Actualización en Urticarias
Diagnóstico clínico
y de laboratorio
La lesión elemental característica de la urticaria es
tan típica que suele ser fácilmente reconocida por médicos poco experimentados e
incluso por el propio paciente. El mérito diagnóstico radica, en realidad, en el
reconocimiento de la causa desencadenante del brote de urticaria. Su conocimiento tiene
importantes consecuencias en el manejo del paciente.
La finalidad de este capítulo es suministrar unas guías
que orienten al médico a situar al paciente en alguna de las categorías diagnósticas.
Se suministra una descripción detallada de las pruebas diagnósticas específicas de las
que disponemos, discutiéndose su valor relativo.
En el estudio de un paciente con urticaria, como el
Dr.Watson con Sherlock Holmes, el paciente tendrá el placer de seguir a su médico
"in his professional investigations and in admiring the rapid deduction, as swift as
intuitions, and yet always founded on a logical basusm with which he unravels the problems
which were submitted to him" (Doyle 1901).
Historia clínica y exploración
física
De todos los procedimientos diagnósticos la correcta y
detallada historia clínica es el primero y el más importante paso. El interrogatorio
detallado del paciente suministra, habitualmente, una gran cantidad de información
diagnóstica. Durante la primera visita el paciente debiera relatar el inicio, la
frecuencia y la duración de las lesiones. Ello permite diferenciar la urticaria aguda de
la crónica (Tabla I).
Tabla I. Datos anamnésicos que aportan claves
diagnósticas que permiten diferenciar los distintos tipos de urticaria |
| Pregunta |
Respuesta |
Diagnóstico |
| 1)
Duración de la enfermedad |
a) <6 semanas |
Urticaria aguda |
| b) >6 semanas |
Urticaria
crónica |
| 2)
Tamaño de las lesiones |
a) Puntiformes |
1) Urticaria
acuagénica
2) Urticaria colinérgica
3) Urticaria solar |
| b) Gigante,
tejido profundo |
1) Angioedema
2) Urticaria por presión |
| 3)
Localización de las lesiones |
a) Áreas al sol |
1) Urticaria
solar
2) Urticaria contacto calor |
| b) Zonas de
presión |
1) Urticaria por
presión
2) Urticaria dermográfica |
| c) Zonas de frío |
Urticaria por
frío |
| d) Puntos
vibración |
1) Angioedema
vibratorioo fricción
2) Urticaria dermográfica |
| e) Contacto con
agentes químicos |
Urticaria por
contacto |
| f) Lesiones
pigmentadas |
Urticaria
pigmentosa (mastocitosis) |
| 4)
Aparición temporal de las lesiones |
a) Retardada |
1) Urticaria por presión
2) Urticaria colinérgica
3) Urticaria por frío
4) Urticaria contacto calor |
| b) Rápido |
La mayoría de
urticarias |
| 5)
Duración de las lesiones |
a) Corto (1/2-1h) |
1) Urticaria dermográfica
2) Urticaria colinérgica
3) Urticaria acuagénica
4) Urticaria solar
5) Urticaria contacto calor
6) Urticaria por frío
7) Angioedema vibratorio |
| b) Prolongado
(>48h) |
1) Urticaria vasculitis
2) Urticaria familiar frío |
| 6)
Factores de provocación |
a) Luz solar |
Urticaria solar |
| b) Contacto con
calor |
Urticaria
contacto calor |
| c) Aire frío |
1) Urticaria
contacto frío
2) Urticaria frío familiar |
| d) Agua fría |
1) Urticaria
contacto frío
2) Urticaria acuagénica |
| e) Agua tibia |
Urticaria
acuagénica |
| f) Ejercicio
físico, stress |
Urticaria
colinérgica |
g)
Comida-proteínas
Animal y planta
Tintes
Conservantes |
Urticaria aguda y
crónica
Reacción anafiláctica |
| h) Fármacos |
Urticaria común
(anafilactoides) |
| i) Enfermedad
viral aguda o crónica |
Urticaria común |
| j) Inhalantes o
contactantes |
Urticaria común |
| k) Enfermedad
crónica |
1) Urticaria crónica
2) Urticaria vasculitis |
| l) Radiología o
cirugía |
Anafilactoide |
m) Parasitosis
Insectos |
1) Urticaria agua crónica
2) Urticaria papulosa |
| 7) Incidencia
familiar |
|
Algunas
urticarias físicas
Angioedema hereditario
Intolerancia a la aspirina
Atopia (urticaria contacto por frío y por calor) |
El paciente debe describir detalladamente
del tamaño, color, configuración, sensación, localización y duración de los habones.
La afectación de los tejidos profundos con edema sugiere el diagnóstico de angioedema.
Lesiones de urticaria más persistentes traducen la presencia de una vasculitis
subyacente. La presencia de máculas o maculopápulas, marrones o eritematosas,
pigmentadas, indican la presencia de una urticaria pigmentosa.
Ocasionalmente, los brotes de urticaria se acompañan de
síntomas locales o sitémicos. Algunos de ellos son disnea, síncope, nauseas, vómitos y
cefalea. La reacción de intolerancia a la aspirina se caracteriza por flushing y edema de
la cara que se extiende rápidamente hacia el tronco asociándose la presencia de prurito
en el cuero cabelludo. Se objetiva fiebre y se refieren artralgias en la urticaria
familiar por frío, en la urticaria vasculitis y en la urticaria por presión.
A diferencia de la urticaria crónica, el factor
desencadenante en la urticaria aguda suele ser evidente: un alimento concreto, i.e. un
marisco, o bien un fármaco tomado durante una enfermedad aguda. En caso que el paciente
no relacione el brote con nada en concreto se le recomienda que anote detalladamente
aquello que realizó las 24 horas anteriores al inicio del brote o bien que esté más
atento ante la posibilidad de que se desarrollen nuevos brotes en un futuro.
En la fase inicial, las lesiones desencadenadas por la
luz, el frío, el calor, la presión o el ejercicio físico pueden ser vividas como una
urticaria aguda. La distribución de las lesiones, su configuración y su aparición en
relación con ciertos estímulos es útil para establecer el diagnóstico correcto.
El diagnóstico de urticaria crónica puede ser más
problemático. Los factores de provocación pueden ser menos evidentes. Los pacientes
suelen haber tomado alimentos o fármacos, como por ejemplo laxantes, analgésicos u
hormonas durante años con impunidad.
Es interesante preguntar acerca del posible carácter
hereditario de la urticaria, del hábito tabáquico, de la ocupación, de recientes viajes
y sobre el pasado y presente de la enfermedad.
La urticaria y el angiodema están presentes en pacientes
con urticaria aguda. Estas lesiones deben examinarse buscando los datos típicos de los
habones y del edema cutáneo profundo. Es importante observar la distribución de las
lesiones. Los hábones dermográficos pueden observarse en los puntos de fricción o donde
la ropa aprieta. Se inspecciona la piel buscando máculas pigmentadas (mastocitosis),
signos de transtornos metabólicos o eczema.
La exploración general debiera incluir la
inspección de los dientes, la palpación de la glándula tiroidea y del hígado así como
una exploración neurológica.
Aspecto clínico de la urticaria
Lesiones cutáneas
Los habones se inician como un discreto eritema que
rápidamente se transforma en una pápula o bien una placa elevada y edematosa. Tras un
breve tiempo, el eritema se acentúa más en el margen de la lesión; el centro se torna
amarillento o blanco, debido a la presión del edema y a la constricción de las
arteriolas más grandes. Este color se hace más aparente cuando la piel se estira. La
lesión puede rodearse de un eritema reflejo brillante. Comprimiendo la piel eritematosa
entre dos dedos se puede observar el típico aspecto de piel de naranja.
Aparte de este aspecto básico del habón, el cuadro
clínico de la urticaria puede ser muy diverso. Los habones pueden ser pequeños, incluso
sólo puntiformes como es típico de la urticaria colinérgica, o pueden llegar a tener el
tamaño de la palma de la mano. La forma del habón puede ser anular y circinada debido a
la confluencia de varias placas. Pueden asimismo afectarse extensas zonas de piel.
Si el edema es muy intenso, puede desarrollarse una
vesícula o incluso una ampolla en la parte más prominente del habón. Esta circunstancia
suele observarse frecuentemente en las picaduras de insecto o bien en los habones de
urticaria pigmentosa. Algunas lesiones mantienen un aspecto papuloso tras la desaparición
del componente urticarial. Este hecho se observa en los habones ocasionados por picadura
de insecto y en la urticaria crónica, especialmente si existe una vasculitis subyacente.
Histológicamente se observa vasculitis cutánea con depósito de inmunoglobulinas y de
complemento en la pared de los vasos.
