Síndrome de intestino irritable
Clínica
Al contrario de lo que ocurre con los síntomas
derivados de la afectación de otros órganos, la diarrea, el estreñimiento y el dolor
abdominal son percepciones que prácticamente todos los humanos padecemos en algún
momento de nuestras vidas. El intestino se "siente", y por lo tanto existen una
serie de percepciones viscerales relacionadas con él. El delimitar la normalidad y la
anormalidad en la percepción de estas sensaciones viscerales es empezar a definir el
síndrome de intestino irritable.
Como se ha dicho, si atendemos a la intensidad o frecuencia de los
síntomas mencionados, es posible que hasta el 15 por ciento de la población presente
clínica que, de una manera estricta, se pueda diagnosticar como síndrome de intestino
irritable. Sin embargo, tan sólo un tercio de estas personas recurren al médico buscando
atención por esta causa. Este porcentaje de un tercio basta, sin embargo, para conformar
hasta el 15 por ciento de las consultas en Atención Primaria y el 25 por ciento en
Gastroenterología. Se trata, en ambos casos, del síntoma o complejo sintomático
relacionado con el aparato digestivo más frecuente después de la dispepsia.
Suele tratarse de individuos jóvenes, entre 20 y 50 años, con un
predominio femenino neto (aproximadamente 70-80 por ciento). De hecho, el porcentaje de
mujeres va subiendo a medida que avanzamos en la escala asistencial. Se piensa que de ese
15 por ciento de la población que presenta síntomas compatibles con síndrome de
intestino irritable, la mitad son mujeres. La proporción sube a tres quintas partes en
los que consultan al médico de Atención Primaria y a dos tercios de mujeres en los
pacientes que requieren o demandan estudio en Asistencia Especializada.
Todas las manifestaciones clínicas del síndrome de intestino
irritable son frecuentemente intermitentes. No es raro que el propio paciente describa
como en otros períodos de su vida se ha presentado un cortejo clínico igual o parecido.
Los síntomas por los que estas personas consultan y que conforman
la constelación clínica del síndrome de intestino irritable son muy diversos, pero se
pueden agrupar en dolor, alteraciones en la defecación, otros síntomas digestivos y
clínica extradigestiva.
Dolor
El dolor se contempla en la actualidad como un
componente casi indispensable del síndrome. Se acepta el diagnóstico ocasional de formas
indoloras, pero no son características.
Suele tratarse de un dolor crónico (se acepta por lo general que la
historia ha de ser mayor de 3 meses). La duración mayor, sin embargo, no hace imposible
mantener el diagnóstico de síndrome de intestino irritable, ya que se trata de un
padecimiento que hasta en un tercio de los pacientes no varía sensiblemente con el
tiempo. La característica temporal del dolor que más nos debe hacer dudar del
diagnóstico es su duración corta (menor de 1 mes).
El dolor asociado al síndrome de intestino irritable se refiere por
lo general como inconstante, apareciendo en determinados períodos que el paciente puede o
no relacionar con otros datos como épocas de estrés o transgresiones alimentarias.
En cuanto a la intensidad del dolor, ésta es variable. Algunos
pacientes casi no se encuentran afectados por él, mientras que en otros puede llegar a
ser invalidante. A veces, se percibe de manera catastrófica (porque impide un desarrollo
normal de las actividades).
Suele referirse como originado en hipogastrio y fosas ilíacas,
aunque no son raras otras localizaciones. Entre éstas, resulta especialmente típica la
localización en los hipocondrios, sobre todo en el derecho, que el paciente asocia a una
posible enfermedad biliar. La identificación por parte del paciente de más de una zona
dolorosa en el abdomen, es carácterística del síndrome de intestino irritable.
