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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

Actualización en Urticarias   

Anexo: 

Urticaria crónica
idiopática

Eduardo Fonseca Capdevila

Jefe del Servicio de Dermatología y Venereología.
Complejo Hospitalario Juan Canalejo.
La Coruña.

 

Definición

La urticaria crónica idiopática es un tipo de urticaria crónica en la que no resulta posible determinar la causa que la produce.

Los criterios clínicos para establecer el diagnóstico son similares a los de la urticaria crónica y consisten en la aparición de prurito y habones, con o sin angioedema.

La mayoría de los autores consideran un periodo de duración mayor de 6 semanas para clasificar como crónica a una urticaria, sea o no idiopática, aunque no existe una total unanimidad al respecto.

Cuando los brotes son muy espaciados, algunos especialistas prefieren hablar de urticaria recurrente o intermitente, en lugar de crónica.

 

Epidemiología

La urticaria crónica idiopática es un trastorno frecuente, pero no existen datos fiables para establecer su prevalencia en nuestro medio. Puede presentarse en ambos sexos y cualquier edad, pero es más frecuente en mujeres y entre los 30 y los 60 años.

La gran mayoría de las urticarias crónicas son idiopáticas, sobre todo si se excluyen las de tipo intermitente o recurrente y los diagnósticos etiológicos de difícil verificación. En el grupo de las urticarias intermitentes o recurrentes un número considerable de casos se deben a factores físicos, alimentarios o medicamentosos, que es raro produzcan formas crónicas con sintomatología continuada.

En diversas series de pacientes con urticaria crónica, al menos entre el 50 y el 70% recibían la catalogación de idiopáticas.

 

Etiopatogenia

La etiología de la urticaria crónica idiopática, según su definición, es desconocida. La mayoría de las teorías apuntan hacia un posible origen autoinmune o psicosomático. En este último caso estímulos psíquicos ocasionarían la liberación de catecolaminas, neuropéptidos u otras sustancias, que actuarían sobre los mastocitos o los linfocitos.

Los datos sobre la relación entre atopia y urticaria crónica idiopática no son concluyentes, pero de existir se limitaría a un reducido porcentaje de casos. También se ha sugerido una relación con el antígeno HLA DR4.

Aunque no sean el origen de la urticaria, diversos factores pueden actuar como desencadenantes de los brotes o exacerbaciones; entre ellos se encuentran agentes físicos, sobre todo la presión, medicaciones como los salicilatos y los opiáceos, procesos infecciosos intercurrentes y el estrés y otros estímulos psíquicos.

El mecanismo patogénico es común a otros tipos de urticaria aguda y crónica, siendo el mediador fundamental la histamina, actuando sobre los receptores H1. La estimulación de receptores H2 parece jugar un papel poco relevante, ya que aunque pueden tener alguna participación en el desarrollo de habones, se considera que influyen muy poco sobre el prurito.

 

Manifestaciones clínicas

La mayoría de los pacientes tienen lesiones habonosas pruriginosas generalizadas de menos de 24 horas de evolución y con brotes diarios. Sin embargo, la forma y tamaño de los habones, su localización, frecuencia e intensidad del prurito son muy variables y coinciden con urticarias agudas y crónicas de etiología conocida.

Alrededor de un tercio de los pacientes tienen lesiones asociadas de angioedema, que afectan sobre todo las manos, los pies y la región facial. En la urticaria crónica idiopática es excepcional el angioedema con compromiso de vías respiratorias que llegue a suponer un riesgo vital. En más de la mitad de los casos se demuestra un dermografismo patológico, incluso en fases sin lesiones habonosas y en más de un tercio puede demostrarse provocación de habones por presión retardadada. La púrpura es un hallazgo infrecuente, salvo en los niños.

Las artralgias son un hallazgo relativamente común, pero en cambio es muy rara la aparición de artritis, aunque a veces se confunden con artritis lesiones de angioedema. Otras posibles manifestaciones incluyen trastornos digestivos (náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea) y alteraciones pulmonares, sobre todo por broncoconstricción en fumadores.

El curso de la mayoría de las urticarias crónicas idiopáticas es autorresolutivo, siendo más intensa y frecuente la sintomatología en los primeros meses de evolución. Entre el 70 y 80% de los casos remiten antes de 1 año y el 80-90% en 5 años. El caso de mayor duración atendido personalmente superaba los 40 años de evolución.