Es infrecuente que las lesiones más intensas sean
hemorrágicas. La hiperpigmentación no es una característica propia de la urticaria,
pero se observa en aquellas zonas de la piel donde hay una proliferación verdadera de
mastocitos como es la urticaria pigmentosa. Se desconoce si el incremento de la
melanización se debe a los mediadores derivados de los mastocitos o bien al mismo
estimulo que provoca la proliferación de los mastocitos.
La urticaria típica se desarrolla durante segundos o
minutos en cualquier parte de la superficie corporal o bien mucosa, desapareciendo en unas
3-4 horas. Este carácter efímero de las lesiones puede deberse al agotamiento de las
reservas de histamina de los mastocitos. La naturaleza migratoria de los habones puede
demostrarse marcando el límite de las lesiones con un bolígrafo y revisando su
progresión al cabo de unas horas. La razón de esta variación y la impredecible
distribución de las lesiones es desconocida y puede deberse a los cambios locales del
flujo sanguíneo y el transporte de los estímulos desencadenantes a los mastocitos.
A veces la urticaria tiene una especial configuración y
localizaciones predilectas, especialmente cuando se trata de urticarias físicas o de
contacto. El tiempo de permanencia del habón puede ser muy corto como ocurre en la
mayoría de urticarias físicas o ser persistente, como es el caso de las urticarias
vasculitis. El edema tisular puede extenderse al tejido cutáneo y subcutáneo como en el
angioedema y en la urticaria retardada por presión.
Los habones son habitualmente pruriginosos, y a diferencia
del picor asociado al eczema, las lesiones de urticaria tienden a ser frotadas o
presionadas por el paciente. Ello explica porqué su superficie no suele ser escoriada.
Algunos pacientes describen cosquilleo, ardor u hormigueo. El picor se siente más
rápidamente en el cuero cabelludo, palmas, plantas y sobre las prominencias óseas. El
edema profundo puede ser doloroso.
En la urticaria crónica, las lesiones tienden a
desarrollarse durante la noche y los pacientes sufren de prurito nocturno durante el
sueño o durante períodos de tensión nerviosa. Ello puede deberse a cambios en la
función adrenérgica y nerviosa autonómica especialmente por los bajos niveles de
cortisol.
Sintomatología no cutánea
Los órganos internos pueden estar implicados
especialmente durante las reacciones agudas y severas. Puede deberse a una reacción de
los mastocitos locales inducida por los antígenos y/o agentes nocivos, o bien tratarse de
una respuesta de los órganos a los mediadores de los mastocitos que llegan de la piel a
través del flujo sanguíneo.
Algunos pacientes experimentan una fase prodrómica que
puede durar desde unas horas hasta incluso uno o dos días. Se caracteriza por pérdida de
apetito, malestar, cefaleas y fiebre.
Los órganos internos más frecuentemente implicados
durante los episodios de urticaria aguda son el tracto respiratorio alto y el tracto
gastrointestinal, sobre todo tras la ingestión de ciertos alimentos. El edema de las
membranas mucosas como la lengua, el paladar blanco, la faringe o la laringe pueden
ocasionar dificultad de respiración. Afortunadamente, la afectación de la mucosa es
infrecuente y la urticaria común raramente compromete la vida del paciente, salvo si se
trata de un angioedema hereditario y de una urticaria por frío.
A veces se observan sibilancias debido al broncoespasmo,
especialmente en atópicos, asociándose frecuentemente la urticaria con el asma
alérgico. La afectación del tracto gastrointestinal ocasiona dolor abdominal, vómitos y
diarreas especialmente tras la ingesta de alimentos que ocasionan la liberación de
mediadores por los mastocitos intestinales. En la urticaria crónica el incremento de la
acidez puede llevar a una úlcera gástrica crónica e incluso al sangrado.
La afectación articular forma parte del síndrome de la
urticaria vasculitis y de la enfermedad del suero. Se han descrito casos aislados de
afectación renal, hepática, pancreática o bien complicaciones del sistema nervioso
central, como edema cerebral, confusión mental, coma, hemiparesia o convulsiones (1).
También se ha descrito, aunque infrecuentemente, afectación cardiaca con dolor torácico
y alteraciones electrocardiográficas debidas a isquemia transitoria (1-3).
Anafilaxia
En individuos muy sensibles, la anafilaxia es una
manifestación de la urticaria capaz de comprometer la vida. Las reacciones no
inmunológicas con las mismas manifestaciones que la reacción anafiláctica se denominan
"anafilactoides". Los síntomas ocurren preferentemente tras una inyección
intravenosa o intramuscular, pero en personas muy sensibles el factor desencadenante
también puede penetrar por vía oral, gastrointestinal, respiratoria, cutánea y
epicutánea.
La reacción se desarrolla rápidamente y alcanza su pico
tras 5-30 minutos. Al inicio, los pacientes notan prurito en las palmas y plantas, en el
área genital o en el conducto auditivo externo. Cosquilleo en el paladar blando,
náuseas, vómitos, presión subesternal y acortamiento de la respiración son otros
síntomas precoces. Hipotensión, prurito, broncoespasmo, urticaria, angioedema, eritema
difuso, prurito, edema laríngeo, arritmia cardíaca e hiperperistalsis puede presentarse
aisladamente o combinados. La diversidad de las manifestaciones clínicas en humanos
contrastan con las observaciones hechas en animales en las que el órgano de choque
siempre es predecible: los pulmones en el cobayo y el intestino en el perro.
Los pacientes que reaccionaron con brotes de urticaria
previos pueden experimentar un shock tras sucesivas exposiciones al antígeno o a agentes
nocivos. Una reacción urticarial severa no tratada puede evolucionar con hipotensión y
anafilaxia. Después de una reacción anafiláctica pueden desarrollarse habones durante
las siguientes horas.
La analilaxia está mediada por anticuerpos IgE, y
posiblemente también por IgG4, que tienen gran afinidad por el mastocito y por el
basófilo. Las causas más frecuentes de anafilaxia sistémica fatal son las picaduras de
ciertos insectos y las reacciones frente a la penicilina.
Otros fármacos capaces de ocasionar anafilaxia con los
mercuriales orgánicos, los opiáceos, el iodo orgánico utilizado en los medios de
contraste radioopacos, los anestésicos locales, la estreptomicina, la
bromosulfoftaleína, el dehidrocolato sódico, la fluoresceína, el rojo Congo, el
dextrano, la aspirina, la heparina, la vitamina B12, la tetraciclina (especialmente la
metiltetraciclina) y las cefalosporinas. Los antisueros, los extractos de alergenos y
ciertas hormonas pueden ocasionar anafilaxia. No siempre están claros los mecanismos
implicados en la anafilaxia y en las reacciones anafilatoides.
Enfermedad del suero
Cuando los antígenos persisten durante períodos
prolongados de tiempo en la circulación permitiendo la formación de anticuerpos y de
inmunocomplejos se produce una enfermedad del suero. La reacción urticariforme puede
observarse inicialmente en el punto de inyección y posteriormente se generaliza. Fiebre,
linfadenopatías, artritis, nefritis, angioedema, neuritis o síntomas gastrointestinales
severos son acompañantes frecuentes de la enfermedad. Suele acompañarse de leucocitosis,
velocidad de sedimentación elevada y eosinofilia moderada.
Las causas más frecuentes de enfermedad del suero eran
las inyecciones de suero extraño. Fármacos como la penicilina, sulfamidas, tiouracilo,
radiocontraste, difenilhidantoína, ácido aminosalicílico y estreptomicina son
actualmente las causas más frecuentes.
Tras la exposición inicial se sigue un período de
latencia de 4-6 días necesario antes de que una cantidad suficiente de anticuerpo se
secrete por el sistema inmune para la formación de inmunocomplejos circulantes. Las
reacciones ocurren rápidamente en las exposiciones repetidas al antígeno hasta incluso
tres semanas después de la administración de penicilinas de acción prolongada o
sulfamidas. Lon síntomas persisten durante algunos días hasta semanas, manteniéndose
más con fármacos depot. En casos de reacciones aceleradas debidas a la exposición
repetida de fármacos desencadenantes, el shock cardiovascular puede acompañarse de
convulsiones, asma y diarrea llevando rápidamente al coma y a la muerte.
Curso y pronóstico
En un 90% de los pacientes con urticaria aguda, los
habones van apareciendo y desapareciendo durante 2-3 semanas hasta su desaparición total
y definitiva. En el grupo con síntomas de urticaria crónica los habones desaparecerán
si el agente casual es detectado y meticulosamente evitado. La mayoría de los pacientes
con urticaria idiopática pierden la tendencia a desarrollar habones en unos cinco años.
