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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

Síndrome de intestino irritable

Exploraciones complementarias

La actitud a seguir ante la sospecha diagnótica de síndrome de intestino irritable ha sido muy debatida y objeto de numerosos intentos de consenso y de guías clínicas. Antes de pasar a comentar de manera individualizada el rendimiento de cada una de las armas diagnósticas a nuestra disposición, es preciso delinear cuál ha de ser esta actitud.

Probablemente, la mejor manera de proceder es la siguiente:

a) Interrogar al paciente cuidadosamente, incidiendo en la toma de medicaciones cuyos efectos secundarios puedan mimetizar los síntomas; proceder a una exploración física que incluya tacto rectal.

b) Si existe dolor abdominal con al menos dos criterios de Manning y no está presente ninguno de los signos de alarma enumerados, y si la edad es menor de 50 años, es probable que sea suficiente inicialmente con un hemograma (que debe ser normal) y un tratamiento (aunque la realización de una bioquímica general, un perfil tiroideo y examen de parásitos en heces puede estar indicada en algunos casos); explicar bien al paciente que se trata de un trastorno benigno y que es posible que los síntomas reaparezcan periódicamente e indicar revisión pasado 1 mes.

c) Si el paciente es mayor de 50 años (edad a la que se dispara la incidencia de cáncer de colon), evaluar mediante enema opaco más sigmoidoscopia o bien directamente mediante colonoscopia. Una excepción a esto son los pacientes de más de 50 años que presentan síntomas bien caracterizados de larga evolución, en los que la aproximación puede ser como en el punto anterior.

d) Si existe cualquier signo de alarma, se han de dirigir las investigaciones no a diagnosticar el síndrome de intestino irritable, sino a detectar el diagnóstico que los explique (fundamentalmente cáncer digestivo y enfermedad inflamatoria intestinal).

e) Se han de referir a Atención Especializada fundamentalmente:

- Pacientes con síntomas de alarma que no sea posible o conveniente estudiar en Atención Primaria.

- Pacientes en los que no se esté seguro del diagnóstico.

- Síntomas refractarios con interferencia en las actividades personales.

- Pacientes muy preocupados por el diagnóstico.

- A veces (dependiendo de los rasgos asociados) es preferible la evaluación por Psiquiatría.

Una vez establecidas estas normas generales, podemos comentar cuál es el papel de las diferentes exploraciones y el rendimiento que de ellas podemos esperar.

Analítica elemental e individualizada

La analítica elemental (hemograma, VSG y quizás una bioquímica básica) es el pilar fundamental del diagnóstico. Recordemos que, por definición, sus valores deben ser normales o quedar explicados por otra entidad. El caso contrario nos obligará a proseguir investigaciones.

Imagen: Rx, ecografía, TC, IRM, radioisótopos

Las pruebas de imagen adquieren valor no en el diagnóstico del síndrome de intestino irritable en sí, sino en el diagnóstico diferencial con otras entidades. En el caso habitual, no están indicadas.

La radiología simple no tiene papel en este caso. La radiología de contraste se ha de emplear, sobre todo, en el diagnóstico diferencial de los tumores de colon (enema opaco complementando a la rectosigmoidoscopia) o de la enfermedad de Crohn (tránsito intestinal).

La ecografía puede considerarse ante la sospecha de patología de víscera sólida (páncreas) o de vía biliar, en casos con datos de organicidad.

Otras exploraciones: endoscopia

De nuevo es preciso señalar que la endoscopia carece de papel en el diagnóstico del síndrome de intestino irritable y que se debe aplicar sólo en caso de necesidad de aclarar un diagnóstico diferencial.

La sigmoidoscopia explora adecuadamente recto, sigma y parte del colon descendente. Sus aplicaciones principales en el contexto de evaluación de un paciente con síndrome de intestino irritable serían:

- Unida a enema opaco, en la investigación de un paciente con antecedentes familiares de adenocarcinoma de colon; de hecho, en este sentido es preferible la colonoscopia, pero podemos decantarnos por la sigmoidoscopia más enema opaco si las condiciones asistenciales de nuestro medio lo indican.

- En la investigación de rectorragias es la exploración fundamental.

- Descarta adecuadamente colitis ulcerosa y puede tener valor en el diagnóstico de la enfermedad de Crohn.

La colonoscopia no es meramente una "sigmoidoscopia larga", sino que plantea una dificultad técnica mucho mayor, con el consiguiente incremento de las posibles complicaciones. Consume tiempo y personal en las unidades de endoscopia y sus peticiones deben seleccionarse. Su papel fundamental en este contexto probablemente sea el diagnóstico de una sospecha bien establecida de neoplasia de colon.

Dado que el síndrome de intestino irritable se asocia en ocasiones a síntomas dispépticos, puede a veces (pero raramente) plantearse la necesidad de una endoscopia oral.

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