Por lo general, el dolor es de tipo discretamente cólico, empeora a
lo largo del día y a veces con la ingesta y se alivia con la deposición en más de la
mitad de los casos. También se refieren otros factores de alivio, como el calor local o
la presión en la zona dolorosa. Nunca o casi nunca despierta al paciente por la noche o
le impide dormir. De hecho, la presencia de este dato hace necesario proceder con cuidado
en el diagnóstico.
Se han descrito numerosos factores que empeoran el dolor asociado al
síndrome de intestino irritable. Los principales son:
- Ciertos alimentos, que varían de paciente a paciente.
- El estrés.
- La menstruación.
Alteraciones defecatorias
Las alteraciones en la defecación son
también parte característica del síndrome. Según de qué tipo sean, y sobre todo para
guiar el tratamiento, se ha subdividido a este síndrome en una forma diarreica y una
forma asociada a estreñimiento. El hacer esta subdivisión de manera estricta es de
escasa repercusión práctica. Sin embargo, sí puede orientar el tratamiento.
El estreñimiento en Medicina digestiva, se ha definido como la
emisión de heces en número menor de 3 semanales, o la expulsión difícil de las mismas.
La diarrea, a su vez, nos habla de más de 3 deposiciones diarias o de consistencia
disminuida.
Algunos pacientes con síndrome de intestino irritable refieren
estreñimiento, ya sea por disminución en el número de las deposiciones o por
deposiciones duras y difíciles de expulsar. A veces, éstas son de aspecto caprino
(pequeñas bolas duras) o de calibre disminuido. Estas alteraciones, percibidas por
algunos médicos como indicativas de un problema orgánico, no excluyen el diagnóstico de
síndrome de intestino irritable. Sin embargo, acentúan aún más la importancia de
practicar ante la duda un tacto rectal como parte de la exploración física.
Dentro del síndrome de estreñimiento, no es rara la sensación de
evacuación incompleta. Esto puede hacer que el paciente intente deponer varias veces al
día, dando la falsa impresión de diarrea.
Otros pacientes, sin embargo, aquejan diarrea, con heces blandas o
líquidas. La evacuación se hace con frecuencia de manera explo acterístico que se
produzca en momentos de estrés. Muchos pacientes describen perfectamente una acentuación
del reflejo gastrocólico, con deposiciones de predominio postprandial, especialmente
agrupadas en torno al desayuno. Sin embargo, frente a lo que ocurre en las diarreas de
otras causas (sobre todo en diarreas secretoras u osmóticas) es que el volumen total de
las heces no estará aumentado. Es muy importante el que esta diarrea, en los pacientes
con síndrome de intestino irritable, cede durante el sueño. Por ello, faltan
característicamente las deposiciones nocturnas. Si un paciente las refiere, debemos tener
mayor precaución en el diagnóstico.
Una característica importante, tanto en pacientes estreñidos como
diarreicos, es la observación de moco en las heces. Esto preocupa mucho al paciente, pero
de hecho es un indicador bastante fiable del diagnóstico de síndrome de intestino
irritable.
Otros síntomas digestivos
El síndrome de intestino irritable coexiste
con frecuencia con otros trastornos funcionales digestivos. Por tanto, existen otros
síntomas digestivos hasta en un 70 por ciento de los pacientes, con frecuencia
relacionados con la dispepsia no ulcerosa, pirosis y sensación de plenitud precoz o de
distensión abdominal. Es importante que reconozcamos estos síntomas como pertenecientes
a una entidad asociada, para no desviar el diagnóstico.
Síntomas extradigestivos
En cuanto a los síntomas extradigestivos, es
clásica la descripción en estos pacientes de mayor frecuencia de ciertos síntomas
extradigestivos. Se trata en general de los "equivalentes" al síndrome de
intestino irritable dentro de otras especialidades médicas. Es decir, cuadros sin
sustrato anatómico, de curso crónico y presentes en un alto porcentaje de la población.
Algunos de ellos son las lumbalgias, la dismenorrea, la dispareunia, la disuria y las
cefaleas tensionales.