Incluso la reactividad IgE, como en la alergia a la penicilina, se hace menos severa con
el tiempo perdiéndose la reactividad del test cutáneo tras 5-10 años en más de un 90%
de los pacientes si no existe reexposición. Cada individuo tiene un curso impredecible de
su urticaria que puede ir desde unos meses a varias décadas.
Pruebas de laboratorio
Ante una urticaria crónica idiopática ciertos autores
sugieren la realización de una extensa batería de pruebas de rastreo. Sin embargo, esta
práctica rutinaria e indiscriminada ha sido seriamente criticada pues se obtienen
resultados anormales en sólo un 20,8% de los pacientes. Si hay resultados anómalos
suelen ser habitualmente los esperados en base a la historia clínica y al examen físico
(4). Se observaban dos excepciones, aquellas que hacen referencia a la exploración
especial de los dientes en busca de caries y de los senos frontomaxiliares en busca de una
inflamación crónica. Para evitar un gasto innecesario las pruebas de laboratorio
debieran realizarse siempre en función de la presunción diagnóstica del tipo de
urticaria.
Algunos tipos de urticaria y de angiodema,
además de ser diagnosticados clínicamente, pueden confimarse utilizando ciertas pruebas
de laboratorio. La tabla II recoge las pruebas que deben realizarse cuando se
sospecha un tipo concreto de urticaria.
Tabla II. Pruebas de laboratorio necesarias ante la
sospecha de un tipo específico de urticaria |
| Diagnóstico de
sospecha |
Prueba de laboratorio |
| 1. Urticaria crónica a) Enfermedad tiroidea
b) Lupus eritematoso sistémico
c) Infecciones virales
d) Infecciones por hongos
e) Infecciones bacterianas
f) Infestaciones parasitarias
g) Penicilina |
T3, T4, anticuerpo tiroideo antimicrosomal
ANA, VSG
Ag hepatitis B
Muestras de heces y vaginas para cándidas y tricomonas
Rayos X: pulmón, senos, dientes; urinalisis
Huevos y parásitos de heces; eosinofilia, IgE total,
rayos-X
RAST (o prueba cutánea) |
| 2. Urticaria
vasculitis |
VSG, CH50,
C1q, C4, C3, inmunocomplejos circulantes, histología de las lesiones, inmunofluorescencia
de la biopsia 3 horas después de la inyección de histamina (1:10000, 0,1 ml
intradérmica) |
| 3. Angioedema
hereditario |
Niveles de C1
inhibidor, CH50, C4, C1 |
| 4. Urticaria por
frío |
Serología de
sífilis, crioglobulinas, criofibrinógeno, hemolisinas frío, electroforesis sérica,
anticuerpos heterofilos, ANA, contaje de leucocitos |
| 5. Urticaria por
presión |
VSG, contaje leucocitario |
| 6. Urticaria solar |
Pruebas serológicas para
descartar un LES o una porfiria |
| 7. Mastocitosis |
Biopsia de piel, biopsia de
médula ósea |
Las pruebas de laboratorio destinadas al
diagnóstico de la alergia dependiente de la IgE consisten en la determinación de la IgE
total (prueba de radio-alergoinmunoabsorción, RIST) y en la valoración de la IgE
específica de alergeno (prueba de radioalergoinmunoabsorción, RAST). Estas pruebas
pueden ser realizadas en la mayoría de laboratorios hospitalarios por un procedimiento in
vitro simple. La cuantificación del RAST se realiza en una escala de 0-4 o como % de
actividad.
Desde la primera descripción del RAST por Wide y cols
(1967) (5), se han realizado diversas modificaciones técnicas y simplificaciones de la
técnica que han permitido mejorar su sensibilidad y su especificidad (6). La
cuantificación de los niveles séricos de IgE total no suele contribuir al diagnóstico
de las diferentes causas de urticaria. El RAST, sin embargo, es una importante ayuda
diagnóstica, especialmente cuando no se pueden realizar pruebas cutáneas debido a la
actividad de la enfermedad o a la terapéutica. Las determinaciones por RAST de los
niveles específicos de IgE circulante son, sin embargo, de valor limitado dado que son
semicuantitativos y determinan el exceso de IgE y no la IgE patofisiológicamente más
importante que es la que se encuentra unida a los mastocitos y a los basófilos. Por esta
razón, a veces el RAST es negativo en pacientes con un grado moderado de
sensibilización, incluso cuando la alergia mediada por IgE es sugerida por la historia
clínica, por las pruebas cutáneas o por las pruebas orales de provocación. RAST
positivos con pruebas de provocación negativas son infrecuentes (5,7% en las pruebas
cutáneas; 3% en las pruebas de inhalación) (7). La correlación de la enfermedad es
mejor con alergenos fuertes y puros y con RAST de clases 3-4. La superioridad de las
pruebas cutáneas sobre el RAST se observa también en la hipersensibilidad frente a las
picaduras de insecto.
Dado que el RAST es una prueba menos sensible, unas diez
veces más cara que las pruebas cutáneas, y los resultados tienen una demora de 2-3 días
contra 20 minutos, su indicación es limitada. El uso del RAST debiera limitarse a los
casos en los que las pruebas cutáneas son impracticables, cuando se requiera la
confirmación de una alergia por discrepacia de las diferentes pruebas o por
investigación. A pesar de ello, algunos médicos prefieren el uso del RAST, sobre todo si
no están familiarizados con la realización de las pruebas cutáneas y de provocación
evitando así el riesgo de una reacción anafiláctica. El RAST es especialmente necesario
o conveniente en estudios clínicos, para probar y estandarizar alergenos, o para comparar
datos en ensayos multicéntricos.
Otros métodos desarrollados para el estudio de la alergia
mediada por IgE son la determinación espectrofluorométrica de la histamina en el
sobrenadante de extractos leucocitarios, la prueba de degranulación de los basófilos y
el test de transformación linfocitario.
Debemos tener muy en cuenta que la alergia mediada por la
IgE juega un papel minoritario en la urticaria, especialmente si nos referimos a la
urticaria crónica.
Pruebas de provocación cutáneas
Las pruebas de alergia in vivo, sobre todo las pruebas
cutáneas, utilizadas en medicina desde hace más de una centuria se han demostrado
superiores a las pruebas diagnósticas de laboratorio. Su valor diagnóstico radica en la
simulación de las condiciones que llevaron a la reacción anafiláctica. Incluso
reacciones no mediadas por la IgE pueden reproducirse, por ejemplo, en las pruebas con
sustancias degranuladoras del mastocito o durante la provocación oral con aspirina.
Las pruebas de las reacciones urticariales dependientes de
los mastocitos se llevan a cabo por alguno de estos cinco métodos: la prueba epicutánea
abierta, la prueba "rub" o por frotamiento, el "prick test", el
"scratch tes" y las pruebas intradérmicas.
Los alergenos, las sustancias liberadoras de histamina y
los agentes físicos pueden ser aplicados sobre la piel íntegra e intacta. Ello es así,
por ejemplo, en las pruebas de provocación de la urticaria de contacto. Se utiliza
preferentemente la prueba epicutánea abierta realizándose la lectura de la misma a los
30-45 minutos y a las 6-8 horas. Las pruebas cutáneas específicas de las urticarias
físicas serán posteriormente detalladas.
La mayoría de los alergenos y de sustancias químicas son
incapaces de atravesar la barrera epidérmica, y su penetración se puede incrementar por
la lesión mecánica de la piel. La prueba menos invasiva es el "rub test".
Consiste en frotar el alergeno en la piel del antebrazo. La penetración del alergeno
ocurre sobre todo a través de los folículos pilosos. La prueba puede ser evaluada tras
20 minutos y es 10.000 veces menos sensible que las pruebas intradérmicas.
El "prick test" y el "scratch test"
son 100 veces menos sensibles que las pruebas intradérmicas pero son seguros incluso en
individuos muy reactivos. Su uso es muy extendido debido a la simplicidad de la técnica,
la velocidad de realización, el bajo nivel de disconfort del paciente y la buena
correlación con la enfermedad clínica.
En el "prick test" una gota del extracto se
sitúa en la piel y con un instrumento punzante se toca la piel a través de la gota con
un ángulo de 45º. Se crea así una pequeña solución de continuidad en la epidermis.
También se puede emplear una lanceta que contacta la piel en un ángulo de 90º. Se
introduce aproximadamente 3µl de la solución intradérmicamente por esta técnica. En el
"scratch test" se hace una abrasión superficial con un aguja o lanceta y el
extracto se aplica sobre la piel. En la prueba intradérmica se inyecta lentamente 20 µl
de una solución en la piel. La aguja o la lanceta pueden limpiarse con una esponja tras
cada aplicación de un alergeno y no causar así resultados falsos positivos. Estos
instrumentos son desechables y no deben reutilizarse en diferentes pacientes.