 

Estudios analíticos 

La normalidad o pequeñas alteraciones inespecíficas son lo más habitual en la urticaria crónica idiopática. En la mayoría de las series las anomalías no superan el 5-10% de los pacientes y pueden consistir en aumento de la velocidad de sedimentación, neutropenia, leucocitosis, sobre todo con neutrofilia, esinofilia, incremento de alfa-2 y beta globulina, disminución de alfa-1 globulina, moderada disminución o incremento de IgG, IgA o IgM y elevación discreta de IgE. En la orina puede detectarse proteinuria leve o microhematuria. La investigación de inmunocomplejos circulantes ofrece resultados muy dispares.

La detección de velocidad de sedimentación muy elevada, hipocomplementemia, anticuerpos antinucleares, factor reumatoide a títulos elevados o crioglobulinemia es más sugestiva de una urticaria asociada a lupus eritematoso o una vasculitis urticariforme que de una urticaria crónica idiopática. Aunque en nuestro medio es raro que una urticaria crónica se deba a una parasitosis, la detección de eosinofilia obliga a descartarla.

La relación entre la urticaria crónica y enfermedades tiroideas ha sido objeto de gran interés. Hasta en el 10% de los enfermos con urticaria crónica pueden encontrarse anticuerpos antitiroideos, pero es raro que exista una alteración de la función de tiroides y cuando ésta se demuestra y se trata, sólo en algunas ocasiones se produce mejoría de la urticaria, por lo que es probable que sólo signifiquen la asociación de alteraciones inmunes.  

Estudios analíticos aconsejados

En principio el estudio puede limitarse a una velocidad de sedimentación, hemograma, bioquímica rutinaria de la función renal y hepática y sistemático de orina. Si estos datos son normales, es excepcional que existan alteraciones sistémicas relacionadas con la urticaria crónica. Los datos de la anamnesis, exploración y posibles anomalías de estos estudios básicos indicarían la necesidad de exploraciones complementarias.

 

Histopatología

Es similar a otros tipos de urticaria aguda y crónica y consiste en edema dérmico y un discreto infiltrado compuesto por polimorfonucleares y fundamentalmente por linfocitos y monocitos alrededor de los vasos dérmicos, que suelen mostrar tumefacción endotelial. En el angiodema el edema se extiende al tejido celular subcutáneo.

En un porcentaje variable de casos de urticaria crónica idiopática se aprecia una vasculitis leucocitoclástica, sin que existan diferencias en la clínica o la evolución. También es posible observar púrpura, sobre todo en la infancia. En algunos pacintes el infiltrado tiene un predominio de neutrófilos.

 

Diagnóstico diferencial

En primer lugar debe considerarse que nos encontremos ante una urticaria crónica con una etiología demostrable que no haya sido identificada. La mayoría de las veces este problema deriva de una historia defectuosa o de no haber observado los brotes de lesiones. La urticaria colinérgica, en la que los habones suelen ser muy monomorfos y pasajeros y la urticaria por presión retardada son las que mayor porcentaje de errores ocasionan entre las urticarias físicas. Las colagenosis, como el lupus eritematoso y el síndrome de Sjogren, no siempre son tenidas en cuenta entre las causas de urticaria crónica, al igual que la hipergammaglobulinemia IgM y algunos procesos reconocidos hace relativamente poco como causas de urticaria, por ejemplo la infección por virus de la hepatitis C.

El diagnóstico diferencial con una vasculitis urticariforme puede resultar difícil, puesto que no existen límites concretos que separen ambas entidades, lo cual es lógico ya que ambas pueden ser el resultado de un trastorno por depósito de inmunocomplejos circulantes. En la vasculitis urticariforme las lesiones (consideradas individualmente, no el brote) suelen durar más de 24-28 horas, en ocasiones tienen un componente purpúrico, los síntomas sistémicos y las alteraciones analíticas son más frecuentes e intensos y es más común la asociación con otros procesos autoinmunes. La demostración de velocidad de sedimentación muy elevada, hipocomplementaria intensa, crioglobulinas, anticuerpos antinucleares o factor reumatoide a títulos altos es muy sugestiva de vasculitis urticariforme. Este diagnóstico exige además demostrar una vasculitis leucocitoclástica en la biopsia cutánea. Sin embargo, la vasculitis también puede obsevarse en la urticaria crónica y los restantes datos no son constantes ni exclusivos de ninguna de ellas.

