel de este médico es el
identificar a la población de riesgo y dirigirla a un nivel asistencial en el que los
pasos de este diagnóstico precoz se puedan completar.
Hay dos aspectos a considerar: el cribado propiamente dicho y las
indicaciones de estudio y seguimiento en familiares de pacientes con carcinoma
colorrectal. Menos del 2 por ciento de los casos de carcinoma colorrectal aparecen por
debajo de los 40 años de edad. La incidencia se dispara a los 50 años. Se calcula que a
esa edad el riesgo es 30 veces mayor que a los 30 años, y aumenta aún más.
Como lo que se busca idealmente es la detección del pólipo
(lesión premaligna), las recomendaciones internacionales suelen recomendar el cribado a
partir de los 40 años.
Las opciones son muchas. En general, se han dividido en las que
preseleccionan mediante prueba de hemorragias ocultas en heces a una población que luego
es sometida a enema opaco o sigmoidoscopia, y otras en que la exploración endoscópica es
el únido paso.
Los estudios controlados en los que se ha examinado el papel del
cribado de la población asintomática con prueba de hemorragias ocultas en heces no han
sido concluyentes en cuanto a demostrar una reducción en la mortalidad debida a carcinoma
colorrectal. Intuitivamente, se puede establecer que para conseguir 2 casos de
diagnóstico precoz habría que cribar anualemnte a 1000 personas durante 10 años. Hay
que tener en cuenta que las pruebas de hemorragias ocultas son muchas y de sensibilidad y
especificidad variables. En general se puede decir que tienden a presentar más falsos
positivos que negativos, con especificidades menores del 50 por ciento en algunos casos.
En cuanto a los estudios que han evaluado el cribado por endoscopia,
parece que se aventura un índice de detecciones de 1-2 casos de carcinoma colorrectal por
1.000 pacientes estudiados. A esto hay que contraponer el esfuerzo que ello supone y,
sobre todo, la posibilidad de complicación derivada de la endoscopia, que se puede
estimar en 1-2 casos por 10.000.
En uno y otro caso, la evidencia existente no es suficiente para
reomendar el cribado ni para disuadir de llevarlo a cabo. A pesar de esto, algunas
asociaciones han emitido recomendaciones como prueba de hemorragias ocultas anual y
sigmoidoscopia cada 3 a 5 años desde los 50 de edad o esta última tan sólo.
Estos pacientes tienen riesgo aumentado de
desarrollar nuevos pólipos y de sufrir la aparición de carcinoma colorrectal. Las
recomendaciones actuales indican que:
- Debe asegurarse la "limpieza" de pólipos en el colon
mediante una colonoscopia al año (o antes) de la resección completa del pólipo índice.
- A partir de ahí, se pueden espaciar los controles a cada 3-5
años (tendiendo a esta última cifra si el pólipo índice medía menos de 1 cm, ya que
en estos pacientes el riesgo es menor).
- En pólipos sesiles o complejos, los controles deben
individualizarse, con acuerdo a la impresión endoscópica de "tratamiento
completo" o no.
Estos tumores son de herencia autosómica
dominante y se caracterizan por la aparición de carcinoma colorrectal a edades precoces y
de predominio en colon derecho. Para su diagnóstico se usan los criterios de Amsterdam:
- Carcinoma colorrectal en al menos 3 familiares (uno de ellos de
primer grado de los otros dos).
- Con al menos 2 generaciones sucesivas afectadas.
- Con al menos un caso diagnosticado antes de los 50 años de edad.
Las familias afectas deben estudiarse por colonoscopia cada 2 años
desde los 25 de edad (o 5 años antes de la edad a la que se diagnosticó el caso más
joven). La colonoscopia pasará a ser anual a los 40 años. Está disponible una prueba
genética que puede concentrar más estos esfuerzos, de ser accesible. Hay que recordar
que en estas familias está aumentada la incidencia de tumores endometriales y quizás de
mama, ovario, estómago y páncreas.