Todas estas pruebas suelen hacerse en la cara anterior del
antebrazo. También pueden aplicarse en la espalda separándose entre ellas unos 5 cm.
Debe incluirse un control negativo que es la solución de las pruebas sin antígeno y un
control positivo como es la histamina (0,01%), el compuesto 48/80 (0,01%) o la codeína.
Un habón normal de histamina a las concentraciones
recomendadas en las pruebas debiera ser de 6 mm de diámetro en el prick test y entre
12-16 mm en las pruebas intracutáneas. Las otras reacciones se valoran
semicuantitativamente en relación al habón inducido por la histamina. Reacciones
parecidas se valoran con 3+, una reacción doble de tamaño es 4+ y la mitad del tamaño
es 2+ y las de muy pequeño tamaño son de 1+. Para cuantificarlo mejor los habones pueden
medirse con planímetro. Las lecturas deben hacerse inmediatamente y a las 6-8 horas.
La intensidad de las reacciones cutáneas
depende de los factores enumerados en la tabla III.
Tabla III. Factores capaces de influir en el tamaño de las pruebas
cutáneas |
| Cantidad de alergeno |
| Respuesta de los
mastocitos |
| Respuesta del tejido diana |
| Profundidad de la
inyección |
| Región corporal (más en
la parte superior de la espalda) |
| Momento de día (más
durante el atardecer) |
| Ciclo menstrual (más
antes de la menstruación) |
| Edad (más en la tercera
década) |
| Enfermedades asociadas
(incremento en la urticaria dermográfica y eritrodermia, disminución en la ictiosis y en
el eczema atópico) |
| Inmunoterapia
(disminución) |
| Estado refractario de la
piel (tras urticaria reciente en este punto) |
| Antihistamínicos H1
(disminución) |
| Corticosteroides
(disminución en terapéuticas largas y a altas dosis) |
| Fármacos simpaticomiméticos |
Las pruebas cutáneas son muy valiosas y se
utilizan ampliamente por los médicos en todo el mundo. Si las pruebas se hacen bien y son
positivas dan mucha información acerca de la causa de la urticaria.
Prueba de provocación oral
Los agentes responsables de la urticaria tras la ingesta
oral suelen ser alimentos y bebidas o bien fármacos. Las pruebas de provocación oral se
indican cuando el diagnóstico por historia clínica no está claro y cuando las pruebas
cutáneas son irrelevantes. También se realizan para comprobar que ciertos fármacos
puedan ser tomados con impunidad. La prueba de provocación oral no está exenta de
riesgos y debe ser llevada a cabo bajo la supervisión de un médico siendo sustituida,
siempre que sea posible, por otra prueba diagnóstica incluyendo las pruebas de
eliminación de alimentos de la dieta.
Las pruebas de provocación oral son muy útiles cuando
las pruebas cutáneas son negativas a pesar de una historia clínica sugestiva o cuando no
están disponibles soluciones comerciales para realizar pruebas cutáneas.
El principal requisito para realizar las pruebas de
provocación oral es estar libres de síntomas. Se van sucesivamente incrementando las
dosis de sustancia ingerida. Una vía intravenosa debe estar preparada cuando la historia
clínica sugiere que la reacción pueda ser severa, permitiendo así reducir el nivel de
ansiedad y de anticipación del paciente. Habitualmente, los pacientes sometidos a este
tipo de pruebas están bajo control hospitalario y a dieta, por ejemplo de patatas y arroz
hervido, para evitar en lo posible la presencia de habones. Se permite la ingesta de agua
y de té para mantener el aporte de fluidos. Utilizando estas medidas se consigue que un
60% de los pacientes estén libres de síntomas (8). El 40% de pacientes restante se
someten a otros procedimientos diagnósticos.
Las pruebas de provocación oral se inician en pacientes
libres de síntomas, tras asegurarse bien que no han tomado aspirina u otros agentes
químicos sospechosos durante los días previos. Excepcionalmente, las pruebas de
provocación oral pueden realizarse en presencia de habones si fallan todos los otros
procedimientos diagnósticos. En estos pacientes las reacciones deben ser interpretadas
con mucha cautela teniendo siempre en la mente que suponen una reacción principalmente
"isomórfica", agravante de la reacción y que no significan necesariamente ser
la causa de la urticaria.
Antes de realizar las pruebas, se pone un cateter
intravenoso para poder contrarrestar con terapéutica sistémica una reacción violenta.
Si no está claro cuál es el agente causal de la
urticaria pueden ensayarse sustancias pertenecientes a uno de los cuatro grupos de
intolerancia durante tres días. Las sustancias incluidas en cada uno de los cuatro grupos
son en el grupo I la tartrazina E102, el benzoato sódico y el ácido sórbico. En el
grupo II, la mezcla de colorantes alimentarios Ia, el paracetamol y el ácido
4-hidroxibenzoico. En el grupo III, la mezcla de colorantes IIb, el benzoato sódico y el
ácido sórbico. En el grupo IV la indometacina y al aspirina. Si se observa reacción la
prueba debe pararse durante 2-3 días o bien continuar utilizando tabletas placebo. Los
componentes individuales del grupo que ha ocasionado la reacción se prueban
posteriormente por separado.
Las sustancias estudiadas se preparan en cápsulas de
gelatina no teniendo idea el paciente de la naturaleza de la sustancia probada. Es
necesario informar adecuadamente al sujeto implicado acerca de los síntomas que puede
notar y del procedimiento al cual será sometido indicándole, por ejemplo, la posibilidad
de recibir un placebo. Una información adecuada permite disminuir el nivel de ansiedad y
de espectación haciendo que el paciente sea más crítico en cuanto a su sintomatología.
El tiempo transcurrido hasta el inicio de los síntomas y su severidad depende de la
dosificación y de la sensibilidad individual del paciente.
El angioedema suele desencadenarse durante la primera hora
y la urticaria suele aparecer después, a las 6-14 horas. Si la reacción es dudosa, se
suministra una dosis superior o bien se repite la prueba unos días después.
En aquellos pacientes que reaccionan a cualquiera de las
sutancias probadas, Ring (9) realiza aquello que denomina "reverse placebo
provocation". Consiste en suministrar al paciente el placebo haciéndole creer que es
la sustancia responsable y a la inversa. Si el paciente reacciona según lo que se le ha
indicado verbalmente puede afirmarse que el origen de la erupción tiene un fuerte
componente psicogénico. Este procedimiento debe tener en cuenta, sin embargo, que la
naturaleza del propio placebo, por ejemplo los carbohidratos, pueden ser responsables de
urticaria.
Muchas veces la historia del paciente permite orientar las
pruebas hacia un solo agente o hacia una combinación de los mismos. Las pruebas de
provocación oral se adaptan a la situación individual. Se prueban fármacos
antiflogísticos alternativos y analgésicos para determinar cuál de ellos es el más
seguro. Si se sospecha una intolerancia alimentaria se prueban los conservantes y también
los colorantes. Agentes altamente sospechosos como la aspirina deben ser siempre testados
al final del programa de pruebas o en viernes, pues en caso de reacción, se debe parar la
prueba durante 2-3 días por periodo refractario. El periodo refractario puede durar hasta
una semana completa.
Las sustancias utilizadas en estas pruebas se recogen en
la Tabla IV pudiendo variar la lista de un país a otro. Por razones prácticas se
dan las dosis en intervalos de 2 horas sabiendo que la reacción puede también ocurrir al
final. En los asmáticos o sujetos altamente sensibilizados las pruebas pueden iniciarse a
dosis muy bajas incrementando las concentraciones poco a poco a intervalo horarios.
Tabla IV. Sustancias útiles y dosificación en las
pruebas de provocación oral |
| Agente |
DOSIS
(mg) |
| Antiflogísticos
y analgésicos |
| Paracetamol |
50,250,500 |
| Fenacetina |
50,100,250 |
| Piroxicam |
5,10,20 |
| Fenobarbital |
10,20,100 |
| Codeína fosfato |
5,50 |
| Indometacina |
5,25,50 |
La tendencia es estudiar a los pacientes
con urticaria en régimen ambulatorio, excepto si se trata de un enfermo con asma, rinitis
o sinusitis. Los pacientes que sufrieron un shock anafiláctico deben ser estudiados
hospitalariamente. Algunos autores sugieren que los pacientes asmáticos mantengan su
tratamiento de base para evitar reacciones serias. La prueba de provocación simula así,
las condiciones naturales exactas pudiendo informar adecuadamente al paciente acerca de
aquello que debe evitar en su ingesta.