 

Tratamiento 

Medidas generales

La primera acción terapéutica debe ser explicarle al paciente la naturaleza de su afección, la ausencia de una causa demostrable y el carácter sintomático del tratamiento, que debe ir dirigido a hacer desaparecer las molestias que ocasiona la enfermedad y que habrá de ser mantenido por un tiempo indefinido. Si el paciente no entiende y acepta estas premisas las posibilidades de éxito serán escasas.

Siempre debe recomendarse evitar los factores desencadenantes de los brotes, como calor, estrés, fricción o presión sobre la piel y consumo de alcohol, salicilatos, antiinflamatorios no esteroideos, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y derivados opiáceos.

 

Antihistamínicos

El tratamiento farmacológico de elección de la uricaria crónica idiopática son los antihistamínicos anti- H1 administrados por vía oral. No existen evidencias concluyentes de que ningún antihistamínico sea más eficaz que otros en el control de la urticaria crónica idiopática, por lo que el tratamiento en cada caso debe basarse en la tolerancia, perfil de seguridad y circunstancias particulares del paciente, teniendo en cuenta la probable necesidad de mantenerlo durante un periodo prolongado.

Los antihistamínicos clásicos o de primera generación tienen acción sedante y anticolinérgica, de intensidad muy variable. En los niños, sobre todo en los atópicos, pueden producir excitación paradójica y en algunos pacientes síntomas extrapiramidales. Siempre que se prescriban debe insistirse en que el paciente evite la conducción y el manejo de máquinas peligrosas, por el riesgo de somnolencia.

A pesar de las ventajas de los nuevos antihistamínicos, los de primera generación siguen teniendo su papel en el manejo de la urticaria crónica, sobre todo en pacientes muy ansiosos, en los que se desea obtener un efecto sedante cuando se desea realizar sedación nocturna, en este caso administrándolos por la noche.

Los antihistamínicos de segunda generación, a las dosis recomendadas, tienen mínimo efecto anticolinérgico y baja acción sedante. No obstante, en algunos pacientes inducen somnolencia y al menos al inicio del tratamiento debe guardarse precaución al respecto.

El astemizol tarda hasta varios días en resultar efectivo, pero en cambio la actividad persiste hasta 6 semanas. Tanto el astemizol como la terfenadina son metabolizados en el hígado por el citocromo P450 y a dosis normales pueden prolongar el espacio QTc en el electrocardiograma. En algunos pacientes originan taquiarritmias ventriculares con prolongación del espacio QTc (torsade de pointes), que pueden ser mortales. Este riesgo es mayor cuando se administran a dosis superiores de las recomendadas, existen circunstancias que inhiben el citocromo P450, como hepatopatías o administración conjunta de antibióticos macrólidos, derivados imidazólicos, cimetidina o que alargan el espacio QTc, como alteraciones electrolíticas, administración de amiodarona, quinidina, antidepresivos triclícicos y neurolépticos. La fexofenadina, derivada de la terfenadina, también ha sido descrita como causa de alargamiento del espacio QTc y taquiarritmia.

En la tabla I se indican los antihistamínicos más empleados, sus dosis habiuales y principales efectos adversos. 

Tabla I. Antihistamínicos más utilizados en la urticaria crónica

Antihistamínico  Dosis  Comentarios
Antihistamínicos clásicos
Cloferinamina 2mg/6-8h  Sedación
Difenhidramina  25mg/8h Sedación
Hidroxicina  25mg/8h  Sedación. Acción anticolinérgica
Antihistamínicos segunda generación 
Astemizol  10mg/día  Posible aparición de arritmias.
Acción tardía y prolongada
Cetiricina  10mg/día Ligera sedación 
Ebastina 10mg/día   
Fexofenadina 180mg/día Descrita aparición de arritmias. 
Loratadina 10mg/día  
Mizolastina 10mg/día  
Terfenadina 120mg/día Posible aparición de arritmias

 Los antihistamínicos anti-H2, asociados a anti-H1 pueden resultar eficaces en algunos pacientes que no responden a anti-H1 solos. Es impredecible en qué pacientes resultan útiles. Se aconseja el empleo de ranitidina a dosis de 150/mg/12 h, ya que no tiene acción antiandrogénica y sus interaciones son menores que con la cimetidina.

 

Antidepresivos tricíclicos

Además de la acción antidepresiva tienen una potente acción antihistamínica. Se consideran un recurso terapéutico de segunda línea en la urticaria crónica idiopática. El más empleado es la doxepina a dosis de 25-50 mg/día. Debe evitarse su administración conjunta con inhibidores de la monoamino-oxidasa (IMAO) y con los antihistamínicos astemizol, terfenadina y fexofenadina. El tratamiento no debe suspenderse de forma brusca, por riesgo de originar un brote depresivo.

