Introducción
El término urticaria proviene del latín urtica,
ortiga. Cualquier planta del género Urtica presenta en las hojas unas vellosidades
que secretan al contacto con la piel una sustancia que produce lesiones semejantes a las
que caracteriza la urticaria en nuestros pacientes, acompañada generalmente de prurito.
Ese mismo prurito o comezón interior lo padece el médico cuando el paciente le relata y
él mismo observa múltiples habones sobre su piel y le exige cuál es la causa de su
proceso, que se lo trate con toda rapidez y acertadamente, ya que ha tenido varios brotes
e incluso ha consultado con otros médicos y dermatólogos.
Es un hecho evidente y frecuente que nos sintamos un poco
incómodos cuando tenemos que historiar un paciente con un proceso urticariforme, por su
largo proceso diagnóstico, la propuesta terapéutica que debemos plantearnos y los
consejos generales que debemos aportar porque te los exige el propio enfermo, ya que él
también tiene su propia opinión sobre la causa de su urticaria y la ha buscado
desesperadamente y a veces es en este punto donde más se colisiona con el paciente y
puede incluso truncarse la confianza entre médico y enfermo. Es muy difícil, en
ocasiones, derribarle su "castillo" edificado sobre una base de origen popular o
mítico sin herirle en su amor propio por la seguridad con que mantiene y persevera sobre
la causa de su enfermedad, sobre todo cuando intentas explicarle, no sin cierta
dificultad, la etiopatogenia de la urticaria en palabras sencillas y llanas.
Cuando el cuadro clínico es de una urticaria crónica
idiopática lo anterior se agrava. Heyman (1999) describe que los pacientes con urticaria
crónica y/o angioedema suelen estar frustados por sus síntomas y por la incapacidad de
su médico para descubrir la causa de su dolencia. A pesar de historias detalladas,
pruebas de laboratorio, dietas especiales, prescripción de múltiples medicaciones, de
administración de antihistamínicos y corticoides sistémicos, sólo produce un alivio
transitorio (1). Estamos de acuerdo, pero hemos de reconocer que se han realizado grandes
avances en el conocimiento, e incluso en la terapéutica, de las urticarias, pero seguimos
sin llegar a la plena satisfacción de poder proceder adecuadamente ante el paciente.
Este capítulo sobre las urticarias no pretende más que
una revisión del estado actual de las mismas, a pesar de que Sackett et al (1997) en su
publicación "Medicina Basada en la Evidencia" (MBE) desacredita el tradicional
artículo de revisión, en el que un "experto" emite opiniones sobre la
evaluación y el tratamiento adecuados de una afección, apoyando las conclusiones clave
en tan sólo un subgrupo de referencias relevantes; en su opinión, esto no es
reproducible y además, como ejercicio científico, tiene baja calidad científica (2).
Podremos o no podremos estar de acuerdo con esta manifestación, pero al hacer una
revisión de las urticarias nuestro objetivo primordial es la formación continuada del
médico que no tiene a su alcance los medios que exige la MBE, ni está ubicado en centros
hospitalarios. Pretendemos que el médico de Atención Primaria pueda, con este capítulo,
ponerse al día en la solicitud de una analítica, sea para conocer un nuevo concepto u
origen de un tipo de urticaria, o qué terapéutica o combinación de ellas puede utilizar
para beneficiar al paciente de urticaria.
Como coordinador de la monografía he seleccionado a
grupos de trabajo de calidad científica y confianza y que se han basado para escribir sus
capítulos en la bibliografía más adecuada y actual para que cuando se lea esta
monografía resulte práctica, lo más actualizada posible, sintiendo no pueda figurar,
como es obvio, los estudios de investigación que hay actualmente sobre la etiopatogenia y
tratamientos prometedores todavía en vías de publicación.
Agradecemos a los colaboradores de esta publicación, Dr.
J. Miquel Miquel, Dr. Lluís Puig Sanz, Prof. J. M. Giménez Camarasa, Dr. E. Gimeno
Carpio y Dr. E. Fonseca Capdevila, junto a sus colaboradores, que se han preocupado por
ofrecernos una actualización de las urticarias que seguramente servirá de mucha ayuda en
nuestro proceder diario con esta patología, y deseamos que nos enfrentemos a la urticaria
con mejor ánimo y mayor seguridad, con lo que probablemente empatizaremos más con el
enfermo y posiblemente aumentará el número de pacientes curados.
Bibliografía
1. Heymann WR. Chronic urticaria and angioedema associated
with thyroid autoimmunity: Review and therapeutic implications. J Am Acad Dermatol 1999;
40: 229-232.
2. Sackett DL, Richardson WS, Roseberg W, Haynes RB.
Introducción: sobre la necesidad de una medicina basada en la evidencia. En: Medicina
Basada en la Evidencia. Cómo ejercer y enseñar la MBE. pp: 1-17. Ed. española. 1997.
Ed.: Momento Médico Iberoamericana, S.L. Madrid.
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