Síntomas que no sugieren síndrome de intestino irritable y deben
hacer buscar diagnósticos alternativos
Lo más importante en la clínica del síndrome de intestino
irritable es recordar los síntomas que un paciente con síndrome de intestino irritable
no debe presentar y que orientan a otro diagnóstico.
Estos síntomas, en general, son aquéllos que nos indican la
presencia de una enfermedad orgánica, con repercusión general. Se han de buscar
activamente en la anamnesis por aparatos, y no esperar a recogerlos, ya que es posible que
el paciente no los haya percibido o no les dé importancia. Sin embargo, si existen, hacen
que la aproximación diagnóstica varíe sensiblemente.
Entre estos síntomas "prohibidos", a los que con
frecuencia se alude en la literatura como datos de alarma cabe destacar:
- El comienzo tardío de los síntomas (más de 50 años).
- La presencia de fiebre.
- La sudoración (excluyendo la asociada a estrés o ejercicio),
especialmente si es nocturna.
- La pérdida de peso.
- La observación por parte del paciente de rectorragia en
cualquiera de sus manifestaciones posibles.
- La presentación de diarrea nocturna.
- La aparición nocturna del dolor, que despierte al paciente.
Otros datos a recoger en la historia clínica
La historia clínica de un paciente con posible síndrome de
intestino irritable queda incompleta si no se recogen ciertos datos de importancia, que
además conducen con frecuencia a errores diagnósticos. Es difícil enumerarlos todos,
pero los más importantes probablemente sean:
A) Antecedentes familiares de enfermedades digestivas. Ciertas
enfermedades digestivas de presentación parecida al síndrome de intestino irritable
tienen agregación familiar. Las más importante a este respecto son:
- Los tumores digestivos, especialmente el adenocarcinoma de colon;
es muy importante la edad de presentación de este tumor en el familiar afecto.
- La enfermedad inflamatoria intestinal, que también se presenta
con agregación familiar, tanto en el caso de la enfermedad de Crohn como en el de la
colitis ulcerosa.
- La enfermedad celiaca, que puede cursar con formas
oligosintomáticas y que no es una enfermedad exclusiva de la infancia.
B) Ciertos datos epidemiológicos van a ser de interés en algunos
casos, como:
- Viajes a zonas con parasitosis intestinales endémicas.
- Variantes de conducta sexual asociadas a enfermedades de
transmisión sexual que pueden presentarse en el recto y ano.
- Existencia de casos similares en el entorno del paciente.
C) Drogas y otras sustancias. La historia farmacológica y tóxica
de cualquier paciente puede hacer variar mucho el diagnóstico e incluso explicar por sí
misma los síntomas de presentación. En el caso del paciente con posible síndrome de
intestino irritable buscaremos:
- La ingesta excesiva de alcohol.
- La toma en cantidades apreciables de ciertos aditivos alimentarios
que pueden tener un efecto osmótico y causar diarrea; los más importantes son los
edulcorantes, especialmente el sorbitol.
- La toma de medicaciones prescritas o autoindicadas que puedan
presentar como efecto secundario diarrea o estreñimiento (Tabla III).
TABLA
III
Algunos fármacos usuales que producen alteraciones en el ritmo intestinal |
| A. Que producen
estreñimiento - bloqueantes del calcio,
especialmente verapamilo
- antiácidos sin magnesio ni sorbitol
- sucralfato
- opiáceos
- anticolinérgicos
- anticomiciales
- antiparkinsonianos
- diuréticos
- colestiramina
- sales de hierro
B. Que producen diarrea
- laxantes
- antiácidos con magnesio
- medicamentos edulcorados con sorbitol
- colchicina
- misoprostol
- antibióticos (durante su administración, pero a veces posteriormente de manera
prolongada)
- digitálicos
- algunos hipotensores |
- El uso crónico de laxantes de farmacia o
herbolario, que, a veces, es menospreciado por el propio paciente.
|Sumario |