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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Síndrome de intestino irritable
Etiopatogenia y fisiopatología
A pesar de numerosos intentos de caracterización
fisiopatológica, no se conoce la causa del síndrome de intestino irritable. A esto
contribuye indudablemente su naturaleza poco definida. Como mucho, se puede enumerar una
serie de alteraciones que se observan de manera inconstante en estos pacientes. Entre
ellas, hay alteraciones intestinales (fundamentalmente colónicas, pero también presentes
en el resto del tubo digestivo) y extraintestinales, principalmente, del sistema nervioso
central, psiquiátricas, psicosociales y del eje neurodigestivo. El dilucidar cuáles son
de ellas las primarias es una tarea prácticamente imposible.
Alteraciones extraintestinales
Desde antiguo se conoce que en los pacientes con síndrome de
intestino irritable se detectan rasgos de comportamiento anormales. El complejo
sintomático denominado "colitis nerviosa" se incluyó por los clínicos
franceses de finales del siglo XIX dentro de los trastornos de tipo
"histérico", accesibles al tratamiento con diversas terapias propias de la
época (como la hipnosis) y con respuesta a las mismas. Hoy en día, sin llegar a estos
extremos, sabemos que se trata con más frecuencia de personas con un tono ansioso o
depresivo mayor que la población general, que pueden presentar rasgos neuróticos. En el
conjunto de pacientes con síndrome de intestino irritable, tomados
globalmente, se diagnostican entidades psiquiátricas caracterizadas
también con mayor frecuencia que en la población general. Es posible describir también
una pobre capacidad de introspección y dificultad para expresar las emociones. Es
conocido, y de hecho es frecuente que lo busquemos en la evaluación clínica, como los
síntomas propios del síndrome de intestino irritable se agudizan en épocas que el
paciente percibe como estresantes. La agrupación de semejantes momentos (fin de estudios,
independencia de los padres, búsqueda de pareja) en las edades en las que la incidencia y
prevalencia del síndrome de intestino irritable son mayores, parece algo más que una
coincidencia.
Existe por otra parte una correlación objetiva que apunta hacia un
patrón común de trastorno de funciones superiores en los pacientes con síndrome de
intestino irritable. Mediante análisis de electroencefalograma, se ha comprobado un
patrón diferente en pacientes con síndrome de intestino irritable, y que corresponde
fundamentalmente a un aumento de la actividad beta. En el análisis de la activación
cortical ante la percepción del dolor mediante estudios de flujo sanguíneo por
tomografía de emisión de positrones, también se observa que estos pacientes activan
áreas corticales diferentes a las de los controles. Es difícil de nuevo saber si se
trata de cambios primarios o secudarios, así como dilucidar en que manera se traducen en
los síntomas por los que los pacientes buscan asistencia sanitaria.
El patrón alterado no se detiene en esto, sino que continúa si
estudiamos los rasgos sociales de los pacientes con síndrome de intestino irritable. En
efecto, por lo general existe una agregación familiar, tanto en la percepción de
síntomas como en la tendencia a buscar recurso médico ante un cuadro clínico
determinado. Se ha descrito perfectamente la pertenencia de los pacientes con síndrome de
intestino irritable y recurso anormalmente alto a medios de diagnóstico o de tratamiento,
a familias en que semejantes conductas estaban presentes desde generaciones anteriores.
Alteraciones intestinales
La clínica del síndrome de intestino
irritable es evocadora de un trastorno motor intestinal. Al estudiar, como se ha hecho
exhaustivamente, los procesos intestinales de percepción sensitiva y actividad motora,
también emergen alteraciones más frecuentes en pacientes con síndrome de intestino
irritable o en determinados de sus subgrupos. Pero de nuevo se trata de alteraciones
inconstantes y no características. Para resumir, se puede decir que en los pacientes con
síndrome de intestino irritable detectamos (como alteraciones más significativas entre
otras muchas):
- Una alteración de las contracciones segmentarias del colon
terminal (aumento en los pacientes con predominio de estreñimiento y disminución en los
tendentes a diarrea).
- Un cambio en las contracciones retropulsivas y propulsivas de todo
el colon, con más contracciones retropulsivas en los estreñidos y más contracciones
propulsivas en los diarreicos.
- Una disminución del umbral del dolor ante la distensión rectal
(dolor que no se percibe sólo como rectal, sino a veces como referido a otras áreas del
abdomen).
Visión global de la fisiopatología
del síndrome de intestino irritable
Intentando dar una hipótesis unificadora de
todos los datos anteriores, quizás podamos contemplar al síndrome de intestino irritable
como el resultado de una determinada educación ambiental, con disminución de la
tolerancia a percepciones viscerales digestivas e impregnada de rasgos de ansiedad y
depresión que pueden tener un origen similar. Esto se traduce en el intestino como un
cambio en patrones sensoriomotores, inconstante, y clínicamente como la presentación de
una constelación de síntomas intestinales y extraintestinales.
Tras esto, es necesario decir claramente que los pacientes con
síndrome de intestino irritable no son "locos", sino personas que sufren por
causa de unas alteraciones complejas y que precisan la ayuda del médico para superarlo.
También es preciso introducir una nota de precaución, pues la historia de la Medicina
está llena de ejemplos en los que determinados cuadros catalogados de nerviosos o de gran
relación con el estrés han terminado teniendo identificado un origen orgánico
incontrovertible. Para demostrarlo, basta recordar el caso de la enfermedad ulcerosa (una
de la entidades "psicosomáticas" por excelencia hasta hace no mucho) y la
infección por Helicobacter pylori.
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