Diferentes publicaciones enumeran la frecuencia de las
reacciones frente a diferentes sustancias utilizadas en las pruebas de provocación. Ello
ayuda a escoger la secuencia de agentes químicos y a interpretar los resultados. La
mayoría de reacciones positivas se observan tras la ingesta de aspirina, seguidas por los
colorantes azo, sobre todo la tartrazina, la indometacina, así como otros colorantes y
conservantes. Un paciente puede reaccionar frente a varios fármacos.
Los pacientes que reaccionan frente a dosis pequeñas de
aspirina tienden a reaccionar también frente a dosis pequeñas de otros fármacos. La
presencia de reacciones cruzadas implica también tolerancia cruzada durante el periodo
refractario. Este hecho se ha demostrado con la aspirina, la indometacina y otros
fármacos no esteroideos antinflamatorios. Se ha observado que prácticamente no existen
reacciones cruzadas entre aspirina e inhibidores de las prostaglandinas con las
pirazolonas (10) y paracetamol (5%) (11).
Valverde y cols. (12) estudiaron la respuesta de la
proliferación leucocitaria en 258 pacientes con urticaria crónica durante la
transformación linfocitaria in vitro inducida por extractos alimentarios y aditivos. Un
total de 32,2% de pacientes reaccionaban sólo frente a extractos alimenticios y un 46,6%
frente a ambos; un 25% respondían a la aspirina y tartrazina, un 25% a tartrazina y
ácido hidroxibenzoico, y un 11% frente a los tres componentes. La dieta basada en estos
resultados ocasiona una remisión completa en el 61,1%, una remisión parcial en el 22% de
los pacientes y ninguna mejoría en un 16,2%. No se hace mención a la correlación entre
los datos in vitro y la historia clínica del paciente. Se requieren nuevos estudios para
poder definir cuál es el verdadero valor diagnóstico de esta prueba.
Se ha implicado en la persistencia de la
urticaria crónica idiopática el posible papel de ciertos alimentos y conservantes en la
llamada falsa alergia alimentaria. Zuberbier y cols (13) refieren que el 73% de los
pacientes con urticaria crónica idiopática por ellos estudiados, mejoraron con una dieta
alimentaria estricta que eliminaba los denominados "pseudoalergenos
alimentarios". No obstante sólo un 19% de estos casos empeoraban con las pruebas de
provocación utilizando las mismas sustancias. Un 46% de estos enfermos persistieron
asintomáticos seis meses después de su estancia controlada en el hospital, manteniendo
la dieta prescrita. Los alimentos prohibidos eran: fideos, patatas chips, quesos,
margarina, pescados, carnes en conserva, alcachofas, guisantes, setas, olivas, tomates,
pimienta, todo tipo de frutas, especias y cualquier tipo de bebida que no fuera agua, té,
café y leche natural. Los alergenos o pseudoalergenos empleados para la prueba de
provocación oral fueron los recogidos en la Tabla V. Cinco pacientes reaccionaron
a los colorantes, tres a los salicilatos y silfitos y uno al ácido sórbico.
Tabla V. Alergenos y pseudoalergenos empleados en prueba de provocación
oral en pacientes con urticaria crónica idiopática (Zuberbier, 1995) (13) |
| Colorantes (5 mg) Amarillo quinoleina (E-104, D-C amarillo 10)
Amarillo ocaso (E-110), FD-C amarillo 6)
Rojo cochinilla (E-120) [(amaranto, E-123)]
Azorubina (E-122) [eritrosina, E-127)] (FD-C rojo 3)
Indigotine (E-132, FD-C azul 2)
Negro brillante (Bn-E-151) (óxido de hierro E-172) |
| 1 gr de ácido sórbico |
| 1 gr de benzoato sódico y
p-hidroxibenzoato |
| 100 mg de bisulfito
sódico |
| Lactosa-placebo |
| 100 mg de nitrato sódico
y 200 mg de glutamato sódico |
| 50 mg de tartrazina |
| 100 mg de ácido
acetilsalicílico |
50 mg de
butilhidroxianisol
de
butilhidroxitoluol
de
propilgalato
de
tocoferol |
En el mismo sentido se orientan los
trabajos de Haustein y cols. (14). Se valoraban los resultados de las pruebas de
provocación con pseudoalergenos alimentarios y aspirina desde 1979. A los pacientes
reactivos se les propuso una dieta adecuada durante seis meses. Un 39% de casos mostraron
intolerancia a la prueba de provocación: 23% a aspirina, 15% a tartrazina, 13% a
indigotina, 10% a colina-yelow-orange y un 8% a benzoato sódico o a sorbato potásico. De
todos ellos un 44% mejoraron con seis meses de dieta adecuada. En el grupo paralelo que no
mostró intolerancia, ni empleaba dietas, la mejoría en seis meses sólo fue de un 24%.
Desde 1982 se ha añadido a las pruebas de provocación
sustancias como la eritrosina E-127, el glutamato sódico, el propilgalato, el
metabisulfito sódico y el butilhidroxianiso. Estas sustancias dan lugar a reacciones
falsamente positivas si las dosis son excesivas. Debe afinarse más en este aspecto para
evitar así las diferencias estadísticas observadas entre autores. En ese caso y tras
catorce años, el uso de una dieta adecuada tras pruebas de provocación reactivas, supuso
una mejoría del 73% de los pacientes, entre las dos y las cuatro primeras semanas del
inicio de la dieta. En un 52% la mejoría se mantuvo mientras duró la dieta. Debemos
tener en cuenta que un 28% de pacientes con pruebas de provocación inespecíficas o sin
haberlas verificado, también mejoraron evitando los pseudoalergenos alimentarios. Es muy
recomendable que cualquier paciente con urticaria crónica idiopática, aparte de la
terapia farmacológica, evite la ingesta de ciertas sustancias.
Hallazgos de laboratorio
Dado el carácter efímero de los hallazgos clínicos e
histopatológicos no suelen observarse alteraciones en los valores rutinarios de
laboratorio durante la urticaria aguda, a menos que exista alguna enfermedad subyacente.
En la urticaria crónica idiopática ocurre algo parecido. Así pues, los estudios de
laboratorio ofrecen muy poca ayuda diagnóstica tanto en la urticaria aguda como en la
crónica.
Un 17% de pacientes muestran contajes de neutrófilos
elevados en urticaria crónica habiéndose también descrito un 8% de niños con
leucopenia. Suele acompañarse de un incremento de VSG en más de un 21% de los pacientes.
No se detecta eosinofilia (>5%) más que en un 15% de los pacientes. Aunque la
eosinofilia sugiere alergia o infestación parasitaria la búsqueda específica de estos
procedimientos puede resultar anodina. Se ha descrito también basopenia en estudios muy
antiguos.
La busqueda sistemática de valores patológicos de
inmunoglobulinas suele ser anodina. Los valores séricos totales de IgE son normales o
están elevados en un pequeño porcentaje de pacientes. El incremento de los niveles de
IgE suele observarse en caso de infección parasitaria o de picadura de insecto. Los
niveles séricos de IgG e IgA suelen ser normales, mientras que se detecta un incremento
inexplicable de IgM en un 42% de pacientes (15).
Los niveles del complemento suelen ser normales o
encontrarse disminuidos en un pequeño porcentaje (10%) de pacientes con urticaria que
tienen inmunocomplejos circulantes demostrables en un 38% del suero de los pacientes. Se
observan anomalías similares en los pacientes con urticaria vasculitis.
Se han observado elevaciones transitorias de la albúmina
sérica y de las proteínas totales en más del 50% de los pacientes. Se trata de un
fenómeno para el que se carece de explicación.
Se ha especulado con una posible relación patogenética
entre los habones y el sitema de la kalicreína, habiéndose estudiado los perfiles de
proteasa inhibidor que se han encontrado normales en lo que respecta a
trispsina-quimiotripsima, kalicreína- y C1q esterasa inhibidor. Se observan alteraciones
de estos parámetros tanto en el angioedema hereditario como en la urticaria por frío.
Angioedema
La prueba más importante de laboratorio con finalidad
diagnóstica son las alteraciones en los componentes del complemento. Los niveles de C1
inhibidor son siempre bajos en el angioedema hereditario no tratado. Durante los ataques
hay una caída de C4, CH50 y C2 mientras que el C1 se incrementa y C3 se mantiene normal.
El C1q era bajo en 21 de los pacientes estudiados por Brasher (16). El C4 se mantenía
siempre bajo y ocasionalmente normal entre los ataques. Otras alteraciones de laboratorio
durante los ataques son, por ejemplo, la leucocitosis con desviación a la izquierda y no
la eosinofilia. Puede aparecer hipernatremia por la diarrea y los vómitos.
El angiodema adquirido con deficiencia de C1 inhibidor
muestra una marcada reducción de C1 y C1q siendo también bajos C4 y C2. Se detectan en
el suero de estos pacientes crioglobulinas y las paraproteínas 7S y 19S. En el angioedema
idiopático crónico los valores del complemento se mantienen normales excepto en algunos
pacientes con urticaria asociada.
