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Bases Arquitecturales
Con las primeras disecciones fueron en su tiempo precisados cuatro fundamentales particularidades morfológicas en correspondientes regiones del corazón.
a) Ventrículo izquierdo : mitad apexiana.
El ápex del corazón, perteneciente por entero al ventrículo izquierdo, presenta una estructura evidenciable de varios modos.
Si mediante un corte transversal es
separada la mitad apexiana de la masa ventricular, la tracción de un grupo cualquiera de
fibras superficiales (fig. 1) evidencia una
trayectoria
laminar o plano de deslizamiento que, en espiral,
desde el epicardio avanza hacia el endocardio ; el contingente de fibras separado es lo
que, inadecuadamente, suele ser conceptuado como capa muscular.
En la figura 2 son mostradas múltiples trayectorias laminares, o planos de
deslizamiento, y las consiguientes capas musculares, que pueden ser tantas como permita la
habilidad del anatomista. Tal estructuración en capas, superpuestas como las tejas de un
tejado, determina la delimitación de un conducto virtual, en el centro del ápex (véase
la misma figura), ocluido fuera por el epicardio y dentro por el endocardio.
La referida estructura en capas
musculares queda igualmente de manifiesto con la alternante eliminación de grupos de
fibras (fig. 3), una disección que, por
implicar supresión de fibras superficiales, transforma en real aquel conducto virtual del
ápex.
b) Ventrículo izquierdo : mitad basal.
Así como en la mitad apexiana existe una uniformidad estructural, capas musculares circularmente imbricadas en todo el perímetro del conducto virtual apexiano, en la mitad basal solo está propiamente expresada tal disposición en la pared libre del ventrículo izquierdo.
![]() Mediante
tracción de sucesivos grupos de fibras (fig. 4)
pueden ser evidenciadas diversas trayectorias laminares, o, si se prefiere, capas
musculares, que pueden quedar igualmente de manifiesto mediante la supresión de grupos
alternos de fibras (fig. 5). Es de apreciar, en
esta última figura, cómo las fibras musculares, pertenecientes a la pared libre del
ventrículo izquierdo, pasan de fuera a dentro (de regiones paraepicárdicas a
paraendocárdicas) sin efectuar inserción alguna en el anillo mitral. |
c) Ventrículo derecho : mitad apexiana.
Igual a lo ocurrido en el ventrículo izquierdo en la mitad apexiana
de la pared libre del ventrículo derecho puede ser evidenciada una serie de capas
musculares mediante tracción de fibras, en grupos sucesivos, o con supresión de fibras
en grupos alternos (fig. 6).
d) Ventrículo derecho : mitad basal.
En la mitad basal de la pared libre del
ventrículo derecho (fig. 7) es reiterada la
misma estructuración, de capas superpuestas, descrita en las regiones más arriba
estudiadas. ![]() |
B-. La relación entre los cuatro hechos anatómicos descritos.
Aquellos resultados señalaban, por tanto, la existencia de un estrecho paralelismo en la estructuración de las cuatro regiones miocárdicas descritas, todas ellas constituidas por una respectiva serie de capas musculares circularmente imbricadas.
a) Una diferencia.
Pero a pesar de aquella similitud, las fibras musculares del ápex y las de la base, en su paso desde las regiones epicárdicas a las endocárdicas, discurren en sentido opuesto, una disparidad que, era de suponer, tan solo podría ser explicada con el alcance del conocimiento del plan general de estructuración del miocardio ventricular.
b) Un modelo de cuerda.
Tan solo una figura geométrica, la adoptada por la helicoidal disposión de los haces de una cuerda, permite expresar la coherente relación existente entre los cuatro hechos anatómicos descritos, una figura que explica, al mismo tiempo, el porqué de la opuesta trayectoria seguida por las fibras musculares en las regiones basales y en las apexianas.