 

Corticoides 

Debe evitarse su empleo, salvo en agudizaciones graves y en la urticaria crónica invalidante que no responda a otras medidas terapéuticas. Casi siempre se obtiene una respuesta con dosis orales de 0,5 mg/kg/día de prednisona, que se reducirá a medida que sea posible hasta retirarla.

Otros tratamientos

La adrenalina o epinefrina sólo tiene indicación en la urticaria crónica idiopática en situaciones de urgencia, si el paciente desarrolla angioedema con compromiso respiratorio. Puede administrarse por vía intramuscular, subcutánea o inhalada.

La terbutalina (beta-agonista) puede utilizarse asociada a antihistamínicos en casos resistentes. De forma ocasional se ha descrito también la eficacia en estas siuaciones de ketotifeno, nifedipino, sulfasalacina, estanozolol, colquicina y sulfona.

En casos excepcionales se ha recurrido a tratamiento con gammaglobulina intravenosa, ciclosporina o plasmaféresis. Aunque en principio están contraindicados, la aspirina a dosis bajas y los antiinflamatorios no esteroideos pueden controlar algunos cuadros rebeldes de urticaria crónica idiopática.

El empleo de hormonas tiroideas en pacientes que no las requieren por un trastorno de tiroides es controvertido. Algunos autores recomiendan ensayarlas en pacientes con urticaria crónica refractaria al tratamiento clásico y autoanticuerpos antitiroideos. Se limitará a pacientes eutiroideos o hipotiroideos, administrando levotiroxina a dosis de 1,7 µg/Kg/día. Se debe controlar la TSH a las 4-6 semanas, para descartar que el paciente desarrolle un hipertiroidismo. Si no existe respuesta en 8 semanas no está indicado proseguir el tratamiento. Si la respuesta es satisfactoria se mantendrían 1-2 meses y se suspenderían a continuación, repitiendo un nuevo ciclo en caso necesario.

Los fármacos tópicos, incluidos los antihistamínicos y los corticoides, no tienen ninguna indicación en el tratamiento de la urticaria crónica idiopática.

 

Pautas de tratamiento 

Una vez se hayan proporcionado al paciente las explicaciones oportunas y aconsejado evitar los factores desencadenantes inespecíficos, se iniciará el tratamiento con un antihistamínico. En principio es preferible un antihistamínico de segunda generación, a no ser que se desee un efecto sedante. La hora de administrar el fármaco, si es dosis única diaria, puede adaptarse al periodo de mayor intensidad de las lesiones.

En caso de que la respuesta no sea suficiente, puede aumentarse la dosis, dentro de los límites de seguridad o ensayar otro fármaco de este grupo.

Sucesivamente puede ensayarse una asociación de los dos antihistamínicos de segunda generación o uno de segunda generación y otro de primera. No es aconsejable la asociación de varios antihistamínicos con posible acción arritmogénica.

Si los antihistamínicos anti-H1 no proporcionan un control satisfactorio, puede indicarse un tratamiento con un anti-H2, aunque el porcentaje de respuestas esperables es escaso. La siguiente opción sería ensayar un antidepresivo tricíclico.

En caso de que ninguna de estas alternativas fuera eficaz puede evaluarse la respuesta a tratamiento con antihistamínicos asociados a terbutalina o nifedipino.

Si tampoco se controla el cuadro, debería reevaluarse el diagnóstico y considerar el uso de corticoides sistémicos durante un periodo corto de tiempo y siempre asociados a antihistamínicos. Si se siguen produciendo recidivas al retirar los esteroides, se considerarán los restantes tratamientos descritos como ocasionalmente útiles, siendo aconsejable restringirlos en todo caso al medio hospitalario.

 

Bibliografía

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2. Black AK: The pathogenesis of urticaria. Keio J. Med 1997; 46:37-39

3. Black AK, Champion RH.Urticaria. En: Champion RH, Burton JL, Burns DA, Breatmach SM, eds Rook/Wilkinson/Ebling Textbook of Dermatology. 6ª ed. Blackwell, Oxford 1998, p. 2113- 2319.

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7. Soto Melo J. Fonseca E. Urticaria. Tiempos Médicos 1980; 163: 9-18.

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