El estudio radiológico del abdomen muestra un intestino
con cambios sugestivos de edema de las mucosas y megacolon tóxico.
Urticaria dermográfica
Los niveles séricos de IgE y de complemento son normales.
Sólo Breathnach y cols (17) han descrito un incremento de los niveles de IgM y de
inmunocomplejos entre un 23% y un 30% de sus pacientes respectivamente. Asimismo se
aislaba Candida albicans del tracto gastrointestinal y genital en un 30% de sus pacientes
con urticaria dermográfica. Los niveles séricos de alfa1-antitripsina y de
alfa2-antiquimotripsina estaban disminuidos. En ciertos casos se han observado
alteraciones específicas de laboratorio en relación con una enfermedad de base, por
ejemplo, el dermografismo urticárico puede coexistir con un hipertiroidismo o una
infestación parasitaria.
Urticaria a frigore
En la urticaria por frío idiopática se han descrito
diferentes alteraciones de laboratorio. Houser y cols (18) detectaron incremento de las
crioglobulinas en un 20%, hemolisis en un 5% y criofibrinógeno en un 3% de sus pacientes.
Otros autores no observaban ningún tipo de proteínas anormales (19). Se observa
leucocitosis en la urticaria por frío familiar, hecho que es infrecuente en la urticaria
por frío habitual. Se ha descrito la presencia de eosinofilia. Ocasionalmente, se han
detectado alteraciones de los niveles de los mediadores, de las globulinas, de los
inhibidores de proteasas y del complemento. Estos hallazgos están en relación con
enfermedades asociadas y con la patogénesis. Los distintos cambios subyacen en al
heterogeneidad de la urticaria por frío.
Urticaria colinérgica
Excepto la presencia de leucocitosis, no siempre presente,
no se han descrito anomalías de laboratorio en la urticaria colinérgica.
Urticaria solar
Todos los estudios de laboratorio rutinarios suelen estar
dentro de los límites de la normalidad. En ciertos pacientes se ha observado un
incremento de la secreción de ácido gástrico durante los brotes de urticaria (20). Los
mismos autores detectaron, asimismo, anticuerpos antinucleares de inmunoglobulina IgM a
títulos elevados de 1:1000 en sus pacientes, sin otra evidencia de lupus eritematoso
sistémico. Se ha descrito aisladamente, en un caso, el incremento de los niveles de
lactodeshidrogenasa sérica con incremento de la fragilidad de los hematíes (21).
Urticaria por calor
Todos los estudios de laboratorio de rutina, incluyendo
estudios inmunológicos exhaustivos, suelen ser normales. Se han descrito pacientes
aislados con IgM (22) y con IgE (23) elevada respectivamente.
Diagnóstico
Urticaria dermográfica
El diagnóstico de la urticaria dermográfica se basa en
la historia clínica típica que sugiere que las lesiones se desencadenan por acción de
un trauma mecánico y pueden reproducirse tras la aplicación de una presión firme o
fricción sobre la piel. Las características de la fricción, la velocidad de la misma y
la presión son importantes en la reproducción de las lesiones y varían de una prueba a
otra. Se han construido algunos utensilios que permitirían cuantificar la presión
aplicada durante la prueba de provocación de la urticaria facticia o demográfica. Las
respuestas frente a 200 gr se consideran diagnósticas. Se forman habones entre 1-2 mm de
ancho a los 10 minutos aproximadamente. Con pesos superiores a 1000 gr los habones se
observan en el 5-25% de los sujetos sanos. Los puntos de fricción se inspeccionan a las
1, 4, 8 y 24 horas en busca de reacciones retardadas. Las pruebas se realizan en la parte
alta de la espalda.
Urticaria por presión
Habitualmente, el diagnóstico de urticaria por presión
puede realizarse en base a una buena historia clínica. Debe prestarse especial atención
a la distribución de las lesiones, a su inicio retardado y a su configuración. La
coexistencia frecuente de urticaria dermográfica y de urticaria crónica debe tenerse en
cuenta cuando los pacientes describen el curso temporal de la aparición clínica de las
lesiones.
El diagnóstico de urticaria por presión se confirma
fácilmente por la inspección observándose habones eritematosos y edematosos en puntos
predilectos de la piel. Es prioritario reproducir las lesiones experimentalmente.
Kunick (24) diseñó un instrumento especial al que se
aplicaban pesos sucesivamente cada vez más elevados en la espalda del paciente. Una
manera más simple de obtener la misma información es aplicar pesos entre 2-10 Kg sobre
los hombros o bien sobre los muslos con el paciente sentado. Los pesos se mantienen en el
sitio entre 10-30 minutos y la lectura debe realizarse inmediatamente después de retirar
los pesos no olvidando que pueda ser que coexista urticaria dermográfica. Deben
realizarse lecturas tardías a las 4, 6 y 8 horas y si puede ser a las 20 horas. Debiera
realizarse, simultáneamente, una prueba de provocación de urticaria dermográfica
friccionando la espalda. Este punto también debe inspeccionarse tardíamente con la
finalidad de no perder la urticaria dermográfica retardada.
Cuando la prueba es negativa, a pesar de realizarla
adecuadamente, si la historia clínica es muy sugestiva de urticaria por presión, deben
repetirse una vez o dos con intervalos de 48 horas pues las lesiones no se reproducen
siempre. En caso de prueba negativa el punto de aplicación de la misma puede modificarse.
En algunos de los pacientes se observa una reacción positiva, por ejemplo en la espalda,
y negativa en otras zonas como el abdomen o el antebrazo. Quizá la espalda sea el punto
más óptimo para realizar la prueba de provocación.
Los falsos negativos pueden deberse a la refractariedad de
la zona de piel tras una exposición in vivo previa, a las fluctuaciones en la
sensibilidad de los pacientes a la presión cutánea, a un tratamiento reciente con
fármacos inmunosupresores como corticosteroides y a que la prueba sea insuficiente. La
adición de más peso o una ampliación del tiempo de aplicación puede favorecer la
aparición de los habones en algunos pacientes.
Urticaria a frigore
Cuando se sospecha una urticaria por frío en
función de la historia clínica debe realizarse una secuencia de pruebas que se enumeran
en la Tabla VI.
Tabla VI. Pruebas diagnósticas de la urticaria por frío |
| La observación tras el
tiempo de exposición debiera ser de 15 minutos en las reacciones inmediatas y entre 8 y
24 horas para las reacciones retardadas. |
| 1. Contacto con frío
Fuente del frío: Un cubito de hielo en una bolsa
de plástico
Hielo escarchado en una bolsa de plástico
Cloretil en spray
Cilindro de cobre lleno de hielo
Tiempo de exposición: 3-5 minutos |
| 2. Contacto con agua fría
Fuente del frío: Baño del brazo a 8-10 ºC y 21
ºC
Tiempo de exposición: 5-15 minutos |
| 3. Contacto con aire frío
Fuente de frío: Habitación fría, 4 ºC
Tiempo de exposición: 5-10 minutos con ropa ligera |
La prueba más sencilla consiste en la
aplicación de un cubito de hielo o bien de hielo escarchado sobre el antebrazo durante
3-5 minutos. Situar el hielo dentro de una bolsa de plástico evita que esté en contacto
directo con la piel permitiendo diferenciar la urticaria por frío de la urticaria
acuagénica. La temperatura aplicada en estas circunstancias sobre la piel es de 0 ºC.
Así los pacientes con sensibilidad frente a temperaturas superiores se pierden.
No obstante la prueba es más precisa utilizando un
cilindro de cobre relleno de hielo o bien en contacto con agua fría. Puede añadirse al
cilindro un termostato. Este método tiene la ventaja de que sólo precisa de una pequeña
área corporal pudiéndose valorar simultáneamente diferentes temperaturas en la espalda.
Curnow (24) ha descrito un instrumento más sotisficado
que permite la aplicación de temperaturas dentro de un rango estrecho de 10 ºC, sobre
una superficie de 35-50 mm2. Este instrumento es demasiado limitado en el rango de
temperaturas y complicado de utilizar rutinariamente.
El punto se ha aplicado la prueba debe ser observado
durante por lo menos 15 minutos y, de nuevo, a las 8 y 24 horas para no perder reacciones
retardadas. La determinación de las temperaturas capaces de producir habones es útil
para seguir el curso de la enfermedad y estudiar el efecto de las terapéuticas. La
temperatura más alta aplicada puede ser de hasta 27-29 ºC. En algunos pacientes el
contacto durante pocos segundos a 20 ºC es suficiente para producir habones cutáneos.