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Un segmento de cuerda, dispuesto en el espacio como el representado en la figura 8 C, reproduce aquellas veleidades morfológicas del miocardio ventricular. Como puede ser apreciado, comparando el modelo y las preparaciones de la figura 9, los haces de la cuerda y las fibras musculares discurren en todo momento, y en todo lugar, paralelamente. |
| La diferencia existente entre el grosor de las paredes libres de ambos ventrículos viene explicada por un evidente hecho ; en la constitución de la pared libre del ventrículo derecho sólo interviene una lazada de la helicoide mientras la pared libre del ventrículo izquierdo está compuesta por dos lazadas (fig. 9). | ![]() |
c) Una banda muscular.
Con los estudios anatómicos, más arriba referidos, quedó en gran parte precisado el plan general de organización del miocardio ventricular, representado por un conjunto de fibras que, retorcido sobre si mismo como una cuerda y lateralmente aplastado a modo de una banda, describiendo dos vueltas de espiral define una helicoide. Pero, evidentemente, en tal concepción de la estructuración cardiaca faltaba algo ; precisar dónde estaban ubicados ambos extremos de aquella banda muscular.
d) Un principio y un fin.
Así, pués, el alcance de aquel resultado exigió de inmediato precisar dónde estaban el principio y el fin de la banda miocárdica ventricular. Fueron entonces iniciados con aquel objetivo estudios embriológicos en corazón bovino con la esperanza de encontrar algún indicio indicador de la ubicación de los dos extremos de la banda pero, por dificultades en la obtención de piezas de estudio, tuvieron que ser abandonados. El abordaje del problema quedó entonces dependiente del seguimiento de la evolución llevada a cabo, a lo largo de los últimos 600 millones de años, por el aparato circulatorio. Mediante el estudio de seres que, más o menos estancados en su proceso evolutivo, representan hoy los sucesivos hitos de la línea filogenética conducente a los animales superiores actuales, fueron evidenciados los siguientes hechos en gusanos (en los nemertinos o en los anélidos, como la lombriz de tierra), peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos.
El aparato circulatorio de los
gusanos, representado esquemáticamente en la figura 10 a, carece
de corazón estando constituido por un círculo único dividido en dos tramos, uno venoso
(VS) y otro arterial (AS), separados por dos lechos capilares, el respiratorio, o
pulmonar, y el sistémico, o periférico.
En otro peldaño evolutivo mas tardío, el representado por los peces (fig. 10 b), aparece un corazón simple, concretado en una sola aurícula y un solo ventrículo, intercalado en el segmento venoso. El aparato circulatorio de estos animales continúa presentando un círculo único.
En los descendientes de los peces, los anfibios y los reptiles (fig. 10 e), tienen lugar cambios más acusados. Por un lado el corazón aparece constituido por un solo ventrículo y dos aurículas mientras, por ótro, el aparato circulatorio ya presenta dos círculos, el menor o respiratorio y el mayor o sistémico. Evidentemente si los anfibios y reptiles son descendientes de los peces, hecho incontrovertible del que nadie puede dudar, la transformación del aparato circulatorio, en el paso peces-anfibios, necesariamente sólo pudo haber tenido lugar mediante la incurvación del tramo arterial, hecho, con manifiesta resonancia embriológica, representado en la figura 10, esquemas c y d (ambos son explicativos, para mostrar el paso de peces a anfibios y reptiles, y no pertenecientes a especie animal alguna).
En el siguiente paso evolutivo, el correspondiente a aves y mamíferos (fig. 10 f), surge otra innovación ; no sólo pueden ser apreciadas dos aurículas sinó, así mismo, dos ventrículos y, por supuesto, dos círculos, el menor y el mayor.
Tales estudios filogenéticos mostraban claramente (fig. 10 f) que el principio y fin de la banda miocárdica ventricular debían ser encontrados, respectivamente, en la raiz de la arteria pulmonar y en la de la aorta.
Y así fué. Mediante disección pudo ser comprobado, como será
precisado más adelante, que la banda partía de la raiz de la arteria pulmonar y, tras
decribir dos vueltas de espiral, finalizaba en la raiz de la aorta. Ante tales resultados
era evidente que el modelo de cuerda de la figura 8 C debería ser
modificado como aparece en la figura 11 C.