Ocasionalmente, los pacientes reaccionan a temperaturas de 12-14 ºC. Debe evitarse la
provocación de una congelación pues el daño tisular puede ocasionar edema cutáneo y
una reacción falsamente positiva.
Se ha descrito en algún trabajo que según como se lleve
a cabo la prueba de provocación de la urticaria por frío, algunos enfermos no
reaccionan. Pasricha y Nayyar (25) observaron una prueba positiva inducida por un cubito
de hielo sólo en un paciente de 43. Sarkany y Gaylarde (26) describieron tres pacientes
con una historia de urticaria por frío y una reacción negativa a la provocación con
frío.
Keahey y Greaves (27) indican que si la prueba del cubito
de hielo o del cilindro de cobre son negativas, la prueba del frío inducida por agua
suele ser positiva. Consiste en situar un brazo durante 5-15 minutos en agua a temperatura
de 8-10 ºC y, si la prueba es negativa, también a 21 ºC. Si aun así es negativa, los
pacientes debieran tomar un baño frío.
Debe supervisarse cuidadosamente la prueba por si se
produce una liberación masiva de histamina que entraña cierto riesgo. Esta prueba no
diferencia entre la urticaria por frío y la urticaria acuagénica. Si la prueba del
cubito del hielo y la del agua fría son negativas se sitúa al enfermo en una habitación
a 4 ºC con ropa ligera. Si el paciente sufre una urticaria inducida por frío iniciará
el desarrollo de habones generalizados. Las lesiones de este tipo de urticaria por frío
se desarrollan rápidamente incluso a temperaturas más altas y si se añade viento frío
mejor.
La mayoría de clínicos realizan sólo uno de estos tres
tipos de pruebas a sus enfermos. Por esta razón no existen datos disponibles acerca de la
incidencia relativa de la urticaria por frío inducida por hielo, agua fría y aire frío
en distintos pacientes. La mayoría de estudios de patogénesis o del tratamiento de la
urticaria inducida por frío se observa en pacientes seleccionados en base a su reación
frente a una de las pruebas. Los resultados deben interpretarse con cuidado.
Los pacientes con urticaria por frío además se exploran
rutinariamente practicándose una serología de lues y un estudio inmunológico completo
para descartar un lupus eritematoso sistémico. Se descarta la mononucleosis infecciosa
por hallazgos físicos y de laboratorio. También se determinan las crioglobulinas, el
criofibrinógeno y la hemolisis.
Urticaria colinérgica
Una vez ya se ha hecho el diagnóstico clínico basándose
en la historia clínica, las lesiones pueden ser provocadas para poder ser observadas por
el médico. La inyección intradérmica de acetilcolina o de sus análogos son la prueba
diagnóstica. Se observan habones puntiformes alrededor de un habón central más grande
en los pacientes con urticaria colinérgica severa.
La mejor manera de reproducir las lesiones colinérgicas
es poniendo al sujeto en una habitación caliente con ropa cálida y que practique
ejercicio hasta que sude. Se puede conseguir esta situación haciendo bicicleta, ejercico
con "steps" o bien con vendaje de las piernas. Soter y cols (28) reproducían
las lesiones haciendo correr a los pacientes con ropa oclusiva. Illig (29) sugirió como
prueba baños calientes de los dos brazos (15-20 minutos) a 45 ºC o baños generales con
agua caliente (10-15 minutos) a 40-41 ºC. Estos últimos métodos no permiten diferenciar
la urticaria colinérgica y acuagénica. Es esencial para que se desarrolle la enfermedad
un aumento de la temperatura corporal.
Urticaria solar
La urticaria solar debe sospecharse cuando los pacientes
observan el rápido desarrollo de lesiones pruriginosas y evanescentes tras la exposición
a la radiación solar, especialmente en primavera durante los primeros días de
exposición al sol. Las lesiones se acentúan más en las áreas de piel que habitualmente
no están muy expuestas al sol. Si el paciente describe que las lesiones aparecen tras un
cristal, por ejemplo en el coche o en habitaciones con luz artificial, se tiene más
información acerca de la longitud de onda responsable del proceso.
Antes de realizar cualquier prueba de luz debe excluirse
la presencia de patologías sistémicas que cursan con clínica de fotosensibilidad como
son la porfiria y el lupus eritematoso sistémico. Se realizan determinaciones
plasmáticas apropiadas midiendo los anticuerpos antinucleares debiéndose también
excluir la protoporfiria eritropoyética estudiando los niveles de porfirinas en orina de
24 horas.
Algunos autores sostienen que la fuente ideal de luz para
medir la longitud de onda responsable en los pacientes sensibles sería el monocromator.
El espectrodermografómetro sería una alternativa más simple y menos cara (30). La
fuente de luz es una lámpara de xenon de 450 W que permite emitir bandas entre 250-610 nm
(31). Desde el punto de vista práctico la determinación de la longitud de onda exacta no
es esencial ya que puede variar con el tiempo. Existen además longitudes de onda en el
amplio espectro que puede modular a la baja la respuesta urticarial frente a las
longitudes de onda reaccionantes (32). Un simlador solar es un instrumento útil para
realizar pruebas de luz. Se pueden incorporar al mismo filtros apropiados que permiten
determinar espectros de onda más estrechos. Un proyector de diapositivas puede servir
como fuente de luz visible y se sitúa a 10 cm de la piel.
Se utiliza habitualmente la piel de la espalda para
realizar las pruebas. Se irradian áreas de piel de 1 cm2 y el tiempo
de exposición se va incrementando dependiendo de la fuente de luz específica. Las áreas
estudiadas se observan tras la exposición a intervalos de 2 minutos hasta 6 minutos, a
intervalos de 5 minutos a 15 minutos y a intervalos de 15 minutos hasta más de 2 horas.
Se observa si aparecen las reacciones típicamente eritematosas o habonosas. También se
procede a hacer lecturas a las 24 horas y a las 48 horas para no perder así reacciones de
fotocontacto o fototoxias. Cuando se trata de luz visible el tiempo de exposición es de
10-15 minutos.
Uno de los problemas con las pruebas de luz es que los
habones cambian mucho en 2-3 días y que existen variaciones en la longitud de onda
máxima capaz de desencadenar las lesiones. Además la piel puede mantenerse en periodo
refractario hasta varios días después de su estimulación. Las pruebas deben realizarse
sobre piel que se haya protegido de la luz durante unos días.
Urticaria por calor
La prueba de provocación consiste, o bien en la
inmersión del brazo en un baño de agua caliente durante 3-5 minutos o hasta 10 minutos,
o bien tocando la piel con un cilindro metálico que contenga agua caliente. Las
temperaturas que habitualmente son capaces de desencadenar la reacción oscilan entre los
38 y los 41 ºC, y ocasionalmente se requiere subir hasta 56 ºC. Se puede detectar
reacciones retardadas 2 y 4 horas después de la exposición. Se ha de ser muy prudente
para evitar una desagradable sensación de quemazón o una quemadura real de primer grado.
Urticaria acuagénica
Existen dos métodos para demostrar la urticaria
acuagénica. La forma más simple consiste en que el paciente tome un baño a temperatura
de 35-36 ºC durante 30-40 minutos. Illig y Kunick (33) sugirieron que era preferible
utilizar una prueba que consiste en la aplicación de una compresa o toalla embebida en
suero fisiológico salino a una temperatura agradable sobre la espalda durante 40 minutos.
La temperatura del agua debiera ser 35-36 ºC. Esta prueba ayudaría al diagnóstico
diferencial con la urticaria colinérgica y con las urticarias por contacto desencadenadas
por el calor y por frío. Deben realizarse las pruebas de provocación correspondientes a
otros tipos de urticaria crónica física, colinérgica, dermográfica, por frío y por
calor para poder elaborar un correcto diagnóstico diferencial.
Urticaria crónica idiopática. Prueba
cutánea
con suero autólogo
La urticaria crónica idiopática se define por el
desarrollo de lesiones habonosas grandes de vida media corta (<24 horas) que aparecen
diariamente o casi diariamente, por lo menos durante 6 semanas, siempre que se haya
excluido una causa física (34). La urticaria crónica idiopática es extraordinariamente
molesta e incapacitante en sus formas más severas (35). Su tratamiento es difícil.
La degranulación mastocitaria tiene una importancia
central en la patogénesis de la urticaria crónica idiopática (36). Hasta hace poco era
muy difícil identificar factores activadores específicos (37). Actualmente, existe la
evidencia de una base autoinmune de la enfermedad en algunos de los pacientes. Se han
detectado autoanticuerpos circulantes (IgG1 e IgG3) funcionales capaces de liberar
histamina y reactivos frente la subunidad alfa del receptor de elevada afinidad de la IgE
(Fc epsilon RI alfa) o frente IgE. Se han idenatificado en casi un tercio de los pacientes
con urticaria crónica idiopática (38-42).
Se han realizado ensayos clínicos terapéuticos con
inmunomoduladores incluyendo la ciclosporina A, la plasmaféresis o las inmunoglobulinas
intravenosas en pacientes con urticaria crónica idiopática que no responden frente
antihistamínicos. No se ha podido establecer que estos tratamientos sean más eficaces en
los pacientes con autoanticuerpos que en los que no los poseen. Sería deseable una prueba
clínica rápida y fácil de realizar para poder diferenciar entre los pacientes con
autoanticuerpos circulantes o sin ellos y poder valorar así la eficacia de los
tratamientos inmunomoduladores.
Los autoanticuerpos del suero de los pacientes pueden
determinarse midiendo la liberación de histamina sérica por los basófilos en donantes
sanos o por Western-blot (37-41). Recientemente, se ha desarrollado un ensayo de
inmunoabsorción ligado a las enzimas (ELISA) para determinar la presencia de
autoanticuerpos (43). El Neither Western-blot y no el ELISA permite distinguir los
autoanticuerpos liberadores de histamina funcionales de los no funcionales. De hecho los
equipos que han desarrollado el ELISA, Fiebiger y cols de la escuela de Viena, vuelven al
uso del Western-blot. Actualmente, estas pruebas se realizan en pocos laboratorios
especializados, consumen mucho tiempo y no están disponibles para la mayoría de
clínicos.
La inducción del habón tras la inyección intradérmica
de suero autólogo en algunos pacientes fue la observación original de Grattan y cols.
(44) que llevó a la identificación de los autoanticuerpos circulantes en la urticaria
crónica idiopática y suministra las bases para la creación de la prueba cutánea del
suero autólogo (45). La inyección intradérmica del suero autólogo es responsable de la
reación habonosa en un porcentaje de pacientes con urticaria crónica idiopática siendo
la base de la prueba cutánea del suero autólogo.
Se han definido los parámetros que definen la
sensibilidad y especificidad óptima para la identificación de estos autoanticuerpos en
este tipo de pacientes. Sabroe y cols realizaron con la colaboración de dos médicos la
prueba cutánea del suero autólogo en un total de 115 pacientes afectos de urticaria
crónica idiopática, 40 controles sanos, 15 pacientes con dermografismo, nueve pacientes
con urticaria colinérgica y 10 enfermos con eczema atópico.
La prueba cutánea se efectúa tomando sangre venosa en un
tubo estéril sin acelerador de la coagulación y se permite que se forme el coágulo a
temperatura ambiente durante 30 minutos. El suero se separa por centrifugación a 500 g y
durante 15 minutos y se dividió, en este trabajo, en alicuoas para la realización de la
prueba cutánea con suero autólogo y para ensayos de liberación de histamina por el
basófilo. Se inyecta en la cara anterior del antebrazo suero autólogo (50 µl),
histamina 10µg/ml y suero salino 0,9 estéril. Entre los puentos de inyección debe
existir una separación de 3-5 cm. Se evita hacer la prueba en aquellas zonas corporales
que hallan presentado habones durante las 24 horas anteriores. Se mide el habón y la
respuesta eritematosa a los 30 minutos y a la hora de la inyección.
Los pacientes fueron clasificados como poseedores de
autoanticuerpos funcionales a través de la demostración in vitro de la liberación de la
histamina sérica a partir de los basófilos de dos donantes sanos. Se observaron
diferencias significativas (p<0,001) en la media del diámetro del habón, volumen de
la roncha, eritema del habón y área del eritema de la respuesta cutánea inducida por
suero intradérmico, a los 30 minutos, en pacientes con urticaria crónica idiopática con
autoanticuerpos positivos respecto aquellos pacientes sin autoanticuerpos y respecto a los
sujetos control.
La sensibilidad óptima combinada sensibilidad y
especificidad de la prueba cutánea del suero autólogo se obtenía si la prueba positiva
se definía como un habón eritematoso inducido por el suero con un diámetro Ž a
1,5 mm que la respuesta inducida por suero salino a los 30 minutos.
La sensibilidad de la prueba cutánea del suero autólogo
era para cada uno de los dos investigadores del 65% y 71% respectivamente y la
especificidad era del 81% y 78% respectivamente. La positividad de la prueba cutánea del
suero autólogo no se observó en ninguno de los 15 pacientes con dermografismo, en
ninguno de los atópicos, en uno de los nueve enfermos con urticaria colinérgica y en uno
de los cuarenta controles.
Una prueba cutánea del suero autólogo puede utilizarse
como un test predictor de la presencia de autoanticuerpos frente FcepsilonRI y/o frente
IgE ayudando al manejo de los pacientes con urticaria crónica idiopática. Se trata de
una prueba que requiere un tiempo de realización y que debe ser llevada a cabo por un
observador experimentado requiriendo una validación de la prueba in vitro al menos
inicialmente. Dada la variabilidad de las respuestas, Sabroe y cols realizan la prueba por
duplicado en el brazo derecho e izquierdo. La prueba cutánea del suero autólogo tiene
interés en pacientes con urticaria crónica idiopática sometidos a tratamiento
inmunomodulador.
Conclusión
Aproximadamente entre un 12 y un 24% de la población
desarrollará urticaria o angiodema al menos una vez a lo largo de su vida. Entre los
pacientes que visitan al médico general, la incidencia de urticaria aguda y crónica es
de 4,3 por 1.000 pacientes y la prevalencia es de 5,0 por 1.000 pacientes. El 5,1% de los
pacientes presentan urticaria durante más de 4 semanas y un 4,1% son remitidos al
especialista dermatólogo. Entre los pacientes que visitan al dermatólogo en la consulta
externa hasta un 2,45% tienen urticaria o angiodema. La urticaria es muy pruriginosa e
interfiere en las actividades diarias del sujeto afecto. El tratamiento sintomático
utilizando antihistamínicos no suprime completamente todos los síntomas en todos los
pacientes.
A pesar de la realización de muchas exploraciones (46) de
laboratorio entre un 70-90% de las urticarias crónicas y de los angioedemas continúan
siendo idiopáticos. En un subgrupo que afecta aproximadamente a un 30% de pacientes con
urticaria crónica idiopática se han descubierto autoanticuerpos circulantes IgG frente
al receptor de elevada afinidad de la IgE situado sobre los mastocitos. Este reciente
hallazgo contribuye al conocimiento patogenético de la urticaria crónica y pudiera tener
implicaciones futuras en el tratamiento de estos pacientes. Aún en la mayoría de
pacientes con urticaria crónica se desconocen las causas y los mecanismos de la
enfermedad.
La pobre respuesta al tratamiento sintomático y la
incapacidad del médico de dar una información certera al paciente acerca de la causa
primera o del pronóstico de su enfermedad crea insatisfacción en el paciente. Tanto el
paciente como el médico pueden pensar que las manifestaciones cutáneas son signo de
alguna enfermedad subyacente. Las investigaciones en este sentido pueden ser muy costosas
(ie. exploración física, pruebas de provocación, perfiles bioquímicos, pruebas de
alergia, perfiles de complemente, búsqueda de infeciones, búsqueda de enfermedades
autoinmunes y de neoplasias). Estudios clínicos muy amplios han demostrado que la
frecuencia de una enfermedad sistématica subyacente en los pacientes con urticaria es
baja.
Se ha sugerido que se gasta demasiado tiempo y dinero en
realización de pruebas complementarias y poco tiempo en la realización de una correcta
historia clínica. A pesar de esta advertencia se realizan aún de rutina exploraciones de
rastreo muy extensas. Si seguimos los principios de la medicina basada en la evidencia, la
única manera de cambiar esta actitud pasaría por suministrar la evidencia de que la
realización de pruebas de rastreo rutinarias muy amplias es innecesaria.
Con este objetivo Kozel y cols. (47) estudiaron
prospectivamente el valor diagnóstico adicional de las pruebas de rastreo de laboratorio.
La finalidad del estudio era investigar la hipótesis de que tras una correcta historia
clínica la realización de una batería muy extensa de pruebas de rastreo no aportaba
información adicional sustancial que permitiera descartar muchos más factores
etiológicos que la realización de un número limitado de pruebas diagnósticas. Con un
cuestionario y un limitado número de pruebas de laboratorio se obtuvo la causa de la
urticaria en un 45% de pacientes, mientras que con un cuestionario y una extensa batería
de pruebas se obtuvo la causa en un 52,7%. Excepto una infección parasitaria, los
diagnósticos perdidos se referían a reacciones adversas a fármacos o alimentos. Según
estos autores la práctica rutinaria sin orientación de innumerables pruebas de rastreo
no contribuía sustancialmente al diagnóstico de urticaria crónica ni a la detección de
los transtornos subyacentes.
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